{"id":16912,"date":"2021-07-05T11:31:00","date_gmt":"2021-07-05T14:31:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16912"},"modified":"2021-07-05T11:31:02","modified_gmt":"2021-07-05T14:31:02","slug":"ser-persona-es-valorar-valores-basura-y-valores-fantasma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16912","title":{"rendered":"Ser persona es valorar: valores basura y valores fantasma"},"content":{"rendered":"<p>William Golding titul\u00f3 su primera novela <em>El se\u00f1or de las moscas<\/em> (<em>Lord of the Flies<\/em>, 1954) introduci\u00e9ndonos abruptamente en el abismo de la conducta humana que intuy\u00f3 concretamente el pueblo jud\u00edo. Un grupo de ni\u00f1os brit\u00e1nicos cae en una isla perdida, luego de la explosi\u00f3n sobre Hiroshima. La ausencia de adultos permite una utop\u00eda que, poco a poco, va dejando paso a la sombra de la naturaleza humana, con la lucha por el poder hasta la irracionalidad y la muerte.<\/p>\n<p>A diferencia de la pel\u00edcula <em>La playa<\/em> (2000, con Leonardo Di Caprio), en el libro <em>El se\u00f1or de las moscas<\/em> subyace todav\u00eda el planteo teol\u00f3gico de si existe una fuente del mal (la bestia) y el planteo pol\u00edtico, donde el autoritarismo es capaz de destruir los procesos democr\u00e1ticos \u2013lo que la pel\u00edcula apenas esboza\u2013 e imperar, con asentimiento popular.<\/p>\n<p><strong>El malo<\/strong><\/p>\n<p>En el tercer milenio antes de Cristo, los pueblos del Este del Mediterr\u00e1neo rend\u00edan culto al Se\u00f1or (Baal) como pr\u00edncipe (Zebul) de la Tierra, dios del rayo y el trueno \u2013para otros, dios del fuego\u2013. Como en sus altares la carne del sacrificio se pudr\u00eda, los jud\u00edos, en son de burla, modificaron su nombre con una onomatopeya que evoca el sonido del aleteo de las moscas, de modo que pas\u00f3 a ser llamado por ellos Baal Zvuv (el se\u00f1or de las moscas, o Belceb\u00fa en nuestro idioma).<\/p>\n<p>Los se\u00f1ores de los inframundos egipcios, griegos o mayas \u2013que tambi\u00e9n lo representaban como una serpiente\u2013 pod\u00edan actuar de un modo sesgado y hasta destructivo, pero no eran la serpiente que roba la inmortalidad a Gilgamesh, ni estaba perfilada su psicolog\u00eda, como la serpiente que, invitando a sustituir a Dios, causa la expulsi\u00f3n de Ad\u00e1n y Eva de la tierra como para\u00edso, en el lenguaje del G\u00e9nesis.<\/p>\n<p>La palabra hebrea <em>Sheol<\/em> refiere un subsuelo de sombras que reclama a todo hombre. Aunque no tiene traducci\u00f3n posible, la biblia de los setenta la asoci\u00f3 a Hades. En cambio, la expresi\u00f3n Gehena que aparece en el nuevo testamento no se refiere a un lugar espiritual, sino a un lugar f\u00edsico, donde hab\u00eda existido el culto cananeo de sacrificar ni\u00f1os a Moloch\/Molek, y desde el a\u00f1o 638 a. C. se hab\u00eda convertido en basurero. Era el Valle para incinerar la basura al pie de la puerta sudoeste de Jerusal\u00e9n, <em>donde el gusano no muere y el fuego no se apaga<\/em> (Marcos 9, 48).<\/p>\n<p>Ser\u00e1n los autores cristianos del siglo II (cfr. Ireneo de Lyon, 130 a 202) los que, denunciando el intento gn\u00f3stico de influir sobre las primeras comunidades, con piel de cristiano, llegan a conceptualizar al malo como el enemigo del hombre, opuestos al<em> amigo del hombre<\/em>, que es Dios. En el siglo XX, con la experiencia de la primera guerra mundial y durante la segunda guerra mundial, la genial intuici\u00f3n literaria de J.R.R. Tolkien (1937-1955), y luego de C.S. Lewis (1950-1956) lo conceptualizan con distintos nombres, pero siempre como el enemigo de la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>La trivialidad del valor<\/strong><\/p>\n<p>Sin negar la posibilidad de una entidad destructora, ni cuestionar las razones de algunas traducciones cristianas que sustituyen la palabra <em>Gehena<\/em> por Infierno, la aparici\u00f3n del t\u00e9rmino <em>Gehena<\/em> en los textos originales del Nuevo Testamento siempre me ha parecido representativa de la posibilidad humana de tirar la propia vida y otras vidas a la basura.