{"id":17084,"date":"2021-09-09T14:16:03","date_gmt":"2021-09-09T17:16:03","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17084"},"modified":"2021-09-09T14:16:07","modified_gmt":"2021-09-09T17:16:07","slug":"ser-persona-es-valorar-valorar-errando","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17084","title":{"rendered":"Ser persona es valorar: Valorar errando"},"content":{"rendered":"<p><em>David Isaacs, con quien compartimos el Programa DICE (Direcci\u00f3n de Centros Educativos) por el que pasaron no menos de 600 directores de centros educativos de&nbsp;Argentina y Uruguay, refer\u00eda una experiencia realizada con grupos de ni\u00f1os de Jard\u00edn de infantes, a quienes se les hab\u00eda dado un caramelo, con la consigna que pod\u00edan comerlo al momento, pero, si esperaban una hora para hacerlo, obtendr\u00edan un segundo caramelo. La experiencia sigui\u00f3 las trayectorias educativas de los ni\u00f1os hasta sus resultados universitarios.<\/em><\/p>\n<p>El estudio nos introduce en la idea de que los valores no se viven como valores, sino como decisiones personales. Robert Waldinger, que dirige en Harvard el estudio de m\u00e1s largo aliento \u2013m\u00e1s de 70 a\u00f1os\u2013 sobre la felicidad se\u00f1ala que <em>lo importante para mantenernos felices y saludables a lo largo de la vida es la calidad de nuestras relaciones<\/em>.<\/p>\n<p>Adicionalmente han encontrado que,<em> en el caso de las personas m\u00e1s satisfechas en sus relaciones, m\u00e1s conectadas a otros, su cuerpo y su cerebro se mantienen saludables por m\u00e1s tiempo<\/em>.<\/p>\n<p>Esa calidad \u2013felicidad\u2013 la vivimos por lo que valoramos, o \u00bfpor qu\u00e9 de un modo u otro tuvimos la opci\u00f3n de vivir as\u00ed, y la aceptamos en nuestra habitualidad?<\/p>\n<p>He tenido la oportunidad de festejar esa calidad humana \u2013felicidad\u2013 de la vida de la viejita que se acaba de enterrar a los 88 a\u00f1os \u2013<em>si ten\u00eda 88 por el documento, pero las llevaban a anotar a la ciu\u00fada<\/em> <em>cuando eran se\u00f1oritas<\/em>, me dijo un vecino\u2013 con empanadas, en el rancho paup\u00e9rrimo, y de una madre en quien tambi\u00e9n se cumpli\u00f3 el salmo 12: <em>\u00a1Que el Se\u00f1or te bendiga todos los d\u00edas de tu vida: que contemples la paz y veas a los hijos de tus hijos! \u00a1Paz a Israel! <\/em>en la solemnidad de un piso sobre una avenida de Buenos Aires.&nbsp;<\/p>\n<p>La calidad de la vida humana, que llamamos felicidad, es un valor accesible en diversas condiciones, pero existen valores que pueden impedirla.<\/p>\n<p>Los valores valen porque se vive seg\u00fan ellos. Son la abstracci\u00f3n del sentido real de la acci\u00f3n particular, sean o no buenos, sean o no declarados como motivo de la acci\u00f3n, provienen del motivo real que es la fuente de energ\u00eda de la acci\u00f3n, y se van articulando como constelaciones que, nos guste o no, dan sentido a la vida. Es la <strong>motivaci\u00f3n<\/strong> (energ\u00eda, fuerza) de la acci\u00f3n real lo que se puede observar y no el valor.&nbsp;<\/p>\n<p>En la acci\u00f3n nos damos cuenta de que se ha roto la indiferencia de una voluntad \u2013que no se mueve a s\u00ed misma, en s\u00ed misma, sino que as\u00ed es movida por las cosas\u2013 pero el motivo, su sentido subjetivo, nos puede permanecer todav\u00eda opaco. Sin embargo, m\u00e1s a la corta que a la larga, intuimos que el motivo tras la motivaci\u00f3n es \u2013o no\u2013 lo que se quiere hacer parecer para generar corazoncitos y pulgares sin pensar.