{"id":16749,"date":"2021-04-02T21:29:00","date_gmt":"2021-04-03T00:29:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16749"},"modified":"2021-05-02T21:34:57","modified_gmt":"2021-05-03T00:34:57","slug":"el-obelisco-negro-de-la-inflacion-argentina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16749","title":{"rendered":"El obelisco negro de la inflaci\u00f3n argentina"},"content":{"rendered":"<p>La inflaci\u00f3n no s\u00f3lo es una degradaci\u00f3n en el valor del dinero que poseemos sino que tambi\u00e9n conlleva efectos destructivos sobre la econom\u00eda en su conjunto, al alterar los c\u00e1lculos econ\u00f3micos, perjudicar los contratos pactados y reducir el mercado crediticio. Podr\u00edamos recomendar muchos trabajos acad\u00e9micos sobre el tema. Pero es una obra literaria la que quiz\u00e1s m\u00e1s descarnadamente muestra sus efectos. Se trata de <em>El obelisco negro<\/em> (1956), una novela ambientada en la d\u00e9cada de 1920 en una Alemania inmersa en un proceso hiperinflacionario. Su autor es Erich Mar\u00eda Remarque \u2013tambi\u00e9n creador de Sin novedad en el frente, pieza literaria que fuera llevada al cine por Lewis Milestone en 1930\u2013. La obra que nos interesa aqu\u00ed es un relato tragic\u00f3mico, que trata en buena medida de las restricciones que sufr\u00eda una peque\u00f1a empresa dedicada a la venta de placas y monumentos funerarios ante el violento cambio cotidiano en los precios. Aunque la Argentina no est\u00e1 en el momento en una situaci\u00f3n hiperinflacionaria sino de alta inflaci\u00f3n, los males descriptos son similares.<\/p>\n<p>La novela de Remarque se ambienta en el pueblo ficticio de Wenderbruck en 1923, pero podr\u00edamos ubicarla en cualquier ciudad bonaerense en 2021. Los protagonistas son dos socios propietarios de la empresa y un empleado, Ludwig, que ejerce el papel de espectador y relator del drama. Lo primero que destaca Remarque es que la inflaci\u00f3n produce un espejismo en las empresas, que parecen aumentar exitosamente sus ventas en moneda nominal, pero en realidad es a costa de crecientes p\u00e9rdidas. En el primer p\u00e1rrafo del libro se lee: \u201c\u2026 nuestros negocios marchan bien. El primer trimestre ha sido sumamente animado; hemos realizado ventas brillantes, y con ello, nos estamos arruinando\u2026\u201d. \u00bfCu\u00e1l era el principal problema? Que el reponer la mercader\u00eda ten\u00eda costos astron\u00f3micos, mayores a los logrados por las ventas. Por este factor la tarea de los empresarios se complicaba enormemente, ya que no bastaba hacer un c\u00e1lculo simple de rentabilidad, sino que ahora deb\u00edan estimar la evoluci\u00f3n futura de los precios para concretar negocios razonables.<\/p>\n<p>Como en la Argentina en el pasado y en el presente, en la novela la inflaci\u00f3n creciente hac\u00eda que el gobierno tuviera que emitir billetes de cada vez mayor valor nominal. Uno de los socios de la empresa exclama: \u201cLos nuevos billetes de cien mil se imprimieron hace dos semanas, pronto ser\u00e1n necesarios los de un mill\u00f3n. \u00bfCu\u00e1ndo llegaremos a los de un bill\u00f3n?\u201d En nuestro pa\u00eds no hace tanto el gobierno se resist\u00eda a la emisi\u00f3n de billetes de 1000 pesos para no reconocer la dificultad creciente de hacer transacciones con billetes de 100 pesos. Obviamente que si el proceso sigue o se acelera se necesitar\u00e1n en un futuro no lejano billetes de 5000 y 10000 pesos.<\/p>\n<p>En Alemania, en 1923, la moneda de referencia dej\u00f3 de ser la local (el marco) y ese lugar lo ocup\u00f3 el d\u00f3lar norteamericano, cuyo valor todos parec\u00edan tomar como referencia para establecer los precios. Esto llevaba a un fren\u00e9tico seguimiento de su cotizaci\u00f3n a lo largo de cada jornada para as\u00ed poder determinar el importe real de los otros bienes o remuneraciones. El \u00fanico descanso para los actores econ\u00f3micos ocurr\u00eda durante el domingo, cuando la divisa no se transaba. En la novela una prostituta informa a un cliente que sus servicios costar\u00e1n 60.000 marcos, por la cotizaci\u00f3n esperada del d\u00f3lar. Ante la reacci\u00f3n negativa de su cliente, exclama: \u201c\u00a1C\u00e1lmate! La cotizaci\u00f3n del d\u00f3lar es como la muerte, no puedes escapar de ella\u201d.