<\/p>\n<p>Pablo de Tarso, educado y observante jud\u00edo, nos trasmite su experiencia: <em>Y as\u00ed, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero<\/em> (Romanos 7, 19).<\/p>\n<p>Luego de cubrir el juicio a Eichmann en Jerusal\u00e9n, Hanna Arendt desarrolla la idea de <em>la trivialidad del mal<\/em>. Esperando ver un monstruo concluye que se trata de un hombre pobre, sobre todo, en sustancia humana (en <strong>bien<\/strong>) <em>era un bur\u00f3crata<\/em>.&nbsp;Esta potencia del sujeto, en la ambig\u00fcedad de sus actos, est\u00e1 impl\u00edcita en el proceso de su libertad, de un modo que su libertad puede volverse contra \u00e9l, y <em>volver su vida una basura<\/em>.<\/p>\n<p>Desde su experiencia en los campos de concentraci\u00f3n, Viktor Frankl nos dice: \u201c<em>Nosotros hemos tenido la oportunidad de conocer al hombre quiz\u00e1 mejor que ninguna otra generaci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 es, en realidad, el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es. Es el ser que ha inventado las c\u00e1maras de gas, pero asimismo es el ser que ha entrado en ellas con paso firme musitando una oraci\u00f3n\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Por eso todas las personas son dignas del mayor respeto, pero no todas las ideas son dignas de respeto.<\/p>\n<p>G\u00e9raldine Schwarz, autora franco-alemana de <em>Los amn\u00e9sico<\/em>s (Tusquets, 2019), ensayo con aire de novela, que indaga en el pasado de su familia en los a\u00f1os del Tercer Reich, recuerda que \u201c<em>cualquiera que trabajara en aquella m\u00e1quina de matar era culpable de asesinato a partir del momento en que conoc\u00eda el objetivo de la maquinaria. Esto no planteaba ni la sombra de una duda para los que estaban en los campos de exterminio o conoc\u00edan su existencia, del simple guardi\u00e1n al cargo m\u00e1s elevado de la direcci\u00f3n\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>Yo puedo querer lo que quiera, lo que no puedo es hacer bueno lo que he querido. La bondad es una propiedad de la cosa, su valor es una propiedad que le asigna el sujeto, a lo que lo conduce a la basura y a lo que es bueno por s\u00ed. As\u00ed, la separaci\u00f3n del valor y el bien, que proponemos, no es relativismo, ya que lo bueno se corresponde con la verdad de las cosas; pero si relatividad, porque lo valioso es siempre la experiencia de alguien, a cuya sensibilidad las cosas le hablan \u2013<em>las cosas no son mudas<\/em>\u2013y ante quien resplandecen como valiosas, sean o no buenas.<\/p>\n<p>No podemos referirnos aqu\u00ed a los problemas que ha generado el nihilismo de la decadencia victoriana, al desembocar declamando la deconstrucci\u00f3n de todo el proceso intelectual euroamericano. La cultura es para el hombre una&nbsp;\u201csegunda naturaleza\u201d un puente entre \u201clo dado\u201d y \u201clo construido\u201d, de un modo que es natural para el hombre ser cultural. Todav\u00eda existen algunas cosas sobre las que se puede decir <em>Nunca M\u00e1s<\/em>, sin darse cuenta que la deconstrucci\u00f3n juega al Jenga con la cultura, retirando bloques de absolutos humanos que trascienden la relatividad hist\u00f3rica y geogr\u00e1fica, creando as\u00ed una estructura cada vez m\u00e1s inestable.