{"id":16544,"date":"2021-01-13T09:04:24","date_gmt":"2021-01-13T12:04:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16544"},"modified":"2021-01-15T09:07:35","modified_gmt":"2021-01-15T12:07:35","slug":"carceles-experiencia-emocional-correctiva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16544","title":{"rendered":"C\u00e1rceles: Experiencia emocional correctiva"},"content":{"rendered":"<p><em>Publicamos el quinto art\u00edculo de una serie en torno al problema de la organizaci\u00f3n carcelaria en la Argentina.<\/em><\/p>\n<p>Dos casos emblem\u00e1ticos ilustran el pensamiento de quienes a\u00fan creen en la perfectibilidad humana. En el primer caso, Jean Valjean es encarcelado durante 19 a\u00f1os por haber robado un pedazo de pan que intentaba dar a unos chicos hambrientos. Como era de esperar, el encierro lo embrutece y, cuando sale de prisi\u00f3n, ya tiene la mentalidad de un aut\u00e9ntico delincuente. Alojado en la casa de Monse\u00f1or Myriel, un bondadoso curita de aldea devenido obispo casi por azar, paga la hospitalidad con el robo de su plater\u00eda. La polic\u00eda lo detiene y lo lleva a la casa del anfitri\u00f3n para comprobar la poco cre\u00edble afirmaci\u00f3n de que los objetos le hab\u00edan sido obsequiados. Pero Myriel \u2013incurriendo en un obvio encubrimiento del hurto\u2013 confirma la mentira, a\u00f1ade a\u00fan m\u00e1s plater\u00eda a la bolsa de Valjean y, cuando la polic\u00eda desaparece, lo despide con estas palabras: \u201cJean Valjean, hermano m\u00edo, ya no pertenec\u00e9is al mal, sino al bien. Es vuestra alma la que compro; se la quito a los malos pensamientos y al esp\u00edritu de perdici\u00f3n y se la entrego a Dios\u201d. Valjean parte y se convierte en un hombre de bien. Ah\u00ed empieza otra historia, la de un hombre extraordinario, con bellos principios y actitudes abnegadas y heroicas.<br \/>\nEsto es ficci\u00f3n. La novela es <em>Los Miserables<\/em> de Victor Hugo (1802-1885).<br \/>\nPero tambi\u00e9n puede citarse, como segundo caso, una historia real. Relata en un Seminario el psiquiatra norteamericano Milton Erickson (1901-1979) la historia de Joe, un joven ladr\u00f3n, de car\u00e1cter violento, que hab\u00eda sido condenado a varios a\u00f1os de prisi\u00f3n. Al salir en libertad volvi\u00f3 al pueblo donde se hab\u00eda criado y sigui\u00f3 cometiendo hurtos y robos, se comportaba de forma pendenciera con los hombres y molestaba a las muchachas. Hasta que un d\u00eda se encontr\u00f3 con Edye, una chica joven, muy bonita, inteligente, fuerte y trabajadora, bien instruida para los est\u00e1ndares locales y, adem\u00e1s, hija del hombre m\u00e1s acaudalado del pueblo. Al verla, sin atreverse a decirle alguna de sus t\u00edpicas groser\u00edas, Joe le pregunt\u00f3 ir\u00f3nicamente: \u201c\u00bfPuedo llevarte al baile el s\u00e1bado?\u201d. Toda l\u00f3gica indicaba un rechazo despectivo o atemorizado. Pero Edye no se inmut\u00f3: \u201cPuedes, si eres un caballero\u201d.<br \/>\nLleg\u00f3 el s\u00e1bado. Joe se present\u00f3 en lo de Edye para llevarla al baile. La velada fue amable y placentera para ambos. Cabe suponer que, cuando se despidieron, Joe pregunt\u00f3: \u201c\u00bfPuedo volver a invitarte?\u201d. Edye respondi\u00f3: \u201cPuedes, si sigues siendo un caballero\u201d.<br \/>\nEl final era previsible. Joe devolvi\u00f3 todo lo que hab\u00eda robado, se convirti\u00f3 en una persona seria, honesta y trabajadora, se cas\u00f3 con Edye y fue uno de los mejores amigos de todos y uno de los mayores benefactores del pueblo. Entre sus beneficiados se contaba, justamente, el joven Erickson, a quien Joe anim\u00f3 y ayud\u00f3 econ\u00f3micamente para se fuera del pueblo y estudiara medicina.<br \/>\nEsto no significa que un trato as\u00ed asegure el cambio de actitud, pero en estos casos la experiencia emocional correctiva actu\u00f3 en forma positiva.<br \/>\nEn cambio, como comprobaron Erwing Goffman (1922-1982) y Donald Clemmer (1920-1994), soci\u00f3logos norteamericanos que se ocuparon de las consecuencias ps\u00edquicas que deja la c\u00e1rcel, la experiencia emocional en estos casos no es correctiva sino reforzadora de las actitudes que se pretenden corregir.