{"id":16885,"date":"2021-07-05T09:59:34","date_gmt":"2021-07-05T12:59:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16885"},"modified":"2021-07-05T13:13:19","modified_gmt":"2021-07-05T16:13:19","slug":"palo-y-a-la-bolsa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16885","title":{"rendered":"\u00a1Palo y a la bolsa! Reflexiones sobre la cultura de la cancelaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"wp-block-heading\"><\/h1>\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>&nbsp;\u201c\u00bfQu\u00e9 significa, pues, la continua aparici\u00f3n de esos fundadores de morales y religiones, esos primeros instigadores de la lucha por las valoraciones morales, esos maestros de los remordimientos de conciencia y de las guerras de religi\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 significan estos h\u00e9roes sobre este escenario?\u201d<\/em><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">Friedrich Nietzsche<em>, La Ciencia Jovial, I-1<\/em><\/p>\n<p>En la conferencia de prensa del lanzamiento de la Berlinale de 2020, el actor Jeremy Irons, que actuaba como jurado, se vio obligado a expresar que el matrimonio entre personas del mismo sexo, la interrupci\u00f3n voluntaria del embarazo y los derechos de la mujer \u201cson pasos esenciales hacia una sociedad humana y civilizada, por la cual todos debemos seguir luchando\u201d. Para agregar m\u00e1s adelante: \u201cEspero que esto deje atr\u00e1s mis comentarios anteriores\u201d. Caben dos observaciones, los comentarios a los que hace referencia son tres, vertidos al pasar en los a\u00f1os 2011, 2013 y 2016 y, lo segundo, es que su acotaci\u00f3n final indica que su rectificaci\u00f3n no fue espont\u00e1nea sino m\u00e1s bien forzada por el temor a una eventual cancelaci\u00f3n. Quiz\u00e1 Irons ni se acordara de aquellos dichos, pero algo o alguien se los reactualiz\u00f3 con energ\u00eda suficiente.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos meses surgieron diferentes acciones cancelatorias o, al menos, la amenaza cierta de las mismas, tanto a nivel local como internacional. En un recorrido r\u00e1pido e incompleto podemos mencionar algunos casos como: el retiro del premio Peter C. Marzio otorgado por el Center for the Arts of the Americas at the Museum of Fine Arts Houston al cr\u00edtico de arte Rodrigo Ca\u00f1ete por su ensayo sobre el arte del Centro Cultural Rojas. Esta rescisi\u00f3n se produjo como respuesta al repudio manifestado por la Asociaci\u00f3n Argentina de Cr\u00edticos de Arte, Nosotras Proponemos y Curadorxs en Di\u00e1logo por el car\u00e1cter mis\u00f3gino, transf\u00f3bico, racista y gordof\u00f3bico del blog de Ca\u00f1ete, <em>Loveartnotpeople<\/em>, o sea por un motivo ajeno al ensayo presentado, premiado y finalmente despojado. Otro es el de la escritora argentina Ariana Harwicz, que plantea que su libro <em>Degenerado<\/em> no es traducido en varias editoriales europeas porque aborda la historia de un ped\u00f3filo. La escritora, menci\u00f3n premio Man Booker International, cuyas anteriores novelas fueron traducidas al alem\u00e1n, franc\u00e9s, ingl\u00e9s, \u00e1rabe, croata turco\u2026 dice en la nota que le realiz\u00f3 Victoria de Masi para <em>elDiarioAR<\/em>: \u201cEs absolutamente deprimente esta era, absolutamente retr\u00f3grada. Estamos en una regresi\u00f3n absoluta a nivel hist\u00f3rico de lo que ya hemos conquistado. Hoy, siglo XXI estamos pensando con la l\u00f3gica del apartheid. Porque todo el mundo est\u00e1 con p\u00e1nico. Es como un campo minado: cualquiera puede ser cancelado\u201d.