{"id":16866,"date":"2021-06-22T10:56:10","date_gmt":"2021-06-22T13:56:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16866"},"modified":"2021-06-22T10:56:13","modified_gmt":"2021-06-22T13:56:13","slug":"sobre-vida-y-guerras-de-napoleon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16866","title":{"rendered":"Sobre vida y guerras de Napol\u00e9on"},"content":{"rendered":"<p>A 200 a\u00f1os de su muerte en una isla perdida del Atl\u00e1ntico, el 5 de mayo de 1821, emerge de nuevo la figura de Napole\u00f3n Bonaparte, el excepcional estratega y estadista que estuvo a punto de unificar Europa expandiendo la bandera francesa, el ascenso social de plebeyos y burgueses, el uso de la vacuna contra la viruela y un poco de orden en las oficinas p\u00fablicas.&nbsp; Francia reval\u00faa su legado a la luz de este siglo, Par\u00eds destaca sus arcos, el de Triunfo y el del Carrousel, vecino al Louvre, y el reci\u00e9n restaurado mausoleo bajo la c\u00fapula de la iglesia del Dome. Y Ajaccio, su pueblo natal de C\u00f3rcega, le dedica todo un a\u00f1o de conferencias, conciertos, exposiciones, y hasta un certamen gastron\u00f3mico centrado en las recetas de su \u00e9poca. Tambi\u00e9n un ciclo de cine, que culminar\u00e1 en octubre con la versi\u00f3n restaurada del cl\u00e1sico mudo de Abel Gance <em>Napol\u00e9on<\/em> (con acento en la e, seg\u00fan consta en el acta de bautismo).<\/p>\n<p>Rodado en 1927, este film sigue siendo apabullante. Gance lo anunci\u00f3 desde lo alto de la Torre Eiffel, lo llen\u00f3 de vigor, despliegues de toda clase, admirables efectos con c\u00e1maras especialmente fabricadas, y un final a tres pantallas que se anticip\u00f3 25 a\u00f1os al cinerama norteamericano. La llegada del cine sonoro le jug\u00f3 en contra, pero \u00e9l mismo le puso voces en 1935 y lo reedit\u00f3 con cambios y agregados en 1971, bajo el t\u00edtulo <em>Bonaparte et la r\u00e9volution<\/em>. Con el tiempo, Claude Lelouch, Francis F. Coppola y otros grandes reivindicaron y restauraron la versi\u00f3n muda, y ahora lo hacen conjuntamente Netflix y Cinemateca Francesa. Mucha gente la descubrir\u00e1 entonces en su pantalla hogare\u00f1a, pero esta obra merece verse en pantalla grande y con orquesta en vivo, como fue en su tiempo, y como a\u00fan se hace en funciones excepcionales. Dura lo suyo, pero es una experiencia \u00fanica.<\/p>\n<p>Acaso tambi\u00e9n merezca restaurarse otra superproducci\u00f3n de Gance, cierto que menor, <em>Austerlitz<\/em>, 1960, celebraci\u00f3n de la batalla en que Napole\u00f3n derrot\u00f3 a los ej\u00e9rcitos conjuntos de tres imperios enemigos. O, al menos, rescatar la figura de su coguionista y asistente de direcci\u00f3n, la marplatense Nelly Kaplan, que tambi\u00e9n interpreta a Madame Recamier, y luego hizo un par de buenos documentales sobre su maestro, am\u00e9n de otras cuantas labores. Pocos a\u00f1os antes, Kaplan hab\u00eda ido a un congreso de cinematecas representando a la Argentina. Se enamor\u00f3 de Par\u00eds y all\u00ed se instal\u00f3 el resto de su vida. Pero volvamos al motivo de esta nota.<\/p>\n<p>Otro maestro, Sacha Guitry, m\u00e1s dado a la comedia que al drama, hizo en 1955 un <em>Napol\u00e9on<\/em> seg\u00fan el punto de vista del acomodaticio y brillante canciller Talleyrand. Y Sergei Bondarchuk, en 1970, un <em>Waterloo<\/em> de esp\u00edritu coral y gran espect\u00e1culo como solo \u00e9l pod\u00eda hacerlo, despu\u00e9s de haberse ganado el prestigio internacional con su hermosa versi\u00f3n de <em>La guerra y la paz<\/em>, muy distinta a la hollywoodense de King Vidor. M\u00e1s cerca, se destaca la miniserie <em>Napol\u00e9on et l\u2019Europe<\/em>, cuyo \u00faltimo cap\u00edtulo, centrado en el destierro, estuvo a cargo del director cat\u00f3lico Krzysztoff Zanussi.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Mujeres y seguidores<\/strong><\/p>\n<p>Ese destierro, en una isla perdida del Atl\u00e1ntico, dio lugar a una linda historia rom\u00e1ntica, <em>Mar\u00eda Walewska<\/em>, con Greta Garbo, y a otras no tan rom\u00e1nticas pero bastante humanas, como <em>Napoleon auf St. Helena<\/em>, de Lupu Pick, Alemania, sobre un texto de Abel Gance; <em>Monsieur N.