{"id":16522,"date":"2021-01-15T08:22:58","date_gmt":"2021-01-15T11:22:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16522"},"modified":"2021-01-15T08:38:30","modified_gmt":"2021-01-15T11:38:30","slug":"a-45-anos-de-la-muerte-de-hannah-arendt","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16522","title":{"rendered":"A 45 a\u00f1os de la  muerte de Hannah Arendt"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cEl nuevo comienzo inherente al nacimiento se deja sentir en el mundo solo porque el reci\u00e9n llegado posee la capacidad de empezar algo nuevo, es decir, de actuar. Este sentido de iniciativa, un elemento de acci\u00f3n y por lo tanto de natalidad, es inherente a todas las actividades humanas. M\u00e1s aun, ya que la acci\u00f3n es la actividad pol\u00edtica por excelencia, la natalidad, no la mortalidad, puede ser la categor\u00eda central del pensamiento pol\u00edtico, diferenciado del metaf\u00edsico\u201d.<\/em><br \/>\n<em>Hannah Arendt<\/em><\/p>\n<p>El 4 de diciembre de 1975, Hannah Arendt mor\u00eda en Nueva York, dejando inconclusa la tercera parte de <em>The Life of the Mind,<\/em> en la que examin\u00f3 la vida del esp\u00edritu en una triple dimensi\u00f3n, siguiendo la l\u00f3gica de las tres Cr\u00edticas kantianas: \u201cThinking\u201d, \u201cWilling\u201d y la no escrita \u201cJudging\u201d: pensar, querer y juzgar. Este giro en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida hacia cuestiones que podr\u00edan tildarse de estrictamente filos\u00f3ficas fue suscitado por su presencia en el juicio contra Adolf Eichmann en Jerusal\u00e9n en 1961. Arendt, que desde 1933 tuvo la determinaci\u00f3n de no alistarse nunca m\u00e1s en el milieu de los pensadores de profesi\u00f3n (l\u00e9ase, los fil\u00f3sofos), retorn\u00f3 despu\u00e9s de la experiencia de Jerusal\u00e9n a cuestiones de filosof\u00eda moral y a los eternos interrogantes filos\u00f3ficos y teol\u00f3gicos, que la hab\u00edan atra\u00eddo en su juventud, cuando estudi\u00f3 con Karl Jaspers, Martin Heidegger y Rudolf Bultmann.<\/p>\n<p>El pathos del \u201933, el incendio del Parlamento alem\u00e1n, la consolidaci\u00f3n del nacional socialismo y la desconcertante \u201ccoordinaci\u00f3n [<em>die Gleichschaltung<\/em>]\u201d de la buena sociedad alemana despertaron en ella tempranamente los cuestionamientos que luego formul\u00f3 y e intent\u00f3 responder en la d\u00e9cada del \u201960, a saber: \u201c\u00bfcu\u00e1l es el fundamento \u00faltimo de la moralidad?\u201d. Su interrogaci\u00f3n en esos a\u00f1os no ten\u00eda la pretensi\u00f3n de pasar por alto los principios b\u00e1sicos de los grandes paradigmas \u00e9ticos: los buenos fines aristot\u00e9licos, el deber kantiano y el utilitarista. Tampoco crey\u00f3 que el Dec\u00e1logo hubiese perdido su raz\u00f3n de ser. No tuvo pretensiones normativas universales ni con su pregunta ni con su respuesta. Ella solo se atuvo a lo que ocurri\u00f3 en Alemania y se vio compelida a formularse la cuesti\u00f3n con toda la radicalidad de la interrogaci\u00f3n filos\u00f3fica. Es decir, cuando todas las normas, las costumbres se pervierten, cuando el derrumbe de la moralidad es a tal punto generalizado que arrastra consigo las instituciones, \u00bfqu\u00e9 nos queda?<br \/>\nEs decir, \u00bfc\u00f3mo es posible que amigos y colegas para quienes \u201cla moralidad va de suyo\u201d, o \u201cse entiende por s\u00ed sola\u201d, pudiesen adoptar sin escr\u00fapulos un nuevo c\u00f3digo de conducta a todas luces criminal? En otras palabras: \u00bfc\u00f3mo explicar la coordinaci\u00f3n casi autom\u00e1tica de todos los sectores de la burgues\u00eda alemana en una \u201csociedad altamente civilizada\u201d?