{"id":16939,"date":"2021-07-05T12:58:57","date_gmt":"2021-07-05T15:58:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16939"},"modified":"2021-07-05T12:58:59","modified_gmt":"2021-07-05T15:58:59","slug":"literatura-y-experiencia-de-dios-ampliando-la-mirada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16939","title":{"rendered":"Literatura y experiencia de Dios: ampliando la mirada"},"content":{"rendered":"<p class=\"has-text-align-right\"><em>El cristiano tiene que hacerse al misterio de la palabra que,<\/em><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>mediante la Palabra hecha carne, es cuerpo del misterio infinito<\/em><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">Karl Rahner<\/p>\n<p>Cuando buscamos entablar v\u00ednculos entre la Literatura y la Teolog\u00eda, no es raro creer que debemos recurrir a autores como San Juan de la Cruz, Dante o Dostoievski. Es claro que en ellos vamos a encontrar referencias indudables; pero \u00bfqu\u00e9 pasa cuando ampliamos la mirada y descubrimos que podemos entablar relaciones igualmente fecundas con escritores como Trakl, Pizarnik, Borges o Castilla? Hablar de experiencia de Dios no es sin\u00f3nimo de \u00e9xtasis o comuni\u00f3n diaria: m\u00e1s bien refiere un proceso de b\u00fasqueda, algo que, como afirman todas las corrientes de espiritualidad, incluido el cristianismo, puede llevar toda la vida.<\/p>\n<p>Pongamos un ejemplo. En marzo de 1964, el inolvidable poeta salte\u00f1o Manuel J. Castilla se entera de que van a demoler la casa de su infancia. Le pide a su hijo que lo acompa\u00f1e y, luego de forzar la puerta, pasan toda la noche en el antiguo solar familiar. Al amanecer se retiran. A los pocos d\u00edas escribe un poema. El texto en cuesti\u00f3n, un soneto de impecable factura (\u201cLa casa\u201d), cuenta las vivencias de alguien que transita de noche por \u201cesa casa muerta\u201d, lleno de melancol\u00eda y pesadumbre, y culmina as\u00ed:<\/p>\n<p>Ese que amanecido con el vino<\/p>\n<p>se arrima alucinado al mandarino<\/p>\n<p>y con el coraz\u00f3n lo va tanteando,<\/p>\n<p>ese ya no es, aunque parezca cierto,<\/p>\n<p>es un Manuel Castilla que se ha muerto<\/p>\n<p>y en esa casa est\u00e1 resucitando.<\/p>\n<p><em>A priori<\/em>, lo \u00fanico que indica que estamos ante un hecho religioso es un verbo: \u2018resucitar\u2019, que al estar en gerundio adem\u00e1s cobra un dinamismo apabullante. \u201cResucitar\u201d es mucho m\u00e1s que \u2018revivir\u2019, o \u2018renacer\u2019: alude directamente a la experiencia central del cristianismo. Adem\u00e1s, es coherente con toda la obra de Castilla: el salte\u00f1o, sin ser un escritor confesional, alude repetidas veces a la crucifixi\u00f3n, la resurrecci\u00f3n y la presencia de Dios en los p\u00e1jaros, en los \u00e1rboles, en el frutecer del verano. El uso de ese vocablo, entonces, no es inocente. \u00bfQu\u00e9 tan fuerte es lo que ocurri\u00f3 esa noche como para que el autor haya recurrido a usar un verbo de tal envergadura? No lo sabemos, pero prescindiendo incluso de la vivencia numinosa de base, es innegable que estamos ante un texto que refiere una experiencia trascendente.