{"id":16643,"date":"2021-03-24T16:29:02","date_gmt":"2021-03-24T19:29:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16643"},"modified":"2021-03-24T16:29:49","modified_gmt":"2021-03-24T19:29:49","slug":"la-gloria-de-torre-nilsson","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16643","title":{"rendered":"La gloria de Torre Nilsson"},"content":{"rendered":"<p>En mayo de 1961 <em>Viridiana<\/em>, de Luis Bu\u00f1uel, gan\u00f3 la Palma de Oro del Festival de Cannes y <em>La mano en la trampa<\/em>, de Leopoldo Torre Nilsson, el premio Fipresci de la Cr\u00edtica Internacional. Dos pel\u00edculas habladas en espa\u00f1ol, filmadas y enviadas con harto riesgo al Festival y ambas protagonizadas por el mismo actor, Fernando Rabal. El cine hispanohablante nunca hab\u00eda tenido en Cannes, y no ha vuelto a tenerlo, un triunfo semejante. Para calibrarlo, recordemos que ese a\u00f1o tambi\u00e9n compet\u00edan <em>Dos mujeres<\/em>, de Vittorio De Sica, con Sof\u00eda Loren, <em>Una larga ausencia<\/em>, de Henri Colpi (que comparti\u00f3 la Palma con Viridiana), <em>El sol brilla para todos<\/em>, con Sidney Poitier, <em>Madre Juana de los \u00c1ngeles<\/em>, de Jerzy Kawalerowicz, <em>La epopeya de los a\u00f1os de fuego<\/em>, de Yuliya Sointseva, y otras de Ren\u00e9 Clement, Wolfgang Staudte, Alf Sjoberg, Valerio Zurlini, Anatole Litvak, Kon Ichikawa, Mauro Bolognini, Lima Barreto, Zoltan Fabri, Cacoyannis, todas grandes figuras de la \u00e9poca. Se\u00f1alamos tambi\u00e9n, por el buen recuerdo, <em>The Hoodlum Priest<\/em> (<em>Refugio de criminales<\/em>), de Irvin Kershner, sobre la vida del padre Charles Clark, redentor de marginales, pel\u00edcula que en aquel Festival se gan\u00f3 el premio de la Ocic, Oficina Cat\u00f3lica Internacional de Cine. Inspirado en los sucesos que rodearon la filmaci\u00f3n de <em>La mano en la trampa<\/em> y <em>Viridiana<\/em>, sus problemas de censura, las amenazas y loas recibidas, la vida de los directores y sus seres queridos, Javier Torre, hijo mayor de Torre Nilsson, escribi\u00f3 <em>La gloria<\/em>, una novela donde, como \u00e9l mismo dice, \u201cme permit\u00ed utilizar fragmentos del mito, de la ilusi\u00f3n y tambi\u00e9n de las emociones\u201d. An\u00e9cdotas familiares, recuerdos, nombres queridos, se suceden agradablemente, s\u00f3lo perturbados por la presencia del tenebroso sacerdote Marcial Maciel y sus Legionarios de Cristo, figuras innecesarias en el relato, aunque quiz\u00e1s dignas de otra novela. Como nos parecen innecesarias, decidimos preguntar por otras cosas m\u00e1s interesantes.<br \/>\n<strong>-\u00bfC\u00f3mo fue siguiendo all\u00e1 en 1961 las noticias que ven\u00edan de Cannes, de aquellas jornadas hist\u00f3ricas para el cine hispanohablante, como usted bien recalca?<\/strong><br \/>\n-Yo era ni\u00f1o. Las noticias de Europa llegaban a cuentagotas y las cartas tardaban 15 o 20 d\u00edas. Los llamados de tel\u00e9fonos ten\u00edan largas demoras y a veces no se concretaban, hab\u00eda muchas interferencias y siempre con la sensaci\u00f3n de una operadora escuchando lo que uno hablaba. Por lo dem\u00e1s, mi padre era un hombre t\u00edmido, muy reservado para mostrar sus afectos.<br \/>\n<strong>-Pero los llevaba a la cancha.<\/strong><br \/>\n-Efectivamente, \u00edbamos mucho, en particular a La Plata, a ver a Estudiantes. Luego al cine Real, a ver dibujos y cortos de Laurel y Hardy, Chaplin y Buster Keaton, que mi padre adoraba y nos inculcaba.<br \/>\n<strong>-Seg\u00fan lo pinta en sus p\u00e1ginas, usted y su hermano crecieron entre la grisura del hogar materno, las torturas del colegio religioso y la intrigante vida \u201cpecaminosa\u201d y financieramente inestable de su padre. \u00bfEra as\u00ed?