{"id":17177,"date":"2022-01-31T14:31:55","date_gmt":"2022-01-31T17:31:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17177"},"modified":"2022-01-31T14:33:31","modified_gmt":"2022-01-31T17:33:31","slug":"la-educacion-de-la-conciencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17177","title":{"rendered":"La educaci\u00f3n de la conciencia"},"content":{"rendered":"<p>Los seres humanos tenemos una capacidad mental que nos permite darnos cuenta de lo que hacemos, evaluar las circunstancias, juzgar lo correcto o incorrecto, lo justo o lo injusto de una decisi\u00f3n. La llamamos conciencia. Es una voz presente en todo ser humano normal, dotada de un cierto conocimiento intuitivo de lo bueno y lo malo. Nos hace capaces de responsabilidad para juzgar nuestros actos y distinguir lo l\u00edcito o il\u00edcito y es gu\u00eda de nuestra conducta.<\/p>\n<p><strong>Conciencia dependiente y conciencia aut\u00f3noma<\/strong><\/p>\n<p>La conciencia adquiere dos modalidades predominantes. Conciencia heter\u00f3noma o dependiente es la voz internalizada de una autoridad a la que debemos complacer y tememos desagradar. Es el Super Yo freudiano, instalado como resultado de los mandatos paternos. Es una fuerza ajena al Yo (<em>heteros<\/em>: ajeno) que lo controla, manipula y somete, que dirige a la persona, la en-ajena y debilita y le hace perder libertad. Quien se rige s\u00f3lo por la ley impuesta desde afuera carece de juicio propio, responde a una autoridad que lo sanciona o lo premia y act\u00faa seg\u00fan est\u00e1 mandado o prohibido, aun no sabiendo muy bien por qu\u00e9 ni para qu\u00e9. Siente que debe responder a advertencias internas ya automatizadas que le quitan espontaneidad: \u201cSi todos piensan as\u00ed, qui\u00e9n eres para atreverte a pensar, evaluar y juzgar?\u201d. Adem\u00e1s, se teme al peligro de quedarse solo. Y as\u00ed, no se vive en funci\u00f3n de la condici\u00f3n humana ni de su libertad.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n<p>En la pr\u00e1ctica, la persona teme el abandono, tiene dificultad para tomar decisiones cotidianas si no cuenta con reafirmaci\u00f3n por parte de otros, tiende a que los dem\u00e1s sean quienes asuman responsabilidades, teme expresar desacuerdos o manifestar sus deseos. En cambio, si tengo una conciencia \u201caut\u00f3noma\u201d, act\u00fao por m\u00ed mismo. Percibo qu\u00e9 es lo bueno y adecuado para m\u00ed, aquello que responde a mi condici\u00f3n de ser humano, y lo realizo. Es la voz de lo aut\u00e9ntico y maduro de cada uno. Es el Yo genuino y es el ser adulto que protege nuestro bien y sirve a nuestro desarrollo. Es conciencia honesta y sincera, capaz de evaluar la propia conducta con objetividad y sin distorsiones, plenamente due\u00f1a de su propia vida. No est\u00e1 enferma de infantilismo revolucionario ni de intolerancia autocr\u00e1tica y sabe comprender y perdonar debilidades ajenas. La persona, a la vez que segura de s\u00ed, es de confiar en los otros. Siente simpat\u00eda por los dem\u00e1s y supone que a trav\u00e9s del di\u00e1logo la mayor\u00eda de los problemas pueden encontrar soluci\u00f3n. No necesita atarse a ideas r\u00edgidas. Cree que lo esencial de una educaci\u00f3n no es reprimir sino estimular y orientar. Y no espera que la felicidad venga del otro. Su actitud brota del amor, no del odio. Es firme, y hasta puede ser heroica si fuera necesario.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p><strong>\u00bfLas cosas valen cuando cuestan?<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0Entre las variedades de la conciencia heter\u00f3noma nos merece atenci\u00f3n el rigorismo moral. En \u00e9l, la culpa ocupa un lugar central. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Pero es necesario distinguir. Existe una culpa sana y genuina, de las personas que asumen con sinceridad la responsabilidad de un il\u00edcito que han cometido, admiten la proporcionalidad del acto, su ejecuci\u00f3n consciente y voluntaria, est\u00e1n dispuestas a la reparaci\u00f3n y no apelan a disculpas o justificaciones enga\u00f1osas.\u00a0<\/p>\n<p>Y est\u00e1 la culpa neur\u00f3tica de quienes se sienten f\u00e1cilmente culpables, aumentan la gravedad de la acci\u00f3n, son impiadosos consigo, se atormentan y castigan sin provecho, no se aceptan dignos de perd\u00f3n, mantienen un sentimiento de culpabilidad por largo tiempo y son tenaces en recriminarse. Este tipo de culpa no hace mejores moralmente a las personas sino que perjudica sus vidas, no beneficia a los dem\u00e1s y est\u00e1 envuelta en depresi\u00f3n y en una visi\u00f3n pesimista del mundo.