<\/p>\n<p>Cuando rastreamos en la literatura las huellas de lo sagrado, sabemos que este t\u00e9rmino incluye aquello que en la tradici\u00f3n judeocristiana llamamos Dios, pero tambi\u00e9n cualquier otro de sus rostros posibles: la Presencia, el Absoluto, el Misterio. Esto deja fuera una infinita cantidad de obras que no se prestan para este tipo de an\u00e1lisis. La indiferencia ante lo divino no puede ser repuesta artificialmente; no corresponde <em>bautizar <\/em>una obra, sino recurrir a lo que el texto nos habilita a ver. Si los labios est\u00e1n sellados, por respeto a su autor debemos dejarlos as\u00ed.<\/p>\n<p>Por eso, proponemos un abordaje diferente. Presentaremos una <strong>tipolog\u00eda <\/strong>de las experiencias de Dios que aparecen en la Literatura, sin \u00e1nimo de que sea exhaustiva, pero con la convicci\u00f3n de que puede resultar iluminadora. No nos centraremos en la din\u00e1mica psicoespiritual de quien escribe, sino en c\u00f3mo son expresadas dos tipos b\u00e1sicos de experiencia: la <strong>b\u00fasqueda <\/strong>y el <strong>encuentro<\/strong>. Para expresarnos con mayor claridad, a cada una de ellas le atribuiremos una serie de s\u00edmbolos posibles: a los de la b\u00fasqueda los hemos llamado la <strong>alergia, <\/strong>el <strong>espejo, <\/strong>la <strong>mancha, <\/strong>la <strong>pregunta <\/strong>y la <strong>noche estrellada; <\/strong>a los del encuentro, la<strong> celebraci\u00f3n <\/strong>y las<strong> bodas<\/strong>.<\/p>\n<p>Pasemos a detallar las expresiones del primer tipo. La <strong>alergia<\/strong> representa el \u201cgrado cero\u201d de la experiencia religiosa. En ella, aparece un rechazo voluntario, expl\u00edcito y formal hacia esa Presencia de la que se ha o\u00eddo hablar, o que fue significativa en alg\u00fan momento, pero frente a la cual hoy s\u00f3lo cabe el reproche. No es raro el lenguaje hiriente, c\u00ednico, furioso. Entre otros, aparecen aqu\u00ed textos de Pessoa \u2015las maravillosas iron\u00edas de <em>O guardador de rebanhos\u2015<\/em>, S\u00fcskind, Sartre\u2026 Pensemos, por ejemplo, en estos versos de Pizarnik: \u201c\u00a1Cansada de Dios! \u00a1Cansada de Dios! Cansada por fin de las muertes de turno\u201d (<em>La \u00faltima inocencia<\/em>), donde Dios no es vida sino muerte, y s\u00f3lo aporta hast\u00edo. O en algunos dardos proferidos por Cioran: \u201c\u00a1Imposible amar a Dios de otro modo que no sea odi\u00e1ndolo!\u201d (<em>De l\u00e1grimas y santos). <\/em>Experiencia refractaria, pero experiencia al fin.<\/p>\n<p>En cambio, hablamos de <strong>espejo <\/strong>cuando un texto refiere una b\u00fasqueda que, en ocasiones, encuentra un eco y permite la identificaci\u00f3n, como ocurre en el proceso de conversi\u00f3n de Raskolnikov en <em>Crimen y castigo<\/em>, o con el yo l\u00edrico de \u201cRun run se fue pa\u2019l Norte\u201d, de Violeta Parra. All\u00ed, el dolor se elabora mirando la figura del Crucificado:<\/p>\n<p>As\u00ed es la vida entonces<br \/>Espinas de Israel<br \/>Amor crucificado<br \/>Coronas del desd\u00e9n<br \/>Los clavos del martirio<\/p>\n<p>El vinagre y la hiel<br \/>Ay, ay, ay, de m\u00ed.<\/p>\n<p>Sin embargo, puede ser que la b\u00fasqueda se d\u00e9, pero no haya posibilidad de identificaci\u00f3n, por diferentes motivos. Buscamos a Dios en el espejo, pero est\u00e1 ausente. Entre infinitos ejemplos, podemos encontrar aqu\u00ed textos de Trakl (\u201cEl silencio de Dios \/ beb\u00ed en el manantial del bosque\u201d), Pizarnik (\u201cTanta vida, Se\u00f1or, \/ \u00bfpara qu\u00e9 tanta vida?