<\/p>\n<p>Hay valores basura, porque los valores no son inherentes a las cosas, no se extraen de las cosas. Los valores se generan en una intenci\u00f3n, que los interioriza como motivo de la acci\u00f3n. Es entonces cuando rompen la indiferencia de una voluntad, que no se mueve a s\u00ed misma, en s\u00ed misma, sino que as\u00ed es movida por las cosas.<\/p>\n<p><strong>Las constelaciones de valores<\/strong><\/p>\n<p>G\u00e9raldine Schwarz, refiri\u00e9ndose a su abuela, sostiene que, a partir de sus experiencias en la instituci\u00f3n recreativa nazi<em> Kraft durch Freude<\/em> (<em>Fuerza a trav\u00e9s de la alegr\u00eda<\/em>), desarroll\u00f3 una lealtad completamente irracional hacia el F\u00fchrer. En general se ve en el fascismo y el nacionalsocialismo la guerra y el Holocausto, pero no que en su proceso <strong>hicieron so\u00f1ar que Hitler estaba salvando el pa\u00eds, econ\u00f3mica y pol\u00edticamente; as\u00ed el partido consigui\u00f3 transmitir un sentimiento de pertenencia<\/strong> a una <em>Volksgemeinschaft,<\/em> una <em>comunidad del pueblo<\/em> que exclu\u00eda a los impuros (jud\u00edos, gitanos, enfermos mentales y disidentes) y estaba reservada a los pseudoarios. Afirma la autora: \u201c<em>Mi abuela era a la vez culpable de haberse dejado cegar y un poco v\u00edctima de una manipulaci\u00f3n<\/em>\u201d.&nbsp;<\/p>\n<p>Los valores valen porque se vive seg\u00fan ellos.&nbsp;Los valores son el sentido real de la acci\u00f3n particular, sean o no buenos, sean o no declarados como motivo de la acci\u00f3n, son la fuente de energ\u00eda de la acci\u00f3n, y se van articulando como constelaciones que, nos guste o no, dan sentido a la vida.<\/p>\n<p>Emilio Komar (Orden y Misterio, 1996), refiere de Edith Stein (muerta en la maquinaria por cuya eficiencia velaba Eichmann): \u201c<em>La vida espiritual de la persona est\u00e1 incluida org\u00e1nicamente en un gran conjunto de sentidos que es, a su vez un conjunto de vigencias: cada sentido comprendido exige una actitud correspondiente y tiene a su vez la fuerza que mueve a actuar en conformidad\u201d.<\/em><\/p>\n<p>La vida humana <strong>pone carne<\/strong> a un sinn\u00famero de sentidos, <strong>no siempre congruentes<\/strong>, pero que al ser carne adquieren <strong>organicidad<\/strong> y se estructuran como constelaci\u00f3n, moviendo a actuar en conformidad.<\/p>\n<p>En lo personal, un sentido pasa as\u00ed a valer como un motivo interiorizado, fuente energ\u00e9tica de la acci\u00f3n del hombre (mujer y var\u00f3n) concreto: motivaci\u00f3n autodestructiva o motivaci\u00f3n plenificante. En lo social la constelaci\u00f3n de lo valorado, con toda su ambig\u00fcedad, se va volviendo normalidad, normatividad y norma, presionando sobre la interioridad de los sujetos a adecuarse a ella. Es muy fuerte el relato de Lotte, una ni\u00f1a jud\u00eda de Mannheim: \u201c<em>Un d\u00eda, con la clase, fuimos a ver una pel\u00edcula de propaganda para ni\u00f1os, la historia de un muchacho que se convierte al nazismo. Aquello nos impresion\u00f3 mucho, todos quer\u00edamos parecernos a \u00e9l<\/em>. Luego, cada d\u00eda cuando pasaba delante del centro de las juventudes hitlerianas: <em>Estaba celosa, so\u00f1aba con pertenecer al grupo, ten\u00edan un aspecto muy feliz con sus uniformes\u201d.<\/em> Geraldine Schwarz agrega una reflexi\u00f3n personal: \u201c<em>Lo que envidiaba por encima de todo era su normalidad\u201d.