{"id":16826,"date":"2021-06-08T11:38:11","date_gmt":"2021-06-08T14:38:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16826"},"modified":"2021-06-08T11:38:13","modified_gmt":"2021-06-08T14:38:13","slug":"rezar-no-es-sinonimo-de-pedir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16826","title":{"rendered":"Rezar no es sin\u00f3nimo de \u00abpedir\u00bb"},"content":{"rendered":"<p>La primera acepci\u00f3n de la palabra <em>orar<\/em>, en la definici\u00f3n del Diccionario de la RAE, es: \u201cPonerse [una persona] mental y an\u00edmicamente ante la presencia de Dios, de una divinidad, de un santo, etc., para dar gracias o pedir alg\u00fan favor, o simplemente en actitud contemplativa\u201d. Cuando se intenta profundizar en el significado del t\u00e9rmino, siempre dentro de la definici\u00f3n general, descubrimos que el vocablo tiene una enorme riqueza de posibilidades, enfoques e interpretaciones. Una de ellas, quiz\u00e1 la principal en cuanto a la frecuencia de su uso, es la que se relaciona con la <em>petici\u00f3n<\/em>, con la acci\u00f3n de \u201c<em>pedir<\/em> <em>a Dios\u201d<\/em>: la llamada <em>oraci\u00f3n de petici\u00f3n.<\/em> <em><\/em><\/p>\n<p>Cuando se plantea el tema de la oraci\u00f3n de petici\u00f3n es natural que se produzcan diferentes reacciones. Sin embargo, antes de intentar analizarlas es imprescindible trazar una l\u00ednea de conexi\u00f3n con un hecho fundamental sobre el que giran, se apoyan, confluyen y derivan todas las variables del an\u00e1lisis: <em>Dios es puro amor entregado sin reservas, que no quiere ni permite el mal<\/em>. El te\u00f3logo y padre gallego Andr\u00e9s Torres Queiruga, siempre en un lenguaje antropom\u00f3rfico, ha lacrado, de manera personal y original, un principio fundamental: <em>\u201cDios no sabe, ni quiere, ni puede hacer otra cosa m\u00e1s que amar, porque \u00c9l mismo consiste en estar amando\u201d<\/em>. &nbsp;Y es desde este principio base que se atreve a concluir que \u201c<em>no es necesario pedirle nada a Dios, porque \u00c9l ya nos lo est\u00e1 dando todo\u201d.<\/em><\/p>\n<p>A menudo, decir que no se cree necesaria la oraci\u00f3n de petici\u00f3n produce enojo, irritaci\u00f3n e incluso agresividad. Algunas veces desencadena una emoci\u00f3n <em>personal<strong>,<\/strong><\/em> de quien se siente cuestionado y agredido en algo muy \u00edntimo; otras, una <em>doctrinal<strong>,<\/strong><\/em> de quien siente amenazado el n\u00facleo de su experiencia cristiana y m\u00e1s a\u00fan, de la misma fe en Dios. Ante la emoci\u00f3n doctrinal, el di\u00e1logo posterior resultar\u00e1 dif\u00edcil, sino imposible.<\/p>\n<p>Lo verdaderamente importante es acoger a Dios tal como \u00c9l se nos revela y preservar la originalidad de su amor, aunque esto suponga quebrar rutinas psicol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>No pretendemos aqu\u00ed juzgar conductas ni intenciones, mucho menos descalificarlas. S\u00f3lo se intenta afinar la experiencia de la oraci\u00f3n y contribuir de alg\u00fan modo a una vida religiosa m\u00e1s rica e intensa, conservando \u2013a la vez, enriqueciendo\u2013 lo mejor de lo que hasta ahora se hac\u00eda. Por eso mismo, cuestionar la <em>oraci\u00f3n de petici\u00f3n<\/em> \u00fanicamente pretende ser un medio para proteger y fomentar la oraci\u00f3n en s\u00ed misma, de la que la de petici\u00f3n es apenas una modalidad muy concreta, entre otras muchas. No se trata entonces, de orar menos, sino m\u00e1s y mejor.<\/p>\n<p>Tampoco se pretende negar el verdadero valor ni los m\u00e9ritos hist\u00f3ricos de la oraci\u00f3n de petici\u00f3n, que ha dejado admirables ejemplos de piedad personal y colectiva, y sigue siendo motivaci\u00f3n y veh\u00edculo de profundas experiencias religiosas.<\/p>\n<p>Los hombres y mujeres actuales no somos mejores que nuestros antepasados, ni superiores; estamos simplemente viviendo un momento hist\u00f3rico distinto, con cambios culturales profundos. Esto no obedece a la voluntad de nadie, es sencillamente algo que est\u00e1 all\u00ed y nos desaf\u00eda a todos.