{"id":16654,"date":"2021-04-01T14:54:25","date_gmt":"2021-04-01T17:54:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16654"},"modified":"2021-04-01T15:02:15","modified_gmt":"2021-04-01T18:02:15","slug":"perplejidades-en-torno-de-la-cuestion-populista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16654","title":{"rendered":"Perplejidades en torno de la cuesti\u00f3n populista"},"content":{"rendered":"<p>#1. La cita es de uno de los pasajes del <em>Talmud<\/em> m\u00e1s comentados por la tradici\u00f3n jud\u00eda. Una lectura inmediata sugiere que cada uno de nosotros tiene, m\u00e1s que el derecho, el deber de impulsar las propias ilusiones, necesidades y metas. Cargar a los dem\u00e1s con ellas es muy riesgoso, porque por mucho que nos quieran, nadie las puede interpretar mejor que uno mismo. Pero adem\u00e1s, descuidar la propia persistencia en el ser es irresponsable, porque al hacerlo estamos cargando a alg\u00fan otro pr\u00f3jimo decente, de los que nunca faltan, con el chantaje moral de no incurrir en abandono de persona.<br \/>\nLo que tenemos para con el otro es una gran responsabilidad; la cual, adem\u00e1s, es rec\u00edproca. Dedicar mi inteligencia y mi libido al exclusivo cuidado y desarrollo de m\u00ed mismo me convierte en la m\u00e1s indigente de las personas, me reduce a algo incomprensible e indecible. Ser humano es querer ser con y para el otro. Pero es una iniciativa que, bien entendida, empieza por casa. No se trata de exigir ni de esperar reciprocidad. Tal vez la otra persona no pudo explorar la facultad solidaria y colaborativa, o la tenga muy inhibida. Tal vez nos desconf\u00eda. Estar ah\u00ed, <em>motu proprio<\/em>, para ella puede abrirle el acceso decisivo al placer de dar.<br \/>\nY todo lo anterior, <em>ahora<\/em>. Somos naturalezas creadas, abiertas y expuestas a lo que vendr\u00e1. No somos due\u00f1os de despilfarrar un tiempo vital que es donado, que no hemos creado y que, seguramente, no terminamos de entender ni de apreciar.<br \/>\nPara ti, entonces, porque para m\u00ed. Y ahora. Ma\u00f1ana es tarde.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/foto-NOTA-Galimidi.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-16661 alignleft\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/foto-NOTA-Galimidi-1024x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"346\" height=\"346\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/foto-NOTA-Galimidi-1024x1024.jpg 1024w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/foto-NOTA-Galimidi-300x300.jpg 300w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/foto-NOTA-Galimidi-150x150.jpg 150w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/foto-NOTA-Galimidi-768x768.jpg 768w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/foto-NOTA-Galimidi.jpg 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 346px) 100vw, 346px\" \/><\/a>#2. A muchos de nuestros amigos y conocidos la cuesti\u00f3n populista nos interpela de manera directa y angustiante. Nos presagia un horizonte temible, que por momentos parece en v\u00edas de consolidaci\u00f3n. Y advertimos, con perplejidad, que lo hace con el ropaje de la inminencia y del inter\u00e9s desprendido por el otro. Un otro que es alegado en el discurso, pero al que, sin embargo vemos c\u00f3mo en los hechos, lustro a lustro, se le han ido recortando cada vez m\u00e1s espacios de calidad y autonom\u00eda laboral, educativa, cultural o sanitaria.<br \/>\nOfrezco, en estas l\u00edneas, un intento por ordenar y elaborar a partir de mi propio desconcierto. Sin academias ni pretensiones de certeza. Sin ir \u201ca por todas\u201d, para no espejar el problema que nos acucia. Pero con la convicci\u00f3n de que nuestra responsabilidad de encontrarnos a pensar y a dialogar sobre la cuesti\u00f3n populista es urgente e ineludible (1).