\u201d), Yupanqui, Saramago\u2026 Distinto es el caso de la <strong>mancha, <\/strong>menos frecuente hoy en d\u00eda, donde aparece un sentimiento de indignidad frente al Misterio de Dios, sobre todo ante la culpa por los pecados cometidos. Muy frecuente en los salmos \u2015que, no olvidemos, son textos po\u00e9ticos\u2015, pero bastante en retirada en nuestra \u00e9poca, que no reconoce una conciencia de pecado. Lo vemos, por ejemplo, en ciertos poemas de Lope (\u201c\u00bfQu\u00e9 tengo yo, que mi amistad procuras\u2026?\u201d), P\u00e9guy, J. C. D\u00e1valos (<em>Oto\u00f1o),<\/em> o F. L. Bern\u00e1rdez, en particular, los que escribi\u00f3 para la versi\u00f3n latinoamericana de la Liturgia de las Horas.<\/p>\n<p>Asimismo, ese proceso de b\u00fasqueda puede plantearse como <strong>pregunta,<\/strong> como cuestionamiento intelectual o existencial referido a Dios o a lo sagrado. Es lo que manifiesta buena parte de la obra de Borges, expresado sint\u00e9ticamente en estos versos: \u201cDios mueve al jugador, y \u00e9ste, la pieza. \/ \u00bfQu\u00e9 Dios detr\u00e1s de Dios la trama empieza \/ de polvo y tiempo y sue\u00f1o y agon\u00eda?\u201d (\u201cAjedrez\u201d). Tambi\u00e9n aparece en Hesse, o en Mann. Esa pregunta, cuando se vuelve deslumbramiento, lleva a nuestra siguiente met\u00e1fora: <strong>la noche estrellada. <\/strong>All\u00ed estamos ante una vivencia numinosa, motivada por la presencia de Alguien o Algo que lo sobrepasa. Es una experiencia muy recurrente en la Literatura. Entre muy variados ejemplos, podemos citar a Yupanqui, Castilla, Gal\u00e1n (\u201cPor aqu\u00ed pas\u00f3 Dios enamorado. \/ Lo dice el adem\u00e1n y la figura \/ de este viejo card\u00f3n arrodillado\u201d), Calvetti, Mann, Leopardi (\u201c<em>Cos\u00ec tra questa immensit\u00e0<\/em><em>&nbsp;s&#8217;annega il pensier mio, \/ e il naufragar m&#8217;\u00e8 dolce in questo mare\u201d), <\/em>Rilke\u2026<\/p>\n<p>Llega un momento, sin embargo, en que las b\u00fasquedas dan paso a la alegr\u00eda de la presencia: estamos entonces ante las experiencias del segundo tipo, las de <strong>encuentro. <\/strong>Se\u00f1alamos aqu\u00ed como primer s\u00edmbolo <strong>la celebraci\u00f3n: <\/strong>el texto refiere un gozo exultante provocado por Algo o Alguien, tematizado como Dios, o a veces por medio de un suced\u00e1neo. Aparece en Whitman, e incluso se percibe, mucho m\u00e1s serena y diferida, en el <em>Poema a la duraci\u00f3n <\/em>de Handke, y en \u201cEl fest\u00edn de Babette\u201d, de Dinesen. Pero donde se muestra sin tapujos es en los \u201cpoetas de la tierra\u201d. \u00bfC\u00f3mo entender si no las referencias de M. J. Castilla al \u201cPadre Verano\u201d, al que reviste con todas las caracter\u00edsticas de Dios?<\/p>\n<p>Padre Verano. Llama ciega. Pura estridencia silenciosa,<\/p>\n<p>desbordada y clar\u00edsima majestad solitaria,<\/p>\n<p>por cada vena tuya,<\/p>\n<p>por tus crines doradas, quemadas de luci\u00e9rnagas, me afirmo vida adentro de la vida.