<br \/>\nLa pregunta que puede formularse ahora es si es factible introducir la experiencia emocional correctiva en su sentido positivo en situaciones de detenci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Nuevos posibles paradigmas conectados con tres neologismos<\/strong><\/p>\n<p>Si bien las historias de Jean Valjean y Joe son ejemplos at\u00edpicos, son tambi\u00e9n plausibles y, as\u00ed, ilustran c\u00f3mo las actitudes de las personas pueden cambiar en forma radical, dando giros copernicanos de actitud.<br \/>\nAun as\u00ed, muchas personas dir\u00e1n que estos casos aislados, por tratarse de comportamientos poco habituales o bien s\u00f3lo producto de mentes rom\u00e1nticas como la de Victor Hugo, no pueden generalizarse. La idea de que quienes reiteran una y otra vez sus delitos son incorregibles sigue siendo muy fuerte y est\u00e1 muy arraigada.<br \/>\nPero algunos pensadores con perfil humanista piensan de otro modo. Por ejemplo, el crimin\u00f3logo noruego Nils Christie, si bien concedi\u00f3 que podr\u00eda existir la imposibilidad del cambio de actitud en \u201cmonstruos\u201d, inmediatamente agreg\u00f3 que, a trav\u00e9s de su extensa dedicaci\u00f3n al mundo del delito, nunca encontr\u00f3 un solo monstruo, es decir, un individuo absolutamente incorregible.<br \/>\nTambi\u00e9n contribuye a desmitificar la idea de la incorregibilidad una reflexi\u00f3n del fil\u00f3sofo y poeta alem\u00e1n Johann-Wolfgang Goethe (1749-1832) que, significativamente, est\u00e1 pintada en la entrada del cord\u00f3n de seguridad en una prisi\u00f3n argentina: \u201cSi tomas a las personas por lo que son, las har\u00e1s peores de lo que son. Si las tomas por lo que pueden llegar a ser, las ayudar\u00e1s a llegar adonde deben ser llevadas\u201d.<br \/>\nSi se trata al delincuente como delincuente, \u00bfpor qu\u00e9 asombrarse de que se convierta en algo peor? Y, por otra parte, \u00bfqu\u00e9 suceder\u00eda si se lo tratara de otro modo? \u00bfComo posible caballero, tal como trat\u00f3 Edye a Joe?<br \/>\nEl crimin\u00f3logo norteamericano Frank Tannenbaum (1893-1969), al trabajar con delincuentes juveniles, sostuvo que tratar a alguien como si fuera un delincuente suele convertirse generalmente en una profec\u00eda autocumplida: \u201cEl joven delincuente se vuelve malo porque es definido como malo\u201d.<br \/>\nEsta es la esencia de la teor\u00eda del etiquetamiento (<em>labelling approach<\/em>). Si se trata al delincuente como tal, se lo convertir\u00e1 en algo peor. Y se convertir\u00e1 en delincuentes a quienes a\u00fan no lo son.<br \/>\nPor eso los tratamientos que se dirigen \u201cal delincuente\u201d \u2013y en los tratamientos tradicionales se lo etiqueta as\u00ed\u2013 son ineficaces o hasta contraproducentes, lo cual impulsa a preguntarse si no es posible elaborar un sistema que, a pesar de todo lo desprestigiado que est\u00e1 el conjunto \u201cre\u201d \u2013rehabilitaci\u00f3n, readaptaci\u00f3n, resocializaci\u00f3n, recuperaci\u00f3n, reeducaci\u00f3n, reinserci\u00f3n en la sociedad, reforma moral\u2013, intente lograr, mediante alguna experiencia emocional correctiva, cambios de actitud en los ofensores.<br \/>\nPero, para ello, se deben introducir cambios. Y cambios profundos, no s\u00f3lo cosm\u00e9ticos. De lo contrario, se continuar\u00e1 con el \u201c<em>nothing works<\/em>\u201d.<br \/>\nY estos cambios deber\u00e1n relacionarse con el castigo \u2013ya que es muy dif\u00edcil lograr cambios de actitud si se inflige a alguien una pena meramente aflictiva\u2013, con la reparaci\u00f3n \u2013ya que cualquier cambio de actitud requiere responsabilizarse y, al menos, tener la intenci\u00f3n de reparar el da\u00f1o ocasionado\u2013 y con el tratamiento \u2013ya que \u00e9ste debe ser dirigido sin menospreciar al destinatario\u2013.<br \/>\nEllo lleva a introducir tres <em>neologismos<\/em>, es decir, conceptos que no existen en el lenguaje ordinario:<br \/>\n-la \u201c<em>impunitividad<\/em>\u201d o la superaci\u00f3n de la antinomia castigo o impunidad;<br \/>\n-la \u201c<em>oblatividad<\/em>\u201d o el otorgamiento a la v\u00edctima de algo valioso mediante la pena reparativa; y<br \/>\n-la \u201c<em>valjeanizaci\u00f3n<\/em>\u201d o etiquetamiento inverso para lograr un cambio copernicano de actitud.<\/p>\n<p><em>Jos\u00e9 Deym es Doctor en Psicolog\u00eda Social, especializado en Criminolog\u00eda<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicamos el quinto art\u00edculo de una serie en torno al problema de la organizaci\u00f3n carcelaria en la Argentina. 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