<\/p>\n<p>#3. El t\u00e9rmino es mult\u00edvoco. Hace ya bastante que se ven\u00eda esgrimiendo como acusaci\u00f3n descalificante, pero, desde hace un tiempo, tambi\u00e9n se empez\u00f3 a reivindicar como paradoja desafiante. Nada de lo cual propicia el an\u00e1lisis. Me voy a referir al populismo como una forma de valorar y de decir respecto de las acciones que afectan a lo p\u00fablico. El populismo tambi\u00e9n se expresa, desde luego, en estrategias y programas pol\u00edticos y econ\u00f3micos concretos, pero aqu\u00ed me interesa compartir mis impresiones acerca de lo que llamar\u00eda una actitud, un talante sumamente intenso que, si a veces no pasa de ser una manera de discutir, a menudo tambi\u00e9n se presenta como si fuera una identidad. Tratar\u00e9 de mencionar y de reflexionar sobre aspectos f\u00e1cilmente reconocibles que, como si fueran el motivo de una melod\u00eda, suelen aparecer, cada vez m\u00e1s, en cualquier discurso o intercambio sobre pol\u00edtica, econom\u00eda, sociedad o cultura, en sobremesas, \u00e1mbitos acad\u00e9micos, debates p\u00fablicos, discursos de campa\u00f1a, etc.<\/p>\n<p>#4. La visi\u00f3n populista percibe a la sociedad (a <em>esta<\/em> sociedad, es su manera usual de hablar, como poni\u00e9ndose afuera de ella, o de sus peores aspectos) como ordenada por la acci\u00f3n de un principio generador de sentido, al que llama, difusamente, el Poder, as\u00ed, con may\u00fascula. En su perspectiva, el Poder es algo intangible, pero muy concreto, hiper-real, una fuerza espiritual que puede apropiarse de la voluntad y de la mente de las personas, y que, por inercia, tiene una tendencia natural a concentrarse en pocas manos y, a la vez, a expandirse hacia muchos espacios. Se hace presente en diferentes esferas de la vida social, como el capital financiero, los conglomerados medi\u00e1ticos o la ideolog\u00eda patriarcal de g\u00e9nero, y se vale de todas las estructuras macro y microsc\u00f3picas en las que, de alguna manera, hay algo parecido a la autoridad o el dominio. Lo sepan o no, y lo quieran o no, los maestros de escuela, las gerentes de empresas, los polic\u00edas, las artistas, las acad\u00e9micas, los creyentes religiosos, los hablantes no inclusivos, las m\u00e9dicas, las juezas, los comunicadores, y, obviamente, los pol\u00edticos, est\u00e1n continuamente expuestos a convertirse en instrumentos del Poder. La caverna de Plat\u00f3n es, a fin de cuentas, la met\u00e1fora \u00f3ptima para ilustrar el estado de inconsciencia de s\u00ed con el que el Poder encadena las almas y los cuerpos de casi todas las personas de casi todas las \u00e9pocas.<\/p>\n<p>#5. El Poder as\u00ed hipostasiado fascina al populista porque es sumamente adaptable y creativo, y teje acuerdos que son transversales a todo sector y a toda geograf\u00eda, creando sus propias \u00e9lites. Los grupos y personas dirigentes pueden tener disputas entre s\u00ed, traicionarse incluso, pero esta din\u00e1mica siempre redunda en favor del \u201csistema\u201d, en alianza contra las grandes mayor\u00edas a las que somete. Como los miembros de las casas reales de las monarqu\u00edas europeas de la edad prerrevolucionaria, los referentes de los grandes centros del Poder hegem\u00f3nico pertenecen a un club selecto, a salvo y por encima de los cambios eventuales de configuraci\u00f3n pol\u00edtica, cultural o econ\u00f3mica. Manejan el discurso, el capital, los medios, las armas, los laboratorios, las productoras de contenidos masivos, los megaeventos deportivos, poseen las tierras, las redes inform\u00e1ticas y sus bases de datos, las maquinarias, los transportes. Se conocen personalmente y se cuidan las espaldas. Aunque no le conste, todo esto lo sabe, fehaciente, dogm\u00e1ticamente, cualquier persona que se encuentre sintonizada en modo populista. Como en el delito de enriquecimiento il\u00edcito, el Poder tiene sobre s\u00ed la descarga de la prueba acerca de su compleja y omnipresente asociaci\u00f3n.