{"id":16980,"date":"2021-08-04T12:26:04","date_gmt":"2021-08-04T15:26:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16980"},"modified":"2021-08-04T12:26:06","modified_gmt":"2021-08-04T15:26:06","slug":"cuerpo-y-alteridad-en-la-poesia-de-olga-orozco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16980","title":{"rendered":"Cuerpo y alteridad en la poes\u00eda de Olga Orozco"},"content":{"rendered":"<p><em>Orozco fue una de las voces po\u00e9ticas m\u00e1s reconocidas del siglo XX en nuestra lengua. Naci\u00f3 en 1920 en Toay, La Pampa, y muri\u00f3 en 1999, en Buenos Aires. El 17 de marzo de 2020 se cumplieron cien a\u00f1os de su nacimiento. Este art\u00edculo quiere ser un homenaje, un poco tard\u00edo y muy modesto.<\/em><\/p>\n<p><strong>Cuerpo&nbsp; e identidad<\/strong><\/p>\n<p>La obra po\u00e9tica y en prosa de Orozco est\u00e1 atravesada por t\u00f3picos como la finitud, la muerte, el \u201cotro reino\u201d, el lenguaje po\u00e9tico, la condici\u00f3n encarnada. A mi entender, toda su obra intenta responder, de uno u otro modo, a la pregunta por la identidad y la voz propias. Hay un recorrido de aceptaci\u00f3n y reconciliaci\u00f3n consigo misma, que en los poemarios de juventud y en sus relatos de infancia se puede vislumbrar en el recurso del desdoblamiento del sujeto l\u00edrico, que le permite tomar distancia y hablar consigo misma. En el libro <em>Los juegos peligrosos<\/em>, por ejemplo, imagina otros nombres para s\u00ed, y en <em>Las muertes<\/em>, llega a escribir su propia eleg\u00eda \u201cYo, Olga Orozco, desde tu coraz\u00f3n digo a todos que he muerto\u2026\u201d.<a href=\"#_edn1\">[1]<\/a><\/p>\n<p>En esa insistente b\u00fasqueda de s\u00ed misma y de su identidad, la poeta se enfrentar\u00e1 tambi\u00e9n a su propio cuerpo. En <em>Museo Salvaje<\/em>, un poemario escrito en 1974, la voz po\u00e9tica examina meticulosamente al cuerpo propio, como frente a un espejo. Se detiene en cada parte con una mirada absorta y detallista, lindante con la obsesi\u00f3n. Observa su condici\u00f3n encarnada como algo ajeno y extra\u00f1o, monstruoso y animal. Lo m\u00e1s cercano y al mismo tiempo lo m\u00e1s extra\u00f1o. Incluso declara, en una entrevista<a href=\"#_edn2\">[2]<\/a>, que escribi\u00f3 ese libro para terminar con la extra\u00f1eza que el propio cuerpo le causaba. As\u00ed como se conjura a un fantasma, llam\u00e1ndolo por su nombre, ella quiso escribirle al cuerpo para dejar de sentir que estaba conviviendo con un desconocido. Se evidencia all\u00ed una relaci\u00f3n dif\u00edcil y conflictiva. En ese poemario va pasando revista a cada parte, fragmenta el cuerpo, lo mira con cierto desd\u00e9n, sin dejar de reconocer por eso su importancia, la de ser el \u00fanico modo posible de estar en este mundo.<\/p>\n<p>Pero el cuerpo sigue siendo un extra\u00f1o para la poeta. La encierra, la condena a este espacio, no le permite recuperar la ansiada unidad con lo divino. Hasta llega a decir, en un poema sugestivamente titulado \u201cLamento de Jon\u00e1s\u201d, en el que se describe el encierro del yo po\u00e9tico, an\u00e1logo al de Jon\u00e1s en la ballena: \u201c\u00bfY qui\u00e9n ha dicho acaso que este fuera un lugar para m\u00ed?\u201d<a href=\"#_edn3\">[3]<\/a><\/p>\n<p><strong>El cuerpo: \u00bfobst\u00e1culo o puente?