{"id":16680,"date":"2021-04-03T21:01:40","date_gmt":"2021-04-04T00:01:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16680"},"modified":"2021-04-03T21:01:42","modified_gmt":"2021-04-04T00:01:42","slug":"el-frente-estetico-de-monjeau","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16680","title":{"rendered":"El frente est\u00e9tico de Monjeau"},"content":{"rendered":"<p>El escueto prefacio, apenas una p\u00e1gina, que Federico Monjeau escribi\u00f3 para <em>Viaje al centro de la m\u00fasica moderna. Conversaciones con Francisco Kr\u00f6pfl<\/em> (Gourmet Musical) concluye con este p\u00e1rrafo: \u201cEn el libro aparecen en tiempo presente muchas personas que lamentablemente ya no est\u00e1n entre nosotros. Decidimos dejarlo as\u00ed, sin corregir ni disimular el inflexible paso del tiempo\u201d. Las l\u00edneas est\u00e1n fechadas en marzo de 2020, pero el libro sali\u00f3 de imprenta hace pocos d\u00edas, en febrero de este a\u00f1o y, mientras tanto, Monjeau, que muri\u00f3 el 23 de enero a los 63 a\u00f1os, dolorosamente tampoco est\u00e1 entre nosotros y nos pone, una vez m\u00e1s, cara a cara con la imposibilidad de disimular el inflexible paso del tiempo. Varios de quienes lean este art\u00edculo habr\u00e1n sido seguramente lectores de las cr\u00edticas de m\u00fasica cl\u00e1sica que public\u00f3 durante 30 a\u00f1os en el diario <em>Clar\u00edn<\/em>, o antes, en el inicio mismo de su actividad en 1984, en <em>La Raz\u00f3n<\/em>. Ellos, ustedes y yo, los lectores, sabr\u00e1n entonces que nunca dej\u00f3 incumplida una promesa, una pretensi\u00f3n de su oficio expuesta alguna vez por \u00e9l mismo: ejercer una reflexi\u00f3n, adquirir cierto valor por s\u00ed sola, interesar a personas que no hayan asistido al concierto. Esto explica tambi\u00e9n por qu\u00e9, quien adem\u00e1s de las cr\u00edticas en el diario haya le\u00eddo alguno de sus libros, no habr\u00e1 encontrado ni claudicaciones a la enga\u00f1osa claridad period\u00edstica (que todo lo achata) ni aquiescencias a las contorsiones envanecidas de los acad\u00e9micos (que simulan decir m\u00e1s de lo que dicen). Es cierto que Monjeau participaba de los dos mundos (los alumnos no olvidar\u00e1n sus clases de Est\u00e9tica musical en la carrera de Artes de la Facultad de Filosof\u00eda de la UBA), pero su escritura era como \u00e9l: de una sola pieza.<br \/>\nEsta coherencia \u00e9tica y est\u00e9tica es menos propia del periodista (mudable <em>qual piuma al vento<\/em>) que de quien se desentiende de las agitaciones de la actualidad porque est\u00e1 pensando en otras cosas. Sin embargo, el hecho de que Monjeau haya sido nuestro cr\u00edtico de m\u00fasica mayor no hay que atribuirlo \u00fanicamente a su alergia al deprimente amateurismo de la cr\u00edtica anterior a \u00e9l (con las honrosas excepciones de Jorge D\u2019Urbano y la de quienes, como Juan Carlos Paz, eran compositores m\u00e1s bien que cr\u00edticos) sino a la constataci\u00f3n muy temprana de que no hay cr\u00edtica que valga que no se inscriba en la filosof\u00eda del arte. Se mantuvo fiel a un n\u00facleo de preocupaciones est\u00e9ticas que le permitieron incluso comprender cabalmente aquello que era en primera instancia ajeno a esas preocupaciones. Es una virtud muy infrecuente de la inteligencia.<br \/>\nNo se permit\u00eda ninguna vaguedad cr\u00edtica ni te\u00f3rica (aspiraci\u00f3n de todo estilo) y sab\u00eda sacar el mayor partido de un detalle, como cuando la discusi\u00f3n en torno a las voces de \u201cErlk\u00f6nig\u201d, el <em>Lied<\/em> de Schubert sobre un poema de Goethe, deriva en la revisi\u00f3n de cuestiones cruciales de la est\u00e9tica: la m\u00edmesis, la expresi\u00f3n, la alegor\u00eda. No hac\u00eda castillos en el aire te\u00f3ricos: el detalle lo era todo. No tra\u00eda nada desde afuera; la suya era una infalible inferencia cr\u00edtica y filos\u00f3fica.