{"id":16731,"date":"2021-04-15T11:46:52","date_gmt":"2021-04-15T14:46:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16731"},"modified":"2021-04-15T13:06:03","modified_gmt":"2021-04-15T16:06:03","slug":"la-fe-y-la-teologia-frente-a-la-pandemia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16731","title":{"rendered":"La fe y la teolog\u00eda ante el COVID-19*"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfY el rostro de Dios? \u00bfC\u00f3mo se presenta frente a tanto dolor el Dios que Jesucristo revel\u00f3 como amor personal, eterno di\u00e1logo de los Tres que en el amor son Uno? Algo es cierto: el Dios anunciado por el Hijo, que vino a estar entre nosotros, no es el espectador impasible ante el dolor del mundo, ni mucho menos el \u00e1rbitro desp\u00f3tico del dolor y de la alegr\u00eda de sus criaturas. En todo caso, es el Dios con nosotros, que sufre por nuestro dolor ya que nos ama, dolor que \u00e9l permite porque respeta nuestra libertad, y que precisamente en el Hijo crucificado nos ayuda a llevar la cruz como \u00e9l lo hizo. La Cruz de Cristo es el lugar en el que Dios habla en el silencio: el misterio escondido en las tinieblas del Viernes Santo y es el misterio del dolor de Dios y de su amor por los hombres. En la muerte de cruz, el Hijo entr\u00f3 en la finitud del hombre, en el abismo de su pobreza, de su dolor, de su soledad, de su oscuridad. Y all\u00ed, bebiendo el c\u00e1liz amargo, realiz\u00f3 hasta el fondo la experiencia de nuestra condici\u00f3n humana: por el camino del dolor se convirti\u00f3 en hombre hasta el l\u00edmite extremo. Y as\u00ed tambi\u00e9n el Padre conoci\u00f3 el dolor: en la hora de la cruz, mientras el Hijo se ofrec\u00eda en la incondicional obediencia a \u00e9l y en la solidaridad con los pecadores, incluso el Padre sufri\u00f3 por el Inocente consignado a la muerte, eligiendo sin embargo ofrecerlo, porque en la humildad y en la ignominia de la cruz se manifiesta a los hombres el amor trinitario por ellos y la posibilidad de ser part\u00edcipes. El Esp\u00edritu, consignado por Jes\u00fas al Padre en el momento de la muerte, fue el v\u00ednculo divino en la dolorosa herida entre el Se\u00f1or del cielo y de la tierra, y quien se hab\u00eda hecho pecado por nosotros, para que al ir m\u00e1s all\u00e1 se superara la muerte y los hijos conocieran el camino del Hijo hacia la plenitud de la vida.<br \/>\nEsta muerte en Dios no significa, de ninguna manera, la muerte de Dios que el \u00abhombre enloquecido\u00bb de Nietzsche vociferaba por las plazas del mundo: no existe ni existir\u00e1 nunca un templo donde se pueda cantar en verdad el \u201cRequiem aeternum Deo\u201d. El amor que une al Abandonante con el Abandonado, y en ellos al mundo, vencer\u00e1 a la muerte no obstante aparentemente \u00e9sta pudiera triunfar. El c\u00e1liz de la pasi\u00f3n de Dios se colm\u00f3 con una bebida de vida, que brota y emana eternamente (cf. Juan 7,37-39). El fruto del \u00e1rbol de la cruz es la gozosa noticia de la Pascua: el Consuelo del Crucifijo se esparce sobre cada cuerpo para ser el Consuelo de todos los crucificados y para revelar en la humildad y en la infamia de la Cruz, de todas las cruces de la historia, la presencia confirmante y transformadora del Dios cristiano. En este sentido, el sufrimiento divino revelado en la Cruz es verdaderamente la buena noticia: \u201cSi los hombres supieran \u2013escribe Jacques Maritain\u2013 que Dios \u2018sufre\u2019 con nosotros y mucho m\u00e1s que nosotros por todo el mal que asola la tierra, sin duda muchas cosas cambiar\u00edan, y muchas almas quedar\u00edan liberadas\u201d. El \u201cmensaje de la Cruz\u201d (1 Corintios 1,18) invita de manera sorprendente al disc\u00edpulo a seguirlo: en el camino de la Cruz \u2013en la pobreza, en la debilidad, en el dolor y hasta en el abandono de la muerte\u2013 podemos encontrar al Dios de la vida. En el dolor el Se\u00f1or crucificado est\u00e1 de nuestro lado, con nosotros y para nosotros. Con \u00e9l es posible convertir nuestro sufrimiento en un camino de fe y un amanecer de vida, cada vez m\u00e1s entregada para los dem\u00e1s.<br \/>\nTambi\u00e9n en tiempos de coronavirus puede suceder, entonces, lo que aconteci\u00f3 un d\u00eda por las calles de Galilea: \u201cEn todas partes donde entraba (Jes\u00fas), pueblos, ciudades y poblados, pon\u00edan a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan s\u00f3lo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados\u201d (Marcos 6,56). Tocar a Jes\u00fas sana porque es tocar a Dios, ese Dios que se hizo hombre por amor a nosotros, para \u201ctocar\u201d y compartir en todo nuestra condici\u00f3n humana y transmitirnos el don de la salvaci\u00f3n que procede de \u00e9l. El lugar donde ese tocar divino alcanza su cima es la Cruz: all\u00ed Jes\u00fas hace suyo el dolor de todos, se hace cargo de nuestros pecados y de nuestros males y nos ofrece la plenitud de la vida, en el tiempo y para la eternidad. Sobre la Cruz el Hijo eterno entr\u00f3 tambi\u00e9n en el abismo de debilidad, de fragilidad, de dolor, de soledad, de oscuridad, que tantos han experimentado y est\u00e1n experimentando a causa del coronavirus. En la Cruz Jes\u00fas nos ha revelado el amor de Dios por cada ser humano y la posibilidad de llegar a ser part\u00edcipes, todos, sin excepci\u00f3n. Y el Esp\u00edritu, consignado al Padre por Jes\u00fas que muere, se convirti\u00f3 en el divino Consuelo, que nos ayuda a vencer el mal, a transformar el dolor en amor, el sufrimiento en ofrecimiento, la enfermedad en curaci\u00f3n, la fragilidad en fuerza, incluso ante el flagelo de este virus asolador.