{"id":16783,"date":"2021-05-03T15:38:16","date_gmt":"2021-05-03T18:38:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16783"},"modified":"2021-05-03T15:38:18","modified_gmt":"2021-05-03T18:38:18","slug":"ser-persona-es-valorar-valores-y-bienes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16783","title":{"rendered":"Ser persona es valorar: valores y bienes"},"content":{"rendered":"<p>Las <em>fake news<\/em> y las operaciones medi\u00e1ticas son <em>el pan nuestro de cada d\u00eda<\/em>, y el cambio de humor social, por ellas inducido, se va haciendo tan frecuente como lo era en la Inglaterra del <em>1984<\/em> de Orwell, donde <em>la mentira es la verdad.<\/em><br \/>\nEs dif\u00edcil prever qu\u00e9 efectos futuros va a tener este permanente amasar a las masas con una comunicaci\u00f3n de dominio, aunque la fragmentaci\u00f3n de las tribus y el fundirse en el nosotros de los populismos, podr\u00edan estar indicando las direcciones alternativas.<br \/>\nHay en esto algo humano, que registra Shakespeare en el genial mon\u00f3logo de Marco Antonio a la muerte de C\u00e9sar, y algo hist\u00f3rico de la Modernidad.<br \/>\nDesde la toma de la Bastille (14 de julio de 1789), en la que hab\u00eda s\u00f3lo siete presos, hasta la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn (9 de noviembre de 1989), lo simb\u00f3lico desencaden\u00f3 las mareas de la historia. Cuando se analizan algunos de estos hechos, se ve en su origen una sucesi\u00f3n de errores de comunicaci\u00f3n, casi de comedia de enredos y burocracia, distantes de la \u00e9pica con que fueron percibidos.<\/p>\n<p><strong>Vidas paralelas<\/strong><br \/>\nEn la Modernidad del siglo XVI son contempor\u00e1neos Tom\u00e1s Moro y Nicol\u00e1s Maquiavelo. El primero piensa en t\u00e9rminos de comunidad y el segundo de <em>Stato<\/em>.<br \/>\nPara Moro la finalidad de una comunidad era moral: producir buenos ciudadanos. Hombres con libertad, eliminar la ociosidad, subvenir a las necesidades f\u00edsicas de todos sin excesivo trabajo, abolir el derroche del lujo, mitigar las diferencias sociales y terminar con la miseria.<br \/>\nTomas Moro satiriza los vicios de la vida social inglesa, relativiza la propiedad y la guerra, postula la necesidad de la tolerancia religiosa y se\u00f1ala el desmedido af\u00e1n de lucro como fuente generadora de la miseria y del malestar social.<br \/>\nEn <em>Utop\u00eda<\/em> (1516) es m\u00e1s realista que Maquiavelo; su explicaci\u00f3n de la crisis agr\u00edcola inglesa, de las causas del robo y la indigencia, su cr\u00edtica del sistema penal y el origen de las guerras fueron precisos y acertados.<br \/>\nSin embargo, es Maquiavelo <em>la voz aut\u00e9ntica de la \u00e9poca que estaba naciendo<\/em>. Desde Maquiavelo, ya no interesar\u00e1 la <em>vida buena<\/em> y de la <em>buena sociedad<\/em>, sino la supervivencia, y la construcci\u00f3n de un ente pol\u00edtico independiente de la comunidad, al que se le va considerando cada vez m\u00e1s como componente pasivo y amorfo, para la finalidad de acceder al poder y perpetuarse en \u00e9l.<br \/>\nSe conserva el ejemplar de <em>El Pr\u00edncipe<\/em> que anotaba minuciosamente Napole\u00f3n, hubo una escuela neo maquiav\u00e9lica que opt\u00f3 por el fascismo y por el nacional socialismo, y del otro lado del mostrador Gramsci partir\u00e1 de la obra de Maquiavelo, a la que considera como una <em>filosof\u00eda de la praxis<\/em> \u2013el marxismo\u2013 profundizando en las realidades del poder y el consenso, desde la funci\u00f3n de la cultura en los sistemas de poder pol\u00edtico.