{"id":16986,"date":"2021-08-06T08:57:33","date_gmt":"2021-08-06T11:57:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16986"},"modified":"2021-08-06T08:57:35","modified_gmt":"2021-08-06T11:57:35","slug":"a-dios-le-gusta-tocarnos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16986","title":{"rendered":"A Dios le gusta tocarnos"},"content":{"rendered":"<p>Adem\u00e1s de enfermos, muertos y encierros, la pandemia tiene otros costos; entre ellos est\u00e1 el sufrimiento de nuestros sentidos. Escribimos antes de hablarnos, o lo hacemos virtualmente. Pasa lo mismo con la vista. Tanto el olfato como el gusto son sus v\u00edctimas directas. Queda el tacto, \u00a1y cu\u00e1nto ha sido acallado el tacto! Consigna b\u00e1sica: mantener distancias. No besarnos, dar la mano ni tocarnos, y menos acariciar.<\/p>\n<p>Queremos en este escrito leer desde la fe algunos aspectos de esta situaci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 importancia tiene el sentido del tacto? Partimos del hecho de la Creaci\u00f3n, para luego reflexionar sobre lo que nos dice al respecto la Encarnaci\u00f3n del Verbo. Llegamos entonces al hecho de la Iglesia y su condici\u00f3n sacramental. Terminamos con tres temas puntuales: la \u201cvirtualidad\u201d, la \u201cpresencia\u201d y la sacramentalidad.<\/p>\n<p><strong>La Creaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Enorme misterio, una maravilla. Llamarnos al ser, a la vida: junto con la naturaleza: el d\u00eda y la noche, el agua, el aire, la tierra; plantas y animales, mujer y var\u00f3n y la posibilidad de multiplicarnos. El trabajo y el descanso, el engendrar, el embarazo, la vida y la muerte.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9? La Creaci\u00f3n es una maravilla doble: la primera es llamar a ser lo que no era; dar vida a otros que no son Dios. Pero hay una segunda maravilla: crear la materia, la carne. Porque, aunque resulte raro, Dios podr\u00eda habernos creado puramente espirituales. Pero se derram\u00f3 en la naturaleza y en la naturaleza carnal, material. Fue esta la ultra creatividad de Dios: la materia, y en lo que al ser humano respecta, la carne, el cuerpo. Quiso crear seres \u201ca su imagen y semejanza\u201d. Pero para ello eligi\u00f3 hacernos esp\u00edritus encarnados, cuerpo y alma.<\/p>\n<p><strong>La encarnaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Al llegar la plenitud del tiempo quiso hacerse, \u00c9l mismo, a nuestra semejanza, carne. Sucedi\u00f3 el pecado, la rebeld\u00eda de la libertad. Otro salto en la creatividad, y Dios-misericordia, Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo, decide: \u201chagamos redenci\u00f3n del g\u00e9nero humano\u201d<a href=\"#_edn1\">[1]<\/a>. Pero la mediaci\u00f3n no fue la varita m\u00e1gica, sino la encarnaci\u00f3n, la gran oferta del Hijo: \u201cAqu\u00ed estoy Se\u00f1or, para hacer tu voluntad\u201d (Salmos 39,7; Hebreos 10,9). Su voluntad, su proyecto: uno de nosotros, capaz de ser tocado y de tocar. Lo cual empez\u00f3 en el vientre de Mar\u00eda, c\u00e9lula a c\u00e9lula, aliment\u00e1ndose abrazadas t\u00e1ctilmente por la carne de una Madre.<\/p>\n<p>Jes\u00fas naci\u00f3 y creci\u00f3 as\u00ed, como ser humano, amamantado, acariciado, sostenido por Jos\u00e9, aprendiendo a tocar el martillo y la lija, comiendo el pan amasado por su mam\u00e1 y bebiendo el agua de la fuente y el vino que traer\u00eda el padre.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s sali\u00f3 a anunciar el Reino, y lo hizo curando a los enfermos, bendiciendo a los ni\u00f1os, \u201chaciendo el bien\u201d con su coraz\u00f3n, sus manos y sus pies, que caminaron tantos caminos. Y se hizo pan, para ser tocado y comido, para acompa\u00f1arnos. Luego fue su carne desgarrada, llevado y tra\u00eddo, martirizado. Enterrado, misericordiosamente ungido por mujeres que eran sus amigas, su corporal paso por los infiernos y su resurrecci\u00f3n. La ascensi\u00f3n indica que est\u00e1 entero en el cielo, humano y divino, espiritual y corporal.