{"id":16756,"date":"2021-05-02T23:41:23","date_gmt":"2021-05-03T02:41:23","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16756"},"modified":"2021-05-02T23:41:24","modified_gmt":"2021-05-03T02:41:24","slug":"grandes-historias-del-pequeno-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16756","title":{"rendered":"Grandes historias del peque\u00f1o mundo"},"content":{"rendered":"<p>La par\u00e1bola del buen samaritano se ampl\u00eda hermosamente, se enriquece y suma nuevos sentidos en dos buenas novelas recientemente llevadas al cine (perd\u00f3n, deber\u00edamos decir llevadas a las plataformas digitales): <em>Noticias del gran mundo<\/em>, de Paulette Jiles, que en el original es s\u00f3lo <em>Noticias del mundo<\/em>, y <em>La vida ante s\u00ed<\/em>, de Romain Gary. Ambas tienen como protagonistas a una persona grande, agobiada por sus recuerdos, y una criatura de una formaci\u00f3n y una raza distintas, perdida en la sociedad que la rodea.<br \/>\nPaulette Kay Jiles, poeta y novelista, estudiosa de lenguas romances e ind\u00edgenas, supo recorrer diferentes tierras, hablar con gente diversa y hoy, ya grande, vive en un campito con su marido, sus perros y caballos cerca de un lugar que se llama, curiosamente, Utop\u00eda, en Texas. Le interesa la historia local y el entendimiento entre las personas, quiz\u00e1 porque un tatarabuelo suyo muri\u00f3 linchado por una turba, nadie sabe por qu\u00e9 raz\u00f3n, si eso tiene razones, dejando cuatro hijos peque\u00f1os.<br \/>\nCorresponde citar tres libros suyos, centrados en los ecos de la Guerra de Secesi\u00f3n: <em>Las enemigas<\/em>, donde aparece lateralmente el viejo capit\u00e1n sure\u00f1o Jefferson Kyle Kidd, <em>Noticias del gran mundo<\/em> y <em>Simon el violinista<\/em>, desarrollo de un personaje lateral de la novela anterior. Los tres ya est\u00e1n traducidos, l\u00e1stima que cuestan caro, pero vayamos al segundo.<br \/>\nWichita Falls, Texas, 1870. La Guerra Civil termin\u00f3 hace cinco a\u00f1os. El envejecido capit\u00e1n, que vivi\u00f3 tres guerras, luch\u00f3 en dos, y piensa que ha quedado viudo como un castigo divino \u201cpor las cosas que hice, y las que vi\u201d, ahora, desmovilizado y resignado a la Ocupaci\u00f3n del ej\u00e9rcito norte\u00f1o, se gana la vida leyendo las noticias de los peri\u00f3dicos a la gente analfabeta de los pueblos. Siempre le gust\u00f3 leer. Hace un buen espect\u00e1culo, entretiene y alguna ense\u00f1anza va dejando.<br \/>\nUn d\u00eda encuentra a una chiquilina doblemente hu\u00e9rfana. Peque\u00f1a, los indios mataron a sus padres inmigrantes. Luego los blancos mataron a sus padres adoptivos indios. Ahora unos racistas mataron al negro que la llevaba a un centro de ni\u00f1os perdidos. De todo esto nos vamos enterando de a poco, as\u00ed como de a poco se van a ir entendiendo el capit\u00e1n y la indiecita blanca, mientras viajan rumbo a la casa de unos t\u00edos de la criatura, cerca de San Antonio. Un camino que hoy se hace en seis horas y entonces llevaba tres meses, sorteando a traficantes de ni\u00f1as, explotadores de fauna y de hombres, y otros peligros. Tambi\u00e9n los t\u00edos pueden ser un peligro, concentrados en el trabajo, absortos en lo suyo. Sencilla en apariencia, aguda en su observaci\u00f3n de los vaivenes de la memoria infantil, incisiva en su pintura del ser nacional norteamericano, la novela dice mucho. La pel\u00edcula resultante tambi\u00e9n dice mucho, bajo las formas de un western de estilo cl\u00e1sico, de muy pocos tiros, con un desenlace gracioso y emotivo sin desbordes, y un elenco impecable desde Tom Hanks y la alemancita Helena Zengel hasta el \u00faltimo extra. Fue Hanks quien recomend\u00f3 hacerla, apenas ley\u00f3 la novela original. Y Paul Greengrass la dirigi\u00f3 bien, con un ritmo afortunadamente muy distinto al de sus pel\u00edculas pochocleras, lo que se agradece especialmente.