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0<\/p>\n<p>La culpa neur\u00f3tica es la fuente del rigorismo en el \u00e1rea moral, en el cual se vive b\u00e1sicamente no para vivir y disfrutar, sino para cumplir, y le son ajenos el gozar, el crear y el re\u00edr. Con preconceptos de masoquismo moral\u00edstico, las personas sienten lo placentero como malo y creen que las cosas valen cuando cuestan. Esta concepci\u00f3n desemboca inevitablemente en la culpa y en alguna forma de sometimiento como expiaci\u00f3n. No se preguntan qu\u00e9 quieren hacer de sus vidas sino s\u00f3lo qu\u00e9 deben hacer y se mueven entre premios y castigos.\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>En la psicopatolog\u00eda, estas estructuras psicol\u00f3gicas est\u00e1n dentro de la categor\u00eda de las depresiones y complejos de culpa.<\/p>\n<p>Esta clase de culpa dista mucho de la genuina culpa religiosa, que es de otro g\u00e9nero y es sana y reparadora. Y el juicio sano considera que una acci\u00f3n es claramente inmoral y digna de sanci\u00f3n si se trata de un acto definidamente il\u00edcito, realizado a sabiendas, con pleno conocimiento de su ilicitud y con libre voluntad. Por tanto, al evaluar una conducta no se le debe adjudicar f\u00e1cilmente el car\u00e1cter de culpable y s\u00ed atender a los atenuantes. La vida de cada ser humano es un misterio en el que juegan factores que los dem\u00e1s desconocen.<\/p>\n<p>El rigorismo moral suele asociarse con el car\u00e1cter obsesivo. Es la mentalidad de atenerse a la letra y no al esp\u00edritu de la ley, y de ocuparse de los defectos a extirpar m\u00e1s que a las virtudes a desarrollar. Es de juzgar con esp\u00edritu cr\u00edtico y no tiende a comprender debilidades. Por tanto, all\u00ed la justicia termina siendo incomprensi\u00f3n y crueldad. Es estricta en los detalles e incapaz de captar el sentido global de las situaciones.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Seg\u00fan los especialistas, el trastorno obsesivo se caracteriza \u201cpor la excesiva terquedad, escrupulosidad e inflexibilidad en temas de moral, \u00e9tica o valores y se hace incapaz de acabar un proyecto porque nunca colma sus excesivas exigencias. Privilegia el orden, los horarios y el trabajo y descalifica el valor del ocio, el placer y las amistades\u201d. \u00a0Todo su mundo gira alrededor del deber y de mantener el control.<\/p>\n<p>En el fondo de su estructura psicol\u00f3gica son personalidades fr\u00e1giles y necesitan defenderse de la inseguridad y la angustia con f\u00e9rreos mecanismos de rigidez y estrictez. El cambio los perturba y tratan de mantener todo \u201cen orden y bajo control\u201d. Son intelectualmente poco flexibles e intolerantes, tendientes al empecinamiento y la tozudez. Son obstinados, poco permeables a los juicios ajenos y a admitir matices de las situaciones. Y en su inconsciente abrigan temor a consecuencias irreparables para cualquier error o falla propia.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n<p>Dentro de la mentalidad rigorista, en algunos casos se nota el predominio de la dependencia y el fondo depresivo (inseguridad, sumisi\u00f3n, culpa). En otros casos, son m\u00e1s acentuados los mecanismos de defensa contra la inseguridad: la rigidez obsesiva, etc.<\/p>\n<p>En el otro extremo, siempre dentro de los trastornos psicol\u00f3gicos, est\u00e1n las psicopat\u00edas, llamadas en otro tiempo \u201camencia moral\u201d. Implican la incapacidad de distinguir entre lo l\u00edcito y lo il\u00edcito. Carecen de sentido moral y de sentimiento de culpa. Su capacidad mental est\u00e1 intacta, son generalmente inteligentes e inclusive sumamente h\u00e1biles para dominar a otros e instrumentarlos en su propio beneficio, pero sufren de atrofia emocional: no se conmueven, no pueden sentir compasi\u00f3n, son incapaces de arrepentirse\u2026<\/p>\n<p>En contraste con todos estos cuadros, la conciencia sana, no rigorista, implica asumir \u201cmi responsabilidad\u201d: darme cuenta de cu\u00e1l es el sentido de lo que hago, y asumirlo. Acepta los componentes buenos y malos de una realidad y trata de rescatar lo que se pueda salvar del \u201cpabilo que aun humea\u201d (Mat 12.20). Sabe distinguir bien que una cosa es comprender y otra es justificar. Admite atenuantes y entiende de debilidades y sabe disculpar y perdonar, pero no cae en las redes de los lobos con piel de ovejas. Es conciencia clara, objetiva y natural. No supone de antemano que los hombres sean naturalmente perezosos, ego\u00edstas e hijos del rigor. No vive obsesionada por cuidar de los principios, sino que se preocupa por mejorar la convivencia.