<\/strong><br \/>\n&#8211; Lo que usted llama \u201cgrisura\u201d no fue tal. Pilar Barcos, mi madre, fue una mujer muy especial, alejada de la vida p\u00fablica, que rechazaba. Era muy cat\u00f3lica, cre\u00eda y nos inculcaba la resurrecci\u00f3n de los muertos, los mandamientos de la Iglesia. Era amante de la pintura y de la m\u00fasica, amaba a su familia y los valores tradicionales, como de alguna manera tambi\u00e9n me pasa ahora a m\u00ed. Era muy joven cuando yo era un ni\u00f1o, y muy atractiva, pero rechazaba a cualquier hombre que la pretendiera. Un dato curioso: me sorprendi\u00f3 cuando en 1973 vot\u00f3 a C\u00e1mpora, perd\u00f3n por contarlo. Se hab\u00eda vuelto progresista. De todas maneras separarse en los a\u00f1os \u201850 signific\u00f3 una tragedia en la familia. Nunca se alej\u00f3 de la Iglesia cat\u00f3lica, pecado que yo si comet\u00ed con total impunidad. Lo que llama \u201ctorturas\u201d por parte de los Hermanos Maristas no hubo jam\u00e1s. Hubo episodios como los que narro, tensos, dado que efectivamente exist\u00eda esa prevenci\u00f3n contra el ate\u00edsmo y el comunismo. Pero por lo dem\u00e1s los maristas eran austeros, correctos, ense\u00f1aban a ser estudiosos, en los deportes eran una maravilla (todav\u00eda lo son) y tengo un muy buen recuerdo de muchos de ellos, al punto de que mi primer novela, <em>Rubita<\/em> (prohibida en 1976, con el correspondiente susto) est\u00e1 dedicada a uno de ellos, que me cuid\u00f3 y me protegi\u00f3 mucho. Supongo que nos ve\u00edan bastante desamparados. Otro dato interesante respecto de mi padre, que se jactaba de ser ateo y de izquierdas \u2013aunque viv\u00eda como un hombre de derecha con enormes lujos y privilegios bien ganados\u2013 fue su amistad con el jesuita Ismael Quiles, a quien admiraba. Quiles dijo palabras muy bellas cuando mi padre muri\u00f3, en 1978, agobiado por la dictadura militar. Por momentos la novela utiliza tiempos verbales que pronostican un futuro donde todo habr\u00e1 de derrumbarse, como sucedi\u00f3 con la Argentina. El horror estaba lejos todav\u00eda, y no creo que nadie lo imaginara. Tambi\u00e9n es interesante, contradictorio y pintoresco recordar que tanto mi padre como mi madre le\u00edan la revista cat\u00f3lica CRITERIO. Me gustaba verlos coincidir al menos en eso. Por otro lado en <em>La Gloria<\/em> tambi\u00e9n est\u00e1n las historias de amor de Bu\u00f1uel y su mujer, que lo acompa\u00f1\u00f3 toda la vida, y de la actriz mexicana Silvia Pinal y su marido, el empresario Gustavo Alatriste (respectivamente protagonista y productor de <em>Viridiana<\/em>).<br \/>\n<strong>-Y algo de la historia de su padre con Beatriz Guido.<\/strong><br \/>\n&#8211; Tambi\u00e9n me sucedi\u00f3 que mientras vivieron mi madre y Beatriz Guido yo no quise escribir sobre ellas por delicadeza, por no provocarles alg\u00fan dolor. Las dos quisieron mucho a mi padre, y \u00e9l a su vez fue muy generoso y respetuoso con ellas, muy bueno, muy culposo tambi\u00e9n. Aun en momentos muy dif\u00edciles que vivimos siempre hubo una protecci\u00f3n y un di\u00e1logo especial, a media voz, para que los ni\u00f1os no escuch\u00e1ramos demasiado. La novela, por lo dem\u00e1s, busca lograr ese tono, y puede leerse como una novela de amor. Y est\u00e1 la intriga: \u00bfqui\u00e9n robo las cartas entre mi padre y Beatriz? \u00bfD\u00f3nde se fueron su biblioteca y aquellos muebles fabulosos? \u00bfEs cierto que el departamento que \u00e9l compr\u00f3 para nosotros en calle O\u2019Higgins se lo qued\u00f3 la hija de un conocido, mediante un enga\u00f1o? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n los negativos de las pel\u00edculas? \u00bfY la foto de mi padre con Fellini? Todas esas son intrigas que plantea la novela y que mis padres no previeron. Lo trato de una manera muy sutil, como con elegancia frente al horror.