{"id":17104,"date":"2021-10-10T21:39:37","date_gmt":"2021-10-11T00:39:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17104"},"modified":"2021-10-10T21:40:10","modified_gmt":"2021-10-11T00:40:10","slug":"por-que-votar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17104","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 votar?"},"content":{"rendered":"<p><em>Reproducimos el editorial de la edici\u00f3n 1910, correspondiente al 22 de septiembre de 1983, pocos meses antes de la recuperaci\u00f3n de la democracia, cuando Ra\u00fal Alfons\u00edn se convirti\u00f3 en el primer Presidente electo despu\u00e9s del golpe militar de 1976.<\/em><\/p>\n<p>El presente n\u00famero de <em>Criterio <\/em>llegar\u00e1 a sus lectores pocas semanas antes de las elecciones nacionales.<\/p>\n<p>El voto suceder\u00e1, pues, a casi diez a\u00f1os de la \u00faltima experiencia c\u00edvica militar. Para poco menos de cuatro millones de j\u00f3venes, este voto ser\u00e1 el primero. Para m\u00e1s del doble de esa poblaci\u00f3n, este voto ser\u00e1 el segundo. Pero para la enorme mayor\u00eda de los hombres y mujeres habilitados para los comicios \u2013y probablemente para <em>todos<\/em> los millones de votantes potenciales, si se descuentan quienes por razones de edad est\u00e1n eximidos de la obligatoriedad del sufragio\u2013 este voto suceder\u00e1 a toda una vida con conciencia pol\u00edtica en la que no hemos conocido la experiencia efectiva de una democracia constitucional en funcionamiento pleno.&nbsp; Pensemos, sencillamente, que quienes superan los sesenta a\u00f1os de edad entre nuestros contempor\u00e1neos hab\u00edan entrado a la vida c\u00edvica en los a\u00f1os \u201920, y s\u00f3lo ellos guardan, quiz\u00e1s, cierta memoria de un fragmento de la vida nacional en que se comenz\u00f3 a experimentar el ejercicio de una democracia constitucional embrionaria. Esa experiencia dur\u00f3 menos de quince a\u00f1os: menos de un diez por ciento de nuestra biograf\u00eda colectiva. Magro porcentaje para hacer una tradici\u00f3n. Insuficiente para arraigar h\u00e1bitos y costumbres de competencia leal, participaci\u00f3n responsable, y para hacer una cultura democr\u00e1tica en t\u00e9rminos pol\u00edticos. Esa experiencia atraves\u00f3 los \u201cfelices a\u00f1os 20\u201d mientras fraguaban los factores de crisis que hicieron claudicar para siempre, o hasta ahora, el intento de consolidar un sistema pol\u00edtico democr\u00e1tico competitivo y civilizado. La enorme mayor\u00eda de nuestros contempor\u00e1neos pol\u00edticamente activos ha vivido, pues, el \u201cciclo militar\u201d de una Argentina alterada por el fraude, la opresi\u00f3n de las minor\u00edas, la proscripci\u00f3n y la violencia.<\/p>\n<p>No se trata de posponer ahora una lectura de la historia sin embargo indispensable para entender la actualidad y evitar errores graves en el diagn\u00f3stico de nuestra crisis. Es suficiente, para nuestro prop\u00f3sito inmediato, que esa lectura se tenga presente, y se haga con los labios y la pluma limpios, para no ensuciar las verdades. Un fil\u00f3sofo de la libertad, un soci\u00f3logo de las culturas pol\u00edticas como Alexis de Tocqueville, supo escribir en sus d\u00edas postreros seg\u00fan papeles todav\u00eda in\u00e9ditos depositados en alguna universidad norteamericana, que toda su vida intelectual pod\u00eda resumirla como una larga reflexi\u00f3n sobre la cultura c\u00edvica en las sociedades democr\u00e1ticas. Esa cultura, pens\u00f3 siempre, no se adquiere s\u00f3lo por las leyes sino por el cultivo de h\u00e1bitos y costumbres, y de mentalidades dispuestas a evitar los riesgos de la corrupci\u00f3n, por exceso o por defecto como dec\u00edan los cl\u00e1sicos, del ideal democr\u00e1tico hecho sistema pol\u00edtico. Los argentinos carecemos de esa cultura arraigada; no tenemos, literalmente, <em>tradici\u00f3n<\/em> democr\u00e1tica pol\u00edtica. Y es muy importante que en estos momentos nos aprestemos a votar a partir del reconocimiento leal de esa realidad negativa. El temor a un buen realismo, a una aceptaci\u00f3n madura de la realidad para transformarla si es precios, pero desde ella y no s\u00f3lo desde nuestros mejores deseos, ha sido una de las causas profundas del mal que padecemos.