&nbsp;La biograf\u00eda del escritor Philip Roth (<em>Philip Roth: The Biography) <\/em>fue publicada el 6 de abril pasado con una tirada inicial de 50.000 ejemplares, el 20 de abril fue sacado de circulaci\u00f3n. Su autor Blake Bailey, elegido por el propio Roth para escribirla, fue acusado de delitos sexuales. Como lo expresa Laura Ventura en su nota sobre el tema en <em>La Naci\u00f3n<\/em>: \u201c\u2026el foco, en esta ocasi\u00f3n, no est\u00e1 puesto en el contenido de la biograf\u00eda, ni en los testimonios que se podr\u00edan recoger sobre Roth. Es a su bi\u00f3grafo a quien se cancela y, como en un efecto domin\u00f3, tambi\u00e9n a la biograf\u00eda del autor de <em>Eleg\u00eda<\/em>. Surge un debate paralelo, vinculado a Bailey, pero no por eso menor. \u00bfPuede un monstruo crear una obra de arte? La respuesta, aunque incomode, aunque duela, es s\u00ed\u201d. Otro caso de fecha reciente fueron las denuncias de pedofilia ejercida en los cementerios tunecinos por el fil\u00f3sofo Michel Foucault, y el pedido de su, por lo menos extempor\u00e1neo, denunciante de que su obra (la de Foucault) no sea cancelada. Generosa solicitud la de Guy Sorman\u2026, por una vez seguiremos su consejo. Para quienes interese este caso en particular recomendamos la lectura de los brillantes art\u00edculos de Edgardo Castro el 9 de abril en <em>P\u00e1gina\/12<\/em> y de Tom\u00e1s Abraham en <em>Perfil <\/em>el 18 de abril.<\/p>\n<p>La cultura de la cancelaci\u00f3n, no el esp\u00edritu cancelatorio que es coet\u00e1neo de la humanidad, surgi\u00f3 en el a\u00f1o 2015, gan\u00f3 popularidad en el 2018 y contin\u00faa a la fecha entre nosotros con bastante energ\u00eda. El Observatorio de Innovaci\u00f3n Educativa del Tecnol\u00f3gico de Monterrey da una definici\u00f3n, no muy diferente a la de otras fuentes, que encontramos operativa: \u201cEs un concepto que consiste en retirar el apoyo o \u201ccancelar\u201d a una persona que dijo o hizo algo ofensivo o cuestionable. Es un tipo de <em>bullying<\/em> grupal ya que son muchas personas que se ponen de acuerdo para atacar o descalificar los puntos de vista de otra persona o de alguna empresa. Esto se ha vuelto a\u00fan m\u00e1s popular al delatar actitudes racistas, homof\u00f3bicas y machistas. Es un movimiento tan grande que varias personas han perdido sus trabajos por ser canceladas, sin la posibilidad de enmendar o arreglar sus acciones, quedando para siempre encerradas en un charco de odio p\u00fablico\u201d.<\/p>\n<p>Esta cultura tiene caracter\u00edsticas particulares que conviene tener presente. En principio est\u00e1 originada, sustentada, difundida y magnificada por las redes sociales. No es viable pensar en la globalidad e importancia de este movimiento, sobre todo en Occidente, fuera de Internet. Podr\u00edamos decir, en una visi\u00f3n de superficie, que es un movimiento contestatario -act\u00faa m\u00e1s all\u00e1 del aparato legal, no necesariamente contravini\u00e9ndolo, pero fuera de \u00e9l-, de denuncia p\u00fablica \u2013su raz\u00f3n de ser es fundamentalmente la denuncia de aquellas personas cuya conducta, expresiones o ideolog\u00eda las pone en el radar censurador del \u201ccancelante\u201d-, de persecuci\u00f3n y castigo m\u00e1s all\u00e1 de las normas vigentes y la eventual acci\u00f3n de los tribunales competentes, ya que el objetivo final de la cancelaci\u00f3n -sobre los vivos, al menos, porque tambi\u00e9n han sido cancelados personajes hist\u00f3ricos que llevan siglos de fallecidos, como Crist\u00f3bal Col\u00f3n- es interrumpir el desempe\u00f1o habitual del cancelado, sea este art\u00edstico, deportivo, empresarial o pol\u00edtico, en una demonizaci\u00f3n simult\u00e1nea de la