<\/p>\n<p>Uno de los efectos negativos de la inflaci\u00f3n que destaca Remarque es la desaparici\u00f3n del cr\u00e9dito. Ning\u00fan proveedor quer\u00eda vender a plazo porque se erosionaba el valor pactado: el resultado era que todas las transacciones terminaban siendo al contado. Esto dificultaba mucho el accionar de las empresas que no pose\u00edan capital del trabajo suficiente para desarrollar su potencial, con la consecuente reducci\u00f3n de la producci\u00f3n. Es verdad que los empresarios alemanes hab\u00edan encontrado una forma de financiarse haciendo pagar el costo inflacionario al Estado. Al comprar un insumo, por ejemplo, m\u00e1rmol en el caso de la empresa alemana, el adquirente entregaba una letra que estipulaba un pago futuro. Esta letra era trasferida a la banca estatal con un descuento mucho menor a la inflaci\u00f3n esperada. Obviamente ello generaba un d\u00e9ficit p\u00fablico creciente ya que cuando el Estado cobraba la letra, su valor era insignificante. En la Argentina, los subsidios a los servicios p\u00fablicos (transporte, energ\u00eda, etc), al consumo y al cr\u00e9dito, producen el mismo efecto sobre las cuentas p\u00fablicas.<\/p>\n<p>La inflaci\u00f3n, en la novela, causaba otros efectos. Uno de ellos eran las tensiones generadas por los continuos pedidos de aumento de salarios, ya que los empleados ve\u00edan como su poder adquisitivo se derrumbaba r\u00e1pidamente. Por otra parte, las v\u00edctimas principales de la inflaci\u00f3n eran todos aquellos que no pod\u00edan ajustar r\u00e1pidamente sus ingresos, los jubilados, los trabajadores y, en general, los m\u00e1s pobres. Toda negociaci\u00f3n salarial por parte de los funcionarios o a favor de los pensionados llegaba tarde en sus incrementos; los montos pactados ya hab\u00edan sido superados por los nuevos aumentos de precios. La novela describe muchos casos de suicidios de ancianos, peque\u00f1os rentistas o pensionados. Uno de ellos, un funcionario retirado, exhib\u00eda junto a su cuerpo la libreta de inversiones bancarias, con fondos depositados que hab\u00eda cre\u00eddo se abonar\u00edan en su valor oro original. En cambio, el banco p\u00fablico los pagaba en marcos, una suma insignificante. Remarque es lapidario: \u201cEl Estado, ese prevaricador impune, que estafa billones y encarcela al que defrauda 5 marcos\u201d.<\/p>\n<p>En la Argentina ha ocurrido en reiteradas oportunidades. Podr\u00edamos mencionar, a modo de ejemplo, los bonos del Empr\u00e9stito 9 de Julio (1962) creados por el ministro Alsogaray durante el gobierno del presidente Frondizi para pagar sueldos a jubilados y estatales y que despu\u00e9s de un a\u00f1o ya hab\u00edan perdido el 30% de su valor; y el Plan Bonex (1989), una conversi\u00f3n forzosa de los dep\u00f3sitos bancarios por bonos a 10 a\u00f1os, implementado por el ministro Erman Gonz\u00e1lez durante el gobierno del presidente Menem en un contexto de hiperinflaci\u00f3n (m\u00e1s del 3000% anual) y default de la deuda externa. Tambi\u00e9n el m\u00e1s reciente \u201ccorralito\u201d (2001) del ministro Cavallo durante la crisis pol\u00edtica e institucional que deriv\u00f3 en la renuncia anticipada del presidente De la R\u00faa y la posterior pesificaci\u00f3n asim\u00e9trica (se pagaron $1,40 por d\u00f3lar cuando la cotizaci\u00f3n rondaba los $4 por d\u00f3lar) de los dep\u00f3sitos en d\u00f3lares de los ahorristas ya durante la mandato provisional del presidente Duhalde.<\/p>\n<p>Seguramente el relato de Remarque sonar\u00e1 extra\u00f1o y lejano para un lector sueco, japon\u00e9s o canadiense. No as\u00ed para un argentino. Para nosotros no es m\u00e1s que una descripci\u00f3n de una realidad pasada y presente. Si alg\u00fan escritor elaborara una odisea realista de una familia argentina que cubriera los \u00faltimos 75 a\u00f1os, la inflaci\u00f3n indudablemente deber\u00eda estar en el trasfondo de todos los acontecimientos relatados. En la novela, el obelisco negro era un monumento que la marmolera no hab\u00eda podido vender por su fealdad, pero que permanec\u00eda muy visible en el jard\u00edn de exhibici\u00f3n del establecimiento. As\u00ed es la inflaci\u00f3n para los argentinos, indeseable y desagradable, pero siempre visible. Nuestro obelisco negro.<\/p>\n<p><em>Carlos Newland y Juan Carlos Rosiello son profesores de Eseade<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La inflaci\u00f3n no s\u00f3lo es una degradaci\u00f3n en el valor del dinero que poseemos sino que tambi\u00e9n conlleva efectos destructivos sobre la econom\u00eda en su&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[972],"tags":[1107,270],"class_list":["post-16749","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-economia","tag-deficit","tag-economia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4m9","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16749","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16749"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16749\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16751,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16749\/revisions\/16751"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16749"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16749"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16749"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}