<\/p>\n<p>Por <em>qu\u00e9<\/em> votar, pues, es una pregunta anterior a por <em>qui\u00e9n<\/em> votar. Llegaremos al d\u00eda del voto en medio de la turbulencia de un r\u00e9gimen militar fracasado que no ha sabido, siquiera, pensar con prudencia una estrategia para la transici\u00f3n democr\u00e1tica. Ese r\u00e9gimen ha sido juzgado, y no nos detendremos ahora a resumir los fundamentos de ese juicio negativo que ning\u00fan argentino sensato desconoce, aunque discrepe en el \u00e9nfasis o en el inventario de los argumentos. Pero es importante que los argentinos reflexionemos sobre el sentido del voto aun en medio de nuestras preferencias partidarias o ideol\u00f3gicas. El hombre necesita saber en nombre de qu\u00e9 sigue o rechaza las acciones de los otros, tolera, aprueba o adhiere o protesta. Qu\u00e9 valores le sirven de referencia, qu\u00e9 criterio presiden sus opciones. Viejo asunto que se vincula con el porqu\u00e9 de los juicios humanos, de sus acciones, de sus justificaciones.<\/p>\n<p>Si esta elecci\u00f3n habr\u00e1 de ser la primera manifestaci\u00f3n de una voluntad mayoritaria enderezada a concluir un largo ciclo autoritario con \u201centremeses\u201d constitucionales, y por lo tanto el pr\u00f3logo de un ciclo constitucional civilizado y digno, depender\u00e1 en buena medida del sentido que se otorgue al voto. Al fin y al cabo, el voto es la expresi\u00f3n m\u00e1s elemental de la participaci\u00f3n pol\u00edtica, y si no aparece sustantivo a los poderosos acostumbrados a disponer de comunicaciones directas con los que mandan, lo es para millones de hombres y mujeres para quienes las elecciones son una manera \u2013y tal vez la \u00fanica en per\u00edodos extensos\u2013 de manifestar sus intereses genuinos y los valores preciados.<\/p>\n<p>Nadie ignora, en efecto, que las preferencias pol\u00edticas del elector suelen estar en relaci\u00f3n estrecha con sus intereses, con la familia espiritual a la que pertenece, con su clase social o con su posici\u00f3n econ\u00f3mica. Pero las \u201cpredisposiciones pol\u00edticas\u201d que en tiempos calmos o en las democracias que funcionan se reflejan en el voto son complicadas, por decirlo as\u00ed, cuando el elector se hace cargo de que est\u00e1 en juego no s\u00f3lo su inter\u00e9s genuino, sino el escenario futuro de su vida p\u00fablica y privada y la suerte del tipo de Estado, de sociedad y de naci\u00f3n que prefiere. Este es el caso argentino. Antes que por tal o cual partido o candidato, estamos llamados a votar, pues, motivados por ciertos valores, por ciertos estilos, por ciertos principios, por ciertas calidades.<\/p>\n<p>Esta exigencia para una naci\u00f3n en peligro de desintegraci\u00f3n y en la pendiente de su declinaci\u00f3n \u2013peligro que debemos aventar, pendiente que debemos remontar\u2013 se presente a los partidos pol\u00edticos mismos, aunque a menudo no aparezca expl\u00edcita en sus manifestaciones coyunturales. La clase pol\u00edtica responsable <em>sabe<\/em> que est\u00e1 llamada a construir un \u201csistema de partidos\u201d como condici\u00f3n necesaria para la estabilidad del sistema pol\u00edtico democr\u00e1tico y para su propia supervivencia. Y <em>presiente<\/em> que est\u00e1 sometida a una doble exigencia: el elector buscar\u00e1 en su partido la expresi\u00f3n de sus preocupaciones personales y la defensa de sus intereses; pero el partido deber\u00e1 concurrir a la formaci\u00f3n de una opini\u00f3n y de una voluntad, a la toma de decisiones colectivas de emergencia nacional y a la creaci\u00f3n de h\u00e1bitos y costumbres competitivos y participativos que se impongan incluso al elector aunque contradigan sus preferencias, si en verdad la clase pol\u00edtica act\u00faa a la medida del desaf\u00edo de una Argentina invertebrada.