<\/p>\n<p>Hoy se constata f\u00e1cilmente que en la vida misma de los creyentes la oraci\u00f3n de petici\u00f3n ha ido reduciendo en alguna medida su espacio, pasando de las necesidades <em>materiales<\/em> a las <em>espirituales<\/em>. Otro cambio positivo es que en muchos casos la petici\u00f3n va cediendo lentamente ante otras modalidades de oraci\u00f3n: de acogida, alabanza, acci\u00f3n de gracias, comuni\u00f3n y comunicaci\u00f3n profunda a trav\u00e9s de la meditaci\u00f3n y la contemplaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>M\u00e1s all\u00e1 de la petici\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfTiene sentido <em>pedir<\/em> a un Dios que es amor permanentemente entregado?<\/p>\n<p>Del dios en quien creemos, del dios a quien se reza, depende el modo de rezar. La pregunta que introduce este p\u00e1rrafo debe ser enunciada desde la plenitud positiva de Dios y no desde las objeciones que habitualmente sustenta la defensa de la oraci\u00f3n de petici\u00f3n. El Dios de Jes\u00fas, el Abba, es decir, padre-madre, que ama sin l\u00edmite ni medida y perdona incondicionalmente, que \u201ccuando todav\u00eda \u00e9ramos pecadores\u201d (Romanos 5,8)nos entreg\u00f3 a su Hijo, que nos lo ha dado todo, que sigue siempre presente y operante en el mundo y en la vida (\u201cMi Padre trabaja siempre y Yo tambi\u00e9n\u2026\u201d Juan 5,17), ante ese Dios \u00bftiene alg\u00fan sentido la petici\u00f3n?<\/p>\n<p>Es imprescindible que nuestra oraci\u00f3n se oriente y responda a lo que Dios es y quiere ser para nosotros; respetar entonces, la irrestricta generosidad de su amor y la exquisita delicadeza de su oferta. En definitiva, se trata de ejercer consciente y respetuosamente nuestra relaci\u00f3n de creaturas necesitadas de salvaci\u00f3n, acomod\u00e1ndonos a c\u00f3mo el Creador realiza su entrega salvadora. &nbsp;<\/p>\n<p>Desde el Abba evang\u00e9lico vemos al Creador como quien ha hecho al hombre por amor \u2013solamente por amor\u2013 y no precisamente para que \u201csirva\u201d a Dios. Dios lo crea y lo sostiene permanentemente en el Ser, con la \u00fanica y exclusiva preocupaci\u00f3n de hacerlo avanzar, apoy\u00e1ndolo y sosteni\u00e9ndolo en su esfuerzo por una realizaci\u00f3n lo m\u00e1s plena y humana posible. Pero ese impulso respeta siempre la libertad humana ya que se ejerce como ofrecimiento gratuito. Y esa libertad es una libertad finita, jam\u00e1s plenamente due\u00f1a de s\u00ed misma, continuamente sobrecargada de inercia y asediada por el instinto. Dios, que nos ha creado \u201csabe de qu\u00e9 masa estamos hechos\u201d (1 Juan 4,8-16),<strong> <\/strong>para ayudarnos, potenciarnos y dinamizarnos. De tal manera que vivir aut\u00e9nticamente es acoger el dinamismo realizador y salvador de Dios, ser es \u201cdejarse ser\u201d por \u00c9l.<\/p>\n<p>Vivir \u2013vivirse\u2013 desde Dios es el gran descubrimiento de toda experiencia religiosa aut\u00e9ntica. El m\u00e1s genuino y definitivo programa de vida es abrirse a Dios, dejarse ser por \u00c9l y en \u00c9l, trabajar por la permanente fuerza salvadora de su gracia. No debemos \u201cconquistarlo\u201d, sino dejarnos conquistar por \u00c9l; no convencerlo, sino dejarnos convencer; no rogarle, sino o\u00edr sus ruegos. En una palabra: no pedirle, sino prestar atenci\u00f3n a lo que \u00c9l nos est\u00e1 pidiendo. Por all\u00ed va la misteriosa y fascinante sugerencia del Apocalipsis: \u201cMira que estoy a la puerta llamando: si uno me oye y me abre, entrar\u00e9 en su casa y cenaremos juntos\u201d (Ap 3,20).<\/p>\n<p>Toda oraci\u00f3n aut\u00e9ntica se inserta, aunque no sea conscientemente, en ese movimiento fundamental.