<\/strong><\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n del cuerpo como un extra\u00f1o, como una sombra y a veces tambi\u00e9n como un obst\u00e1culo que no permite ver \u201cel otro lado\u201d, convive asombrosamente, en la obra de Orozco, con otra que ser\u00e1 preponderante en los poemas de madurez: la del cuerpo como \u201cpont\u00edfice\u201d, que etimol\u00f3gicamente significa \u201caquel que construye puentes\u201d. El cuerpo es visto entonces como espejo, como respuesta, como&nbsp; condici\u00f3n de posibilidad para los v\u00ednculos interpersonales m\u00e1s fecundos \u2013el amor, la amistad,&nbsp; la filiaci\u00f3n, la fraternidad\u2013.<\/p>\n<p>Hay un poema especialmente cargado de simbolog\u00eda, titulado \u201cEl narrador\u201d<a href=\"#_edn4\">[4]<\/a>, donde el cuerpo es le\u00eddo como un texto. Un texto que por momentos puede ser un relato descriptivo, una leyenda negra, un fragmento entresacado de otra historia. Pero hay un momento crucial en este relato vital, en que el cuerpo parece tomar conciencia de su verdadero sentido:<\/p>\n<p>Pero llega el amor, su s\u00e9quito de estrellas y el ala inalcanzable del deseo,<\/p>\n<p>sobrepasando siempre los l\u00edmites de toda separaci\u00f3n, de todo abrazo,<\/p>\n<p>y el cuerpo se hace altura, precipicio, v\u00e9rtigo, desvar\u00edo,<\/p>\n<p>dispuesto a transgredir y a ser atajo hacia lugares en los que nunca estuvo,<\/p>\n<p>\u00e9l, el protagonista de una f\u00e1bula \u00fanica,<\/p>\n<p>el que se prueba por primera vez el coraz\u00f3n, los ojos y las manos,<\/p>\n<p>y es la respuesta exacta y el espejo donde alguien recupera el para\u00edso.<a href=\"#_edn5\">[5]<\/a><\/p>\n<p>En ese mismo poema, aludiendo a la soledad que sobreviene despu\u00e9s del amor, a la pu\u00f1alada tr\u00e1gica de la muerte o la separaci\u00f3n, dice \u201cas\u00ed agoniza cada vez el mundo, con un cuerpo que sobra\u201d (\u2026) \u201cporque no hay aridez como la que se narra con un cuerpo que termina en s\u00ed mismo\u201d.<a href=\"#_edn6\">[6]<\/a> Se escucha claramente aqu\u00ed, el reclamo de la alteridad, sin la cual ni el cuerpo ni la propia identidad tendr\u00edan sentido pleno.<\/p>\n<p>Y ya que entramos en el terreno de la alteridad, de los v\u00ednculos con los otros, voy a detenerme ahora en algunos de los poemas m\u00e1s logrados de Orozco. A mi juicio, son aquellos donde entran en juego los afectos, el reconocimiento y la gratitud. Es esa la disposici\u00f3n amorosa que engendra el canto po\u00e9tico como intento de saldar una deuda impagable. Algunos de estos poemas son eleg\u00edas dedicadas a sus hermanas, su marido, a unos pocos amigos entra\u00f1ables. Quisiera citar alg\u00fan fragmento del conmovedor poema a Yola, que comienza as\u00ed: \u201cComo garra de puma es esta pena, como arena de vidrio entre los dientes\u201d y que sigue luego, lamentando la muerte de la hermana, en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p>Nadie tuvo en los ojos tanto fulgor de antorchas,<\/p>\n<p>Tantas chispas de luci\u00e9rnagas ebrias en la noche cerrada,<\/p>\n<p>Ni en la boca una risa tan semejante a un vuelo en pleno mediod\u00eda,<\/p>\n<p>Nadie tendr\u00e1 despu\u00e9s ese perfume de \u00e1mbar y canela,<\/p>\n<p>ese vaho que asciende al levantar las piedras de nuestra propia tribu,<\/p>\n<p>ese aliento de espuma que nos llega de remot\u00edsimas orillas.