{"id":16663,"date":"2021-04-01T15:15:16","date_gmt":"2021-04-01T18:15:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16663"},"modified":"2021-04-01T15:16:28","modified_gmt":"2021-04-01T18:16:28","slug":"charles-peguy-el-secreto-de-la-obra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16663","title":{"rendered":"Charles P\u00e9guy: el secreto de la obra"},"content":{"rendered":"<p>En un art\u00edculo publicado en CRITERIO y en la revista Teolog\u00eda, Ignacio Navarro escribi\u00f3: \u201cDetr\u00e1s de cada gran obra, acuciando y alentando cada obra de verdadera importancia espiritual, suele haber una sola pregunta\u201d. (1) El art\u00edculo trataba sobre la pregunta detr\u00e1s de la obra de Jorge Luis Borges. Pero aquello es un axioma aplicable a otros casos.<br \/>\nQuiero presentar aqu\u00ed la que creo que es la pregunta detr\u00e1s de un poeta un tanto olvidado: Charles P\u00e9guy, nacido en 1873, en la que \u00e9l consideraba la antigua Francia (<em>la fille a\u00een\u00e9e de l\u2019\u00c9glise<\/em> antes de la llegada del mundo moderno), y ca\u00eddo en batalla, a comienzos de la Primera Guerra Mundial. En alg\u00fan momento, fue m\u00e1s difundido entre nosotros. En la d\u00e9cada del cuarenta, en la Argentina, Emec\u00e9 public\u00f3 tres ensayos: la confesi\u00f3n sobre la participaci\u00f3n en el Affaire Dreyfus, llamada <em>Nuestra juventud<\/em>, y los t\u00edtulos filos\u00f3fico-teol\u00f3gicos, <em>Nota conjunta sobre Descartes y la filosof\u00eda cartesiana<\/em> y <em>Nota sobre Bergson y la filosof\u00eda bergsoniana<\/em>. La colecci\u00f3n fue dirigida por Eduardo Mallea. <em>Las Notas<\/em> fueron prologadas de manera muy hermosa por Carmen G\u00e1ndara. En los \u00faltimos a\u00f1os, ha habido algo as\u00ed como un reverdecer de su literatura. Destaco dos acontecimientos felices. El primero, la publicaci\u00f3n que la Editorial Cactus hizo, en 2009, de un libro nunca antes traducido al castellano, <em>Cl\u00edo, di\u00e1logo de la historia con el alma pagana<\/em>. El segundo es de \u00edndole m\u00e1s personal: desde hace un tiempo, un grupo de personas interesadas nos reunimos a leer a P\u00e9guy con creciente entusiasmo. Tiene raz\u00f3n Jean Bastaire cuando dice que quien comienza a leer al poeta franc\u00e9s, nunca se recupera. (2)<br \/>\nPodr\u00eda formular la pregunta detr\u00e1s de la obra de esta manera: \u00bfC\u00f3mo puede el hombre, cualquier hombre pero en especial un cristiano, estar tranquilo ante la presencia de tantos hermanos suyos exiliados, excluidos, abandonados fuera de la comunidad? Hablamos de exilios as\u00ed en la tierra como en el cielo, de infiernos temporales y del infierno eterno.<br \/>\nDurante la juventud, P\u00e9guy encontr\u00f3 en el socialismo (aunque por fuera de su estructura partidaria) una \u201cm\u00edstica\u201d que luchaba contra la exclusi\u00f3n. La ciudad socialista, en efecto, deb\u00eda incluir necesariamente a todos. As\u00ed aparece en uno de sus primeros libros, escrito con menos de veinticinco a\u00f1os, <em>Marcel: primer di\u00e1logo de la ciudad armoniosa<\/em>:<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><strong>Todos los hombres de todas las familias, todos los hombres de todas las tierras, de las tierras que nos son lejanas y de las tierras que nos son pr\u00f3ximas, todos los hombres de todos los pueblos se hicieron ciudadanos de la ciudad armoniosa, porque no conviene que haya hombres que sean extranjeros. <\/strong>(3)<\/p>\n<p>En el catolicismo de su \u00e9poca, en cambio, no hall\u00f3 ecos de esta