<\/p>\n<p><strong>Valores impedientes<\/strong><\/p>\n<p>A veces hay condicionantes biol\u00f3gicos que nos impiden asumir ciertos motivos, pero lo m\u00e1s frecuente es que haya impedimentos \u2013impedientes\u2013 de tipo psicol\u00f3gico, como miedos que no pueden ser ordenados por la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Muchas veces, experiencias traum\u00e1ticas en la infancia bloquean la autopercepci\u00f3n en el ser (\u201c<em>estoy rota<\/em>\u201d, \u201c<em>yo no sirvo para nada<\/em>\u201d) o en el hacer (\u201c<em>siempre ser\u00e1s una mocosa<\/em>\u201d, \u201c<em>nunca vas a terminar una carrera<\/em>\u201d, \u201c<em>no conserv\u00e1s ning\u00fan trabajo<\/em>\u201d, \u201c<em>no serv\u00eds para nada<\/em>\u201d). En esos casos hay motivos que nos resultan vedados, impedidos, hasta el punto de que hay deportistas que s\u00f3lo pueden dar su verdadero potencial luego de un acompa\u00f1amiento que les permita superar estas barreras.<\/p>\n<p>Hay tambi\u00e9n impedientes de irrealismo moral. Si al nacer otro nos visten por compasi\u00f3n y al morir otro nos entierran por misericordia, el otro no <em>es el infierno<\/em>, sino mi salvaci\u00f3n \u2013como demuestra el estudio de largo aliento antes referido\u2013, pero es posible que se establezcan culturalmente impedimentos a la raz\u00f3n, que van del tanguero <em>la poes\u00eda cruel de no pensar m\u00e1s \u201cque en <\/em><em>m\u00ed\u201d<\/em>, hasta el exacerbado \u201c<em>yo, yo, y despu\u00e9s, yo<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Desde lo cultural, una combinaci\u00f3n de los dos anteriores \u2013fobias y egocentrismo\u2013 es concebir la felicidad como la acumulaci\u00f3n de dinero, que se sintetiza en la idea de que la felicidad consiste en cosas y la seguridad es el dinero que todo lo compra. Esta valoraci\u00f3n irreflexiva \u2013 pero hoy tan frecuente\u2013 supone que todo est\u00e1 en el mercado, y <em>todo tiene su precio<\/em>.&nbsp;<\/p>\n<p>Uno de los errores de la nueva izquierda es identificar capitalismo y mercado y en su lucha contra el capitalismo destruir el mercado. Las sociedades humanas han tenido mercado antes de las ciudades. Aun en las que est\u00e1 prohibido, todas las sociedades tienen mercados, con o sin moneda: compran, venden e intercambian bienes.&nbsp;<\/p>\n<p>El templo, el mercado y el \u00e1gora est\u00e1n en el origen de nuestra sociedad euroamericana, desde el zigurat sumerio hasta nuestros d\u00edas. El problema es que su actualidad global, sea por Levi\u2019s, Wrangler, empanadas argentinas, o tacos mejicanos \u2013que se pueden comprar en casi cualquier lugar de la tierra\u2013, condiciona nuestros conceptos de sociedad, de pol\u00edtica y hasta de nosotros mismos, desde la idea de que todo se vende \u2013\u201c<em>hay que venderse bien<\/em>\u201d\u2013. \u201c<em>La infinita fertilidad de la naturaleza, la tierra, el agua, todo tiene precio y se reduce a acciones de la bolsa de valores. Incluso nosotros estamos en \u2018el mercado de trabajo\u2019&#8230; con frecuencia nuestra \u2018caritas\u2019 se monetiza y se convierte en \u2018caridad\u2019 (limosna), sustituyendo el compartir la vida por un don monetario\u201d<\/em> (<em>Entregados a la Misi\u00f3n,<\/em> 1994, fr. Timothy Radcliffe o.p.)<\/p>\n<p><strong>Valores desbordados<\/strong><\/p>\n<p>Siguiendo a Edith Stein sabemos que toda vida tiene sus<em> sentidos, <\/em>incluidos<em> a su vez un conjunto de vigencias, <\/em>de modo que <em>cada sentido comprendido exige una actitud correspondiente y tiene a su vez la fuerza que mueve a actuar en conformidad<\/em> (motivaci\u00f3n).