<\/em>, francesa; y <em>Las nuevas ropas del emperador<\/em>, donde sus fieles intentan rescatarlo cambi\u00e1ndolo por un doble, seg\u00fan novela de Simon Leys. Amores anteriores aparecen en <em>Desir\u00e9e<\/em>, con Jean Simmons, la misma de <em>Espartaco<\/em>; y en <em>Napoleon and Josephine<\/em>, con Jacqueline Bisset, una actriz mucho m\u00e1s linda que la emperatriz verdadera. El cine siempre tiende a embellecer la realidad, por eso muchos lo prefieren. Pero hab\u00edamos mencionado a los fieles.<\/p>\n<p>Hay en esto una obra notable, <em>Los duelistas<\/em>, \u00f3pera prima de Ridley Scott, sobre novela breve de Joseph Conrad. Un oficialito vulgar, sangu\u00edneo, prepotente, reta a otro de igual rango pero fino, disciplinado, profesional. Ambos pertenecen al ej\u00e9rcito napole\u00f3nico, pero son de origen y aspiraciones muy dis\u00edmiles. Su enfrentamiento seguir\u00e1 a lo largo de toda la campa\u00f1a, ninguno de los dos ha de morir, pero uno habr\u00e1 de terminar como su l\u00edder, en una \u00faltima imagen que es todo un s\u00edmbolo de lo que fue ese ej\u00e9rcito, su ilusi\u00f3n de triunfo y su castigo.<\/p>\n<p>Y luego est\u00e1 <em>Madame Sans-Gen\u00e9<\/em>, con el personaje de la mujer de pueblo que entra en la corte del emperador y tras varias circunstancias enojosas termina siendo reconocida como una leal hero\u00edna en acto p\u00fablico. Hay versiones con Gloria Swanson, Arletty, Sof\u00eda Loren, Mathilde Seigner y otras, pero preferimos la humor\u00edstica de Luis C\u00e9sar Amadori con Nin\u00ed Marshall (premio de Cronistas por esta actuaci\u00f3n), escrita por Conrado Nal\u00e9 Roxlo seg\u00fan la obra de teatro original de Victorien Sardou. Habr\u00e1 mejores, pero Nin\u00ed Marshall todav\u00eda nos regocija, y Amadori en aquel entonces ten\u00eda buena mano.<\/p>\n<p>Cabe un detalle: hubo una verdadera madame Sans-Gen\u00e9 (t\u00e9rmino que podr\u00eda ser libremente traducido como \u201cse\u00f1ora sin vueltas\u201d, o \u201csin pelos en la lengua\u201d). Se llamaba Marie-Therese Figueur, pero no fue lavandera como la de Sardou, sino soldado de a caballo y sable en mano. Entr\u00f3 a los 17 a\u00f1os en el ej\u00e9rcito realista, donde llegaron a registrarse unas 80 amazonas como ella (en efecto, la espadachina lady Oscar de Riyoko Ikeda y Jacques Demy tiene cierta base hist\u00f3rica). La Revoluci\u00f3n Francesa prohibi\u00f3 la presencia de mujeres militares, pero ella ten\u00eda tanto car\u00e1cter que decidieron incorporarla. Pas\u00f3 luego al ej\u00e9rcito napole\u00f3nico, donde hizo tres campa\u00f1as, hasta que despu\u00e9s de Waterloo, llena de aventuras y cicatrices, recibi\u00f3 una pensi\u00f3n como suboficial retirada tras 20 a\u00f1os de servicio, dict\u00f3 sus memorias y puso una fonda con Jeanne-Genevieve Labrosse, otra mujer m\u00e1s que singular: fue la primera paracaidista del mundo. &nbsp;<\/p>\n<p>Labrosse sub\u00eda con su marido en un globo aerost\u00e1tico y a los 900 metros, o m\u00e1s, se tiraba, ante el asombro del p\u00fablico de Par\u00eds, Londres y otras ciudades. El paraca\u00eddas, antecesor de los actuales, era una invenci\u00f3n de su marido, Andr\u00e9-Jacques Garnerin. A la hora de poner la fonda, ambas mujeres hab\u00edan quedado viudas, aunque del esposo de la sargento Figueur no se sabe ni el nombre. S\u00f3lo que tambi\u00e9n era militar, y que tuvo la valent\u00eda de casarse con ella.<\/p>\n<p><strong>Desde otras veredas<\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mencionamos Londres. Los ingleses han dedicado muchas pel\u00edculas sobre aquellos tiempos de guerra, por supuesto que para exaltar a los suyos. Ejemplos de lo dicho, <em>Trafalgar<\/em>, <em>Lady Hamilton<\/em>, las varias cintas de aventuras del fusilero Richard Sharpe, creaci\u00f3n del novelista Bernard Cornwell, o las del marino Horatio Hornblower (que Gregory Peck encarn\u00f3 en 1951 como <em>El conquistador de los mares<\/em>), sobre historias de C.S. Forester. La unidad anglo-portuguesa frente al avance franc\u00e9s revive en <em>Linhas de Wellington<\/em>, de la chilena Valeria Sarmiento, y la resistencia espa\u00f1ola en <em>Los fantasmas de Goya<\/em>, del checo Milos Forman, y en <em>Sangre de mayo<\/em>, de Jos\u00e9 Luis Garci. Antes fue la polaca <em>Pan Tadeusz<\/em>, del maestro Andrzej Wajda, y mucho antes, <em>Kolberg<\/em>, de Veit Harlan, superproducci\u00f3n nazi destinada a incentivar a los alemanes frente al avance de los aliados.