<\/p>\n<p><strong>Autoridad y obediencia&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p>Atendiendo a su ra\u00edz etimol\u00f3gica, la palabra \u201cautoridad\u201d proviene de la latina <em>auctoritas<\/em>, cuyo origen es <em>auctor<\/em>, del verbo <em>augere<\/em> que significa \u201chacer crecer\u201d. Derivado de este origen, tenemos en espa\u00f1ol: \u201cauge\u201d, \u201cautor\u201d que implican creaci\u00f3n o desarrollo. En efecto, la funci\u00f3n esencial de la autoridad es proteger el crecimiento del otro, y se patentiza en la autoridad de los padres, de los maestros, de los m\u00e9dicos, de los consejeros, etc. Por lo tanto, si bien ejercer la autoridad implica tanto el cuidar como el sancionar o prohibir, esta \u00faltima funci\u00f3n est\u00e1 subordinada a la primera y deber\u00e1 ser ejercida \u201cen cuanto promueva el bien del subordinado\u201d. En una autoridad sana se logra el complemento arm\u00f3nico de amor y justicia.<\/p>\n<p>Podemos precisar que existen dos g\u00e9neros de autoridad. Una es la racional (sana, leg\u00edtima) en la que los intereses del que manda y del subordinado son coincidentes: el padre que busca el bien del hijo, el maestro que ense\u00f1a&#8230; Y como act\u00faa seg\u00fan la raz\u00f3n, el que obedece no se est\u00e1 sometiendo a un poder arbitrario, sino que est\u00e1 actuando racionalmente.<\/p>\n<p>Otra es la actitud autoritaria (irracional, ileg\u00edtima) que tergiversa el sentido del poder usando su fuerza en perjuicio del subalterno: el empresario explotador, la madre desp\u00f3tica, el gobernante ambicioso y hasta el af\u00e1n posesivo de un amor materno en apariencia sobreprotector. Por ser arbitraria, encontrar\u00e1 resistencia a ser aceptada, porque la sana condici\u00f3n humana espont\u00e1neamente se rebela contra ella, y tendr\u00e1 que utilizar la fuerza, el miedo o la sugesti\u00f3n.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n<p>A su vez, las actitudes con que el subordinado responda a la autoridad pueden ser diversas. Tanto la obediencia como la desobediencia pueden o no ser virtud. Cuando obedezco a una autoridad autoritaria me someto y cuando la desobedezco soy aut\u00f3nomo y libre. Cuando obedezco a una autoridad racional soy aut\u00f3nomo y libre y cuando la desobedezco soy un rebelde. Como es obvio, los autoritarismos fomentan la obediencia que es sometimiento y proh\u00edben la desobediencia que es autonom\u00eda.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n<p>Conciencia autoritaria y conciencia dependiente son las dos caras de la misma moneda. Ambas han quedado atrapadas por la dial\u00e9ctica de la agresi\u00f3n: ser amo o esclavo. El que busca dominar demuestra qu\u00e9 poca solidez interior posee y c\u00f3mo necesita del oprimido. El sometido, por su parte, necesita del opresor como protecci\u00f3n de su inseguridad. El rebelde, por su parte, en su af\u00e1n de trasgredir, demuestra que a\u00fan no es libre; de otro modo, no necesitar\u00eda luchar por conquistar su libertad. El resentido, a su vez, queda apegado a la herida recibida y no puede liberarse del rencor. S\u00f3lo la personalidad con juicio aut\u00f3nomo es libre, lo cual le posibilita ser generoso y amar la vida.<\/p>\n<p>Al respecto, cabe preguntarnos: \u00bfpor qu\u00e9 los pueblos se inclinan tanto al sometimiento? \u00bfC\u00f3mo es posible que, siendo esa actitud el origen de tantos males, a muchos les es tan dif\u00edcil liberarse de ese yugo? Sucede que, cuando me someto, idealizo el poder de la persona o la instituci\u00f3n objeto de mi devoci\u00f3n (partido, gobierno, secta, etc.) y supuestamente participo de ese poder y me siento protegido: no necesito pensar ni tomar decisiones, alguien piensa y decide por m\u00ed y no corro riesgos. Desobedecer al poder arbitrario requiere el coraje de estar solos y asumir el peligro de equivocarnos. Eso supone madurez: haber roto v\u00ednculos infantiles con la figura de los padres y haber superado el miedo a la libertad. Soy libre si soy capaz de desobedecer a la autoridad que abusa del poder y si he vencido el temor a los riesgos de la independencia. La desobediencia a todo lo que tiranice al hombre es la condici\u00f3n para el desarrollo humano.