{"id":16516,"date":"2021-01-15T08:08:55","date_gmt":"2021-01-15T11:08:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16516"},"modified":"2021-01-15T08:08:56","modified_gmt":"2021-01-15T11:08:56","slug":"la-inflacion-en-la-perspectiva-de-la-moral-social-catolica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16516","title":{"rendered":"La inflaci\u00f3n en la perspectiva de la moral social cat\u00f3lica"},"content":{"rendered":"<p>En diciembre de 1990, al aproximarse el centenario de la gran carta enc\u00edclica del papa Le\u00f3n XIII, <em>Rerum Novarum<\/em>, tuve oportunidad de desarrollar en CRITERIO el tema del t\u00edtulo de esta nota. En aquel momento nuestro pa\u00eds estaba experimentando el drama de una hiperinflaci\u00f3n que se hab\u00eda desatado en febrero de 1989, cuando un d\u00f3lar se cambiaba por 16 australes, y que s\u00f3lo terminar\u00eda en abril de 1991, cuando la ley de Convertibilidad fij\u00f3 el tipo de cambio en 10.000 australes. Una simple cuenta revela que a lo largo de esos 26 meses el precio del d\u00f3lar aument\u00f3 a raz\u00f3n de 28,1% por mes o de 1.852% por a\u00f1o.<br \/>\nLa conclusi\u00f3n de aquella nota era que la inflaci\u00f3n o desvalorizaci\u00f3n de la moneda, cuando es alta, vol\u00e1til y end\u00e9mica, corroe los valores, derechos y principios que, inspirados en la visi\u00f3n cristiana del hombre, deber\u00edan reglar la organizaci\u00f3n de la convivencia social. No estar\u00e1 de m\u00e1s repasar la lista de esas exigencias, siguiendo, tal como lo hice hace treinta a\u00f1os, lo que algunos meses antes hab\u00eda escrito el recordado Rafael Braun (1): la Iglesia ha proclamado en primer lugar el derecho inalienable a la libertad de pensamiento, de religi\u00f3n y de expresi\u00f3n. Vendr\u00eda luego el derecho de asociaci\u00f3n, que en materia econ\u00f3mica se traduce por derecho de iniciativa, y no s\u00f3lo del empresario, sino de toda persona en capacidad de trabajar. En orden de importancia seguir\u00eda el derecho de propiedad, defendido desde siglos por los padres de la Iglesia y, desde <em>Rerum Novarum<\/em>, enunciado en todos los documentos de la Doctrina Social como el derecho que da el trabajo sobre los frutos del mismo. La Iglesia ha reconocido en la propiedad un elemento inherente a la libertad personal, predicando a la vez en favor de su m\u00e1xima difusi\u00f3n y de la intervenci\u00f3n de las autoridades para combatir pr\u00e1cticas de acaparamiento monop\u00f3licas o desleales.<br \/>\nEl derecho de iniciativa es la contracara del principio de subsidiaridad, expuesto por san Juan XXIII en <em>Mater et Magistra<\/em> con estas palabras: \u201cComo tesis inicial hay que establecer que la econom\u00eda debe ser obra, ante todo, de la iniciativa privada de los individuos, ya act\u00faen estos por s\u00ed solos, ya se asocien entre s\u00ed de m\u00faltiples maneras para procurar sus intereses comunes\u2026 La intervenci\u00f3n de las autoridades p\u00fablicas en el campo econ\u00f3mico, por dilatada y profunda que sea, no s\u00f3lo no debe coartar la libre iniciativa de los particulares, sino que, por el contrario, ha de garantizar la expansi\u00f3n de esa libre iniciativa, salvaguardando, sin embargo, inc\u00f3lumes los derechos esenciales de la persona humana. Entre estos hay que incluir el derecho y la obligaci\u00f3n que a cada persona corresponde de ser normalmente el primer responsable de su propia manutenci\u00f3n y de la su familia, lo cual implica que los sistemas econ\u00f3micos permitan y faciliten a cada ciudadano el libre y provechoso ejercicio de las actividades de producci\u00f3n\u201d.<br \/>\nFinalmente, tambi\u00e9n desde <em>Rerum Novarum<\/em> la Iglesia ha predicado la solidaridad como otro principio fundamental que debe inspirar al orden social, principio que se materializa a trav\u00e9s de la caridad privada y la permanente inquietud del coraz\u00f3n de cada hombre por la suerte de su hermano y pr\u00f3jimo, pero tambi\u00e9n al combinar \u00e9sta con la decisi\u00f3n social de dedicar recursos p\u00fablicos al auxilio subsidiario (o complementario) de las necesidades de los grupos de menores ingresos.