inquietud. M\u00e1s bien tropez\u00f3 con una doctrina que justifica la condenaci\u00f3n y la acepta, una teodicea racionalmente fr\u00eda. Para las almas del infierno, ya no se puede esperar otra cosa que una justicia divina que equivale a condena inapelable. Y m\u00e1s terrible a\u00fan, por aquellos a\u00f1os algunos te\u00f3logos afirmaban que los santos se alegran (\u00a1junto con Dios!) por la ejecuci\u00f3n de la justicia as\u00ed comprendida. Frente a esto se rebela P\u00e9guy en otro escrito de juventud: el drama <em>Juana de Arco<\/em>, libro de setecientas p\u00e1ginas y una sola venta. Desde aquel momento, representar a la doncella del siglo XV (que por entonces no hab\u00eda sido ni siquiera beatificada) ser\u00e1 la misi\u00f3n de su literatura. En ella encontr\u00f3 el \u00edcono de una vocaci\u00f3n eterna que se realiza en la historia. En vez de regocijarse por la condenaci\u00f3n, Juana se entrega a s\u00ed misma como ofrenda:<\/p>\n<p><strong>Si es necesario, para salvar de la Ausencia eterna<\/strong><br \/>\n<strong>las almas de los condenados que enloquecen de Ausencia,<\/strong><br \/>\n<strong>abandonar mi alma a la Ausencia eterna,<\/strong><br \/>\n<strong>que mi alma vaya a esa Ausencia eterna.<\/strong><br \/>\n<strong>Mi alma a esa ausencia que nunca acabar\u00e1. <\/strong>(4)<\/p>\n<p>Casi diez a\u00f1os despu\u00e9s de estos libros, P\u00e9guy redescubri\u00f3 la fe. Muchos hablan de \u00e9l como de un converso. Sin embargo, no lo es. No se convirti\u00f3 de nada. Profundiz\u00f3 en la misma pregunta y lo hizo tercamente (con \u201cc\u00f3lera\u201d, seg\u00fan George Steiner 5), hasta descubrir en lo m\u00e1s hondo de su inquietud que el Evangelio vibra por lo mismo. En 1909 volvi\u00f3 a escribir sobre Juana: <em>El misterio de la caridad<\/em>, publicado en vida, y <em>El misterio de la vocaci\u00f3n<\/em>, publicado de manera p\u00f3stuma. Respecto del drama de juventud, no hay ni una \u201ci\u201d ni una coma anulada. Hay cumplimiento cristiano. Adem\u00e1s de la ofrenda de s\u00ed, ahora Juana se confronta audazmente con Dios. Si el Hijo se ha encarnado y ha compartido la vida con los hombres, con todos ellos, lo ha hecho para salvarlos del exilio. Pero si hay un solo condenado, \u00bfno habr\u00e1 fracasado su obra? Juana insiste de manera incansable. Se espera la salvaci\u00f3n para todos o no se espera humana y cristianamente.<br \/>\nY he aqu\u00ed lo m\u00e1s propio del poeta franc\u00e9s: la insistencia en la pregunta y la terquedad de la oraci\u00f3n lo conducen a un secreto divino. As\u00ed reza la patrona de Francia en <em>El misterio de la vocaci\u00f3n<\/em>:<\/p>\n<p><strong>Mi Dios, tengo oraciones secretas. T\u00fa lo sabes. Soy tu confidente. T\u00fa eres mi confidente. Te lo pido. <\/strong><strong>Hay un secreto entre nosotros dos. Tenemos un secreto juntos. He osado tener un secreto contigo. <\/strong><strong>Hay un secreto entre nosotros. <\/strong>(6)<\/p>\n<p>Tengo la intuici\u00f3n de que los siguientes Misterios nos revelan ese secreto (tal como se revela un misterio, en el ocultamiento). Alcancen algunos textos. En <em>El p\u00f3rtico del misterio de la segunda virtud<\/em>, se describe lo que la oveja perdida produce en el Buen Pastor:<\/p>\n<p><strong>Hizo temblar el coraz\u00f3n mismo de Dios.<\/strong><br \/>\n<strong>Un temblor de temor y un temblor de espera.<\/strong><br \/>\n<strong>Un temblor tambi\u00e9n de miedo.<\/strong><br \/>\n<strong>Un temblor de una inquietud<\/strong><br \/>\n<strong>mortal.