<br \/>\nAlcanzados por el contacto con Dios en la cruz y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, fuente de vida victoriosa y segura, podremos transitar el oscuro camino de la prueba y hacer escuela de fe y de caridad, manantial de amor que libera y salva: \u201cEl que no toma su cruz y me sigue, no es digno de m\u00ed\u201d (Mateo 10,38 y Lucas 14,27). Quien ama a Jes\u00fas crucificado y lo sigue, no podr\u00e1 dejar de sentirse llamado a aliviar las cruces de los que sufren, en una activa entrega a los dem\u00e1s, en el compromiso diligente y vigilante para hacer de cada calvario un lugar de resurrecci\u00f3n y de vida plena. Es lo que hacen muchos m\u00e9dicos, enfermeras, enfermeros y el personal de salud, sacerdotes, trabajadores comprometidos con el bien com\u00fan y con brindar servicios esenciales durante esta pandemia. En quien se esfuerza por vivir y actuar as\u00ed, la Cruz de Cristo no ha sido vana (cf. 1 Corintios 1,17). A trav\u00e9s de ellos llega a tocarnos la gracia divina, que perdona, sana, conforta y renueva, y se manifiesta la victoria del Se\u00f1or resucitado a la vida. Tambi\u00e9n de esta manera, Dios nos est\u00e1 hablando durante esta dram\u00e1tica pandemia. Una poes\u00eda de Emily Dickinson \u2013voz solitaria del siglo XIX en los Estados Unidos\u2013 dice: \u201cQuien no ha encontrado el Cielo aqu\u00ed abajo \/ fracasar\u00e1 all\u00ed arriba, \/ pues alquilan los \u00c1ngeles la Casa de al lado, \/ doquiera nos mudemos\u201d (Who has not found the Heaven below\/ Will fail of it above \/For Angels rent the House next ours, \/ Wherever we remove. Complete Poems, n.1544).<br \/>\nEs necesario invocar los ojos de la fe para reconocer a \u201clos santos de la puerta de al lado\u201d, tal como los llama el papa Francisco, y seguir sus ejemplos.<br \/>\nEl tocar de Dios se ha mostrado tambi\u00e9n bajo otro aspecto del drama de la pandemia: muchos han experimentado y a menudo descubierto o redescubierto el enorme sost\u00e9n que les ha dado la fe en este tiempo doloroso. La fe nos da ojos y coraz\u00f3n para comprender que Dios no rivaliza con el hombre, sino que es su aliado m\u00e1s verdadero y fiel. Quien cree en Jesucristo sabe que en la Cruz el Hijo eterno carg\u00f3 con nuestra muerte y con nuestros pecados para ayudarnos a llevar nuestra cruz. El Dios que es Amor no abandonar\u00e1 nunca a quien conf\u00eda en \u00e9l. Gracias a la fe en \u00e9l, el miedo puede ser vencido por la esperanza, la cerraz\u00f3n ego\u00edsta por un nuevo impulso de altruismo, la soledad por una activa solidaridad hacia los m\u00e1s necesitados. En este tiempo de forzado encierro para muchos, hay espacio sin embargo para la reflexi\u00f3n que supere los estrechos horizontes cotidianos, para la oraci\u00f3n vivida y redescubierta como manantial de luz y de paz, para pensar en la necesidad de abandonar la l\u00f3gica del consumismo y del hedonismo, dominante hasta hace poco. Comprometerse al servicio del bien com\u00fan, confiando en el Dios que es amor, nos libera del temor, porque nos permite experimentar la verdad que expresa la primera carta de Juan: \u201cEn el amor no hay lugar para el temor\u201d (1 Juan 4,18).<\/p>\n<p>*El texto completo fue publicado en italiano como \u00abLa fede nel Dio di Ges\u00f9 Cristo e la pandemia\u00bb, en <em>Comunione e speranza. Testimoniare la fede al tempo del coronavirus<\/em>, Prefacio del papa Francesco, a cargo de W. Kasper y G. Augustin (Editrice Vaticana, 2020; en alem\u00e1n \u00abDer Glaube an den Gott Jesu Christi und die Pandemie\u00bb, en <em>Christsein in der Corona-Krise. Das Leben bezeugen in einer sterblichen Welt<\/em>, Mathias Gr\u00fcnewald, Mainz 2020).<\/p>\n<p><em>Bruno Forte es Arzobispo de Chieti-Vasto<\/em><\/p>\n<p><em>Traducci\u00f3n de Jos\u00e9 Mar\u00eda Poirier<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfY el rostro de Dios? \u00bfC\u00f3mo se presenta frente a tanto dolor el Dios que Jesucristo revel\u00f3 como amor personal, eterno di\u00e1logo de los Tres&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8,6],"tags":[2537,774,14,2540,171],"class_list":["post-16731","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","category-nota-tapa","tag-coronavirus","tag-fe","tag-iglesia","tag-pandemia","tag-teologia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4lR","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16731","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16731"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16731\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16744,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16731\/revisions\/16744"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16731"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16731"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16731"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}