&nbsp;<\/em><\/p>\n<p><strong>Los valores fantasma<\/strong><\/p>\n<p>A veces esas normas provienen de la conciencia de comunidad, con una alta solidaridad, pero tambi\u00e9n pueden ser el resultado de normas extr\u00ednsecas interiorizadas por temor, o por conveniencia de un contrato impl\u00edcito, que el sujeto\/sujetos fuerza desde su interior a actuar. Aqu\u00ed la expresi\u00f3n temor o conveniencia contractual no ha de ser interpretada s\u00f3lo en el sentido f\u00edsico, sino tambi\u00e9n y muy especialmente, en las sociedades sobre-comunicadas o sin intimidad, en un sentido psicol\u00f3gico, psicosocial y psicopol\u00edtico (es muy fuerte ver, desde nuestra Actualidad, la proscripci\u00f3n de la intimidad en <em>Un mundo feliz<\/em>, <em>1984<\/em>, <em>El huevo de la serpient<\/em>e o <em>La isla<\/em>).<\/p>\n<p>Volviendo al aporte de G\u00e9raldine Schwarz, la autora muestra a su abuelo como un personaje banal, que no fue un monstruo, ni una v\u00edctima, ni un h\u00e9roe, sino un \u201c<em>Mitl\u00e4ufer<\/em> (<em>quien, por ofuscaci\u00f3n, por indiferencia, por apat\u00eda, por conformismo o por oportunismo, se convierte en c\u00f3mplice de pr\u00e1cticas e ideas criminales<\/em>)\u201d, quien compr\u00f3 en 1938 \u2013momentos en los que la situaci\u00f3n de los jud\u00edos en Alemania era ya l\u00edmite\u2013 una empresa a una familia jud\u00eda al bajo precio que las normas de arianizaci\u00f3n legitimaban.&nbsp;<\/p>\n<p>Otras veces, las normas son derivaciones de valores que fueron parte de un \u201csistema solar\u201d, de una constelaci\u00f3n de valores (o cultura) ahora estallada.<\/p>\n<p>Cuando los valores declarados ya no son lo valorado por las personas, la norma se queda desnuda en su obligatoriedad, su cumplimiento se vuelve vac\u00edo, rutinario, alternativo, optativo, absurdo. Siguiendo la l\u00ednea de Ortega&nbsp; y Gasset (<em>Biolog\u00eda y Pedagog\u00eda, El Espectador, III<\/em>) es la miop\u00eda de confundir el conformismo con la adhesi\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed, el valor ha perdido su significaci\u00f3n energ\u00e9tica, porque no est\u00e1 en la carne de coraz\u00f3n, o no es asumido por todo nuestro ser. Entonces, en parte volveremos a la indiferencia, seguiremos arrastrando los pies, en parte el acto quedar\u00e1 trabado, si es que en parte no estar\u00e1 resistido y por tanto nosotros divididos, nuestro <em>coraz\u00f3n part\u00edo<\/em> (<em>en lo m\u00e1s profundo de mi alma \/ sigue aquel dolor por creer en ti, \/ \u00bfQu\u00e9 fue de la ilusi\u00f3n y de lo bello que es vivir?<\/em>, Alejandro Sanz).<\/p>\n<p>Lo energ\u00e9tico del valor puede quedar como un fantasma que permanece en el interior con eficacia desmadrada exterior, pero con capacidad de choques interiores que van minando la interioridad (<em>pero mi\u00e9nteme aunque sea, dime que algo queda \/ entre nosotros dos<\/em>)<a href=\"#_edn1\">[1]<\/a>.<\/p>\n<p>Los valores sostenidos de forma extr\u00ednseca van convirti\u00e9ndose en fantasmas de valor, aunque todo el aparato del Estado los sostenga. Salvo la <em>nomenklatura<\/em>, la \u00e9lite privilegiada, las mayor\u00edas se vuelven ap\u00e1ticas, y la respuesta estructural es cada vez m\u00e1s mec\u00e1nica, es decir, la vitalidad social, la creatividad genuina, se van empobreciendo en favor de la obediencia literal (mec\u00e1nica).<\/p>\n<p>Lo mismo en el Estado\/partido que en la f\u00e1brica, la parroquia o el hogar familiar. En el proceso extr\u00ednseco se ha percibido a la persona como materia amorfa (sin forma) y eso se paga con la revoluci\u00f3n, el relevo de la \u00e9lite privilegiada, la p\u00e9rdida de la poblaci\u00f3n, el abandono del hogar familiar, o como le ha sucedido a un p\u00e1rroco, que el coro entero se va al templo evang\u00e9lico m\u00e1s cercano.