<\/p>\n<p><strong>La Iglesia, encuentro con Dios y de unos con otros<a href=\"#_edn2\"><strong>[2]<\/strong><\/a><\/strong><\/p>\n<p>Nos dej\u00f3 su presencia por el Esp\u00edritu que nos alcanza la gracia, estemos donde estemos y como estemos. \u00c9l lo hab\u00eda prometido, y sus ap\u00f3stoles lo hab\u00edan pedido, con Mar\u00eda, su madre. La Iglesia es el grupo de los seguidores de Jes\u00fas, la comunidad que lo contin\u00faa con la palabra, con la acci\u00f3n multiforme y servidora, y con los sacramentos que nos dan la presencia, regia y familiar, de Jes\u00fas entre nosotros.<\/p>\n<p>El Dios encarnado no pod\u00eda ser continuado, seguir presente entre nosotros, sino en la carne y a trav\u00e9s de la carne. Pero no la carne sola ni la carne por s\u00ed misma. Solamente las personas humanas tocadas por el Esp\u00edritu son quienes seguir\u00e1n asegurando, desde el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, hoy y siempre, que Dios est\u00e1 con nosotros, y juega a favor nuestro. En cualquier lugar: donde Jes\u00fas es reconocido, tambi\u00e9n donde todav\u00eda la Iglesia no lo ha anunciado (enorme deuda, \u00e9sta): en Europa y en Asia, en Am\u00e9rica y en \u00c1frica, en Medio Oriente, su Patria, y en Australia. El Don del Resucitado no se va, se queda hasta que \u201cDios sea todo en todos\u201d (1 Corintios 15,9).<\/p>\n<p>Pentecost\u00e9s, donde culmina la Pascua, es la boda definitiva de la carne y el Esp\u00edritu. La carne, la humanidad entera, no s\u00f3lo la de Jes\u00fas sino tambi\u00e9n la nuestra, pobre, d\u00e9bil, necesitada, es desde entonces cauce del Esp\u00edritu, presencia de la gracia. De muchas maneras, en cada gesto de compasi\u00f3n y generosidad. Pero de manera directa en los siete sacramentos, canales donde se derrama en las personas, sobre la carne y por la carne, la graciosa donaci\u00f3n del Esp\u00edritu; los sacramentos nos garantizan que vivimos del regalo.<\/p>\n<p>La Iglesia es esta comunidad de los creyentes, de los acogedores del Esp\u00edritu a la que el Redentor ha encargado cuidar su Presencia, hacerla posible, consagrarnos, hacernos a nosotros mismos cables de la santidad de Dios, sus alcanzadores. A trav\u00e9s del cuerpo.<\/p>\n<p>La autora francesa Francoise Mallet Joris dice que los sacramentos son \u201cnuestro v\u00ednculo carnal con Dios\u201d<a href=\"#_edn3\">[3]<\/a>. Y mucho antes, Tertuliano (siglos II-III, \u00c1frica) escribi\u00f3:<\/p>\n<p>\u201cLa carne es quicio de la salvaci\u00f3n. Y si bien es cierto que Dios requiere el servicio del alma para su salvaci\u00f3n, es la carne quien la hace capaz para dicho servicio. As\u00ed, la carne es lavada para que el alma se purifique, la carne es ungida para que el alma se consagre, la carne es persignada para que el alma se fortifique, la carne se pone a la sombra de las manos para que la ilumine el Esp\u00edritu, la carne se alimenta del cuerpo y la sangre de Cristo para que el alma se sacie de Dios. Alma y cuerpo no pueden, en consecuencia, ser separadas para la recompensa, ya que el servicio las ha unido\u201d.<a href=\"#_edn4\">[4]<\/a><\/p>\n<p>En los sacramentos Dios nos da su gracia, Dios se nos da, y lo hace toc\u00e1ndonos, para que su don, su cercan\u00eda, sea indiscutiblemente humana, adem\u00e1s de divina. Dios est\u00e1 no solamente pr\u00f3ximo sino realmente presente. Est\u00e1 de alguna manera en nuestros buenos deseos y obras. Pero donde se nos da sin enga\u00f1os, donde se nos hace presente, como generoso amante, es en los sacramentos.