{"id":17074,"date":"2021-09-08T15:47:08","date_gmt":"2021-09-08T18:47:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17074"},"modified":"2021-09-08T15:47:09","modified_gmt":"2021-09-08T18:47:09","slug":"la-comunion-de-los-santos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17074","title":{"rendered":"La comuni\u00f3n de los Santos"},"content":{"rendered":"<p>Tanto el Credo llamado Apost\u00f3lico \u2013el m\u00e1s corto\u2013 como el Niceno, niceno constantinopolitano, dicen en uno de sus versos finales: \u201c<em>creo en la comuni\u00f3n de los Santos<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es la comuni\u00f3n de los Santos? O m\u00e1s precisamente, tambi\u00e9n, \u00bfqu\u00e9 es la comuni\u00f3n? El vocablo \u201c<strong><em>comuni\u00f3n<\/em><\/strong>\u201d es en realidad una palabra formada por otras dos amalgamadas: \u201c<strong><em>com\u00fan<\/em><\/strong>\u201d y \u201c<strong><em>uni\u00f3n<\/em><\/strong>\u201d.<\/p>\n<p>Comencemos con un breve cuento: hab\u00eda una vez un pez que viv\u00eda en el mar, en el mismo mar en el que hab\u00eda nacido. Gozaba nadando, explorando y sus padres le dec\u00edan: \u201cEl mar, el oc\u00e9ano, es algo maravilloso, poderoso, enorme\u201d. Y desde entonces, el pez buscaba el oc\u00e9ano. \u201c<strong><em>En<\/em><\/strong>\u201d el oc\u00e9ano; buscando \u201c<strong><em>el<\/em><\/strong>\u201d oc\u00e9ano; todo lo que encontraba no era para \u00e9l m\u00e1s que agua. Se equivocaba: no era capaz de reconocer el oc\u00e9ano, porque se aferraba en comprender esa palabra, se apegaba de una manera err\u00f3nea al t\u00e9rmino \u201coc\u00e9ano\u201d.<\/p>\n<p>Muchas veces hemos o\u00eddo \u201c<em>Dios cre\u00f3 el mundo<\/em>\u201d: Dios lo crea permanentemente con su amor, porque \u00c9l mismo consiste en \u201c<em>estar amando<\/em>\u201d. Es lo que los padres de la Iglesia, ya en la Edad Media, llamaban la <em>creatio continua.<\/em> Todos estamos saliendo enteramente de las manos de Dios, cada segundo. Si Dios dejara de crearnos s\u00f3lo un momento, desaparecer\u00edamos inmediatamente.<\/p>\n<p>Los hind\u00faes utilizan una expresi\u00f3n muy linda para describir esa <em>creatio continua<\/em>, cuando dicen que Dios <em>\u201cdanza\u201d<\/em> el mundo: el bailar\u00edn y su danza son una sola cosa. No son lo mismo, pero tampoco son dos cosas separadas. Un gran te\u00f3logo ingl\u00e9s lo explic\u00f3 as\u00ed: \u201cDios est\u00e1 en la creaci\u00f3n, de la misma manera que la canci\u00f3n est\u00e1 en la voz del cantante\u201d.<\/p>\n<p>Imaginemos que estamos en la costa mirando las olas del mar: vemos el agua, vemos las olas. Tampoco son lo mismo, ni dos cosas separadas; pero est\u00e1n \u00edntimamente relacionadas. Sin embargo, muchas veces creemos \u201cescuchar la canci\u00f3n\u201d sin o\u00edr la voz del cantante, o miramos la danza sin advertir la presencia del bailar\u00edn.<\/p>\n<p>Vivir es hacerlo con Dios, vivir en \u00c9l. Comprender que estoy recibi\u00e9ndome a m\u00ed mismo, todo mi ser, de Dios; estoy siendo creado en este momento, en este preciso instante, por su amor; permanentemente Dios nos est\u00e1 haciendo Ser con todo su amor y por lo tanto yo estoy recibiendo mi ser de Dios. No porque seamos dioses, ni iguales a \u00c9l, sino porque como creaturas por \u00c9l creadas, como seres finitos e imperfectos, no hay manera de ingresar ni de permanecer en la vida que no sea a trav\u00e9s de la <em>creatio-continua<\/em>, de estar continuamente saliendo de las manos de Dios, mimetiz\u00e1ndonos con y de \u00c9l. Eso es formar parte, ser parte de, <em>in<\/em>-corporarnos (\u201cen-cuerpo\u201d) al dinamismo creador del Padre, a su amor infinito, gratuitamente entregado.