<\/p>\n<p>Muchas veces descubrimos en una discusi\u00f3n que nuestro prop\u00f3sito de escucha, o de mesura, fue abandonado con la primera palabra hiriente que escuchamos. Lo que hab\u00edamos previsto como la imaginaci\u00f3n de una mejor versi\u00f3n de nosotros mismos qued\u00f3 totalmente descartado.<\/p>\n<p>Y no siempre ha sido la pasi\u00f3n la que ha nublado la inteligencia, sino que a veces es la racionalidad expres\u00e1ndose como <em>deber ser<\/em>, o como <em>mis l\u00edmites<\/em>, lo que interviene. Una pareja me comentaba que, en un momento acalorado, la discusi\u00f3n hab\u00eda terminado cuando uno de ellos dijo: \u201c<em>Lo pienso, pero no lo siento<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>El problema de este avasallamiento es que ese valor, en su referencia real, va siendo dejado de lado frente al desborde de nuestra emotividad o de nuestra racionalidad, y como la vida humana pone<strong> carne<\/strong> a un sinn\u00famero de sentidos, <strong>no siempre congruentes<\/strong>, en el tiempo, al ser carne, van adquiriendo <strong>organicidad<\/strong> y se estructuran como constelaci\u00f3n de lo valorado (cultura), moviendo la actuaci\u00f3n futura a una mayor conformidad, hasta que en lugar de ser una mejor versi\u00f3n de nosotros mismos, terminamos por ser una versi\u00f3n \u201camputada\u201d \u2013de ternura carnal, de emocionalidad bondadosa, o de racionalidad ordenadora\u2013 de lo que podr\u00edamos haber llegado a ser (con un final menos feliz que el de Mel Gibson en <em>The Beaver<\/em>, <em>El castor,<\/em> o <em>Mi otro yo<\/em>).<\/p>\n<p><strong>Valores espejismo<\/strong><\/p>\n<p>El video original de la canci\u00f3n \u201cDemons\u201d, del grupo Imagen Dragons, es sumamente valioso; va alternando las im\u00e1genes del conjunto ejecutando su m\u00fasica, con im\u00e1genes que emergen del <em>close up<\/em> de alguien del p\u00fablico. La segunda secuencia emergente es de un joven frente al espejo, donde es claro que \u00e9l no se ve en su anorexia, mientras la canci\u00f3n sigue: <em>Cuando cae el tel\u00f3n (curtain call) \/ es el final de todo\u2026 As\u00ed que ellos cavaron tu tumba, \/ y la mascarada llegar\u00e1 gritando \/ por el desastre que hiciste.<\/em> Todo en el hombre puede ceder a las fuerzas centr\u00edfugas de modo que la raz\u00f3n puede desconectarse de los sentidos y mandar a la voluntad \u2013en el espejo, lo real es el espejismo\u2013.<\/p>\n<p>Esa enso\u00f1aci\u00f3n tambi\u00e9n puede ser un espejismo comunitario. En 1991 iniciamos un proyecto educativo para la ciudad de Tandil. Conceptualmente mixto, con algunas de las ideas originarias de V\u00edctor Garc\u00eda Hoz en la personalizaci\u00f3n, religioso cat\u00f3lico, con apertura ecum\u00e9nica y responsabilidad totalmente laical, biling\u00fce y de doble escolaridad. Algunas de estas notas de identidad no ten\u00edan antecedentes en la ciudad y por tanto era dif\u00edcil ser entendidos por parte de la sociedad local: se dec\u00eda que si el proyecto no era de una instituci\u00f3n clerical era una secta, que los chicos, al tener dos idiomas desde el comienzo de su escolaridad, no hablar\u00edan bien el castellano, que la jornada extendida los da\u00f1ar\u00eda, y un largo etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>A pesar de esas dificultades nos fuimos abriendo camino, y en 1998 decidimos que el diagn\u00f3stico inicial del proyecto deb\u00eda ser revisado con la ayuda de consultores externos. A los 27 que \u00e9ramos nos dividieron en cuatro grupos, y antes de iniciar el trabajo \u2013con cada grupo por separado\u2013 preguntaron cu\u00e1l era el principal problema de la organizaci\u00f3n. Todos los grupos respondimos \u201cel dise\u00f1o de sistemas de relaci\u00f3n con el entorno\u201d, es decir, con nuestra ciudad.