{"id":16811,"date":"2021-06-01T21:43:18","date_gmt":"2021-06-02T00:43:18","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16811"},"modified":"2021-06-01T21:43:29","modified_gmt":"2021-06-02T00:43:29","slug":"la-vejez-y-la-muerte-en-los-dialogos-de-platon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16811","title":{"rendered":"La vejez y la muerte en los di\u00e1logos de Plat\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Algunas de las observaciones m\u00e1s agudas de Plat\u00f3n acerca de la vejez se encuentran en sus di\u00e1logos de madurez, es decir, en los que se supone que escribi\u00f3 entre los cuarenta y los sesenta a\u00f1os, cuando todav\u00eda no era anciano. Es cierto que esta clasificaci\u00f3n que empleamos entre di\u00e1logos <em>de juventud<\/em>, <em>de madurez<\/em> y <em>de vejez<\/em>, m\u00e1s all\u00e1 de su utilidad orientadora, tiene que tomarse con pinzas. Adem\u00e1s de las reticencias de algunos especialistas frente a estos esquemas un poco r\u00edgidos, hay un argumento general para desconfiar de nuestra tendencia escolar a clasificar las obras de un autor en t\u00e9rminos de fases o periodos. En <em>Envejecer, problema para artistas<\/em>, Gottfried Benn plantea el caso de los cr\u00edticos fascinados con hallar en sus autores-fetiche un <em>periodo tard\u00edo<\/em> para fijar en \u00e9l su propia visi\u00f3n de lo que <em>deber\u00eda ser<\/em> la obra de ese artista. \u201cDemasiada escatolog\u00eda, demasiada ideolog\u00eda, evoluci\u00f3n al viejo estilo\u201d, dice Benn. Y ejemplifica con un estudioso de la poes\u00eda de Reiner Maria Rilke, que distingu\u00eda todo aquello que pertenec\u00eda a una fase primera del poeta, la de \u201clas tentativas, los esfuerzos, los preparativos\u201d, de la otra, la que expresaba \u201cel ser entero\u201d, la \u201cforma verdadera y propia\u201d. Benn ve\u00eda, al contrario, en la juventud de Rilke, \u201cpoes\u00edas de belleza tan perfecta que ning\u00fan <em>verdadero y propio<\/em> podr\u00eda ganarles en esplendor\u201d.<\/p>\n<p>Con la filosof\u00eda de Plat\u00f3n ocurre algo parecido: \u00bflo \u201cverdadero y propio\u201d ser\u00edan las Formas o Ideas, a las que se alude en algunos escritos de madurez? \u00bfLa vivacidad de la indagaci\u00f3n moral de los primeros di\u00e1logos? \u00bfO la revisi\u00f3n cr\u00edtica de la vejez, fecunda y en muchos sentidos sorprendente? Dejamos de lado, entonces, toda connotaci\u00f3n evolucionista o teleolog\u00eda subyacente que pudiera implicar la divisi\u00f3n de los di\u00e1logos en juveniles, medios y tard\u00edos. Admitimos que la divisi\u00f3n sirve, no obstante, como primera gu\u00eda en el an\u00e1lisis de una obra vasta que se extiende durante m\u00e1s de cinco d\u00e9cadas de intensa producci\u00f3n intelectual. Plat\u00f3n tuvo que haber escrito algunas cosas primero y otras despu\u00e9s, y a veces precisamos una hoja de ruta, aunque por su naturaleza esquem\u00e1tica ella no pueda ser m\u00e1s que preliminar.<\/p>\n<p>Por otra parte, no podemos seguir con demasiada firmeza esa clasificaci\u00f3n por razones no ya s\u00f3lo filos\u00f3ficas sino literarias: Plat\u00f3n es un autor que \u2013cuenta Dionisio de Halicarnaso\u2013 \u201csegu\u00eda peinando, rizando y haciendo trenzas a sus di\u00e1logos hasta los ochenta a\u00f1os\u201d. Por eso debemos resignarnos a ciertos m\u00e1rgenes de imprecisi\u00f3n al tratar el orden de composici\u00f3n de un autor que no deja de pulir sus escritos hasta el final. Hay otra an\u00e9cdota que circula desde la Antig\u00fcedad: junto al lecho de muerte de Plat\u00f3n hab\u00eda tablillas con el comienzo de la <em>Rep\u00fablica<\/em>. Un anciano de ochenta y uno, que muere como consecuencia de una ca\u00edda, cuando regresaba de una fiesta de casamiento, ocupa algunos de sus \u00faltimos ratos retocando el di\u00e1logo monumental que ha escrito entre los cuarenta y cinco y los cincuenta y cinco. El hombre maduro que observa a la vejez, el anciano que retoca lo que hizo cuando estaba en la mitad del camino de la vida.