<\/p>\n<p><strong>Grandeza y l\u00edmites de la virtualidad<\/strong><\/p>\n<p>Los medios telegr\u00e1ficos, telef\u00f3nicos y digitales, si nos fijamos bien, han sido creados para relativizar las distancias. El espacio, y a\u00fan el tiempo, han cambiado de sentido. Estar lejos o estar cerca, poder comunicarnos o no saber nada de otros, conocer a mi nieta que est\u00e1 en Sud\u00e1frica, o saber instant\u00e1neamente c\u00f3mo sali\u00f3 el partido de Boca que jugaba en M\u00e9xico, y aun ver ese partido, no es mayor problema.<\/p>\n<p>En estos tiempos de pandemia, la virtualidad ha adquirido mayor sentido. Aunque permanezcamos encerrados, podemos hablar con nuestra gente querida y a\u00fan verlos. Podemos comprar y vender. Podemos entretenernos con juegos en los que participamos, con series y pel\u00edculas; podemos aprender un idioma con expertos profesores, dar clases por zoom, escribir y publicar una novela, participar en un taller que sucede a miles de kil\u00f3metros de distancia\u2026<\/p>\n<p>Pero no podemos tocarnos, darnos el pu\u00f1o, el codo o\u2026 un beso y un abrazo.<\/p>\n<p><strong>La presencia personal<\/strong><\/p>\n<p>Los maestros que dan clase a distancia ven a algunos de sus alumnos, pero de otros solamente ven el nombre en el cuadradito negro. \u00bfEst\u00e1n? \u00bfQu\u00e9 hacen?<\/p>\n<p>La virtualidad es una maravilla. No s\u00f3lo en tiempos de pandemia, pero a\u00fan ahora, los contagiados de COVID pueden seguir muchas actividades por medios digitales.<\/p>\n<p>Sin embargo, la presencia es otra cosa. El diccionario de la Real Academia la define como \u201cestado&nbsp;de&nbsp;la&nbsp;persona&nbsp;que&nbsp;se&nbsp;halla&nbsp;delante&nbsp;de&nbsp;otra&nbsp;u&nbsp;otras&nbsp;o&nbsp;en&nbsp;el&nbsp;mismo&nbsp;sitio&nbsp;que&nbsp;ellas\u201d.<\/p>\n<p>\u201cDelante de\u201d: a\u00fan los ciegos perciben que alguien est\u00e1 con ellos. Otro calificativo es \u201cestar con\u201d. Significa que la presencia permite acompa\u00f1arnos. Se da la mutua presencia, o en otros casos, se la sufre, o se la a\u00f1ora\u2026<\/p>\n<p>\u201cEn el mismo sitio\u201d. Habr\u00eda que agregar, \u201csimult\u00e1neamente. Se comparte una misma situaci\u00f3n, linda o fea o indiferente. Los medios digitales otorgan una forma de cercan\u00eda, pero no la presencia.<\/p>\n<p>Lo que realmente califica la presencia, y la distingue de toda otra forma de cercan\u00eda o de comunicaci\u00f3n, es el tocarnos. A\u00fan ciegos o sordos, o sin olfato, la mano en el hombro, la cuchara sostenida por quien da de comer al que no puede hacerlo por s\u00ed mismo, el beso, el arropar al que tiene fr\u00edo o acercar un vaso de agua, eso certifica que no estoy solo, que hay alguien de veras conmigo, presente.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la virtualidad es real, pero le falta esa inmediatez que da la compa\u00f1\u00eda, el t\u00fa a t\u00fa, el percibirnos con otros, la relaci\u00f3n contigua, lindante, tocante, la vecindad, el estar juntos, la proximidad, la cercan\u00eda, la presencia personal que acompa\u00f1a. \u00bfNo ser\u00e1 por esto que cuando Jes\u00fas nos dio el mandato del amor se refiri\u00f3 a \u201ctu pr\u00f3jimo\u201d, tu pr\u00f3ximo?<\/p>\n<p>Cuando no podemos ir a misa, o cuando no dejan que un sacerdote nos convoque en un mismo lugar, en su templo, o en el nuestro, qu\u00e9 maravilla que tengamos la eucarist\u00eda por internet.<\/p>\n<p>Pero a Dios le gusta tocarnos. Que lo comulguemos, que lo comamos. Que participemos cara a cara en su Eucarist\u00eda, que nos reunamos alrededor de su mesa, que formemos la comunidad presidida por el sacerdote, pero que necesita otros comensales alrededor de este banquete que nos integra en la aventura de la pascua. No basta el sacerdote, no basta vernos u o\u00edrnos; estar es otra cosa, estar presentes, juntos en un mismo lugar.<\/p>\n<p><strong>El medio de la salvaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Dice Zacar\u00edas, el t\u00edo de Jes\u00fas, el padre de Juan Bautista, en el himno en el que bendice la proximidad del Mes\u00edas: \u201cEl Se\u00f1or ha visitado y redimido a su pueblo\u201d. Lo importante, seguramente, era que nos salvaba. El medio que utiliz\u00f3 fue venir de visita: la Encarnaci\u00f3n, donde culmina toda ternura, toda caricia.