persona y su obra. Todo esto realizado con un uso intensivo de las redes sociales aprovechando el efecto multiplicador de las mismas. Es justo decir que no solo no siempre logran el fin perseguido sino que se ha dado en varias oportunidades el efecto contrario, ya que con la censura publicitan a individuos y obras en general desconocidos por el p\u00fablico promedio. A su vez cargan con el \u201cdefecto\u201d de que pocas personas se ocupan de verificar la informaci\u00f3n que aparece en las mismas. Tanto es as\u00ed que recientemente ha aparecido un nuevo fen\u00f3meno que se ha dado en llamar la \u201cindustria de la difamaci\u00f3n\u201d (Slander Industry, <em>New York Times<\/em> del 3 y 26 de abril pasados). Brevemente, se trata de difamar a alguien en las redes sociales, habitualmente esta persona se ve obligada a contratar en forma onerosa compa\u00f1\u00edas para \u201climpiar\u201d su nombre; en algunos casos se pudo comprobar que la persona que difamaba y estas compa\u00f1\u00edas de limpieza estaban relacionadas, cuando no eran directamente las mismas.<\/p>\n<p>Nada de lo escrito m\u00e1s arriba le quita los m\u00e9ritos que en los \u00faltimos a\u00f1os esta cultura ha tenido como valiente y persistente denunciante de la homofobia, la transfobia, el racismo sist\u00e9mico, los resabios colonialistas o el at\u00e1vico patriarcalismo. Movimientos como el Black Lives Matter. LGBTIQ, #Metoo, #Niunamenos y muchos m\u00e1s, han dejado de ser \u201ctransparentes\u201d para convertirse en actores decisivos de la vida social de Occidente. Cabe preguntarse si sin la presi\u00f3n en las redes sociales se podr\u00edan haber alcanzado logros como la condena de Derek Chauvin por el asesinato de George Floyd, la reapropiaci\u00f3n de ciertos espacios femeninos (ley IVE, leyes de cupos, denuncias de femicidios\u2026), la visibilizaci\u00f3n y sufrimiento de las personas trans o meramente participantes del colectivo LGBTIQ (con la incorporaci\u00f3n del exclusivo lenguaje inclusivo en el uso diario y oficial) y muchos otras transformaciones que hemos podido experimentar en estos a\u00f1os. De ah\u00ed que hacer una cr\u00edtica, o incluso defensa, superficial de la cultura de la cancelaci\u00f3n es casi un acto de negacionismo.<\/p>\n<p>Sirve aclarar que no toda acci\u00f3n cancelatoria forma parte de esta cultura. Por ejemplo el ostracismo que se practicaba en la antigua Atenas era un acto claramente cancelatorio, hasta se expropiaban los bienes del exiliado. Lo curioso es que se enviaban al exilio tanto a los personajes inferiores m\u00e1s cuestionados como a los mejores, para evitar su influencia en la sociedad. \u201cEn la persona del ostracisado la ciudad expulsa lo que en ella es demasiado elevado y encarna el mal que puede venirle de lo alto. En la del <em>pharmakos <\/em>expulsa lo que es m\u00e1s vil y encarna el mal que la amenaza por abajo\u201d.<a href=\"#_edn1\">[1]<\/a> Pero no corresponder\u00eda encasillar idealmente al ostracismo dentro de esta nueva cultura porque era realizado dentro de la ley. Era legal y no hab\u00eda en \u00e9l la m\u00e1s m\u00ednima intenci\u00f3n contestataria o de cr\u00edtica a la sociedad. S\u00ed podemos decir que el <em>herem<\/em> de Baruch Spinoza se hubiera encuadrado en la definici\u00f3n dada, ya que obra como la denuncia y castigo de un grupo contra una persona inhibi\u00e9ndolo de expresarse o incluso de desempe\u00f1arse profesionalmente. Como vemos el \u00e1nimo cancelatorio no es algo que se invent\u00f3 con internet, aunque s\u00ed su denominaci\u00f3n de cultura.