<\/p>\n<p>#6. A un Poder totalizante y opresor desde arriba le corresponde, l\u00f3gicamente, una contrahegemon\u00eda desde abajo, tambi\u00e9n totalizante. Es la del Pueblo (tambi\u00e9n con may\u00fasculas).<br \/>\nEl Pueblo del populismo tambi\u00e9n es una entidad total, multiforme e inasible. Es absolutamente buena, resistente y noble; fuente \u00faltima de toda belleza, raz\u00f3n y justicia (leg\u00edtima). Si bien, a efectos de consistencia del relato, hace falta resaltar que nunca estuvo, hasta el presente, suficientemente investido con el volumen de poder que le corresponde. Que, en rigor, no es menos que todo el poder.<br \/>\nPero el Pueblo del populismo no es la totalidad de habitantes que constituye la unidad estatal pol\u00edtica y territorial, por ejemplo, argentina. Excluye de s\u00ed a los poderosos, a sus aliados, y tambi\u00e9n a sus empleados, votantes, simpatizantes y militantes de los partidos del Poder. El Pueblo es una combinaci\u00f3n rom\u00e1ntica de trabajadores humildes y de excluidos que no trabajan. Seg\u00fan el momento ret\u00f3rico, puede o no incluir a las comunidades originarias o a las personas del colectivo LGBT. La pertenencia al Pueblo es una condici\u00f3n clara, pero no distinta. El Pueblo del populista es la multitud de personas buenas y oprimidas (<em>buenas<\/em> porque oprimidas) por los m\u00faltiples recursos, solapados o abiertos, del Poder.<\/p>\n<p>#7. Esta percepci\u00f3n idealizada de enemistad radical entre Poder y Pueblo, que invisibiliza a un mont\u00f3n de gente que no se autopercibe ni opresora ni oprimida, exige un posicionamiento decisivo. S\u00f3lo uno de los dos lados de la l\u00ednea se aprecia como humanamente aceptable. Y ese semi-espacio, el \u201ccampo popular\u201d, es un lugar de franca y permanente confrontaci\u00f3n. Sin conciliaci\u00f3n posible, all\u00ed s\u00f3lo se puede militar hasta la victoria. La mega-empresa tiene dos escalas. En el nivel micro, se trata de \u201cresistir\u201d (la referencia poco velada a la Resistencia francesa de los a\u00f1os cuarenta no es casual) todas las pr\u00e1cticas y discursos de opresi\u00f3n que el Poder ha conseguido naturalizar. Deconstruir, en otras palabras. Y pelear en todos los frentes la batalla cultural para que la resistencia y la deconstrucci\u00f3n empiecen a imponerse como correcci\u00f3n pol\u00edtica. En el periodismo, interviniendo cl\u00e1sicos universales del teatro, en el aula o en las cuestiones de identidad de g\u00e9nero (2).<br \/>\nSe est\u00e1 batallando, se alega, contra una religi\u00f3n disfrazada de racionalidad econ\u00f3mica (su \u00faltimo nombre conocido es neoliberalismo), que se ha autosantificado inventando a un Dios terrenal para servirse de sus iglesias. Son leg\u00edtimas, entonces, todas las t\u00e1cticas de comunicaci\u00f3n, todos los mensajes igualmente religiosos del profeta auto-investido que, desde la \u201chist\u00f3rica altura\u201d de un amor universal combate contra los odiadores, poni\u00e9ndole \u201cun cerco a la muerte\u201d y dejando la bendici\u00f3n de su presencia clara, entra\u00f1able y transparente (3).<\/p>\n<p>#8. En cuanto a la escala macrosc\u00f3pica, se trata de disputar poder, conquistando espacios.