<\/p>\n<p>Bajo las mismas alas<\/p>\n<p>el viento susurr\u00f3 en nuestros o\u00eddos distintas melod\u00edas:<\/p>\n<p>a ti te dict\u00f3 el canto seductor de la dicha en un jard\u00edn cautivo<\/p>\n<p>y bordaste tu casa para una larga fiesta, contra humaredas y tormentas,<\/p>\n<p>porque tuyo era el hilo y tuya era la trama del tapiz.<\/p>\n<p>(\u2026) Ahora ya eres reina. T\u00fa llegaste primera.<\/p>\n<p>y ahora soy apenas poco m\u00e1s que mendiga en el final de la carrera.<\/p>\n<p>T\u00fa ya lo sabes todo,(\u2026) T\u00fa la m\u00e1s imposible de los muertos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n figura entre sus m\u00e1s bellas eleg\u00edas el poema escrito a su amiga y disc\u00edpula, Alejandra Pizarnik, cuando al despedirla la imagina \u201cPeque\u00f1a pasajera, sola con tu alcanc\u00eda de visones\/ y el mismo insoportable desamparo debajo de los pies\u201d para ordenarle finalmente, desde la antigua y recobrada fe de su abuela, igual que Cristo a la muchacha muerta<\/p>\n<p>Pero otra vez te digo,<\/p>\n<p>&nbsp;ahora que el silencio te envuelve por dos veces en sus alas<\/p>\n<p>&nbsp;como un manto<\/p>\n<p>&nbsp;en el fondo de todo hay un jard\u00edn<\/p>\n<p>&nbsp;Ah\u00ed est\u00e1 tu jard\u00edn, Talita Cumi<a href=\"#_edn7\">[7]<\/a><\/p>\n<p>El poema dedicado a Valerio Peluffo, su marido, en ocasi\u00f3n de su muerte es desgarrador. De all\u00ed me gustar\u00eda s\u00f3lo recordar algunos versos de una lucidez inigualable:<\/p>\n<p>Y me pregunto ahora c\u00f3mo hacer para mirar de nuevo una torcaza,<\/p>\n<p>para volver a ver una bah\u00eda, una columna, el fuego, el humo de la sopa,<\/p>\n<p>sin que tus ojos me aseguren la consistencia de su aparici\u00f3n,<\/p>\n<p>sin que tu mano me confirme la m\u00eda.<a href=\"#_edn8\">[8]<\/a><\/p>\n<p>Aqu\u00ed el v\u00ednculo se revela tan fundante, tan constitutivo de la identidad propia, que se desdibujan las fronteras entre uno y otro cuerpo. Incluso el mundo, configurado por los afectos, parece perder consistencia si no es visto por los ojos del otro. El cuerpo propio se desmaterializa al faltarle el contacto de la mano amada. Creo que la experiencia de la muerte con la sombra de incertidumbre que proyecta,&nbsp; queda&nbsp; tan pat\u00e9ticamente plasmada en estas palabras que no cabe duda de que la poes\u00eda acierta, en algunos casos afortunados, a decir lo indecible.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El cuerpo redimido por los v\u00ednculos<\/strong><\/p>\n<p>Para cerrar este apretado itinerario, quisiera se\u00f1alar algo que me resulta muy significativo. Entre los <em>\u00daltimos Poemas<\/em>, publicados p\u00f3stumos, con cierto sabor a balance y despedida, aparece un poema que celebra al propio cuerpo. Este \u201cHimno de alabanza\u201d, que as\u00ed se titula, se dirige a Dios, al T\u00fa trascendente, a quien agradece, entre otras cosas, cada uno de los sentidos&nbsp; y su maravilla, y finalmente reconoce:<\/p>\n<p>Desde lo m\u00e1s profundo de mi estupor y mi deslumbramiento, yo te celebro, cuerpo,<\/p>\n<p>suntuoso comensal en esta mesa de dones fugitivos,<\/p>\n<p>a ti, protagonista de paso en cada historia del amor que no muere,<\/p>\n<p>intermediario heroico en todas las batallas de la tierra y el cielo,<\/p>\n<p>t\u00fa, mi costado de inevitable realidad.<a href=\"#_edn9\">[9]<\/a><\/p>\n<p>Con estos versos nos vamos acercando a aquello que me propon\u00eda mostrar: el recorrido que traza Orozco a lo largo de su obra. Va pasando desde aquella alteridad interior al yo, la del di\u00e1logo de uno consigo mismo, la del autoconocimiento, la de la aceptaci\u00f3n de la propia condici\u00f3n encarnada, a otra alteridad hacia afuera: la alteridad del yo-t\u00fa, la de los v\u00ednculos interpersonales.