<br \/>\nTratando de responder a la pregunta de c\u00f3mo podr\u00eda impactar el fen\u00f3meno de la inflaci\u00f3n end\u00e9mica sobre estos derechos y principios, notaba que, hasta donde daba mi conocimiento, la Doctrina Social de la Iglesia no se hab\u00eda ocupado del tema de la inflaci\u00f3n como cuesti\u00f3n grave y lo atribu\u00eda a que, en los pa\u00edses desarrollados, aun experimentando inflaci\u00f3n como endemia, se la ha sabido mantener baja y acotada. Observando dichas econom\u00edas desde una perspectiva moral, se pod\u00eda concluir que sus inflaciones no provocaban graves da\u00f1os econ\u00f3micos, sociales o \u00e9ticos y que, por el contrario, pod\u00edan ser un costo soportable para estabilizar la econom\u00eda mantener una baja tasa de desocupaci\u00f3n.<br \/>\nPor el contrario, nuestra experiencia indicaba que, lejos de contribuir al desarrollo econ\u00f3mico y social, las altas y mega-inflaciones hab\u00edan provocado vulneraci\u00f3n de contratos y realidades materiales, fuga de ahorros, desaparici\u00f3n del cr\u00e9dito a gran escala y plazos, enorme volatilidad de precios relativos, mala asignaci\u00f3n de la escasa inversi\u00f3n remanente, p\u00e9rdidas de productividad y competitividad, estancamiento, desempleo y el deterioro en la distribuci\u00f3n del ingreso y de la riqueza. Y me preguntaba: \u00bfCu\u00e1ntos a\u00f1os deber\u00e1n pasar hasta que se recupere la \u00e9tica del trabajo, del esfuerzo y del ahorro en una sociedad que, merced a la megainflaci\u00f3n, funcion\u00f3 durante quince a\u00f1os (1975-1990) con los incentivos propios de un casino de juegos? \u00bfCu\u00e1nto tiempo llevar\u00e1 revertir la preferencia \u2013y hasta la admiraci\u00f3n\u2013 por el cortoplacismo, la ganancia r\u00e1pida especulativa y hasta la ostentaci\u00f3n de la \u00faltima maniobra financiera?<br \/>\nConclu\u00eda mi nota de 1990 denunciando como indecente la colusi\u00f3n de intereses privados y gobernantes tomando decisiones que conduc\u00edan a la desvalorizaci\u00f3n incontrolada de la moneda y \u2013tambi\u00e9n\u2013 clamando para que, aunque la cuesti\u00f3n no fuera tema en Europa, los da\u00f1os y perjuicios de la alta inflaci\u00f3n \u2013verdadero pecado social, como dir\u00eda san Juan Pablo II\u2013 no fueran por m\u00e1s tiempo ignorados por nuestras jerarqu\u00edas eclesi\u00e1sticas.<\/p>\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 sirvi\u00f3 en los siguientes treinta a\u00f1os todo lo que en 1990 cre\u00edamos bien saber?<br \/>\nDe nada. Bastar\u00eda con se\u00f1alar que aquella unidad monetaria nacional, el Austral, de la que en marzo de 1991 eran necesarias 10.000 unidades para comprar un d\u00f3lar, ha ca\u00eddo tan bajo que, al momento de escribir estas l\u00edneas (16 de octubre de 2020), hacen falta 1.700.000 (\u00a1s\u00ed, un mill\u00f3n setecientos mil!) para hacerse de aquel mismo d\u00f3lar. Eso s\u00ed, para ilusionarnos de que el fracaso no ha sido tan catastr\u00f3fico nos enga\u00f1amos quit\u00e1ndole cuatro ceros al Austral, de manera que, en treinta a\u00f1os, el tipo de cambio pesos\/d\u00f3lar \u201cs\u00f3lo\u201d subi\u00f3 de 1 a 170.<br \/>\n\u00a1Cu\u00e1nta enfermedad e irresponsabilidad en nuestras dirigencias pol\u00edticas revelan estos n\u00fameros! Primero, por la magnitud de la desvalorizaci\u00f3n de la moneda, a raz\u00f3n de un 1,46% promedio por mes \u2013la inflaci\u00f3n que Alemania tiene en un a\u00f1o. Y segundo, por el enga\u00f1o de andar quit\u00e1ndole ceros al patr\u00f3n o unidad de valor, de prometer estabilizaci\u00f3n y justificar los fracasos echando culpas por todos lados.<br \/>\nA comienzos de estos treinta a\u00f1os, el espanto provocado por las hiperinflaciones llev\u00f3, en abril de 1991, a la aprobaci\u00f3n de la ley 23.928, m\u00e1s conocida como la ley de Convertibilidad. Inspirada en los reg\u00edmenes e instituciones que pusieron fin a las hiperinflaciones de varios pa\u00edses europeos en la d\u00e9cada de 1920, la ley fij\u00f3 el tipo de cambio que deb\u00eda respetar el Banco Central y el respaldo en d\u00f3lares que deb\u00eda tener el dinero emitido por esa instituci\u00f3n.