<br \/>\nSus trabajos sobre la \u201csuperestructura\u201d de la sociedad, el rol de los intelectuales, de la educaci\u00f3n y de las ideolog\u00edas en la formaci\u00f3n de las clases sociales para el mantenimiento o ruptura del orden social, son el nuevo <em>Pr\u00edncipe<\/em> de nuestra <em>Actualidad<\/em>, en la que no importa <em>lo que es<\/em>, sino el valor simb\u00f3lico de lo que acontece.<\/p>\n<p><strong>Visiones optimistas y pesimistas<\/strong><br \/>\nLa antropolog\u00eda de Moro se conoce como un optimismo moderado: el hombre es bueno, pero hay en \u00e9l una tara, un quiebre, una ruptura interior, que puede hacer que no haga <em>el bien que quiero sino el mal que no quiero<\/em>.<br \/>\nLas antropolog\u00edas optimistas han tendido a sobrevalorar la racionalidad del hombre (como John Locke, Adam Smith); otros, el proceso hist\u00f3rico al modo gn\u00f3stico (como Condorcet, Comte, Hegel, Marx).<br \/>\nLas palabras <em>atr\u00e9vete a saber<\/em>, que conectan el racionalismo, la ilustraci\u00f3n y el iluminismo, proclamaban que el hombre no era ni un \u00e1ngel ca\u00eddo, ni un ni\u00f1o desvalido, sino un proyecto de civilizaci\u00f3n y adultez para la humanidad.<br \/>\nEsta autopercepci\u00f3n europea desat\u00f3 un inmenso poder, que trajo dominio sobre la naturaleza, riqueza material, y expansi\u00f3n colonial\/civilizadora, del vapor, de la electricidad y de la Armada, desde Benjamin Disraeli hasta Winston Churchill, desde la reina Victoria, hasta la reina Elisabeth II.<br \/>\nPor su parte, en una l\u00ednea que va de Maquiavelo y Hobbes, pasando por Max Weber, hasta muchos soci\u00f3logos pol\u00edticos de hoy, la herida humana lo ti\u00f1e todo y la responsabilidad pol\u00edtica es incompatible con la profesi\u00f3n de altos ideales para la comunidad, los hechos mandan y los valores s\u00f3lo oscurecen su cruda visi\u00f3n.<br \/>\nEste proceso ambivalente, de historicismo, cientificismo y maquinismo, fue acompa\u00f1ado por la represi\u00f3n consciente del concepto \u201cnaturaleza\u201d. La naturaleza era la que finalmente ser\u00eda dominada por la civilizaci\u00f3n.<br \/>\nEl optimismo, la ilimitada fe en la luz de la raz\u00f3n, y el glamour glow \u2013que terminar\u00e1 siendo racista\u2013 ten\u00edan la contrapartida de negar todo lo que no fuera reductible a la racionalidad. Inclusive el abordaje freudiano, a fines del siglo XIX, se agotar\u00e1 en encender la luz el\u00e9ctrica (la raz\u00f3n cientificista) en el subsuelo pasional.<br \/>\nLa ley moral del deber y de la obligaci\u00f3n se fue transformando en una ley del pertenecer y del qu\u00e9 dir\u00e1n, por lo que la llamada \u00e9tica victoriana entr\u00f3 en una crisis mortal. En el siglo XIX ya comienza lo que Nietzsche llama la trasmutaci\u00f3n de todos los valores: el nihilismo se centrar\u00e1 en esta vida y en el deseo de vivirla plena e intensamente, una moral fuerte y creativa, que confiere valor supremo a la realizaci\u00f3n del hombre.<br \/>\nLas reacciones a la insuficiencia victoriana fueron, desde los naturalismos preservacionistas de la naturaleza, hasta los movimientos de masa gn\u00f3sticos (como llama Eric Voegelin al fascismo, al nazismo y al stalinismo), con la lucida observaci\u00f3n del te\u00f3logo reformado Karl Barth: <em>Cuando el Cielo se vac\u00eda de Dios, la tierra se llena de \u00eddolos<\/em>.