<br \/>\n<em>Viaje al centro de la m\u00fasica moderna<\/em>, el t\u00edtulo mismo de sus conversaciones con Kr\u00f6pfl, concentra las inquietudes del propio Monjeau. Realmente, el modernismo era el eje, o para decirlo con una significativa palabra alemana, el Schwerpunkt, el centro de gravedad, de su pensamiento. Hablar del modernismo musical es hablar de la Segunda Escuela de Viena; hacerlo es a su vez hablar de Arnold Sch\u00f6nberg, y hablar de Sch\u00f6nberg es hablar del fil\u00f3sofo Theodor W. Adorno. Con nadie mantuvo Monjeau una conversaci\u00f3n filos\u00f3fica tan f\u00e9rtil como con Adorno. Pod\u00eda incluso en alguna sobremesa leer en voz alta \u201cHeliotropo\u201d, uno de los cap\u00edtulos de <em>Minima moralia<\/em>. Pero esta conversaci\u00f3n no supon\u00eda una lectura sumisa o epigonal. Por ejemplo, en la escena que abre su libro <em>La invenci\u00f3n musical<\/em> (2004) Sch\u00f6nberg discute por carta con Ferruccio Busoni las dos primeras piezas de su opus 11, acta fundacional del atonalismo libre. Busoni reacciona ante el ascetismo de las piezas y propone ornamentaciones inscriptas en una ret\u00f3rica que Sch\u00f6nberg hab\u00eda ya abandonado. El intercambio epistolar sobrepasa la mera an\u00e9cdota y apunta dos ideas de progreso. Una, la de Busoni, acumulativa; la otra, la de Sch\u00f6nberg, fundada en la ruptura y la exclusi\u00f3n. El progreso, y por lo tanto la historia, es, lo sabemos, el asunto por excelencia de <em>Filosof\u00eda de la nueva m\u00fasica<\/em>, de Adorno, pero en el cap\u00edtulo de su libro Monjeau hace un camino enteramente propio cuya meta es el reclamo, a prop\u00f3sito del movimiento historicista de la m\u00fasica antigua, de que ning\u00fan progreso interpretativo o ninguna reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rica, apaguen el \u201cinsuperado sentimiento de eternidad\u201d de la m\u00fasica de Bach.<br \/>\nMonjeau prob\u00f3 adem\u00e1s que lo que se escribe sobre m\u00fasica, cuando queda incluido en el mundo de las ideas, alcanza aun a quien no tiene una relaci\u00f3n \u00edntima, o no tiene relaci\u00f3n alguna, con la m\u00fasica. Esa proeza logr\u00f3 <em>Lul\u00fa<\/em>, la revista de no m\u00e1s de cuatro n\u00fameros que \u00e9l dirigi\u00f3 entre 1991 y 1992. Estaba el cosmopolitismo, tan de la tradici\u00f3n de <em>Sur<\/em>, en el saludo del nombre a la \u00f3pera de Alban Berg, pero el acento agudo (como se\u00f1al\u00f3 el music\u00f3logo Pablo Fessel) le daba una flexi\u00f3n local, que era parte adem\u00e1s de las preocupaciones de Monjeau. Ser\u00e1 por eso que Beatriz Sarlo, precisamente sobre Lul\u00fa, se refiri\u00f3 a un \u201cfrente est\u00e9tico\u201d con otras dos revistas, <em>Punto de Vista y<\/em>\u00a0<em>Diario de Poes\u00eda<\/em>, red influyente de afinidades art\u00edsticas que, en su lenta liberaci\u00f3n, va provocando un cambio cultural irrecusable. Es dif\u00edcil calcularlo, pero no ser\u00eda imprudente decir que muchas ideas de cr\u00edtica sobre artes no musicales no habr\u00edan sido posibles sin las p\u00e1ginas que Monjeau escribi\u00f3 sobre Gerardo Gandini, Mariano Etkin, Morton Feldman. Del mismo modo que un arte puede modificar a otro, lo que piensa y se escribe sobre un arte puede modificar aquello que se piensa y se escribe sobre otro.<br \/>\nHay unas palabras de Reger, el cr\u00edtico musical de <em>Maestros antiguos<\/em>, la novela de Thomas Berhnard que Monjeau quer\u00eda y entendi\u00f3 como nadie. Esas palabras dicen tambi\u00e9n todo sobre Federico: \u201cNo quer\u00eda ni pod\u00eda naturalmente ser un artista creador, aunque tampoco int\u00e9rprete, dijo, en cualquier caso, no un artista musical creador ni int\u00e9rprete, sino s\u00f3lo <em>cr\u00edtico<\/em>. Soy un artista cr\u00edtico, dijo, durante toda mi vida he sido un artista cr\u00edtico\u201d.<\/p>\n<p><em>Pablo Gianera es ensayista, cr\u00edtico y docente. Subeditor de Cultura en el diario La Naci\u00f3n<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El escueto prefacio, apenas una p\u00e1gina, que Federico Monjeau escribi\u00f3 para Viaje al centro de la m\u00fasica moderna. 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