<\/p>\n<p>Pareciera que cuanto m\u00e1s se conoce a s\u00ed misma y se reconcilia con su propia finitud, con su \u201cinevitable realidad\u201d corp\u00f3rea, florece su capacidad de amar y de reconocerse en los otros. Pero hay que resaltar tambi\u00e9n que, como contrapartida dial\u00e9ctica, son precisamente esos otros a los que ama y reconoce los que le han devuelto un cuerpo redimido, gracias al acontecimiento del amor. Un cuerpo que finalmente puede ser celebrado y agradecido como un don, porque ha recobrado su condici\u00f3n de puente, de \u201crespuesta exacta\u201d y de \u201cespejo donde alguien recupera el para\u00edso\u201d.&nbsp;<\/p>\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n<p><a href=\"#_ednref1\">[1]<\/a> \u201cOlga Orozco\u201d, de<em> Las muertes<\/em>, en Orozco Olga, <em>Poes\u00eda completa<\/em>, Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2013, p. 101<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref2\">[2]<\/a> Entrevista con Ivan Marcos Pelicaric, 1997, publicada por <em>Revista Cruz de Sur, <\/em>2014, a\u00f1o IV, N\u00famero 9<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref3\">[3]<\/a> \u201cLamento de Jon\u00e1s\u201d, de <em>Museo Salvaje<\/em>, en Orozco, Olga, ob.cit, p. 162<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref4\">[4]<\/a> De <em>En el rev\u00e9s del cielo<\/em>, en&nbsp; Orozco, Olga, ob.cit, p.360<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref5\">[5]<\/a> El narrador, de <em>En el rev\u00e9s del cielo<\/em>, en Orozco, Olga, ob.cit.p.360<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref6\">[6]<\/a> Ib\u00eddem.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref7\">[7]<\/a> \u201cPavana para una infanta difunta\u201d, de <em>Mutaciones de la realidad&nbsp; <\/em>en Orozco, Olga, ob.cit. p. 255<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref8\">[8]<\/a> \u201cEn la brisa un momento\u201d, de <em>\u00daltimos poemas<\/em>, en Orozco, Olga, ob.cit. p. 415<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref9\">[9]<\/a> De Himno de Alabanza, de \u00daltimos Poemas, en Orozco, Olga, ob.cit, p. 441<\/p>\n<p><em>Paola Ambrosoni es Profesora de Filosof\u00eda<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Orozco fue una de las voces po\u00e9ticas m\u00e1s reconocidas del siglo XX en nuestra lengua. Naci\u00f3 en 1920 en Toay, La Pampa, y muri\u00f3 en&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[1462,425,2868,122],"class_list":["post-16980","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-cultura","tag-literatura","tag-orozco","tag-poesia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4pS","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16980","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16980"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16980\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16982,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16980\/revisions\/16982"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16980"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16980"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16980"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}