<br \/>\n<em>La vida ante s\u00ed<\/em> es otra cosa. A Romain Gary, o Kasew, o Katsev, o Romenas Gari, no le contaron nada. El vivi\u00f3 casi todo. Jud\u00edo lituano, de ni\u00f1o vag\u00f3 con su madre por Europa Central hasta asentarse en Francia. Despu\u00e9s hizo la guerra como aviador, fue condecorado, se integr\u00f3 al cuerpo diplom\u00e1tico, trabaj\u00f3 en Bolivia, Bulgaria, Norteam\u00e9rica, se dej\u00f3 llevar por la bohemia, escribi\u00f3 en abundancia, novelas, memorias, guiones de cine, ensayos. No tuvo equilibrio, y un d\u00eda se mat\u00f3.<br \/>\nEn su extensa obra \u2013<em>La promesa del alba<\/em>, <em>Las ra\u00edces del cielo<\/em>, <em>El devorador de estrellas<\/em>, etc\u00e9tera, etc\u00e9tera\u2013 refulge <em>La vie devant soi<\/em>, La vida ante s\u00ed. \u00bfQu\u00e9 cosas de su vida enfrenta cada tanto una anciana jud\u00eda, que vivi\u00f3 la peor infancia bajo la guerra, y luego para sobrevivir se hizo mujer de vida f\u00e1cil, y ya vieja termin\u00f3 cuidando a los ni\u00f1os de las j\u00f3venes que ahora la reemplazan en la calle? Algunas le pagan, otras directamente abandonan a sus ni\u00f1os. Entre ellos hay un negrito musulm\u00e1n. \u00bfC\u00f3mo pueden llevarse una vieja jud\u00eda y un ni\u00f1o musulm\u00e1n, para colmo d\u00edscolo, ya inclinado al delito? Pero \u00e9l necesita que lo quieran. Y ella tambi\u00e9n, dura como es. Sobre todo ahora, que nunca tuvo un hijo, se sabe enferma, y en su mirada y sus gestos empieza a manifestarse algo que el ni\u00f1o desconoce: demencia senil. En el pobre suburbio de Par\u00eds donde viven, hay quienes la ayudan: una vecina muy particular, un ex boxeador, un barrendero africano. Y el ni\u00f1o. Ninguno de ellos es \u201cfranc\u00e9s de verdad\u201d: la obra tambi\u00e9n habla de minor\u00edas \u00e9tnicas y racismo.<br \/>\n<em>Madame Rosa<\/em> se llam\u00f3 ac\u00e1 y en otros lados la versi\u00f3n que hizo Mosh\u00e9 Mizrahi en 1977, con Simone Signoret, entonces de 56 a\u00f1os, aunque parec\u00eda m\u00e1s, y el ni\u00f1o Samy Ben-Youb. La vita davanti a s\u00e9, es el t\u00edtulo original de la nueva versi\u00f3n, que ha hecho ahora Edoardo Ponti con su madre, Sof\u00eda Loren, ya de 86, y el chiquito Ibrahima Gueye, hijo de inmigrantes senegaleses. Pel\u00edcula ambientada en la actualidad, pero ya no en Par\u00eds, sino en la parte vieja del puerto de Bari, en el sur de Italia, frente al Adri\u00e1tico, ciudad llena de \u00e1rabes, subsaharianos y viejos jud\u00edos. El drama es el mismo, pero m\u00e1s fuerte, porque la realidad es as\u00ed. Pero la realidad, y la pel\u00edcula, tambi\u00e9n tienen humor, sue\u00f1os, momentos de generosidad, agradecimiento y cari\u00f1o.<br \/>\nComo en el libro, y a diferencia de la anterior versi\u00f3n, las cosas se cuentan desde el punto de vista del chico. Y como era de esperar, do\u00f1a Loren llega al alma. La escena en que la vemos en la terraza bajo la lluvia, la cara como una m\u00e1scara de vejez y locura, absorta, como si los malos recuerdos la hubieran venido a visitar para quedarse, sencillamente estremece. Cosa rara, los miembros de la Academia no la nominaron. Tampoco a Tom Hanks, porque, seg\u00fan dicen, \u201csiempre hace de bueno\u201d. No vale la pena opinar sobre esto.<\/p>\n<p><em>Daniel Sendr\u00f3s es cronista de cine, periodista y profesor universitario<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La par\u00e1bola del buen samaritano se ampl\u00eda hermosamente, se enriquece y suma nuevos sentidos en dos buenas novelas recientemente llevadas al cine (perd\u00f3n, deber\u00edamos decir&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[2779,2780],"class_list":["post-16756","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-la-vida-ante-si","tag-paulette-kay-jiles"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4mg","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16756","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16756"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16756\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16758,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16756\/revisions\/16758"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16756"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16756"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16756"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}