<\/p>\n<p>En 1815 la ciudad de Kolberg hab\u00eda resistido heroicamente el avance de las tropas napole\u00f3nicas, hasta caer vencida. En cambio en la pel\u00edcula los vencidos eran los invasores. As\u00ed lo dispuso Joseph Goebbels, ministro de Ilustraci\u00f3n P\u00fablica y Propaganda del r\u00e9gimen nazi. La obra se estren\u00f3 el 30 de enero de 1945 en unas pocas salas. \u00bfSirvi\u00f3 como incentivo patri\u00f3tico? Solo un mes y medio despu\u00e9s, luego de otra resistencia heroica, Kolberg se rindi\u00f3, esta vez a los rusos. Y el 2 de mayo se rindi\u00f3 Berl\u00edn. Un d\u00eda antes Goebbels y su esposa envenenaron a sus hijos y se mataron, siguiendo a su l\u00edder Adolf Hitler, otro que tambi\u00e9n hab\u00eda querido unificar Europa bajo su mando.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es, finalmente, el legado de Napole\u00f3n? Un balance parcial, agridulce, lo dio Youssef Chahine con su <em>Adi\u00f3s, Bonaparte<\/em>, relato de la amistad de un ni\u00f1o con el ingeniero militar Louis Marie Caffarelli, miembro del Institut d\u2019Egypte impulsado por Napole\u00f3n para la modernizaci\u00f3n de la zona y el desarrollo de la egiptolog\u00eda. Con este \u00faltimo prop\u00f3sito, y ya bajo el auspicio de autoridades locales, ese instituto sigue hasta nuestros d\u00edas. \u00bfPero era necesario entrar a sangre y fuego hasta en aquellos arenales? \u00bfDe qu\u00e9 sirvieron las guerras napole\u00f3nicas? En general, \u00bfde qu\u00e9 sirven las guerras?<\/p>\n<p>La Iglesia del Dome que guarda los restos mortales de Napole\u00f3n y otras figuras militares, as\u00ed como el Museo del Ej\u00e9rcito, que conserva algunos de sus objetos personales (y&nbsp; su caballo embalsamado) forman parte de un enorme complejo llamado H\u00f3tel National des Invalides, un asilo para veteranos de guerra creado por el rey Luis XIV, el Rey Sol. Georges Franju le dedic\u00f3 un corto documental, <em>Hotel des Invalides<\/em>, cargado de triste y \u00e1cida iron\u00eda. All\u00e1, en una parte, una ni\u00f1a va saltando muy contenta delante de un anciano con pata de palo, que camina dificultosamente hacia la Iglesia de San Luis, llamada \u201cla iglesia de los soldados\u201d, donde se encuentra con otros veteranos. Por caridad, no vamos a describir los rostros que la c\u00e1mara muestra. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Colof\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Arriba ese \u00e1nimo. Recordemos tambi\u00e9n las comedias como <em>La balada del h\u00fasar<\/em>, de Eldar Ryazanov; <em>Sabotage!<\/em>, de los hermanos vascos Ibarretxe; <em>Io e Napoleone<\/em>, de Paolo Virzi; y otra de Amadori, <em>Napole\u00f3n<\/em>, con Pepe Arias, aunque de com\u00fan con el emperador s\u00f3lo tiene el nombre, y la mala suerte.<\/p>\n<p>Y una \u00faltima iron\u00eda: entre los tantos, buenos y robustos int\u00e9rpretes de Napole\u00f3n en el cine, como Albert Dieudonn\u00e9, Charles Boyer, Marlon Brando, Rod Steiger, Daniel Auteuil, en fin, entre tantos, aparece Herbert Lom en <em>La guerra y la paz<\/em>, de King Vidor. Pero nadie lo recuerda por ese papel, ni por otros. Herbert Lom s\u00f3lo ha pasado a la posteridad como el sufrido jefe del inspector Clouseau que hac\u00eda Peter Sellers en un gozoso pu\u00f1ado de comedias. Pero qu\u00e9 lindo, al fin y al cabo, que a uno lo recuerden con una sonrisa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A 200 a\u00f1os de su muerte en una isla perdida del Atl\u00e1ntico, el 5 de mayo de 1821, emerge de nuevo la figura de Napole\u00f3n&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[32,1462,2821],"class_list":["post-16866","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-cine","tag-cultura","tag-napoleon"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4o2","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16866","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16866"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16866\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16868,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16866\/revisions\/16868"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16866"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16866"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16866"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}