<\/p>\n<p>Las diversas acciones cancelatorias realizadas y varias en ciernes (caso Foucault) hacen que se vuelva necesaria la problematizaci\u00f3n de esta cultura. No creemos ingenuamente que sea un t\u00f3pico al que cartesianamente pueda calificarse o definirse en forma clara y distinta. Su polimorfismo y la gran cantidad de actores con sus diversas (muchas veces contrapuestas) ideolog\u00edas, motivos y fines tornan virtualmente imposible su encasillamiento, aun a grandes rasgos. No obstante, e intentando no caer en burdas generalizaciones, creemos que se plantean algunas interrogantes que es interesante, por lo menos, dejar en un planteo abierto, aunque sea con el solo objetivo de pensar en c\u00f3mo vivir juntos en la contemporaneidad. Este punto ya presenta un primer problema que Roland Barthes trata en su clase del 12 de enero de 1977<a href=\"#_edn2\">[2]<\/a>: \u201cEsta fantas\u00eda de la concomitancia quiere alertar sobre un fen\u00f3meno complejo, poco estudiado, a mi entender: la contemporaneidad. \u00bfDe qui\u00e9n soy contempor\u00e1neo? \u00bfCon qui\u00e9n vivo? El calendario no responde bien.\u201d Y esta respuesta que el calendario no nos da bien es un sentimiento que en alg\u00fan momento nos asalta, no nos sentimos contempor\u00e1neos de todas las personas todo el tiempo. Vivimos juntos, pero no siempre sentimos que vivimos juntos, olvidamos al otro dentro de este vivir juntos.<\/p>\n<p>Esta afirmaci\u00f3n que a primera vista parece una digresi\u00f3n inorg\u00e1nica respecto del tema que tratamos, no lo es tanto si pensamos en la cancelaci\u00f3n como la clave de esta cultura; en la exclusi\u00f3n del otro vemos el deseo de no vivir juntos, no con \u201c\u00e9l\u201d al menos. Barthes plantea en el mismo seminario m\u00e1s adelante la paradoja del repudiado: \u201cEs el estatuto contradictorio del paria: rechazado e integrado, integrado como desecho. Quiz\u00e1 no haya comunidad sin desecho integrado. Toda sociedad conserva celosamente sus desechos, les impide salir.\u201d <a href=\"#_edn3\">[3]<\/a> As\u00ed la cultura de la cancelaci\u00f3n puede ser vista como una doctrina de demarcaci\u00f3n del sujeto abominable para poder incluirlo y mostrarlo como desecho y ejemplo para otros que podr\u00edan sucumbir a la tentaci\u00f3n del pecado (sea este el que sea).<\/p>\n<p>El\/los cancelante\/s se siente\/n con el derecho y el deber de acci\u00f3n que le\/s da su particular visi\u00f3n moral, recordemos que toda moral implica un sistema de juicio, publica\/n su condena sobre hechos que no necesariamente han sido constatados (caso Woody Allen) o que la justicia ha descartado (mismo caso), desde un lugar de supremac\u00eda autoasignado arbitrariamente, por el solo poder que da el grupo y la difusi\u00f3n de las redes sociales. No caben ni la explicaci\u00f3n, ni el arrepentimiento, ni la expiaci\u00f3n. La condena es perpetua y universal, <em>ad vitam,<\/em> m\u00e1s all\u00e1 de la legislaci\u00f3n y de la aplicaci\u00f3n de la justicia. Esto con respecto a los vivos, tambi\u00e9n se denuncia y juzga a los muertos, tal como hiciera en el 897 el Concilio Cadav\u00e9rico al juzgar al papa Formoso de cuerpo (cadav\u00e9rico por cierto) presente. As\u00ed caen Col\u00f3n, Churchill, Jefferson, por supuesto Hern\u00e1n Cort\u00e9s y hasta, \u00a1Miguel de Cervantes Saavedra!, junto con innumerables m\u00e1s. Si&nbsp; nos descuidamos hasta podremos asistir al juicio del colonialista Marco Polo, con el consiguiente cambio de nombre del aeropuerto de Venecia. El criterio de selecci\u00f3n no siempre resulta comprensible.