<\/p>\n<p>La vejez aparece en los di\u00e1logos plat\u00f3nicos de diferentes maneras: suele describir el momento en que decantan saber y experiencia (son habituales sus alusiones a la superioridad de los m\u00e1s ancianos: <em>presb\u00fdteroi<\/em>) o puede ser un tema de indagaci\u00f3n. S\u00f3crates, personaje central de todos los di\u00e1logos juveniles y maduros, no siempre aparece retratado como un anciano. A veces Plat\u00f3n lo pinta como un joven inteligente y audaz pero todav\u00eda inexperto, como en el <em>Parm\u00e9nides<\/em>. En otros, como <em>Lisis <\/em>y <em>Fed\u00f3n<\/em>, Plat\u00f3n retrata al S\u00f3crates que conoci\u00f3 personalmente, al que lo marc\u00f3: un hombre de m\u00e1s de sesenta a\u00f1os, de exorbitante vitalidad, que no dejaba indiferente a sus interlocutores, y que transmit\u00eda una ense\u00f1anza fascinante y parad\u00f3jica. A veces tambi\u00e9n aparece como un hombre en sus cincuenta que todav\u00eda despierta pasiones, como en el <em>Banquete<\/em>. Un S\u00f3crates cercano a esa edad interroga al anciano C\u00e9falo en el libro primero de la <em>Rep\u00fablica<\/em>. \u00bfQu\u00e9 se siente llegar a viejo? Esa es la primera pregunta del gran di\u00e1logo de Plat\u00f3n. Dice S\u00f3crates:<\/p>\n<p>Me gustar\u00eda saber qu\u00e9 te parece, dado que te hallas en la edad que los poetas llaman <em>umbral de la vejez<\/em>, si lo consideras como la parte penosa de la vida o de qu\u00e9 otro modo.<\/p>\n<p>C\u00e9falo responde que algunos amigos de su misma edad sufren \u201crememorando los goces de la juventud\u201d pero aclara que para \u00e9l y para otros no es as\u00ed, y cuenta lo siguiente:<\/p>\n<p>Cierta vez estaba junto al poeta S\u00f3focles cuando alguien le pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfY qu\u00e9 tal, S\u00f3focles, con los placeres sexuales? \u00bfTodav\u00eda eres capaz de acostarte con una mujer?\u00bb Y \u00e9l respondi\u00f3: \u00abCuida tu lenguaje, hombre; me he liberado de ello tan agradablemente como si me hubiera liberado de un amo loco y salvaje.\u00bb<\/p>\n<p>C\u00e9falo opina como S\u00f3focles: la vejez significa \u201cpaz y libertad\u201d porque \u201clos apetitos cesan en su vehemencia y aflojan su tensi\u00f3n\u201d y as\u00ed \u201cnos desembarazamos de multitudes de amos enloquecidos\u201d. Enojarse con la vejez no tiene sentido, dice C\u00e9falo, porque la clave est\u00e1 en tener buen car\u00e1cter, tolerante y moderado; as\u00ed los achaques no son m\u00e1s que \u201cuna molestia llevadera\u201d; de lo contrario, la vida se vuelve dif\u00edcil, sea uno joven o anciano. S\u00f3crates escucha como asintiendo pero plantea una objeci\u00f3n (que vale tanto para C\u00e9falo, pr\u00f3spero comerciante, como para S\u00f3focles, el dramaturgo m\u00e1s exitoso de su tiempo). \u201cMuchos dir\u00e1n que a ti te es f\u00e1cil sobrellevar la vejez pero no por tu car\u00e1cter, sino por tener abundante fortuna; pues para los ricos, se dice, hay much\u00edsimas formas de consolarse\u201d. Para S\u00f3crates, lo \u00fanico que puede ayudar a una buena vejez es haber cultivado la justicia a lo largo de la vida y no solamente un rato antes de morir. As\u00ed, la conversaci\u00f3n entre los dos avanza cordialmente, pero sin grandes acuerdos: el S\u00f3crates plat\u00f3nico encuentra siempre alguna diferencia de enfoque que pone de relieve un matiz de falsedad en la bonhom\u00eda autocomplaciente de C\u00e9falo.