<\/p>\n<p>Las sesiones consistieron en plantear diferentes problemas para elegir qu\u00e9 priorizar. Cada problema ten\u00eda impl\u00edcita una decisi\u00f3n en la que valor\u00e1bamos. \u201c<em>Bajar la misi\u00f3n a objetivos, metas y planes<\/em>\u201d, y \u201c<em>delegar las responsabilidades para el cumplimiento de los objetivos<\/em>\u201d ocuparon el primer y segundo lugar \u2013considerando tanto la importancia como el desempe\u00f1o\u2013, en tanto que \u201c<em>el<\/em> <em>dise\u00f1o de sistemas de relaci\u00f3n con el entorno<\/em>\u201d de la ciudad qued\u00f3 en decimosegundo lugar, es decir, \u00faltimo, desde ambas perspectivas.<\/p>\n<p>Nuestros di\u00e1logos informales, espont\u00e1neos, nos manten\u00edan en una burbuja, de la que sal\u00edamos para hacer nuestro trabajo seg\u00fan lo que <strong>en verdad<\/strong> valor\u00e1bamos.<\/p>\n<p>A la ficci\u00f3n de realidad del espejismo de valor tambi\u00e9n se puede acceder en el cyberespacio de la burbuja de sentido donde se exhibe para homogeneizar, para no perder el tren de la permanencia, de la supuesta amistad, del supuesto di\u00e1logo que no es tal. La fuerza del espejo, queda reforzada porque al que no coincide se lo bloquea, se lo cancela y as\u00ed confirma mi poder de hacerlo dejar de existir, lo que brinda un feedback de energ\u00eda a la acci\u00f3n \u2013fundida en el nosotros colectivo\u2013, hasta tanto no se despierte la conciencia de la irrealidad de lo valorado.<\/p>\n<p><strong>Valores fantasmas<\/strong><\/p>\n<p>El orden social puede sostenerse en un espejismo de valor intersubjetivo, una enso\u00f1aci\u00f3n transitoria, que estar\u00e1 flotando en el aire social, pero como lleg\u00f3 se va y hasta a veces se hace dif\u00edcil recordarla.&nbsp;<\/p>\n<p>En cambio, cuando los valores que fueron parte de un \u201csistema solar\u201d \u2013de una constelaci\u00f3n de valores (o cultura)\u2013 ahora en declive y por ello estallando, ya no son lo valorado por las personas \u2013lo que en verdad surge del motivo de la acci\u00f3n\u2013, las normas ir\u00e1n quedando desnudas en su obligatoriedad, su cumplimiento se volver\u00e1 vac\u00edo, rutinario, alternativo, optativo, absurdo. La adhesi\u00f3n ha desaparecido y lo que queda es el conformismo y la simulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed, el valor ha perdido su significaci\u00f3n energ\u00e9tica, no es asumido por todo nuestro ser. Entonces, en parte volveremos a la indiferencia, el acto quedar\u00e1 trabado, si es que no estar\u00e1 resistido y por tanto nosotros divididos. Lo energ\u00e9tico del valor puede quedar como un fantasma que permanece en el interior. Seguiremos en el camino actitudinal, pero arrastrando los pies, con eficacia desmadrada exterior, salvo para la nomenklatura, en su burbuja de sentido (donde los valores en el espejo siguen siendo valores espejismo) los valores que no son motivo, quedan sostenidos en forma extr\u00ednseca (por premio o castigo).&nbsp;<\/p>\n<p>Las mayor\u00edas se vuelven ap\u00e1ticas y la respuesta estructural es cada vez m\u00e1s mec\u00e1nica, es decir, la vitalidad social, la creatividad genuina, se va empobreciendo en favor de la obediencia literal (mec\u00e1nica).