<br \/>\nEn un sentido que es a la vez literal y metaf\u00f3rico, la acci\u00f3n colectiva populista niega de plano la sana discriminaci\u00f3n que ejerce el art\u00edculo 22 de nuestra Constituci\u00f3n Nacional. Para el populismo, simplemente no es verdad que el Pueblo no pueda deliberar ni gobernar m\u00e1s que por medio de sus representantes y autoridades legalmente creados. Por el contrario, cuando se trata de resistir, casi cualquier reuni\u00f3n de personas que haya logrado \u201ctomar la calle\u201d, o las rutas, puede atribuirse los derechos de peticionar en nombre del Pueblo. Para esta perspectiva, el orden institucional vigente tambi\u00e9n es una manera de condicionar y coartar los derechos y libertades, porque limita esa energ\u00eda aut\u00e9ntica, creativa y vital que s\u00f3lo puede aportar la multitud en presencia.<br \/>\nAhora claro. A veces tambi\u00e9n se conquistan espacios estatales por medio del voto. Y all\u00ed ya no se puede eludir la discriminaci\u00f3n que se denunciaba como injusta desde la calle, cuando no se habitaba el poder institucional. De un lado, sigue siendo verdad que el Estado es un espacio m\u00e1s, entre otros, peleado y ganado a un Antiguo R\u00e9gimen que todav\u00eda no ha terminado de caer. Y, desde ese punto de vista, no cabe respetar sus procedimientos m\u00e1s all\u00e1 de lo que aconseje t\u00e1cticamente la relaci\u00f3n de fuerzas en cada momento. Para el sentir populista, los tiempos y los equilibrios institucionales son ecos de un pasado opresor. Por eso, la manera m\u00e1s inmediata de traducir, como gobierno, aquel esp\u00edritu de rebeld\u00eda deconstructiva que se coreaba en la calle es la reinterpretaci\u00f3n del Derecho, la ampliaci\u00f3n de derechos y la pol\u00edtica de subsidios, resignificada como \u201cjusticia redistributiva\u201d. Pero, del otro lado, tambi\u00e9n es cierto que las multitudes por s\u00ed mismas no pueden gobernar ni deliberar ni legislar ni juzgar. Estas son acciones que s\u00f3lo pueden realizar personas concretas, con nombre, apellido y biograf\u00eda. Y entonces aqu\u00ed viene una de las grandes preguntas al populista puro. Si es verdad que el patriarcado y el capitalismo y la democracia liberal y la cultura de la peque\u00f1a burgues\u00eda son tan capaces de deformar las mentes y los corazones, \u00bfc\u00f3mo es posible que alguien como vos, que pas\u00f3 por cada una de esas experiencias pedag\u00f3gicas tan reprochables, reclame el derecho de ser portavoz de los que no tienen voz? \u00bfQu\u00e9 es lo que libra al l\u00edder populista de todos los males existenciales del sistema que dice venir a combatir y a derrotar? O, de modo inverso, y dicho en t\u00e9rminos de un debate muy comentado: si no es con el m\u00e9rito, \u00bfcon que otro argumento se puede reivindicar la legitimidad de la <em>krat\u00eda<\/em>?<\/p>\n<p>#9. El voto, por m\u00e1s popular que se lo adjetive, no es suficiente para justificar el aura de absoluta santidad, prudencia y car\u00e1cter. Por la simple raz\u00f3n de que es muy variable; las elecciones a veces se ganan y a veces se pierden. El Pueblo nunca se equivoca, pero puede ser enga\u00f1ado. No. Buena parte de la energ\u00eda libidinal que inviste al relato populista y a sus \u00edconos proviene de una fuente m\u00e1s profunda, casi at\u00e1vica. Es la del sufrimiento y la del sacrificio (4). Nos referenciamos \u2013dicen\u2013 en los que dieron su vida por (nada menos que) cambiar el mundo. Los (nos) persiguieron los peores, <em>ergo<\/em> somos los mejores. Para desaparecernos, nos aplicaron el m\u00e1s tenebroso de los planes sistem\u00e1ticos, ergo, nuestra causa era y sigue siendo la m\u00e1s justa y la m\u00e1s luminosa. Como rezaba un grafitti urbano de los a\u00f1os \u201880: \u201cVos no desapareciste, por algo ser\u00e1\u201d.