<\/strong><br \/>\n<strong>Y despu\u00e9s, y as\u00ed, y adem\u00e1s<\/strong><br \/>\n<strong>de aquello que est\u00e1 ligado al temor, al miedo, a la inquietud.<\/strong><br \/>\n<strong>Con una uni\u00f3n que no se rompe, con una uni\u00f3n que no se deshace,<\/strong><br \/>\n<strong>temporal, eterno, con una indestructible uni\u00f3n<\/strong><br \/>\n<strong>ha hecho temblar el coraz\u00f3n de Dios<\/strong><br \/>\n<strong>con el temblor mismo de la esperanza.<\/strong><br \/>\n<strong>Ha introducido en el coraz\u00f3n mismo de Dios la teologal<\/strong><br \/>\n<strong>esperanza. <\/strong>(7)<\/p>\n<p>Pero la esperanza del Pastor es el p\u00f3rtico de un secreto m\u00e1s hondo. En <em>El misterio de los santos inocentes<\/em>, el que habla es el Padre cuando ve venir al Hijo a la cabeza de la gran flota de santos y pecadores. Los versos devuelven a la oraci\u00f3n toda la fuerza que un cierto racionalismo habitual en la \u00e9poca amenazaba con robarle:<\/p>\n<p><strong>Toda esta inmensa flota de oraciones y de penitencias me ataca<\/strong><br \/>\n<strong>con la espuela que ustedes conocen,<\/strong><br \/>\n<strong>una flota de combate.<\/strong><br \/>\n<strong>Que avanza para atacar al rey.<\/strong><br \/>\n<strong>\u00bfY qu\u00e9 quieren que haga? Me han atacado.<\/strong><br \/>\n<strong>A la cabeza marcha la flota innumerable de los Padre Nuestro.<\/strong><br \/>\n<strong>(As\u00ed he sido atacado. Les pregunto. \u00bfEs justo?).<\/strong><br \/>\n<strong>(No, no es justo, porque todo aquello pertenece al reino de mi Misericordia).<\/strong><br \/>\n<strong>Y todos los pecadores y todos los santos juntos marchan detr\u00e1s de mi hijo<\/strong><br \/>\n<strong>y detr\u00e1s de las manos juntas de mi hijo,<\/strong><br \/>\n<strong>y ellos mismos tienen las manos juntas como si fueran mi hijo.<\/strong><br \/>\n<strong>En fin, mis hijos. En fin, cada uno un hijo como mi hijo.<\/strong><br \/>\n<strong>El reino del cielo sufre la fuerza, y los hombres de fuerza lo toman a la fuerza. Ellos lo saben bien.<\/strong><br \/>\n<strong>\u00bfC\u00f3mo quieren que me defienda? Mi hijo les ha dicho todo. Y no solamente eso. En el tiempo se puso a la cabeza. Y son como una gran flota antigua, como una flota innumerable que ataca al gran rey. Detr\u00e1s del punto, detr\u00e1s del extremo punto de este extremo punto, este extremo punto avanza, y detr\u00e1s, apret\u00e1ndose como una gavilla que no puedo separar, este punto mismo avanza descaradamente detr\u00e1s de sus pesados trirremes antiguos y desaf\u00edan, m\u00e1s apretados que la falange de Macedonia, con descaro desaf\u00edan la flota de mi c\u00f3lera, y de la c\u00f3lera de mi justicia.<\/strong><br \/>\n<strong>(Y de la justicia de mi c\u00f3lera) <\/strong>(8)<\/p>\n<p>El Hijo ha revelado el misterio: el coraz\u00f3n del Padre, donde la misericordia se subleva y vence. M\u00e1s adelante, la ternura paternal se vierte sobre el juicio final:<\/p>\n<p><strong>Padre nuestro que est\u00e1s en los cielos, bien lo sab\u00eda mi hijo c\u00f3mo tramar la conjura.<\/strong><br \/>\n<strong>Para encadenar el brazo de mi justicia y para soltar el brazo de mi misericordia.<\/strong><br \/>\n<strong>Y ahora tengo que juzgarlos como un padre. Por lo que puede juzgar un padre. Un hombre ten\u00eda<\/strong><br \/>\n<strong>dos hijos.<\/strong><br \/>\n<strong>Si es que es capaz de juzgar. Un hombre ten\u00eda dos hijos. Se sabe c\u00f3mo juzga un padre. Hay un<\/strong><br \/>\n<strong>ejemplo conocido.<\/strong><br \/>\n<strong>Se sabe c\u00f3mo fue juzgado el hijo que se march\u00f3 y luego volvi\u00f3.