<br \/>\nAl haber fijado un tipo de cambio nominal (aquellos 10.000 australes por d\u00f3lar) significativamente mayor que el anterior a su aprobaci\u00f3n, (cerca del 70%) la ley llev\u00f3 el tipo de cambio real a un nivel favorable a los equilibrios fiscal y externo (llamados super\u00e1vits gemelos). La ley fue exitosa en generar confianza y con ella, repatriaci\u00f3n de capitales, financiaci\u00f3n externa, crecimiento del cr\u00e9dito y de la demanda agregada. A fines de 1994 la crisis mexicana conocida como \u201cTequila\u201d provoc\u00f3 un cimbronazo de desconfianza y recesi\u00f3n que fue superando en los meses finales de 1995, a la vez que la tasa de inflaci\u00f3n argentina converg\u00eda a la internacional (en torno al 2% anual).<br \/>\nSin embargo, al momento de alcanzar esa estabilizaci\u00f3n, los precios internos \u2013medidos por el IPC\u2013 ya eran 60% mayores que los de marzo\/abril de 1991, lo que implicaba (dado que el nominal segu\u00eda en 10.000 australes, ahora 1 peso) que el tipo de cambio real hab\u00eda ca\u00eddo casi 40%. Parec\u00eda no haber problemas, pero cuando en 1997, 1998 y 1999 hubo crisis y devaluaciones en pa\u00edses de Asia, Rusia y, sobre todo, en Brasil, se empez\u00f3 a notar que el tipo real de cambio estaba fuera de l\u00ednea.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 hab\u00eda ocurrido? Est\u00e1 fuera de discusi\u00f3n que, para perpetuarse, las inflaciones requieren laxitud monetaria, pero tambi\u00e9n hay abundante evidencia que contextos en los se combinan a) econom\u00edas cerradas, b) muchos sectores y empresas protegidas sin competencia, c) sindicatos llenos de privilegios y d) pol\u00edticos irresponsables que administran el fisco a mano rota, generan una din\u00e1mica que empuja los precios al alza a\u00fan bajo pol\u00edticas monetarias de estabilizaci\u00f3n. M\u00e1s tarde o m\u00e1s temprano y ante la perspectiva de recesiones prolongadas, esta din\u00e1mica lleva al abandono de los planes de estabilizaci\u00f3n, fen\u00f3meno que se verific\u00f3 durante la vigencia de la Convertibilidad, pese a las masivas privatizaciones que aportaron al fisco US$ 30.000 millones.<br \/>\nDebe se\u00f1alarse alto y claro que esa din\u00e1mica prebendaria no era novedosa, sino, m\u00e1s bien, una vieja conocida. Con matices y variantes ya hab\u00eda liquidado los planes de G\u00f3mez Morales (1952), Alsogaray (1959), Krieger Vasena (1967), Rodrigo (1975), Mart\u00ednez de Hoz (1979) y Sourrouille (1985). Pese a toda la ch\u00e1chara sobre el \u201cneoliberalismo\u201d de los \u201890, poco se hizo para cambiar aquellas caracter\u00edsticas y as\u00ed cay\u00f3 un plan m\u00e1s, el de Cavallo (1991), el s\u00e9ptimo y el m\u00e1s ambicioso y prometedor de la lista.<br \/>\nOtra oportunidad se perdi\u00f3 tras la innecesariamente salvaje e indecente devaluaci\u00f3n del peso en 2002, que triplic\u00f3 el precio del d\u00f3lar. Tanto que, junto a un poderoso boom de los t\u00e9rminos del intercambio, aseguraron super\u00e1vits gemelos por cinco a\u00f1os. Tambi\u00e9n, pasado el cimbronazo inflacionario inicial, la inflaci\u00f3n baj\u00f3 hasta el 2% anual a comienzos de 2004. En este caso y a diferencia de la experiencia anterior, tanto las cifras del fisco como las de inflaci\u00f3n deben ser tomadas con pinzas. Las primeras porque ocultan el no pago de intereses resultado del largo default (s\u00f3lo parcialmente resuelto a fines de 2005) y las de inflaci\u00f3n, subestimadas por el tambi\u00e9n largo congelamiento de tarifas desde principios de 2002. Aun as\u00ed, a fines de 2004 tambi\u00e9n el IPC era cerca de 60% mayor que el de enero de 2002. Aunque no hab\u00eda compromiso de mantenimiento del tipo nominal, \u00e9ste permaneci\u00f3 pr\u00e1cticamente sin cambios hasta septiembre de 2008, cuando el IPC ya era bastante m\u00e1s del doble