{"id":17213,"date":"2022-01-31T15:17:50","date_gmt":"2022-01-31T18:17:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17213"},"modified":"2022-01-31T15:18:43","modified_gmt":"2022-01-31T18:18:43","slug":"los-imprescindibles-del-museo-del-cine","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17213","title":{"rendered":"Los imprescindibles del Museo del Cine"},"content":{"rendered":"<p>El primero de octubre el Museo del Cine cumpli\u00f3 50 a\u00f1os. A lo largo de 30 de esos a\u00f1os yo fui uno de sus miembros, como Fern\u00e1ndez Jurado gustaba llamarnos. Para \u00e9l nunca fuimos empleados, sino miembros del Museo. Y como tales nos enviaba a representar la instituci\u00f3n en inauguraciones, conferencias, c\u00f3cteles y velatorios. Precisamente, el Museo naci\u00f3 en un velatorio, el del coleccionista e investigador Pablo Ducr\u00f3s Hicken, un hombre bueno que de ni\u00f1o miraba fascinado la vidriera de la casa Lepage donde se exhib\u00edan las primeras c\u00e1maras filmadoras llegadas al pa\u00eds, y ansiaba conocer a los pioneros de nuestro cine, y de grande logr\u00f3 rescatar a varias m\u00e1quinas como esas, ya llenas de historia, y, m\u00e1s a\u00fan, trab\u00f3 amistad con algunos de esos pioneros, que&nbsp;&nbsp; estaban siendo olvidados. Cuando nadie lo hab\u00eda hecho todav\u00eda, \u00e9l registr\u00f3 sus testimonios.<\/p>\n<p>Al morir Ducr\u00f3s, los cr\u00edticos Jorge Miguel Couselo y Rolando Fusti\u00f1ana, m\u00e1s conocido como Roland, y Jurado, numen de la Cinemateca Argentina, hablaron con la viuda y el hijo, y con el intendente Montero Ruiz, para salvar tanto la colecci\u00f3n como el nombre del coleccionista. As\u00ed naci\u00f3 en 1971 el Museo Municipal del Cine \u201cPablo Ducr\u00f3s Hicken\u201d, ese es su nombre completo, que ya pocos recuerdan.<\/p>\n<p>Mi primer acercamiento fue en 1973, representando a un cineclub del interior. Entonces ocupaba apenas dos oficinas y lo dirig\u00eda Couselo, con grandes esfuerzos pero con una gran ayudante, Mar\u00eda In\u00e9s Soler, se\u00f1ora siempre activa, agradable y de aspecto tambi\u00e9n agradable, que, cuando m\u00e1s joven, hab\u00eda representado al pa\u00eds como nadadora en las Olimp\u00edadas de Londres 1948.\u00a0<\/p>\n<p>Mi segundo acercamiento, en 1977, fue como espectador casual de las funciones gratuitas que a sala llena (pero ajena) ofrec\u00eda el Museo, exhibiendo cl\u00e1sicos de nuestro cine a los jubilados y a las nuevas generaciones. Roland era el director, y esas eran noches de glorioso reencuentro. Acostumbrada a tenerlo todo a mano, la gente olvida que en otros tiempos uno pod\u00eda pasar a\u00f1os, antes de tener la oportunidad de ver o rever un t\u00edtulo. Pero verlo al fin, en la emoci\u00f3n conjunta de todo el p\u00fablico, y con el regalo de encontrarse all\u00ed con alguno de los artistas de esa obra, eso sigue sin tener precio.<\/p>\n<p>El tercer acercamiento, el decisivo, fue en febrero de 1983. Hac\u00eda poco que estaba viviendo en Buenos Aires, con familia y sin trabajo. Se enter\u00f3 Jurado, y me mand\u00f3 llamar. El era en ese momento el director. El Museo estaba en los fondos de lo que fuera Asilo Viamonte (hoy remozado Centro Cultural Recoleta), el patrimonio hab\u00eda crecido mucho, y el personal, no tanto. Quiero hacer memoria: Mar\u00eda In\u00e9s y Hayd\u00e9e Esp\u00f3sito, que hac\u00eda las fichas a mano; Andr\u00e9s Insaurralde, enorme conocedor del cine argentino, de humildad tambi\u00e9n enorme, buen humor y santa