<\/p>\n<p><strong>Una pregunta fr\u00edvola: \u00bfde veras el hip\u00f3dromo de Cagnes-sur-Mer, vecino a Cannes, dedic\u00f3 una placa de homenaje a su padre, por haber ganado las ocho carreras de una tarde? \u00bfEstar\u00e1 todav\u00eda esa placa?<\/strong><br \/>\n-Estando en San Sebasti\u00e1n, Monsieur Bage, que hab\u00eda sido el distribuidor de <em>La casa del \u00e1ngel<\/em> en Francia, tuvo la delicadeza de invitarme a cenar al c\u00e9lebre restaurant Arzak, y all\u00ed me cont\u00f3 esa y otras an\u00e9cdotas maravillosas. Fui varias veces a Cannes, conozco los pueblos de alrededor, pero nunca entr\u00e9 a ver esa placa por una sencilla raz\u00f3n: mi padre perdi\u00f3 fortunas en los hip\u00f3dromos de todo el mundo. A\u00fan hoy, cuando paso frente al de Palermo, puedo ver exactamente el lugar de la tribuna oficial donde \u00e9l se ubicaba y me siento estremecido. Por lo dem\u00e1s le agrego otro dato interesante: mi padre tambi\u00e9n acert\u00f3 todas las carreras en el Hip\u00f3dromo de Karlovy Vary, en la Rep\u00fablica Checa, y parece que tambi\u00e9n all\u00ed fue ovacionado por la concurrencia.<br \/>\n<strong>-Es un cap\u00edtulo muy lindo.<\/strong><br \/>\n-A lo largo del tiempo mucha gente me dec\u00eda que ten\u00eda que contar esas historias, hasta que descubr\u00ed el punto de partida: el triunfo de <em>Viridiana<\/em> y <em>La mano en la trampa<\/em>, del que en mayo se cumplen 60 a\u00f1os. Ese fue entonces el punto de partida. Si bien est\u00e1 <em>El gran Babsy,<\/em> el libro excelente de M\u00f3nica Martin, y de Bu\u00f1uel est\u00e1 su maravillosa autobiograf\u00eda <em>Mi \u00faltimo suspiro<\/em>, pude ir encontrando con mucha curiosidad m\u00e1s historias fascinantes, episodios de aquella \u00e9poca donde la Argentina era un pa\u00eds culto y pr\u00f3spero. Ya adolescente, s\u00f3lo se hablaba de cine. Lo viv\u00ed como un privilegio maravilloso. Aquellos almuerzos de los domingos en La Caba\u00f1a eran para escuchar a mi padre hablar de cine. Fue la \u00e9poca de mayor suceso comercial en su carrera. Con <em>Mart\u00edn Fierro<\/em> y m\u00e1s a\u00fan <em>El Santo de la espada<\/em> las colas en la calle Lavalle daban vuelta a la manzana en todas las funciones, \u00e9l gan\u00f3 verdaderas fortunas (siete millones de d\u00f3lares de esa \u00e9poca, seg\u00fan me calcul\u00f3 una vez el productor H\u00e9ctor Olivera). Empec\u00e9 a estudiar Letras, a trabajar como pizarrero (una pesadilla) y vivir una doble vida. A mi madre no pod\u00eda contarle que mi padre me prestaba su Mercedes Benz para salir con chicas. A la Facultad iba en colectivo y no contaba que verane\u00e1bamos en el Chateau Frontenac o en una casa que mi padre compr\u00f3 en Punta del Este y que a\u00f1os m\u00e1s tarde entreg\u00f3 para pagar deudas con el Laboratorio Alex. Aquel mundo ya no existe. Nuestro pa\u00eds qued\u00f3 sumergido en la pobreza, algo que parec\u00eda inimaginable, que los personajes de la novela no pueden prever ni imaginar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En mayo de 1961 Viridiana, de Luis Bu\u00f1uel, gan\u00f3 la Palma de Oro del Festival de Cannes y La mano en la trampa, de Leopoldo&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[2732,2731,1462],"class_list":["post-16643","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-bunuel","tag-cine-viridiana","tag-cultura"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4kr","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16643","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16643"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16643\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16645,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16643\/revisions\/16645"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16643"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16643"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16643"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}