<br \/>\nEn los textos secuela de Eichmann en Jerusal\u00e9n. Un informe sobre la banalidad del mal compilados en Responsabilidad y juicio, la pensadora se pregunta b\u00e1sicamente qu\u00e9 es finalmente lo que hace que una persona decida bien y act\u00fae en consecuencia en situaciones l\u00edmite. Dichas situaciones l\u00edmite no han de ser entendidas como la compulsi\u00f3n a actuar cuando est\u00e1 en riesgo nuestra vida o cuando somos amenazados (seg\u00fan Mary McCarthy, su amiga y albacea literaria: si alguien te dice \u201cmata a tu amigo, o te matar\u00e9, te est\u00e1 tentando, y eso es todo\u201d). La situaci\u00f3n l\u00edmite acaece cuando todo el entorno est\u00e1 coordinado y los axiomas inmemoriales de moralidad no son de ayuda. Lo que ocurri\u00f3 en esos a\u00f1os, recuerda Arendt, es que el delito y el crimen hab\u00edan mudado en \u201cprincipios p\u00fablicos y honorables\u201d de conducta.<\/p>\n<p>En defensa de la capacidad de juicio independiente y del <em>Selbsdenken<\/em> (pensar por s\u00ed mismo) dijo: \u201cs\u00f3lo es una cat\u00e1strofe para el mundo moral si se acepta que los hombres no est\u00e1n en condiciones de juzgar las cosas en s\u00ed mismas, que su capacidad de juicio no basta para juzgar originariamente, que s\u00f3lo puede exig\u00edrseles aplicar correctamente reglas conocidas y servirse adecuadamente de criterios ya existentes\u201d. Es decir, seg\u00fan Arendt, existe en los humanos una facultad de actuar y de juzgar con independencia de la debacle pol\u00edtica y de la perversi\u00f3n moral del entorno. En otras palabras: podemos juzgar sin preconceptos (sin criterios previos) y actuar en forma no prevista. O sea, la acci\u00f3n libre en desmedro de las conductas anticipables como simples reacciones a est\u00edmulos. Y tambi\u00e9n: la libertad es espontaneidad, no<em> liberum arbitrium<\/em> que se auto-determina entre \u201cesto o lo otro\u201d.<\/p>\n<p>El fragmento antedicho da cuenta de dos t\u00f3picos clave de su pensamiento que aportan la salida esperanzadora a su diagn\u00f3stico fatal sobre la progresiva claudicaci\u00f3n a juzgar por uno mismo. Cuando escribi\u00f3 <em>The Human Condition<\/em>, acu\u00f1\u00f3 los t\u00e9rminos \u201cnatalidad\u201d y \u201csegundo nacimiento\u201d para mentar no el atributo esencial de hombre, sino simplemente lo que es el ser humano. Paul Ricoeur vio esto mejor que nadie cuando dijo que a pesar de la determinaci\u00f3n de Arendt de no hacer filosof\u00eda nunca m\u00e1s, \u201cel principio de la natalidad es la \u00fanica categor\u00eda de franca hondura ontol\u00f3gica\u201d de su pensamiento.<br \/>\nComo pensadora rigurosamente pol\u00edtica, se alej\u00f3 de Heidegger y su comprensi\u00f3n del hombre como \u201cser para la muerte\u201d, y sentenci\u00f3 que \u201csi bien los hombres han de morir, han sido hechos para comenzar\u201d. Es decir, cierto es que la muerte es un destino ineludible, pero no es eso lo que nos define, aun concediendo que la proximidad de la muerte podr\u00eda cambiar el enfoque de la existencia y volverla \u201caut\u00e9ntica\u201d. Al morir partimos de la compa\u00f1\u00eda de los hombres, y volvemos \u201cal lugar de donde venimos\u201d (Arendt cita el fragmento del coro de Edipo en Colono en varias ocasiones: \u201cNo haber nacido es la suprema raz\u00f3n; pero una vez nacido, el volver al origen de donde uno ha venido es lo que procede lo m\u00e1s pronto posible\u201d). La muerte es un suceso solitario.<br \/>\nEn cambio, por el nacimiento ingresamos a \u00e1mbitos definidos por la compa\u00f1\u00eda. Nuestro primer nacimiento, f\u00edsico y biol\u00f3gico, acaece en el espacio privado del hogar y de la familia, pero el \u201csegundo nacimiento\u201d nos instala en el mundo, que para Arendt es sin\u00f3nimo de espacio p\u00fablico. Si el hogar y la familia nos alojan en relaciones \u2013en principio\u2013 de desigualdad, el espacio p\u00fablico s\u00f3lo cobra realidad entre iguales. De all\u00ed que el \u201csegundo nacimiento\u201d implica un estado de adultez o de lucidez imposible de datar o de fechar, porque no todos llegamos a ella, si llegamos, al mismo tiempo o a la misma edad. En todo caso, para Hannah Arendt moverse a la luz del espacio p\u00fablico (mundo) conlleva abandonar el cobijo y la calidez de hogar, en donde la propia vida est\u00e1 protegida. En consecuencia, cuando nos movemos entre iguales, la prioridad deja de ser el cuidado y la satisfacci\u00f3n de necesidades vitales o el goce de la felicidad privada. Para ella, son espacios diametralmente opuestos, porque toma sus met\u00e1foras de la tensi\u00f3n entre oikos y \u00e1gora, de la antigua Grecia. Se le ha imputado la \u201cgrecofilia\u201d heredada de Martin Heidegger, pero \u2013a mi entender\u2013 no debemos comprender su posici\u00f3n como la nostalgia de un pasado remoto y paradis\u00edaco al que no podemos retornar. Arendt est\u00e1 tan lejos de actitudes reaccionarias como de utop\u00edas irrealizables.