<\/p>\n<p>La an\u00e9cdota de S\u00f3focles puede ser real o un invento, pero tengo la impresi\u00f3n de que Plat\u00f3n observa al poeta tr\u00e1gico y a sus criaturas como contraejemplos. Su actitud ante la vejez queda desestimada impl\u00edcitamente en la <em>Rep\u00fablica<\/em>, junto con la de C\u00e9falo, mientras que la pintura que hace de la buena muerte \u2013y eso voy a argumentar en lo que sigue\u2013 parece aludida en forma t\u00e1cita en el <em>Fed\u00f3n<\/em>, con la descripci\u00f3n del modo en que S\u00f3crates afronta su propio final.<\/p>\n<p>El registro detallado de cada paso, antes y despu\u00e9s de tomar sin alterarse el veneno indicado por los jueces en la condena, ocupa todo el final del <em>Fed\u00f3n<\/em>. Al cabo de la apasionante discusi\u00f3n con sus amigos sobre la inmortalidad del alma y su destino post-mortem, que ocupan la mayor parte de la obra, mientras cae el sol y se acallan las voces, Plat\u00f3n cuenta c\u00f3mo S\u00f3crates se despidi\u00f3 de su esposa e hijos, y c\u00f3mo luego, en compa\u00f1\u00eda de sus disc\u00edpulos, se prepar\u00f3 para morir en paz, cu\u00e1les fueron sus \u00faltimas palabras y hasta su \u00faltimo estremecimiento. Todo narrado, como se\u00f1ala Dorothy Tarrant, con \u201cla sobriedad de la tragedia \u00e1tica\u201d. La comparaci\u00f3n no es ingenua: en el <em>Fed\u00f3n<\/em>, S\u00f3crates, a punto de morir, alude al g\u00e9nero tr\u00e1gico. Quien vivi\u00f3 desde\u00f1ando placeres superficiales \u2013dice S\u00f3crates\u2013 y preservando la excelencia del alma estar\u00e1 dispuesto a marchar al Hades \u201ccuando el destino lo llame\u201d; y sigue:<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n vosotros, Simmias y Cebes y los dem\u00e1s, a vuestro turno, en un determinado momento os marchar\u00e9is todos. Pero ahora justamente me llama a m\u00ed el destino, <em>como dir\u00eda un hombre tr\u00e1gico<\/em>. Y es casi la hora de que me encamine al ba\u00f1o. Pues me parece que es mejor que me ba\u00f1e y beba luego el veneno para no dejar a las mujeres el trabajo de lavar un cad\u00e1ver.<\/p>\n<p>Algunos han visto en esa alusi\u00f3n al <em>hombre tr\u00e1gico<\/em> una referencia al <em>Alcestis<\/em> de Eur\u00edpides, pero me parece m\u00e1s plausible una remisi\u00f3n al final del <em>Edipo en Colono<\/em>, obra en la que tambi\u00e9n se relatan los \u00faltimos momentos de un hombre venerable, rodeado por los suyos. S\u00f3focles la escribi\u00f3 nonagenario, probando con ella ante los jueces su propia salud mental&nbsp; (frente a la acusaci\u00f3n de senilidad que hab\u00eda presentado uno de sus dos hijos). Ignacio Errandonea SJ la considera el \u201ctestamento literario\u201d del poeta. No faltan aqu\u00ed ocasiones en las que S\u00f3focles parece identificarse con este Edipo ya viejo, vulnerable, que se apoya en su hija Ant\u00edgona mientras repudia al otro, Polinices, y elige para morir, precisamente, la patria del poeta: Colono, en Atenas. Esta identificaci\u00f3n no debe haber pasado inadvertida entre los contempor\u00e1neos de S\u00f3focles. Y Plat\u00f3n, con su narraci\u00f3n de la muerte de S\u00f3crates, parece ofrecer un modelo contrapuesto. En el final del <em>Fed\u00f3n<\/em> hay una cantidad de referencias cruzadas a la \u00faltima obra de S\u00f3focles, con las que el fil\u00f3sofo marca su distancia respecto del patetismo de ese Edipo terminal.