<\/p>\n<p>Claro que Jes\u00fas pod\u00eda curar a los enfermos con s\u00f3lo su deseo. Pero quiso tocarlos. Para el enfermo, el sentirse tocado le habla de ser reconocido, de ser tratado en su dignidad. Pero tambi\u00e9n porque \u00c9l mismo, desde ni\u00f1o, hab\u00eda disfrutado el ser tocado: la caricia de Mar\u00eda, poder sostener la mano de Jos\u00e9 cuando \u00e9ste, su padre en la tierra, estaba enfermo. La salvaci\u00f3n del ser humano se realiz\u00f3 humanamente. Se iba realizando mientras el Verbo Encarnado, Jes\u00fas, hab\u00eda sido concebido en Mar\u00eda, mientras nac\u00eda en Bel\u00e9n, mientras jugaba y aprend\u00eda en Nazareth. Y ahora se nos da el regalo gratuito del amor de Dios cuando dejamos que nos toque y cuando, a la vez, podemos tocarlo. Alguna relaci\u00f3n guarda este hecho con nuestra pobreza, con nuestra necesidad de ser salvados:<\/p>\n<p>\u201cEl mejor sacramento ante un enfermo que sufre mucho es el sacramento del gesto, de la ternura. Poner la mano sobre el hombro o acariciar el cabello vale m\u00e1s que el mejor argumento teol\u00f3gico\u201d.<a href=\"#_edn5\">[5]<\/a><\/p>\n<p>Sin embargo, tocar no es un fin en s\u00ed mismo: su grandeza consiste en ser el medio m\u00e1s indiscutible de la presencia y de la cercan\u00eda. Y una privilegiada y milagrosa expresi\u00f3n del amor. Los ni\u00f1os nacen cuando dos personas realizan la uni\u00f3n f\u00edsica m\u00e1s completa, m\u00e1s integral, m\u00e1s tangible de la humanidad. Es el amor en su inmediatez el que produce una vida nueva, una nueva persona. Esto es significativo aun cuando ese acto, desgraciadamente, sea muchas veces desvirtuado.<\/p>\n<p>Todo esto no pone en duda sino corrobora el hecho de que Dios se recrea con los hijos de los hombres. Y que su amor hecho Jes\u00fas, hecho carne, mientras gr\u00e1cilmente nos salva, gusta tocarnos y que le toquemos. Esto son los sacramentos, siempre presenciales, sobre todo la Eucarist\u00eda, donde re\u00fane cara a cara a uno o dos o miles de hijos, alrededor de su mesa.<\/p>\n<p>No es lo mismo la misa virtual: \u201cvayamos a la mesa\u2026\u201d: no la de la TV sino la m\u00eda, la tuya, el altar del banquete. Porque a Dios le gusta tocarnos: lo realiza en estos medios tan peque\u00f1os: un mueble donde se apoya el alimento, los comensales, el pan, el vino y el comer juntos, mientras celebramos su pascua y nos integramos a ella.<\/p>\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n<p><a href=\"#_ednref1\">[1]<\/a> San Ignacio de Loyola, <em>Ejercicios Espirituales, n. <\/em>107<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref2\">[2]<\/a> Concilio Vaticano II, <em>Constituci\u00f3n Lumen Gentium, <\/em>1<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref3\">[3]<\/a> Francoise Mallet Joris, B\u00e9lgica, 1930-2016, <em>La maison de papier,<\/em> Paris, 1970, 217, cit por Bernard Sesbo\u00fc\u00e9, <em>Invitaci\u00f3n a creer<\/em>, San Pablo 2010, 48<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref4\">[4]<\/a> Tertulliano, <em>De resurrectione carnis liber, <\/em>c VIIII, PL 2, 806, cit por Sesbo\u00fc\u00e9, ibid, 48<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref5\">[5]<\/a> Jos\u00e9 Mar\u00eda Vallarino, \u201c<em>Jes\u00fas, conmovido, lo toc\u00f3\u2026\u201d<\/em> Agape, 2006, 27<\/p>\n<p><em>Mar\u00eda Josefina Llach aci es Licenciada en Teolog\u00eda y en Ciencias de la Educaci\u00f3n<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Adem\u00e1s de enfermos, muertos y encierros, la pandemia tiene otros costos; entre ellos est\u00e1 el sufrimiento de nuestros sentidos. 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