<\/strong><br \/>\n<strong>Era el padre el que m\u00e1s lloraba.<\/strong><br \/>\n<strong>He ah\u00ed lo que mi hijo les cont\u00f3. Mi hijo les revel\u00f3 el secreto mismo del juicio <\/strong>(9).<\/p>\n<p>El secreto son las l\u00e1grimas del Padre en el juicio.<br \/>\nPoco queda por decir. Navarro afirmaba en el art\u00edculo referido al comienzo, que la pregunta \u201canimara\u0301 a toda la obra y le ira\u0301 imponiendo una determinada forma\u201d (10). Aqu\u00ed la forma es el di\u00e1logo en todas sus variantes. En primer lugar, la plegaria que es tambi\u00e9n batalla audaz y confiada. Juana est\u00e1 all\u00ed. Segundo y m\u00e1s importante, el di\u00e1logo del Padre al ver a su Hijo llegar despu\u00e9s de haberle confiado el secreto a sus amigos, los hombres.<br \/>\nComo afirma Hans Urs von Balthasar, apasionado lector del poeta franc\u00e9s, \u201cs\u00f3lo una fe en el Esp\u00edritu Santo puede hacer hablar as\u00ed a Dios\u201d (11). Se entender\u00e1 por qu\u00e9 no hemos podido recuperarnos. La herida que produjo la revelaci\u00f3n del secreto sigue cur\u00e1ndonos por dentro. La gracia fluye por los versos de P\u00e9guy con naturalidad; su voz es fuerte, sonora; el lenguaje es el de los peque\u00f1os. Como si se tratara de un cuento para ir a dormir, ser\u00eda hermoso leer algunos de estos poemas con ni\u00f1os.<\/p>\n<p><em>Ignacio Mar\u00eda D\u00edaz es sacerdote de la arquidi\u00f3cesis de Buenos Aires. Miembro del consejo de redacci\u00f3n de la revista Communio.<\/em><\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p>1. I. NAVARRO, \u201cLa pregunta detr\u00e1s de la obra\u201d, Revista <em>Criterio<\/em> 2417 (2015); Revista Teolog\u00eda 116 (2015) 126.<br \/>\n2. J. BASTAIRE, P\u00e9guy, <em>El insurrecto<\/em>, Madrid, Ediciones Encuentro, 1979, 5.<br \/>\n3. C. P\u00c9GUY, <em>Oeuvres en prose, 1989-1908<\/em>, Biblioth\u00e9que de la Pl\u00e9iade, Gallimard, 1959, 11-12.<br \/>\n4. C. P\u00c9GUY, <em>Oeuvres po\u00e9tiques<\/em>, Biblioth\u00e8que de la Pl\u00e9iade, Gallimard, 1957, 38.<br \/>\n5. G. STEINER, \u201cUne grande col\u00e8re\u201d, <em>Amiti\u00e9 Charles P\u00e9guy 50<\/em> (1990), 194-204.<br \/>\n6. P\u00c9GUY, <em>Oeuvres po\u00e9tiques<\/em>, 1219.<br \/>\n7. Ib\u00edd., 609.<br \/>\n8. Ib\u00edd., 699-701.<br \/>\n9. Ib\u00edd., 696.<br \/>\n10. NAVARRO, \u201cLa pregunta detr\u00e1s de la obra\u201d.<br \/>\n11. H. U. VON BALTHASAR, <em>Gloria III: Estilos laicales<\/em>, Madrid, Ediciones Encuentro, 1986, 497.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En un art\u00edculo publicado en CRITERIO y en la revista Teolog\u00eda, Ignacio Navarro escribi\u00f3: \u201cDetr\u00e1s de cada gran obra, acuciando y alentando cada obra de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4,6,973],"tags":[2736,171],"class_list":["post-16663","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","category-nota-tapa","category-teologia","tag-peguy","tag-teologia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4kL","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16663","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16663"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16663\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16665,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16663\/revisions\/16665"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16663"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16663"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16663"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}