<\/p>\n<p><strong>El valor de la autoeducaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Hemos podido ver c\u00f3mo en las diferentes distorsiones de la conciencia el miedo est\u00e1 en su trasfondo: disfrazado, negado, reprimido, etc. Por algo se ha llegado a decir que, en buena parte, \u201clos miedos gobiernan el mundo\u201d. All\u00ed est\u00e1 presente el rigorismo moral y la adherencia a la letra de la ley.<\/p>\n<p>En las estructuras de personalidad d\u00e9biles, sumisas o dependientes, el rigorismo viene acompa\u00f1ado de angustia y sentimientos de culpa m\u00e1s manifiestos, con temas religiosos y autocastigos. En las modalidades obsesivas son m\u00e1s evidentes los mecanismos defensivos contra la inseguridad y la angustia: intelectualizaci\u00f3n, represi\u00f3n, atadura a conductas r\u00edgidas, terquedad, inflexibilidad social. Y en las personalidades autoritarias se destacan la imposici\u00f3n y el dominio, la descalificaci\u00f3n del otro, la manipulaci\u00f3n del poder y, con frecuencia, las actitudes prejuiciosas.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed no podemos dejar de se\u00f1alar la importancia que tienen los prejuicios en la vida social y con cu\u00e1nta frecuencia est\u00e1n presentes en nuestra conducta. Seg\u00fan han demostrado las investigaciones psicosociales, cumplen una funci\u00f3n defensiva de \u00edndole emocional muy significativa, y por eso se utilizan en \u00e9l mecanismos mentales muy primitivos. La persona opta por categorizaciones con las que simplifica la realidad, y esto le evita el esfuerzo de pensar y distinguir, y es propensa a las fuertes afiliaciones institucionales donde buscan seguridad. Las ansiedades profundas la tornan temerosa del cambio y del desorden, y para ello se aferra a sistemas autoritarios. La negaci\u00f3n de la realidad es su rasgo m\u00e1s caracter\u00edstico.<\/p>\n<p>La conciencia, como cualquier otra funci\u00f3n psicol\u00f3gica (la inteligencia, la afectividad, la voluntad, la capacidad de expresi\u00f3n, la habilidad social\u2026) debe ser estimulada, orientada y educada, como tambi\u00e9n puede ser atrofiada o desnaturalizada por factores externos, educativos o culturales. Al parecer adolecemos, desde los albores de la Historia, de una enfermiza inclinaci\u00f3n humana en la que intervienen la interpretaci\u00f3n legalista de las normas, la resistencia al cambio y el miedo a la libertad. Y en nuestra cultura cristiana no han faltado ejemplos. La vida de Cristo fue una perpetua lucha contra la intransigencia farisea. En la Edad Media, la mentalidad equilibrada de Tom\u00e1s de Aquino los libr\u00f3 a Occidente de caer en manos de monjes de \u201cfantas\u00eda calenturienta y est\u00f3magos mal alimentados\u201d. El Concilio Vaticano II busc\u00f3 un aggiornamento de normativas que hab\u00edan dejado de tener la funci\u00f3n educativa y estimulante que era su funci\u00f3n esencial. Y aun hoy el papa Francisco es asediado por mentalidades conservadoras resistentes al cambio. &nbsp;<\/p>\n<p>Se hace necesaria una verdadera \u201cmetanoia\u201d, un esfuerzo permanente de \u201cconversi\u00f3n mental\u201d de nuestros criterios err\u00f3neos instalados, muchos no conscientes, que nos permita liberarnos de prejuicios, autoenga\u00f1os, pretextos, apariencias o distorsiones. Se impone la necesidad de adquirir flexibilidad mental. La conciencia aut\u00f3noma trae consigo mente clara y coraz\u00f3n dispuesto: naturalidad, objetividad, sencillez, sinceridad y confianza en nosotros, en los otros y en el mundo. Ayuda a la vida plena y al desarrollo y madurez de la personalidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los seres humanos tenemos una capacidad mental que nos permite darnos cuenta de lo que hacemos, evaluar las circunstancias, juzgar lo correcto o incorrecto, lo&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[1581,100,758],"class_list":["post-17177","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sociedad","tag-conciencia","tag-psicologia","tag-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4t3","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17177","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=17177"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17177\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17179,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17177\/revisions\/17179"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=17177"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=17177"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=17177"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}