<\/p>\n<p>La paradoja de la oraci\u00f3n se hace patente, como dice Paul Tillich cuando comenta Romanos 8, 26-27: \u201cLa esencia de la oraci\u00f3n es el acto que Dios est\u00e1 trabajando en nosotros y eleva todo nuestro ser hacia \u00c9l. El modo, la manera como esto sucede es llamado por Pablo \u2018gemidos\u2019. Gemido es una expresi\u00f3n de la flaqueza de nuestra existencia creatural. S\u00f3lo en t\u00e9rminos de gemidos sin palabra podemos acercarnos a Dios e incluso estos suspiros son su obra en nosotros\u201d.<\/p>\n<p>Muchos se desconciertan y se sienten ofendidos cuando se dice que la oraci\u00f3n de petici\u00f3n no es coherente con el Dios revelado en Jes\u00fas; ponen el acento en \u201c<em>su<\/em> oraci\u00f3n\u201d, en la intenci\u00f3n subjetiva con que oran, que es genuina y aut\u00e9ntica, sin ver que la cr\u00edtica acent\u00faa y pretende corregir la estructura objetiva de las f\u00f3rmulas que expresan aquella intenci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la vida diaria, cuando pedimos algo a <em>alguien<\/em>, inmediatamente damos por entendido dos supuestos fundamentales: en primer lugar, <em>informar <\/em>una necesidad o deseo que tenemos, luego, <em>tratar de convencerlo<\/em> para que act\u00fae \u2013lo cual significa, adem\u00e1s, que pensamos que es posible que ese <em>alguien<\/em> haga lo que se le pide\u2013 y me d\u00e9 aquello que le informo que deseo o necesito. En el caso de Dios, resulta obvio que el primer supuesto carece de sentido ya que \u00c9l lo conoce todo (\u201c&#8230; el Padre de ustedes sabe lo que necesitan antes de que se lo pidan\u201d Mateo 6, 8). El peso cae, entonces, en el segundo supuesto: lograr que Dios se decida a hacer algo <em>porque<\/em> nosotros se lo pedimos.<\/p>\n<p>Si Dios est\u00e1 absolutamente volcado contra el mal, si no hace otra cosa m\u00e1s que amar, porque consiste en estar amando, es claro que Dios s\u00f3lo tiene sentido en nuestra vida como salvaci\u00f3n. Dios nos est\u00e1 creando por amor \u2013la llamada <em>creatio continua<\/em> por los Padres de la Iglesia\u2013 por lo tanto est\u00e1 siempre haciendo <em>todo<\/em> de su parte para ayudarnos; nosotros, o las leyes del mundo somos quienes podemos impedir su amor. Pero los fallos nunca vienen de Dios; derivan de la realidad, que no puede dar m\u00e1s de s\u00ed misma (yo no puedo estar aqu\u00ed y en Par\u00eds al mismo tiempo, si soy var\u00f3n no tengo la suerte inmensa de ser mujer y viceversa) o de nuestra libertad, cuando le digo a Dios \u201cno quiero\u201d, y entonces incluso podemos producir mucho mal. Pero nunca podemos atribu\u00edrselo a Dios.<\/p>\n<p>Por lo tanto, si quiero orar, por ejemplo, \u201cpara que los ni\u00f1os del NOA argentino no sufran hambre\u201d y digo: \u201cSe\u00f1or, escucha y ten piedad\u201d, y el hambre sigue, la conclusi\u00f3n cruda y objetiva es que Dios no escucha ni tiene piedad y, por lo tanto, no es bueno, o al menos no <em>tan<\/em> bueno; de alguna manera le estamos echando la culpa a Dios. Y algo m\u00e1s \u2013y esto es muy llamativo\u2013 <em>nosotros<\/em> ser\u00edamos los buenos, porque pensamos en los ni\u00f1os con hambre y eso nos lleva a intentar lograr convencer a Dios para que tambi\u00e9n se compadezca y entonces solucione el problema. \u00bfNo es esto, acaso, una verdadera perversi\u00f3n de la oraci\u00f3n? Y encima no lo convencemos, porque sigue habiendo hambre en el NOA y en muchos otros lugares del mundo (y seguramente habr\u00e1 siempre).<\/p>\n<p>\u00bfNo ser\u00e1 que tendr\u00edamos que orar al rev\u00e9s? Decir: \u201cSe\u00f1or, est\u00e1s record\u00e1ndonos a todos que muchos ni\u00f1os de la Argentina sufren hambre y nos llam\u00e1s a que colaboremos con vos haciendo todo lo que podamos como individuos y como comunidad para mejorar esa situaci\u00f3n, para cambiar la econom\u00eda, para ser verdaderamente solidarios y hacernos presentes para ayudar\u201d. Eso es lo que hacemos en definitiva cuando trabajamos en una comunidad, en C\u00e1ritas, por ejemplo, recaudando fondos u organizando grupos de trabajo y campa\u00f1as para recolectar alimentos, etc\u2026 No es pidi\u00e9ndole a Dios, sino escuch\u00e1ndolo nosotros a \u00c9l. Es Dios quien nos pide a nosotros.