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de contradictoria, la cultura de la cancelaci\u00f3n presenta varios flancos que merecen ser discutidos. No puede descartarse el necesario rol activo que juega en toda sociedad la presencia de grupos rebeldes, contestatarios y denunciantes. Son agentes del cambio, del cuestionamiento y de la evoluci\u00f3n de los sistemas pol\u00edticos. Gracias a ellos se pudo avanzar con la conciencia conservacionista, la cuesti\u00f3n de g\u00e9nero, la liberaci\u00f3n de la mujer, la condena del racismo, el antisemitismo y el neocolonialismo, la instalaci\u00f3n del tema del abuso de menores y su cuidado, el acceso a la salud y la educaci\u00f3n en forma m\u00e1s equitativa y tantos otros temas m\u00e1s. Pero estos logros, y la necesidad social que tenemos de ellos, no obstan para que los m\u00e9todos utilizados no puedan ser problematizados, compartidos y mejorados.<\/p>\n<p>Ya en su planteo inicial podemos ver fisuras contradictorias no menores, al negar la posibilidad de discusi\u00f3n caen en el mismo pensamiento fundamentalista del colonialista o el racista, no admiten revisi\u00f3n alguna de sus an\u00e1lisis o principios, se muerden la cola, pero como no es el debate lo que interesa sino su <em>Verdad<\/em>, la verdad del grupo que se trate, entramos en el campo del dogmatismo y la iluminaci\u00f3n religiosa (est\u00e1n religados por una creencia). Lo que no resulta evidente en un primer golpe de vista es que estamos ante un rescate m\u00edtico, la instauraci\u00f3n de un nuevo mito. Al castigar a todo ser humano que pueda haber cometido un error y sancionar que ese castigo no es redimible en forma alguna se presupone la posibilidad m\u00edtica del Ser Humano Perfecto, nadie debe apartarse, so pena de ser cancelado, del mito del hombre perfecto (\u00bfy por ende&nbsp; superior?). Este mito es&nbsp; de tal importancia en el ideario cancelatorio que termina actuando sobre todo el pasado de Occidente, el anacronismo les muerde los talones cuando juzgan con valores del presente los hechos de la historia. Curioso artefacto cultural el mito, a la vez que genera cultura la cristaliza, la congela, la lleva a un lugar est\u00e1tico, donde todo movimiento, raz\u00f3n de ser de la cultura, es imposible. Ya en el terreno de lo cultural no es lo m\u00edtico lo que marca el retroceso m\u00e1s feroz sino el castigo <em>ad hominem<\/em>. Se castiga a la persona y tambi\u00e9n a la obra, ambos son cancelados sin discernir que pertenecen a campos socio-culturales distintos, no siempre vinculados; las condiciones de autor\u00eda no son necesariamente un aspecto calificatorio de la obra. Coherentes con esta pr\u00e1ctica deber\u00edamos quemar la obra de Arist\u00f3teles por esclavista, de S\u00f3crates (Plat\u00f3n obviamente incluido) por efeb\u00f3filos, de la Ilustraci\u00f3n <em>in totum<\/em> por falo-logo-etnocentristas, en resumidas cuentas nuestras bibliotecas ya s\u00f3lo nos servir\u00edan para colocar porcelanas chinas y cristales de Swarovski\u2026 Los mismos cancelantes descubrir\u00edan que sus principios est\u00e1n viciados en origen con las mismas m\u00e1culas que denostan.<\/p>\n<p>Una de las funciones de las leyes es facilitar la convivencia social. Las mismas no tienen la posibilidad de abarcar todas las situaciones que puedan darse, porque, por una parte, gozan de la misma incompletitud que quienes las redactan y, por otra, est\u00e1n insertas en un cuerpo social din\u00e1mico que en forma casi continua genera nuevas situaciones no previstas, incluidos los cambios \u00e9pocales \u00e9ticos y de sensibilidad. Esto hace que las denuncias de situaciones no contempladas en la legislaci\u00f3n, pero que entran en contradicci\u00f3n con la percepci\u00f3n de justicia de una determinada