<\/p>\n<p>Comuni\u00f3n, eso es com\u00fan-uni\u00f3n, uni\u00f3n com\u00fan. Vivir en \u00c9l y \u00c9l en nosotros. Sin ser lo mismo, ni tampoco dos cosas diferentes. Lo dec\u00eda san Pablo: \u201c<em>en \u00c9l vivimos, nos movemos y existimos<\/em>\u201d y la liturgia nos lo recuerda poco despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n \u201c\u2026<em>por \u00c9l, con \u00c9l y en \u00c9l\u2026<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Es muy dif\u00edcil tomar plena conciencia de esto y es definitivamente imposible recordarlo, vivirlo a cada segundo, durante toda la vida. Porque Dios, el dios de Jes\u00fas, nuestro Abb\u00e1, padre-madre, que nos ama infinitamente, quien seg\u00fan san Juan \u201c<em>es amor<\/em>\u201d porque consiste en estar amando, ese Dios nos rebalsa, nos trasciende. Por eso necesitamos cada tanto, pero con frecuencia, entrar en comuni\u00f3n con \u00c9l. Aunque en realidad no es exactamente <strong><em>\u201centrar en\u201d<\/em><\/strong> porque, como dec\u00edamos, en realidad siempre lo estamos, sino tomar <strong><em>\u201cconsciencia de\u201d<\/em><\/strong>, \u201c<strong><em>caer en la cuenta de\u201d<\/em><\/strong> esa com\u00fan-uni\u00f3n de cada uno con el Padre y con todos nuestros hermanos.<\/p>\n<p>Esa uni\u00f3n \u00edntima, profunda, esa amalgama de su Ser [el de Dios] con mi ser, por su esencia infinita, nos mantiene tambi\u00e9n unidos a [y con] todos nuestros hermanos, todos los seres humanos; unidos \u00edntimamente a la humanidad completa. Y no solamente a quienes hoy viven con los pies sobre este mundo, sino tambi\u00e9n a todos aquellos que a lo largo de los siglos y milenios habitaron esta Tierra pero ya murieron, ya vivieron su pascua pasando de la vida a la muerte y de la muerte a la Vida. No ni es m\u00e1s ni menos lo que con despabilada claridad Pablo denomina \u201ccuerpo m\u00edstico\u201d.<\/p>\n<p><strong><em>\u201cY el verbo se hizo carne y habit\u00f3 entre nosotros\u2026\u201d<\/em><\/strong><strong> (Juan 1,14)<\/strong><\/p>\n<p>Dios se hizo hombre para que crey\u00e9ramos en \u00c9l, para que todos creamos que Jes\u00fas vino al mundo. Y fue precisamente Jes\u00fas quien nos dej\u00f3 la Eucarist\u00eda, es decir, el Pan de Vida; nos dej\u00f3 su cuerpo y su sangre, bajo la apariencia de pan y vino.<\/p>\n<p>Cuerpo y Sangre del Se\u00f1or: el Sacramento por excelencia. Jes\u00fas quiso quedarse entre nosotros de ese modo especial, de una manera viva y real como presencia de Dios que est\u00e1 en medio de nosotros permanentemente, pero all\u00ed, en el Pan consagrado, de una forma diferente; ni mejor, ni peor: distinta.<\/p>\n<p><strong><em>\u201cDonde haya dos o tres reunidos en mi nombre, all\u00ed estoy yo en medio de ellos\u201d<\/em><\/strong><strong> (Mateo 18,20)<\/strong><\/p>\n<p>No hay un Jes\u00fas que est\u00e1 aqu\u00ed en medio de nosotros y otro que est\u00e1 en la Eucarist\u00eda. Es el mismo, s\u00f3lo que tenemos distintos modos de su presencia, aunque la presencia es una sola. Como dos personas que se quieren, cada una siente la presencia de la otra, si bien no es lo mismo estar presentes cuando ambas est\u00e1n comiendo sentadas a la mesa, que cuando una est\u00e1 en la casa pensando en la otra y \u00e9sta est\u00e1 trabajando lejos, o de viaje, o cuando est\u00e1n am\u00e1ndose: todos son distintos modos de estar presentes, pero en cada presencia est\u00e1 la misma persona.<\/p>\n<p>All\u00ed a nuestro lado, en cada momento, Jes\u00fas est\u00e1 presente; lo est\u00e1 con su cuerpo, con su sangre, con su alma, con su divinidad: con todo. Con todo lo que \u00c9l es. Y cuando est\u00e1 presente en la Eucarist\u00eda, tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Sin embargo, al reunirnos para celebrar \u2013la Eucarist\u00eda\u2013 la presencia de Jes\u00fas entre nosotros tiene caracter\u00edsticas muy especiales; y nos abrimos m\u00e1s a ella que cuando estamos distra\u00eddos en las actividades y los quehaceres diarios, compartiendo un almuerzo, charlando en familia o en grupo de amigos. Congregados en torno de la Mesa del Se\u00f1or, reunidos para celebrar la Eucarist\u00eda, autom\u00e1ticamente nos sentimos m\u00e1s en presencia del Se\u00f1or; pero el cambio no est\u00e1 en Jes\u00fas, est\u00e1 en nosotros. Y lo que ya era una verdadera presencia se transforma, entonces, en un encuentro \u00edntimo con \u00c9l.