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, tenemos ahora s\u00ed aquellas expresiones que, por excesivamente can\u00f3nicas, algunos aplauden y otros, dentro de la cr\u00edtica literaria, soslayan. Nos referimos a los textos que muestran en todo su esplendor la intimidad de <strong>las bodas, <\/strong>aquello que desde el Cantar de los Cantares hasta la fecha se ha venido manifestando en la poes\u00eda m\u00edstica como \u201cmet\u00e1fora nupcial\u201d. Nunca mejor expresada que en estos versos de San Juan de la Cruz: \u201cComo amado en el amante \/ uno en otro resid\u00eda\u201d (\u201c<em>In principio erat verbum\u201d) <\/em>y, por supuesto, en toda la obra del poeta de Fontiveros. Desde ya que incluimos aqu\u00ed la luz del <em>Para\u00edso <\/em>de Dante, o muchos escritos de Santa Teresa de \u00c1vila. Pero no es un campo que se haya agotado en el Siglo de Oro. Si ampliamos la mirada, tenemos a Ad\u00e9lia Prado, la insigne poeta brasile\u00f1a (\u201cS\u00e9 que Dios vive en m\u00ed \/ como en su mejor casa\u201d); Fijman y Viel Temperley, por citar ejemplos argentinos; Christophe Lebreton, uno de los m\u00e1rtires de Argelia (\u201cTu \u2018te amo\u2019 se me apareci\u00f3 un d\u00eda: \/ todav\u00eda no me he repuesto\u201d).<\/p>\n<p>La lista es infinita, e incluye todos los textos que, como dec\u00eda Ricoeur, nombran a Dios cuando escapan de sus autores y despliegan su mundo (<em>Fe y filosof\u00eda). <\/em>Por eso, en lugar de extender el cat\u00e1logo, vamos a cerrar con una sugerencia. Ya conocemos la riqueza que nos aportan los autores confesionales. Entablemos, entonces, un di\u00e1logo fecundo con aquellos que no lo son, para encontrar tambi\u00e9n en ellos las semillas del Verbo. Dec\u00eda Juarroz, lejos de toda fe institucionalizada: \u201cNo he perdido el sentido de lo religioso [\u2026] Lo que he perdido es cualquier sistematizaci\u00f3n de lo religioso. Le dir\u00eda m\u00e1s: he perdido ciertas confortables esperanzas o compensaciones que da lo religioso. Pero a mi ver lo religioso no es eso, sino el sentir que uno forma parte de un todo\u201d (<em>Poes\u00eda y creaci\u00f3n)<\/em>. Y en ese todo, reconocer tambi\u00e9n nosotros que ha pasado el tiempo de los grandes relatos, incluso los religiosos, que nos urge encontrar luces que nos hagan m\u00e1s llevadera la noche, y que, como dice la poeta riojana Luc\u00eda Carmona, somos \u201cbriznas inexplicables, sedientas de iluminaci\u00f3n sin espinas, transitando el p\u00e1ramo para encontrar el r\u00edo caudaloso y dulce de la presencia de Dios, de Dios y del poema\u201d.<\/p>\n<p><em>Mariano Carou es Licenciado en Letras y profesor universitario<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El cristiano tiene que hacerse al misterio de la palabra que, mediante la Palabra hecha carne, es cuerpo del misterio infinito Karl Rahner Cuando buscamos&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[2856,1462,1427,1318,425],"class_list":["post-16939","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-busqueda","tag-cultura","tag-dios","tag-espiritualidad","tag-literatura"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4pd","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16939","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16939"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16939\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16941,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16939\/revisions\/16941"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16939"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16939"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16939"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}