<\/p>\n<div class=\"wp-block-group\">\n<div class=\"wp-block-group__inner-container is-layout-flow wp-block-group-is-layout-flow\">\n<p>Algunas referencias son simples paralelos, por ejemplo: antes de partir, Edipo pide a Teseo que sea garante de sus hijas Ant\u00edgona e Ismena; S\u00f3crates pide a sus amigos una garant\u00eda para Crit\u00f3n. Las hijas de Edipo lloran y Edipo exclama: \u201c\u00a1Oh hijas, no ten\u00e9is ya padre en este d\u00eda!\u201d. Los disc\u00edpulos de S\u00f3crates piensan que les tocar\u00e1 recorrer la vida \u201chu\u00e9rfanos, como privados de un padre\u201d. El rito del lavado del cuerpo <em>antes<\/em> de morir aparece en la tragedia como una tarea para la cual Edipo reclama ayuda a las hijas. S\u00f3crates en cambio se ba\u00f1a solo para no dejar a las mujeres la penosa tarea de lavar su cad\u00e1ver. En los instantes previos a la muerte, las hijas de Edipo \u201clloraban y no dejaban de darse golpes de pecho ni de lamentarse\u201d. Pero el S\u00f3crates de Plat\u00f3n pide que acompa\u00f1en a su esposa e hijos a casa para evitar un desborde de gritos y lamentos. Las palabras de S\u00f3crates sobre la llamada del destino parecen tomar en sorna la insistencia machacona de Edipo (en los versos 1460, 1472-3, 1511-2 y 1548-9) con las se\u00f1ales del dios, que en el momento final, oculto a los espectadores, se dice que incluso viene por \u00e9l. Al contrario, el S\u00f3crates del <em>Fed\u00f3n<\/em>, que no duda de la supervivencia de su alma (su yo <em>verdadero<\/em>) junto a la divinidad, atraviesa todo el lento apagarse del cuerpo, ese momento de la m\u00e1s pura humanidad, sin alardes ni <em>deus ex machina<\/em>. Sus amigos junto a \u00e9l, en silenciosa vigilia, al final cierran sus ojos y su boca.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>Sabemos que hay color plat\u00f3nico en esta pintura del S\u00f3crates final. En todo caso, esa buena muerte sirve de modelo y a la vez de exhortaci\u00f3n a llevar, no s\u00f3lo en la vejez, una vida justa. Porque \u2013como dicen las \u00faltimas palabras del <em>Fed\u00f3n<\/em>\u2013 eso fue S\u00f3crates para Plat\u00f3n: \u201cel mejor hombre de los que conocimos&#8230; el m\u00e1s sabio, el m\u00e1s justo\u201d.<\/p>\n<\/p>\n<p><em>Ivana Costa es Doctora en Filosof\u00eda. Profesora de Historia de la Filosof\u00eda Antigua en UBA y en UCA<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algunas de las observaciones m\u00e1s agudas de Plat\u00f3n acerca de la vejez se encuentran en sus di\u00e1logos de madurez, es decir, en los que se&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4,1456],"tags":[2799,1182,2800],"class_list":["post-16811","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","category-filosofia","tag-cultura-2","tag-juventud","tag-platon"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4n9","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16811","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16811"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16811\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16814,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16811\/revisions\/16814"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16811"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16811"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16811"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}