<\/p>\n<p>Cuando comulgo, el pan ya no es pan. No lo como para alimentarme sino que tomo esa realidad como s\u00edmbolo real para hacer m\u00e1s presente a Cristo en m\u00ed, a la persona de Cristo, en m\u00ed. Comulgar es todo lo contrario a abrir pasivamente la boca para recibir algo. Es abrir la propia existencia para acoger a alguien en el deseo intenso de poder corresponderle a su amor, con una entrega semejante.<\/p>\n<p>La Eucarist\u00eda, entonces, no es hacer presente a Dios, sino un modo de comprender, creer y animarse a acoger su presencia y a hacerla viva en nosotros.<\/p>\n<p>Muchas veces o\u00edmos decir que a un enfermo, por ejemplo, \u201cle llevan a Jes\u00fas\u201d, en referencia a la comuni\u00f3n. En realidad a Dios no se lo lleva ni se lo trae. Dios est\u00e1. Est\u00e1 siempre. Est\u00e1 (con) \u201cal lado\u201d del enfermo, con el que sufre y tambi\u00e9n con el que r\u00ede, con quien goza y con cada uno de nosotros, sus hijos amados. Lo que ocurre con la comuni\u00f3n llevada al enfermo, es que \u00e9sta le ayuda con signos visibles y palpables, tangibles, a darse cuenta y a asegurarse de que Dios est\u00e1 con \u00e9l, para que se deje consolar y confortar por la presencia del Padre.<\/p>\n<p><strong><em>\u201c\u2026 y mi carne descansa serena\u201d<\/em><\/strong><strong> (Salmo 15, 9)<\/strong><\/p>\n<p>En lenguaje b\u00edblico, carne y sangre significan \u201cpersona\u201d. La Eucarist\u00eda nos permite entrar en <em>com\u00fan uni\u00f3n<\/em> con la <em>persona<\/em> misma de Cristo.<\/p>\n<p>Por eso, comulgar no es una actividad ni una acci\u00f3n, es una experiencia vivida y celebrada. Cada domingo, por ejemplo, es un modo de vivir intensamente la cotidianeidad de la semana: me abro a dar y a recibir; s\u00e9 apoyarme con confianza plena en el Se\u00f1or y ofrecer; vivo en comuni\u00f3n y entonces lo celebro all\u00ed, en el ritual sacramental de recibir el pan consagrado, que siempre es carne y sangre: carne entregada, sangre derramada, Persona [de Cristo] ofrendada. S\u00f3lo la recibo si estoy decidido y dispuesto a ofrendar la m\u00eda \u2013mi persona\u2013 a Dios y a todos los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Antes de una celebraci\u00f3n lit\u00fargica, en el templo, nos preparamos con el silencio, con la disposici\u00f3n interior, abriendo el coraz\u00f3n. Necesitamos un espacio distinto y as\u00ed, cambiamos el tono de voz, hablamos m\u00e1s bajo e ingresamos en un espacio de recogimiento intenso. A nadie se le ocurrir\u00eda apoyar libros sobre el altar o recostarse y poner los pies sobre el banco de adelante: toda esa preparaci\u00f3n y disposici\u00f3n nos ayuda e invita a acoger la presencia del Padre en nuestra realidad, en nuestra finitud, en \u201cel ahora\u201d de ese momento, y nos permite ser m\u00e1s conscientes de ello.<\/p>\n<p>Sin embargo, no podemos recibir ni percibir m\u00e1s amor que aquel que estemos dispuestos a entregar. Las puertas del coraz\u00f3n para que ingrese el amor son las mismas que las de salida de nuestro amor hacia afuera, cuando amamos a los dem\u00e1s y a Dios. Cuando retaceo mi entrega porque no soy generoso o soy c\u00f3modo, ego\u00edsta, temeroso o vanidoso; porque me encierro en mi mundo, <em>cuando estoy cerrado \u201cal amar\u201d me clausuro tambi\u00e9n, al hecho de \u201cser amado\u201d;<\/em> no puedo ser amado si no experimento lo que es darme al otro.