<\/p>\n<p>La construcci\u00f3n de una voluntad colectiva por aplicaci\u00f3n de la regla mayoritaria tendr\u00e1 sentido democr\u00e1tico aut\u00e9nticamente pluralista y noble si la significaci\u00f3n del voto es asumida por los electores y por los partidos pol\u00edticos. Cada votante, pero sobre todo cada dirigente pol\u00edtico responsable de su misi\u00f3n, debe saber que el 30 de octubre estaremos votando no s\u00f3lo por nuestros intereses individuales sino por <em>cuestiones<\/em> decisivas y por <em>estilos<\/em> sustantivos para salir de la selva y entrar en el mundo de la ley y de la autoridad con justicia.<\/p>\n<p>Al elector concierne reflexionar su voto sin excluir sus preferencias, sabiendo que es tan leg\u00edtimo votar por quien realmente quiera como por quien considere el \u201cmal menor\u201d en relaci\u00f3n con el voto que considera ideal. En el primer caso habr\u00e1 dado su voto a vencedores o perdedores probables, pero la decisi\u00f3n estar\u00e1 justificada porque de esa manera habr\u00e1 alentado al perdedor para que siga compitiendo en el futuro. En el segundo, porque el menor mal en una elecci\u00f3n presidencial mientras sirva a la estabilidad del sistema pol\u00edtico, dar\u00e1 ocasi\u00f3n para votar por el preferido en comicios sucesivos. Y esto sin perjuicio de recordar que el elector puede combinar boletas y mezclar, por lo tanto, lo que siente como opci\u00f3n forzada con lo que percibe como elecci\u00f3n genuina. En todo caso, el primero significado del voto en una Argentina en transici\u00f3n a la democracia, debe ser el del gesto en favor del <em>sistema pol\u00edtico<\/em> deseable. Dicho de una manera gr\u00e1fica pero no grosera para un argentino realista: vamos a votar en el 83 asumiendo que podremos volver a votar en el 85. Y votaremos as\u00ed contra quienes ir\u00e1n a los comicios en el 83 como un ritual sin convicci\u00f3n, asumiendo que comenzar\u00e1n a conspirar en el 84\u2026<\/p>\n<p>El elector, en la Argentina del 83, no debe ser un solitario desde antes de entrar en el \u201ccuarto oscuro\u201d \u2013\u00fanico lugar de soledad f\u00edsica en esta emergencia pol\u00edtica\u2013 sino un ser <em>solidario<\/em> con la resoluci\u00f3n de ciertas cuestiones decisivas.<\/p>\n<p>Nuestro voto \u00bfservir\u00e1 o no a la consolidaci\u00f3n de un sistema pol\u00edtico democr\u00e1tico, por lo tanto tan lejano del autoritarismo de oligarqu\u00edas civiles o militares como del \u201cdespotismo mayoritario\u201d? \u00bfNuestro voto servir\u00e1 al \u201cpartido de la guerra\u201d o al \u201cpartido de la paz\u201d, dado que hay belicistas con <em>curriculum<\/em> y partidarios de la paz como empresa posible e inteligente? \u00bfNuestro voto servir\u00e1 a la conciliaci\u00f3n de la libertad con la igualdad, o al autoritarismo encubierto? \u00bfNuestro voto servir\u00e1 a la seguridad en la leu, o a los justicieros m\u00e1s all\u00e1 de la ley? \u00bfNuestro voto servir\u00e1 a aun econom\u00eda racional con justicia social, o a la desaprensi\u00f3n tecnocr\u00e1tica o demag\u00f3gica, que al cabo se acompa\u00f1an m\u00e1s de lo que se rechazan? \u00bfNuestro voto servir\u00e1 a la promoci\u00f3n de los que viven en pobreza extrema? \u00bfNuestro voto servir\u00e1 a la vigencia efectiva de la forma de gobiernos de la Constituci\u00f3n Nacional, o a los \u201cempresarios ideol\u00f3gicos\u201d que hacen de la ley constitucional una t\u00e1ctica y de la democracia una v\u00edctima ingenua de la violaci\u00f3n probable? Nuestro voto, en fin, \u00bfser\u00e1 guiado por reflexiones \u00e9ticas \u2013v\u00e1lidas, por lo tanto, para todo hombre de buena voluntad\u2013 como las contenidas en el excelente documento eclesial llamad <em>Camino de la reconciliaci\u00f3n<\/em> (11-8-82) cuando dice, por ejemplo: \u201cLos partidos tendr\u00e1 t\u00edtulos para la confianza s\u00f3lo si los hombres propuestos son en verdad personas de capacidad pol\u00edtica e integridad moral, la cual incluye desinter\u00e9s y abnegaci\u00f3n. Los partidos, pues, deben ser confiables no s\u00f3lo por sus programas sino tambi\u00e9n por la calidad \u00e9tica de sus hombres\u201d?<\/p>\n<p>Hay una historia reciente que no ocupa s\u00f3lo los siete a\u00f1os del r\u00e9gimen militar \u00faltimo, como cierta demagogia intelectual demasiado f\u00e1cil y peligrosamente fr\u00edvola o trivialmente oportunista exhibe sin cr\u00edtica ni autocr\u00edtica honesta. Y esa historia contiene dramas y tragedias, dilemas y cuestiones que claman por un voto reflexivo que concilie el inter\u00e9s individual con el bien com\u00fan maltrecho por lustros de violencia, autoritarismo, corrupci\u00f3n y escepticismo colectivo. Si la democracia es participaci\u00f3n competitiva de la persona humana en la elaboraci\u00f3n del destino colectivo, el voto es el primero paso en esa direcci\u00f3n. No confundamos <em>problemas<\/em> \u2013incluso graves y sustantivos\u2013 con <em>cuestiones<\/em> decisivas y previas. No recaigamos en el error de creer que es suficiente llamar la atenci\u00f3n sobre temas importantes como el divorcio sin alertar, por lo menos al mismo tiempo, que para defender las posiciones que consideramos leg\u00edtimas o mejores debemos contar con un sistema pol\u00edtico civilizado, con libertad de expresi\u00f3n y de participaci\u00f3n, y con los derechos fundamentales que nos permitir\u00e1n reconstruir el bien com\u00fan maltrecho. Porque puede haber el cuidado de las virtudes privadas y sin embargo tan graves y profundos vicios p\u00fablicos, que en cierto momento aqu\u00e9llas pueden quedar relegadas a hogares asediados por la discordia, y no abrigados por la amistad civil.<\/p>\n<p>Separamos, pues, por <em>qu\u00e9<\/em> votar para entender por <em>qui\u00e9n<\/em> votar. Procuremos, en fin, votar sin olvidar las lecciones dram\u00e1ticas que nos est\u00e1 legando un \u201cproceso\u201d tan arrogante como, al cabo, irresponsable, pero tambi\u00e9n la historia de otros a\u00f1os de distinta crueldad que precedieron al 76. Porque el <em>mal argentino<\/em> cala tan hondo que tanto los \u201cbuscadores de grandeza\u201d del 66, los \u201cliberadores de la violencia\u201d del 73, los fascistas alucinantes y los \u201csalvadores de la patria\u201d son expresiones malignas de la inmoralidad pol\u00edtica, de nuestros vicios p\u00fablicos, que deben ser purgados como medios dignos de los fines que apreciamos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reproducimos el editorial de la edici\u00f3n 1910, correspondiente al 22 de septiembre de 1983, pocos meses antes de la recuperaci\u00f3n de la democracia, cuando Ra\u00fal&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[986],"tags":[2919,148],"class_list":["post-17104","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-politica","tag-editorial-2","tag-elecciones"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4rS","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17104","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=17104"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17104\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17106,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17104\/revisions\/17106"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=17104"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=17104"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=17104"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}