<\/p>\n<p>Las Sagradas Escrituras nunca deben interpretarse textualmente; si as\u00ed lo hici\u00e9ramos, no ser\u00eda posible creer en Dios, en un dios que, por ejemplo, seg\u00fan los textos sagrados del Antiguo Testamento, ahog\u00f3 en las aguas del Mar Rojo a un ej\u00e9rcito entero. Tambi\u00e9n hay numerosos ejemplos en el Nuevo Testamento: \u201cLes aseguro que todo esto suceder\u00e1 antes de que pase esta generaci\u00f3n\u201d (Lucas 21:32);en la alusi\u00f3n de Jes\u00fas al fin de los tiempos. O tambi\u00e9n: \u201cpor eso les digo que es m\u00e1s f\u00e1cil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios\u201d(Mateo 19:24); en este \u00faltimo caso, entre otras cosas, habr\u00eda que comenzar por redefinir la palabra \u201crico\u201d<strong><em>.<\/em><\/strong> Conviene m\u00e1s bien, buscar una intenci\u00f3n m\u00e1s genuina a trav\u00e9s de ese significado literal. Es cierto que en el Evangelio Jes\u00fas hace varias veces referencia a la petici\u00f3n \u201cpidan y recibir\u00e1n\u201d (Mateo 7,7; Lucas 11,9; Juan 16,24);probablemente haya hablado as\u00ed porque en esa \u00e9poca, en esa cultura, estaba muy arraigada la petici\u00f3n. Pero fue el mismo Jes\u00fas quien tambi\u00e9n dijo: \u201cno hagan como los paganos\u2026 ya el Padre que est\u00e1 en los cielos sabe perfectamente lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan\u201d (Mateo, 6:8).<\/p>\n<p>Lo que postula Jes\u00fas, en definitiva, es la confianza absoluta en Dios; por Dios nunca queda pendiente nada por hacer; Dios es plenitud de amor y de entrega, por lo tanto, una vez que caemos en la cuenta de esto, debemos manifestar nuestra confianza, apoyarnos en Dios, dejarnos solicitar por \u00c9l y tratar de acogerlo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n existen, dentro del evangelio, varios textos que ya no hablan de \u201cpedir\u201d sino de \u201corar\u201d. Aunque muchas veces se conserva el sentido de pedir, o se lo toma como sin\u00f3nimo de orar, no deja de ser una buena advertencia. Porque la <em>oraci\u00f3n<\/em> b\u00edblica es mucho m\u00e1s que petici\u00f3n: es tambi\u00e9n alabanza, admiraci\u00f3n, acci\u00f3n de gracias, confianza, entrega. Todas ellas tambi\u00e9n de enorme peso religioso.<\/p>\n<p>Santo Tom\u00e1s expresa de manera acertada y concentrada:\u201cDebemos rezar, no para informarle a Dios de nuestras necesidades y deseos sino para que nosotros mismos nos percatemos de que necesitamos recurrir a la asistencia divina\u201d. Y agrega: \u201cLa oraci\u00f3n no es ofrecida a Dios para cambiarlo [a \u00c9l], sino para excitar en nosotros la confianza de pedir, considerando su amor infinito en nosotros, porque \u00c9l quiere y s\u00f3lo quiere, nuestro bien\u201d.Es Dios, en cambio, quien, a trav\u00e9s de su presencia permanente y de su amor infinito e incondicional, est\u00e1 a nuestro lado, haci\u00e9ndonos ver qu\u00e9 es lo mejor para nosotros y c\u00f3mo podemos hacer para ayudar a quien lo necesita.<\/p>\n<p>El padre Torres Queiruga lo explica magistralmente recurriendo a la hermosa par\u00e1bola del Buen Samaritano: hay un hombre que est\u00e1 desangr\u00e1ndose porque lo atacaron unos ladrones. Seg\u00fan las leyes del mundo, est\u00e1 condenado a morirse. Dios, que es puro amor, est\u00e1 haciendo todo lo posible por aquel viajero, est\u00e1 sosteni\u00e9ndolo en su ser, est\u00e1 haciendo que la realidad sea curativa, intentando que la gente ayude a los que sufren, en una palabra, est\u00e1 am\u00e1ndolo con toda intensidad. Pasa por all\u00ed un sacerdote; Dios lo llama, le dice \u201catend\u00e9 a ese hermano tuyo que est\u00e1 sufriendo y se est\u00e1 muriendo\u201d, pero aqu\u00e9l no le hace caso y sigue su camino. El infortunado sigue desangr\u00e1ndose. Pasa entonces por all\u00ed un escriba y como Dios est\u00e1 trabajando continuamente en nuestro coraz\u00f3n, le dice \u201cmir\u00e1, fijate, ese hermano tuyo est\u00e1 sufriendo, se est\u00e1 desangrando, va