<\/p>\n<p>La Eucarist\u00eda es el modo por excelencia de percibir la presencia del mismo Dios, que siempre est\u00e1 presente y nunca, jam\u00e1s, nos abandona; el modo por excelencia para descubrirlo de una manera diferente. Dispongamos nuestro coraz\u00f3n para celebrar cada misa con la m\u00e1xima fe, convirtiendo nuestras luchas, fatigas y desvelos, nuestras preocupaciones, logros y fracasos cotidianos, en una ofrenda al Se\u00f1or, dici\u00e9ndole <em>\u201cAqu\u00ed estoy yo, con toda mi vida, y te la quiero entregar\u201d<\/em>. Escucharemos entonces, en lo profundo del coraz\u00f3n, que \u00c9l nos dice: <em>\u201cAqu\u00ed estoy yo, con toda mi vida, y te la estoy entregando\u201d. <\/em>Intentemos tener una vida <em>eucar\u00edstica<\/em>: entrega y una ofrenda permanentes, para poder acoger la de Jes\u00fas en la Comuni\u00f3n.<\/p>\n<p><strong><em>Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Si Cristo, quien se nos da en comuni\u00f3n es, adem\u00e1s, el modelo para la comprensi\u00f3n de la relaci\u00f3n personal con los difuntos, tambi\u00e9n lo es para la relaci\u00f3n con ellos en la eucarist\u00eda. Aunque pueda parecer algo chocante, debemos partir de lo fundamental y decisivo: <em>la eucarist\u00eda es ante todo y sobre todo, la celebraci\u00f3n lit\u00fargica de la muerte y resurrecci\u00f3n de nuestro hermano difunto, Jes\u00fas de Nazaret.<\/em> Cuando de verdad queremos reflexionar sobre la celebraci\u00f3n cristiana de la muerte, tenemos ah\u00ed el n\u00facleo de la comprensi\u00f3n, el foco luminoso desde el que se esclarece su aut\u00e9ntico significado.<\/p>\n<p>Es verdad que somos pecadores, ya que pecamos y necesitamos redenci\u00f3n. Fue Jes\u00fas, el Cristo de la eucarist\u00eda, quien ya nos redimi\u00f3, por quien Dios nos perdon\u00f3 con su amor infinito. Otra vez: vida entregada, sangre derramada, alianza de amor, la nueva Alianza.<\/p>\n<p>San Pablo, que bien sab\u00eda de pecados, llamaba a todos los cristianos \u201c<em>santos<\/em>\u201d, en Roma, <em>\u201cSaluden a todos los santos\u201d; <\/em>enCorinto, <em>\u201clos saludan todos los santos\u201d; <\/em>a los cristianos de\u00c9feso<em>, \u201cseguimos haciendo la colecta entre los santos\u201d<\/em>;o a los de Tesal\u00f3nica<em>, \u201custedes, los santos, han de juzgar el mundo\u201d.<\/em> Para San Pablo somos \u201csantos\u201d. <em>&nbsp;<\/em><\/p>\n<p>Jes\u00fas en m\u00ed. Yo en \u00c9l. \u00c9l en nosotros, nosotros en \u00c9l: conmigo, con vos, con quienes no conozco, con quienes viven en este mundo, con mis queridos difuntos y con todos los que murieron.<\/p>\n<p>Comuni\u00f3n, com\u00fan-uni\u00f3n, unidos en com\u00fan: la comuni\u00f3n de los Santos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tanto el Credo llamado Apost\u00f3lico \u2013el m\u00e1s corto\u2013 como el Niceno, niceno constantinopolitano, dicen en uno de sus versos finales: \u201ccreo en la comuni\u00f3n de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[2057,14,1784,171],"class_list":["post-17074","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","tag-comunion","tag-iglesia","tag-santos","tag-teologia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4ro","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17074","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=17074"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17074\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17076,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17074\/revisions\/17076"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=17074"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=17074"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=17074"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}