<\/p>\n<p>#10. Pero la derrota f\u00e1ctica de la guerrilla revolucionaria no es la \u00fanica fuente de energ\u00eda del esp\u00edritu populista. Nuestra forma de vida en com\u00fan no carece de puntos ciegos y miserias. La exclusi\u00f3n end\u00e9mica y la indigencia estructural son responsabilidad ostensible de todo el conjunto social, y, con eminencia de sus sectores dirigentes. Hay entonces, como trasfondo del sentir populista, un esp\u00edritu de idealismo y reforma urgente que es muy sano, e imprescindible. Desde luego que el elemento institucional (\u201crepublicano\u201d se le dice en estos tiempos) es parte esencial de la respuesta a tanta urgencia. La institucionalidad es la voluntad de respetar acuerdos b\u00e1sicos de convivencia ya establecidos, para crecer de forma cooperativa y para transitar conflictos de forma no violenta. Y, al mismo tiempo, es una carta de confianza para las generaciones futuras. Si nos ordenamos, permitimos que nuestra posteridad siga o mejore o modifique lo que nosotros no pudimos o no vimos. Pero el esp\u00edritu institucional, por s\u00ed solo, tampoco lo puede todo. Tiene, por naturaleza, una inercia que lo hace reticente a percibir lo excepcional, y, en general, a v\u00e9rselas con lo muy novedoso. Y lo muy novedoso, en 2021, es la necesidad de religitimar el principio de autoridad, en lo pol\u00edtico y en todo lo dem\u00e1s. Apuntalar un poder constitucional decente, no tumultuoso y eficaz.<\/p>\n<p>En la circunstancia actual, la crisis presenta un desaf\u00edo m\u00faltiple: se trata de desactivar los efectos m\u00e1s t\u00f3xicos de la perspectiva populista, sin por ello espejar su l\u00f3gica de enemistad radicalizada. Es decir, se trata, en el plano de la ideas, de pelear la batalla cultural contraponiendo utop\u00eda contra utop\u00eda, al tiempo que, en el plano f\u00e1ctico, se admiten y se enfrentan las urgencias de pobreza, desinversi\u00f3n y crisis educativa. Obviamente, es una tarea inmensa, porque los populismos estresan y angostan el centro democr\u00e1tico. Deterioran la productividad pol\u00edtica, econ\u00f3mica y social, que se construye en base a la confianza rec\u00edproca, al tiempo que cobijan aventuras y mediocridades de toda laya. En un clima enrarecido y enervado, hace falta conservar el temple, profundizar todos los di\u00e1logos pendientes y construir consensos nuevos.<\/p>\n<p>En suma, mirar la grieta a la cara, comprender sus motivaciones, desentra\u00f1arla y superarla. Por m\u00ed y por t\u00ed. Ahora. Ya emigraron demasiados compatriotas.<\/p>\n<p><em>Jos\u00e9 Luis Galimidi es Doctor en Filosof\u00eda y profesor de la Universidad de San Andr\u00e9s<\/em><\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p>1. Para dos visiones diferentes sobre el populismo, pueden verse Ezequiel Adamovsky, \u201c\u00bfDe qu\u00e9 hablamos cuando hablamos de populismo?\u201d Revista <em>Anfibia<\/em>, (http:\/\/revistaanfibia.com\/ensayo\/de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-populismo-2) y tambi\u00e9n Mar\u00eda de Guadalupe Salmor\u00e1n Villar, \u201cPopulismo: una ideolog\u00eda antidemocr\u00e1tica\u201d, Teor\u00eda pol\u00edtica, 7, 2017, 127- 154, (http:\/\/journals.openedition.org\/tp\/533)<br \/>\n2. Por si hace falta aclararlo, no intento aqu\u00ed la cr\u00edtica de los diferentes movimientos de reivindicaci\u00f3n o denuncias sobre injusticias sociales, econ\u00f3micas, ataques a la diversidad, etc. S\u00f3lo subrayo la tendencia general del sentir populista a apropiarse de todos los impulsos contestatarios, como si fueran expresiones diversas de un \u00fanico centro emisor. Ilustra mi punto la letra de la c\u00e9lebre canci\u00f3n del grupo perform\u00e1tico Lastesis: \u201cSon los pacos, los jueces, el Estado, el Presidente. El violador eres t\u00fa\u201d.<br \/>\n3. \u201cHasta siempre, comandante\u201d, Carlos Puebla.<br \/>\n4. Cf. Hugo Vezzetti, <em>Sobre la violencia revolucionaria<\/em>. Buenos Aires, Siglo XXI, 2009, Cap. 3.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>#1. La cita es de uno de los pasajes del Talmud m\u00e1s comentados por la tradici\u00f3n jud\u00eda. 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