a morir\u201d, pero el escriba tampoco escucha la voz de Dios en su interior; el otro pobre sigue desangr\u00e1ndose y va a morir sin remedio, porque as\u00ed lo marcan las leyes de la naturaleza y Dios no interfiere desde fuera del mundo para romper esas leyes ni para torcer la libertad individual. Por fin, pasa un samaritano, acoge la llamada del Padre \u2013el Abb\u00e1, puro amor, que le habla en su coraz\u00f3n a trav\u00e9s de su ser\u2013 atiende y escucha el llamado de Dios, levanta del suelo a aquel hombre malherido y lo lleva en su caballo para hacerlo curar. Este samaritano ha realizado un verdadero milagro, porque escuch\u00f3 lo que Dios le dec\u00eda. Si no hubiera libertad no se habr\u00eda podido producir esa curaci\u00f3n; de haber ocurrido todo seg\u00fan las leyes naturales, el infausto viajero se habr\u00eda desangrado y muerto inevitablemente.<\/p>\n<p>Cuando una libertad humana se encamina escuchando a Dios y entra en el dinamismo creador de Dios, que crea por amor, que est\u00e1 permanentemente a nuestro lado, cre\u00e1ndonos a cada instante y sosteni\u00e9ndonos, pueden producirse hechos maravillosos. Pero no sucede porque lo pidamos a Dios. Al rev\u00e9s: es Dios quien nos pide a nosotros. \u00c9l no puede interferir y meterse alterando las leyes del mundo, irrumpiendo en su maravillosa creaci\u00f3n; este mundo finito e imperfecto, pero que en definitiva es producto permanente de su creaci\u00f3n. Dios no puede intervenir cada vez que alguno de nosotros hace un mal uso de su libertad; no ser\u00eda l\u00f3gico, no ser\u00eda un obrar de Dios.<\/p>\n<p>Somos nosotros quienes invariablemente debemos colaborar con \u00c9l. Imaginemos por un momento al sacerdote o al escriba de rodillas diciendo: \u201cSe\u00f1or, ayuda a ese pobre herido para que no se muera y no siga sufriendo, escucha y ten piedad\u201d. Eso mismo es lo que tantas veces hacemos nosotros, inclusive durante la misa.<\/p>\n<p>Una observaci\u00f3n que tal vez nos ayude a echar un poco m\u00e1s de luz sobre el tema es que el lenguaje del deseo puede convertir lo que se lleva como petici\u00f3n ante el Padre. El pedido es en realidad un deseo que reconoce t\u00e1citamente la indigencia propia de quien pide y que ans\u00eda que la salud y la fraternidad del Reino se extiendan de verdad en el mundo. Entonces cabe plantearnos que en lugar de \u201c<em>desear pidiendo\u201d<\/em>, \u201c<em>deseemos deseando\u201d<\/em>: expresar el deseo de manera concreta y orientarlo en su justa direcci\u00f3n; esto es, orientar la mirada hacia Dios, al Dios que nos crea por amor, en cada instante, y que por eso est\u00e1 ya trabajando en aquello que deseamos, suscitando nuestro mismo deseo.<\/p>\n<p>Cuando oremos, entonces, encaucemos nuestro psiquismo hacia la fe confiada en esa presencia permanente y activa, tratando de bendecirla, acogerla y transformarla en comuni\u00f3n con el Padre.<\/p>\n<\/p>\n<p><em>Enrique F. Capdevielle es di\u00e1cono permanente. <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La primera acepci\u00f3n de la palabra orar, en la definici\u00f3n del Diccionario de la RAE, es: \u201cPonerse [una persona] mental y an\u00edmicamente ante la presencia&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[14,2804,1678],"class_list":["post-16826","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","tag-iglesia","tag-pedir","tag-rezar"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4no","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16826","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16826"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16826\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16828,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16826\/revisions\/16828"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16826"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16826"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16826"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}