<\/p>\n<p><strong>Naturaleza y valor<\/strong><br \/>\nHasta la segunda guerra mundial, el pensamiento euroamericano reprimi\u00f3 conscientemente el concepto de <em>naturaleza de las cosas<\/em>; las ideas est\u00e1n determinadas por el contexto social y pol\u00edtico. As\u00ed, en 1932, s\u00f3lo se dispon\u00eda de procedimientos avalorativos weberianos para detener el ascenso de Hitler y hasta los juicios de N\u00fcremberg no se dispuso de otra cosa que de la autonom\u00eda nacional para la pir\u00e1mide jur\u00eddica alemana.<br \/>\nSurge as\u00ed la insuficiencia del concepto de valor: un buen ciudadano en la Alemania de Hitler era un hombre malo en cualquier otra parte; lo que nos devuelve al problema cl\u00e1sico de la buena sociedad: una buena sociedad es aquella en la que un buen hombre puede ser un buen ciudadano (Leo Strauss).<br \/>\nA los que conspiraron y murieron por el atentado del b\u00fanker contra Hitler no les importaba si fracasaban, porque les interesaba dejar el testimonio de que tambi\u00e9n hab\u00eda existido una Alemania decente. Quisieron ser malos ciudadanos para ser buenos hombres.<br \/>\nHab\u00edamos llegado a ese momento de la historia diciendo que nada es malo, ni nada es bueno\u2026 por naturaleza, aunque viv\u00edamos que es preferible el agua potable a la contaminada, la justicia a la injusticia, la solidaridad al ego\u00edsmo, la libertad a la tiran\u00eda, la paz a la guerra, etc. (Mario Bunge).<br \/>\nProblema con el cual aqu\u00ed estamos, sin saber qu\u00e9 hacemos\u2026 como ciudadanos, como electores, como trabajadores, como directivos, como padres y como hijos\u2026<br \/>\nPara resolver la contradicci\u00f3n, el intento pedag\u00f3gico cat\u00f3lico ha ido por la identificaci\u00f3n del valor con el bien, como si s\u00f3lo se tratara de una nueva terminolog\u00eda. Con las l\u00f3gicas derivaciones escolares de hablar de anti valores, como si fuera la anti materia; lo cual tambi\u00e9n es problem\u00e1tico, por cuanto lo que nos resulta valioso, nos resulta as\u00ed porque metaf\u00edsicamente se vincula con la bondad de las cosas.<br \/>\nNuestra voluntad no es causa de la bondad de las cosas, sino que es movida por ella como por su objeto. Su bondad verdadera o estimada provoca el amor en nosotros. Entonces, \u00bfel antivalor proviene de la \u201cantibondad\u201d? Porque si todo lo creado es buscado, querido, sostenido en la existencia cotidiana por Dios, \u00bfde qui\u00e9n proviene la \u201cantibondad\u201d que hace atractivo al \u201cantivalor\u201d?<br \/>\nTom\u00e1s Moro ten\u00eda en claro otro planteo: yo puedo querer lo que quiera, lo que no puedo es hacer bueno lo que he querido. La bondad es una propiedad de la cosa, su valor es una propiedad que le asigna el sujeto, a\u00fan a lo que es bueno.<br \/>\nEsta potencia del sujeto, que hace a la ambig\u00fcedad de sus actos, es parte del proceso de su libertad.<br \/>\nLa afectividad desea lo valioso, como la capacidad intuitiva sobre la riqueza de lo real, nos permite el conocimiento de lo bueno.<br \/>\nPero podemos valorar lo que es bueno y podemos no valorar lo que es bueno. Como escribi\u00f3 Alejandro Lerner, \u201cdefender mi ideolog\u00eda, buena o mala pero m\u00eda\u201d. O como declaraba Moro en el juicio: no soy quien para juzgar lo que piensa el Rey, s\u00f3lo sigo lo que mi conciencia me se\u00f1ala.<br \/>\nEsta separaci\u00f3n del valor y el bien no es relativismo, ya que lo bueno se corresponde con la verdad de las cosas; pero s\u00ed relatividad, porque lo valioso es siempre la experiencia de alguien, a cuya sensibilidad las cosas le hablan \u2013las cosas no son mudas\u2013 y resplandecen como valiosas.