comunidad, sean casi obligatorias a fin de mantener un equilibrio relativamente arm\u00f3nico. Deber\u00eda suceder que el Poder Legislativo recoja estas inquietudes y sancione nuevas leyes, tal como hemos podido ver en estos a\u00f1os en temas referidos a la mujer y a la cuesti\u00f3n de g\u00e9nero, por ejemplo. El conflicto aparece cuando a pesar de que la legislaci\u00f3n y tambi\u00e9n los tribunales para ejecutarla existen esto no satisface a la poblaci\u00f3n, o por falta de aplicaci\u00f3n, como en los casos de racismo sist\u00e9mico, o por necesidad de ser actor en el castigo. Aparecen en esta situaci\u00f3n los escraches, las cancelaciones o, a\u00fan m\u00e1s grave, la ley de Lynch, los tribunales populares de la Revoluci\u00f3n Cultural China, o la cacer\u00eda de colaboracionistas en la Francia de posguerra. No hace falta extenderse sobre lo desestructurante a nivel social que estos sistemas de \u201cjusticia\u201d terminan siendo. Tampoco debemos olvidar que un importante principio de convivencia es la presunci\u00f3n de inocencia, que esta cultura ni siquiera considera, sin el cual todos vivir\u00edamos bajo sospecha permanente hasta de nuestros propios pensamientos.<\/p>\n<p>La cultura de la cancelaci\u00f3n no naci\u00f3 por generaci\u00f3n espont\u00e1nea, sin duda marca necesidades y fallas en las democracias occidentales; hoy m\u00e1s que nunca cuestionadas y redefinidas desde diversas \u00f3pticas, creemos que la problematizaci\u00f3n de la misma, su existencia, sus fines y procedimientos sirven para entender mejor de qu\u00e9 se trata vivir juntos hoy, en la contemporaneidad. Tal como lo expresa Vernant: \u201cUno se conoce, se construye por el contacto, el intercambio, el comercio con el otro. Entre las riberas de lo mismo y de lo otro, el hombre es un puente.\u201d<a href=\"#_edn4\">[4]<\/a><\/p>\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n<p><a href=\"#_ednref1\">[1]<\/a> Jean Pierre Vernant, <em>Ambig\u00fcedad e inversi\u00f3n, Mito y tragedia en la Grecia Antigua, <\/em>&nbsp;Paid\u00f3s, Buenos Aires<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref2\">[2]<\/a> Roland Barthes, <em>C\u00f3mo vivir juntos, <\/em>Siglo XXI, Buenos Aires.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref3\">[3]<\/a> Ib\u00edd.: Clase del 16 de marzo de 1977<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref4\">[4]<\/a> Jean Pierre Vernant, <em>Atravesar fronteras. Entre mito y pol\u00edtica II, <\/em>Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, Buenos Aires<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;\u201c\u00bfQu\u00e9 significa, pues, la continua aparici\u00f3n de esos fundadores de morales y religiones, esos primeros instigadores de la lucha por las valoraciones morales, esos maestros&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[6,965],"tags":[1462,2827,1485,2587],"class_list":["post-16885","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-nota-tapa","category-opinion-2","tag-cultura","tag-negacionismo","tag-opinion","tag-racismo"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4ol","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16885","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16885"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16885\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16945,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16885\/revisions\/16945"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16885"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16885"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16885"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}