<\/p>\n<p>Los valores fantasmas, instrumento de dominaci\u00f3n, sostenidos por la manipulaci\u00f3n para el control social, no son verdaderos valores, sino consignas justificadoras, fragmentos de ideolog\u00edas. No tensan a la acci\u00f3n, no arrastran. Si se los sigue es por otra raz\u00f3n de valor que se manifiesta desde dentro en la acci\u00f3n (por ejemplo, el temor o el privilegio).<\/p>\n<p>El fen\u00f3meno de la <em>nomenklatura<\/em> se desarrolla tambi\u00e9n aut\u00f3nomamente en las burbujas de sentido, de modo que los valores en el espejo se convierten en valores del espejismo social. As\u00ed como la norma puede sostenerse en fantasmas de valor, la agenda social puede sostenerse en un espejismo de valor que flota en el aire social y como llega se va.<\/p>\n<p>El mero poder, por extr\u00ednseco, parte el alma, y la enso\u00f1aci\u00f3n un d\u00eda termina, ya que el alma humana no tiende s\u00f3lo a lo material o materializable, a la autosatisfacci\u00f3n, estima o pertenencia.<\/p>\n<p>La ternura restaura la posibilidad de la libertad y \u00e9sta restaura la fuerza del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>La capacidad intuitiva del coraz\u00f3n (centro unificado de lo personal) sobre la riqueza de lo real nos permite el conocimiento del bien de las cosas, la afectividad desea, atribuyendo bondad particular a lo que considera valioso, tenga o no esa bondad (<strong>bien<\/strong>), y por eso necesita de un juicio (de ordinario auxiliado por la <strong>norma<\/strong>), para no errar, y un h\u00e1bito concreto, encarnado (<strong>virtud<\/strong>) que le permite perseverar cuando lo bueno se vuelve arduo.<\/p>\n<p><em>Roberto Est\u00e9vez es Profesor titular ordinario de Filosof\u00eda pol\u00edtica en la Facultad de Ciencias Sociales de la UCA<\/em><\/p>\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n<p><a href=\"#_ednref1\">[1]<\/a> A veces, como describe A. Toynbee (<em>El Mundo y El Occidente<\/em>): \u201cCuando un rayo de cultura, en su recorrido, es difractado en sus bandas componentes: tecnolog\u00eda, religi\u00f3n, pol\u00edtica, arte, esto a causa de la resistencia de un organismo social extranjero sobre el que choca, su \u2018banda tecnol\u00f3gica\u2019 es capaz de penetrar m\u00e1s de prisa y m\u00e1s profundamente que su banda religiosa. Y esta ley se puede formular en t\u00e9rminos m\u00e1s generales. Podemos decir que el poder de penetraci\u00f3n de una banda de radiaci\u00f3n cultural, por lo general est\u00e1 en raz\u00f3n inversa al valor cultural de esta banda. Una banda trivial ofrece menos resistencia en el organismo social asaltado que la que levanta una banda crucial, porque la banda trivial no amenaza causar tan violenta o tan dolorosa perturbaci\u00f3n en el modo de vida tradicional del organismo asaltado\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>William Golding titul\u00f3 su primera novela El se\u00f1or de las moscas (Lord of the Flies, 1954) introduci\u00e9ndonos abruptamente en el abismo de la conducta humana&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[1456],"tags":[355,2843,2842,170,745],"class_list":["post-16912","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-filosofia","tag-filosofia","tag-norma","tag-trivialidad","tag-valores","tag-virtud"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4oM","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16912","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16912"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16912\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16914,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16912\/revisions\/16914"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16912"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16912"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16912"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}