<\/p>\n<p><strong>Valores y cultura<\/strong><br \/>\nAhora bien, hay bienes que brillan m\u00e1s en una \u00e9poca que en otra. As\u00ed podemos distinguir el ethos de una \u00e9poca por los valores a los que esa \u00e9poca es especialmente sensible. Pero aquello a lo que esa \u00e9poca puede no ser sensible, \u00bfes bueno? Porque como nos recordaba S\u00e1bato, \u201csiempre ser\u00e1 bueno que el hombre sea libre, siempre ser\u00e1 bueno que no haya esclavos, siempre ser\u00e1 bueno que no haya pueblos oprimidos, siempre ser\u00e1 bueno que no haya persecuciones raciales, siempre ser\u00e1 bueno que un chiquito no muera de hambre\u201d.<br \/>\nComo intuimos en la experiencia ecol\u00f3gica, la naturaleza est\u00e1 all\u00ed con prescindencia de nuestra estima o amor para con ella. Lo personal nos hace individuos y sociedad, el ser sociedad es ser constructor o no de un orden humano de normalidades que nos normalizan en un ethos cultural, un sistema de conductas animado por una concepci\u00f3n del mundo y de la vida. Su conexi\u00f3n con lo natural har\u00e1 a su estabilidad, y como lo sugiere La vida de los otros, a la felicidad o suicidio de sus ciudadanos.<\/p>\n<p>Es decir que hay valores del hombre, por cultura \u2013cambiantes, fluctuantes\u2013, que pueden o no ser buenos, y hay bienes del hombre, por naturaleza \u2013permanente, estables, transculturales y trans hist\u00f3ricos\u2013, a los que s\u00f3lo podemos acceder culturalmente, s\u00f3lo en lenguaje humano.<br \/>\nEsto ser\u00eda una reflexi\u00f3n aislada sobre la realidad, si no fuera porque como explic\u00f3 Leo Strauss: toda acci\u00f3n pol\u00edtica est\u00e1 encaminada \u201ca la conservaci\u00f3n o al cambio. Cuando deseamos conservar tratamos de evitar el cambio hacia lo peor; cuando deseamos cambiar, tratamos de actualizar algo mejor. Toda acci\u00f3n pol\u00edtica, pues, est\u00e1 dirigida por nuestro pensamiento sobre lo mejor y lo peor. Un pensamiento sobre lo mejor y lo peor implica, no obstante, el pensamiento sobre el bien\u201d.<br \/>\nDeber\u00edamos poder introducir en nosotros la reflexi\u00f3n sobre si lo que valoramos es bueno, porque para nosotros es natural ser culturales, no podemos sino ser culturales \u2013al menos en la vida que conocemos\u2013, no podemos dejar de actuar seg\u00fan lo que valoramos.<br \/>\nEl modulor no es un hombre, sino un acceso al hombre y su din\u00e1mica. Porque la libertad del hombre se encuentra enrollada en una espiral ascendente\/descendente, que seg\u00fan sean sus decisiones se hace mejor como hombre, o volviendo al ejemplo anterior, \u00bfmejor como ciudadano y peor como hombre?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las fake news y las operaciones medi\u00e1ticas son el pan nuestro de cada d\u00eda, y el cambio de humor social, por ellas inducido, se va&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[1456],"tags":[355,2792,170],"class_list":["post-16783","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-filosofia","tag-filosofia","tag-valorar","tag-valores"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4mH","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16783","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16783"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16783\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16784,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16783\/revisions\/16784"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16783"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16783"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16783"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}