que a principios de 2002. No debe extra\u00f1ar que poco despu\u00e9s, pese a acelerarse la tasa de devaluaci\u00f3n, las autoridades hayan introducido controles de cambios que desembocaron en brechas del 50% y una inflaci\u00f3n (la verdadera, no la vergonzosa medida del IndeK) que bordeaba el 40% anual. \u00bfCausas de la debacle? Las mismas que hab\u00edan corro\u00eddo el plan de Convertibilidad: una econom\u00eda cerrada con altos niveles de monopolios no competitivos, con sindicatos llenos de privilegios y una fenomenal irresponsabilidad fiscal que llev\u00f3 el gasto p\u00fablico del 30 al 45% del PIB.<br \/>\nFinalmente, lo de Macri en 2016-2019 tambi\u00e9n revel\u00f3 la enfermedad y el fracaso de la Argentina, una sociedad que de la boca para afuera dice querer cambiar, pero llegado el momento, vacila, resiste o recula. El proteccionismo aduanero (abusivo y discriminatorio), el sindicalismo obstruccionista (monop\u00f3lico y en muchos casos anti-productividad) y el gasto p\u00fablico desmadrado e ineficiente (con sus secuelas de elevada y distorsionante presi\u00f3n impositiva, un endeudamiento que ahoga u obliga a emitir dinero sin medida), son los principales factores que explican por qu\u00e9 la alta inflaci\u00f3n ha devenido en un c\u00e1ncer aparentemente incurable.<br \/>\nCon esta institucionalidad no hay independencia de Banco Central que valga, porque la financiaci\u00f3n de un gasto p\u00fablico elefante\u00e1sico y el comportamiento de empresas y sindicatos monop\u00f3licos, m\u00e1s tarde o m\u00e1s temprano, lo llevar\u00e1n puesto. Es la enfermedad de la Argentina, enfermedad que ya es pecado. Las izquierdas y los nuevos populismos lisa y llanamente no comparten este diagn\u00f3stico. Los que han logrado beneficiarse con las distorsiones, de mil maneras obstaculizar\u00e1n cambios. Est\u00e1n tambi\u00e9n los que creen (m\u00e1s o menos resignadamente) que la pesada estructura de proteccionismo, gasto p\u00fablico y legislaci\u00f3n laboral es el precio a pagar por la paz social. La Iglesia, por ejemplo, comprometida con los m\u00e1s d\u00e9biles y pese a los desastrosos resultados de este modelo en materia de pobreza, siempre ha mirado con desconfianza las iniciativas vistas como contrarias a las \u201cbanderas\u201d del peronismo.<br \/>\nEl futuro, entonces, no depende de lo que piense tal o cual partido en el gobierno, sino de una dirigencia pol\u00edtica que sea capaz de vencer resistencias y superar intereses y argumentos muy enraizados. Sin una vanguardia capaz de asumir este diagn\u00f3stico, de sobreponerse a intereses sectoriales y de ponerse de parte del cambio, nuestro futuro seguir\u00e1 siendo cada vez m\u00e1s oscuro y lamentable. Parafraseando a Carlos Pellegrini, concluyo clamando por que surja esa nueva generaci\u00f3n de dirigentes pol\u00edticos.<\/p>\n<p><em>Mart\u00edn Lagos es Licenciado en Econom\u00eda y profesor universitario<\/em><\/p>\n<p>1. CRITERIO, LXIII, N\u00b02057, p. 511.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En diciembre de 1990, al aproximarse el centenario de la gran carta enc\u00edclica del papa Le\u00f3n XIII, Rerum Novarum, tuve oportunidad de desarrollar en CRITERIO&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[972],"tags":[270,137,2685,2686,786],"class_list":["post-16516","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-economia","tag-economia","tag-inflacion","tag-moral-social","tag-rerum-novarum","tag-subsidiaridad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4io","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16516","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16516"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16516\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16518,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16516\/revisions\/16518"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16516"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16516"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16516"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}