<\/p>\n<p>Los que tienen un esp\u00edritu divergente vuelven al consulado de sus abuelos, o si no lo tienen, vuelan de turistas para ser luego residentes ilegales, o pueden llegan al suicidio (<em>La vida de los otros-<\/em> <em>Das Leben der Anderen<\/em>, Florian Henckel von Donnersmarck, 2006). Valores fantasmas, instrumento de dominaci\u00f3n, sostenidos por la manipulaci\u00f3n, para el control social, son consignas justificadoras, fragmentos de ideolog\u00edas, no tensan a la acci\u00f3n, no arrastran. Si se los sigue es por otra raz\u00f3n de valor como el temor o el privilegio.<\/p>\n<p><strong>Valores basura<\/strong><\/p>\n<p>As\u00ed, la ideolog\u00eda \u2013forma de pensamiento justificador de la acci\u00f3n m\u00e1s propia de la Modernidad\u2013 energiza la acci\u00f3n, como una enfermedad del alma, porque justifica en la inteligencia subjetiva una acci\u00f3n que no es buena, dispone la voluntad a la realizaci\u00f3n m\u00edtica, y puede destruir el medio natural o social sin un deterioro temporal del sujeto, aunque est\u00e1 tras valores basura.&nbsp;<\/p>\n<p>En todas ellas hay construcci\u00f3n de segundas realidades, que act\u00faan como enlatados morales, automatizan el consenso, pero van acumulando problemas sin resolver, porque <strong><em>lo que las cosas son <\/em><\/strong>va perdiendo importancia por la inflaci\u00f3n sustituta de lo que las cosas deber\u00edan ser en la l\u00f3gica ideal, pudiendo incluso llegar a constituirse en verdaderas religiones pol\u00edticas.<\/p>\n<p>En <em>La lista de Schindler <\/em>el capit\u00e1n del campo atra\u00eddo por una joven mujer jud\u00eda exclama: \u201c<em>Es que casi parecen humanos<\/em>\u201d(<em>Schindler&#8217;s List<\/em>, 1993). La <em>verdad de las cosas<\/em> es que la mujer es humana. La ideolog\u00eda puede energizar la acci\u00f3n en la privaci\u00f3n consciente del bien, pero a costa de una energ\u00eda que no viene de la acci\u00f3n que se realiza, sino de segundos motivos anclados en segundas realidades que impiden el planteo del alma.&nbsp;<\/p>\n<p>Luego del atentado del IRA en la ciudad de Warrington en 1993, mataron a dos ni\u00f1os. El grupo musical The Cranberries compuso la canci\u00f3n \u201cZombies\u201d: <em>Otra cabeza agachada (triste, avergonzado) \/ el ni\u00f1o es arrebatado lentamente, y la violencia caus\u00f3 tal silencio. \/ \u00bfA qui\u00e9n estamos creyendo equivocadamente? Pero ves (entiendes) que no soy yo, \/ no es mi familia, \/ en tu cabeza, en tu cabeza, \/ est\u00e1n luchando, \/ con sus tanques y sus bombas \/ y sus bombas y sus pistolas, \/ en tu cabeza, en tu cabeza \/ est\u00e1n llorando. \/<\/em> <em>En tu cabeza, en tu cabeza, \/ zombi, zombi, zombi.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>David Isaacs, con quien compartimos el Programa DICE (Direcci\u00f3n de Centros Educativos) por el que pasaron no menos de 600 directores de centros educativos de&nbsp;Argentina&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[1456],"tags":[2914,355,1357,170],"class_list":["post-17084","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-filosofia","tag-dragons","tag-filosofia","tag-moral","tag-valores"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4ry","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17084","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=17084"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17084\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17086,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17084\/revisions\/17086"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=17084"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=17084"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=17084"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}