<\/p>\n<p>Por su segundo nacimiento todo ser humano es un \u201cprincipiante [<em>beginner<\/em>]\u201d. Con esta palabra, lejos de aludir al inexperto o al ignorante, quiso trasladar a t\u00e9rminos pol\u00edticos la sentencia de San Agust\u00edn que transcribe tan repetidas veces al aludir a la libertad: \u201c<em>Initium ergo ut esset creatus est homo ante que nemo fuit<\/em>\u201d. Ser principiante alude literalmente a la capacidad exclusivamente humana de actuar espont\u00e1neamente, por su propia iniciativa. Adem\u00e1s del conjunto de la creaci\u00f3n, glosa Arendt a San Agust\u00edn, el hombre es la \u00fanica criatura que, por su segundo nacimiento, experimenta el don de introducir en el mundo creado un <em>initium<\/em>, un nuevo curso de acci\u00f3n, inesperado e impredecible. La natalidad es una categor\u00eda simple: se\u00f1ala que porque los humanos somos \u201c\u00fanicos y distintos\u201d (no hay dos biograf\u00edas iguales) puede esperarse de ellos lo inesperado. Ni las estad\u00edsticas y los estudios behaviouristas pueden anticipar con rigor ni predecir con exactitud cient\u00edfica la acci\u00f3n y la palabra humanas. Todo nacimiento es \u201cun milagro que salva al mundo de su ruina natural\u201d.<br \/>\nPor esa raz\u00f3n, y como pensadora pol\u00edtica, la primera en revitalizar en la d\u00e9cada del \u201850 el humanismo c\u00edvico maquiaveliano (Margaret Canovan dixit), Hannah Arendt quiso poner en evidencia no s\u00f3lo la coincidencia entre libertad y acci\u00f3n, sino tambi\u00e9n destacar la confianza en esta facultad humana que los totalitarismos intentaron extinguir. Al don de la acci\u00f3n libre, Arendt lo entendi\u00f3 como \u201cla capacidad de hacer milagros\u201d. En \u00bfQu\u00e9 es la pol\u00edtica?, lo describi\u00f3 de esta manera: \u201cen el \u00e1mbito de los asuntos humanos [\u2026] es el propio hombre quien, de un modo maravilloso y misterioso, est\u00e1 dotado para hacer milagros. Este don es lo que en el habla habitual llamamos la acci\u00f3n [\u2026]. A la acci\u00f3n [\u2026] le es peculiar sentar un nuevo comienzo, empezar algo nuevo, tomar la iniciativa o, hablando kantianamente, comenzar por s\u00ed mismo una cadena. El milagro de la libertad yace en este poder comenzar [\u2026] que a su vez estriba en el <em>factum<\/em> de que todo hombre en cuanto por nacimiento viene al mundo \u2014que ya estaba antes y continuar\u00e1 despu\u00e9s\u2014 es \u00e9l mismo un nuevo comienzo\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEl nuevo comienzo inherente al nacimiento se deja sentir en el mundo solo porque el reci\u00e9n llegado posee la capacidad de empezar algo nuevo, es&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[1456,6],"tags":[237,355,1355,2634,2687],"class_list":["post-16522","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-filosofia","category-nota-tapa","tag-etica","tag-filosofia","tag-hannah-arendt","tag-mal","tag-nacional-socialismo"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4iu","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16522","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16522"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16522\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16524,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16522\/revisions\/16524"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16522"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16522"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16522"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}