paciencia, al frente de la biblioteca, fotos y dem\u00e1s papeles; Jorge Oliva, otro conocedor de ley, atento al rescate de todo&nbsp; lo que los viejos estudios en quiebra dejaban tirado; Derlis, sufrido jefe de personal; Lacorazza, socarr\u00f3n y muy pr\u00e1ctico jefe de mantenimiento (y con \u00e9l Dacio, El Yacar\u00e9 y una se\u00f1ora joven, muy aplicada en la restauraci\u00f3n de vestuarios donados &#8211; y da\u00f1ados); y El Viejo Saravia, que alguna vez fue jefe de algo y ahora era uno de esos clavos que por alguna raz\u00f3n la municipalidad no puede echar. Cada uno de ellos me ense\u00f1\u00f3 su trabajo. Saravia, c\u00f3mo se hace la vizcacha al escabeche.<\/p>\n<p>A ese peque\u00f1o n\u00famero se ir\u00edan sumando Boidi, gran t\u00e9cnico, don Jos\u00e9, genio del mantenimiento, siempre silbando alguna melod\u00eda; Andr\u00e9s Pohrebny, alias La Bestia Pohrebny, que se fing\u00eda bruto pero se cultivaba diariamente; Mar\u00eda del Carmen Vieites, bibliotecaria recibida y h\u00e1bil organizadora, que bien merec\u00eda ser la directora del Museo (lo fue unos meses, pero interina y sin que le pagaran la diferencia); Roberto Bedirian, nuevo jefe de personal que en los ratos libres estudi\u00f3 abogac\u00eda; el apasionado Arialdo Gim\u00e9nez, tambi\u00e9n actor de publicidades; y en alg\u00fan momento Jos\u00e9 Mar\u00eda Poirier, un modelo de director que lamentablemente disfrutamos poco tiempo. Y Tony Siedloczek, otro gran t\u00e9cnico que amaba las m\u00e1quinas. Hasta que un d\u00eda nos dijo \u201cAyer llegu\u00e9 a casa con el paraguas en una mano y la llave en la otra, y por un largo momento no supe qu\u00e9 era lo que deb\u00eda poner en la cerradura\u201d. Y decidi\u00f3 jubilarse. <\/p>\n<p>Pocos de ellos habr\u00e1n de figurar en los libros de historia del cine. Pero todos ellos tambi\u00e9n hicieron nuestro cine, y adem\u00e1s tuvieron el honor de preservarlo. A esa lista deber\u00eda sumar otros miembros del Museo que trabajan todav\u00eda, y de los que alg\u00fan d\u00eda hablaremos: Felipe, Sancho, De Vita, buenos\u00a0 ejemplos. Despu\u00e9s, por supuesto, est\u00e1n los empleados p\u00fablicos, que cada gesti\u00f3n municipal ha ido sumando como capas geol\u00f3gicas, as\u00ed como casi cada gesti\u00f3n muda de sede, y de barrio, a todo el Museo, prometiendo siempre el edificio adecuado y definitivo.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hice yo, entretanto? Orden\u00e9 y transcrib\u00ed los escritos de Ducr\u00f3s para un libro que nunca pudo editarse, orient\u00e9 cientos de estudiantes en la biblioteca (y vigil\u00e9 que fueran honrados y cuidadosos), invent\u00e9 un ciclo-exposici\u00f3n sobre la historieta y el cine, que nos permiti\u00f3 conocer personalmente a Siulnas, autor de una historia en dos tomos del humorismo argentino, y a trav\u00e9s suyo a Torino (<em>El conventillo de don Nicola<\/em>), Ferro (<em>El buzo Chapaleo<\/em>), los divulgadores cient\u00edficos Guillermo Guerrero y H\u00e9ctor M. Sidoli (<em>Lupin el aviador<\/em>) y varios otros creadores que amamos en nuestra infancia, di charlas al p\u00fablico general con Pohrebny, en el Museo y en extensiones culturales, conduje proyecciones y debates en cuatro facultades de la UBA, llev\u00e9 y present\u00e9 pel\u00edculas en algunas localidades del interior, desde Zapala, en Neuqu\u00e9n, para arriba (porque el Museo es municipal por esas cosas de la suerte, pero es nacional por todo lo que representa), \u00a0atend\u00ed gustosamente a verdaderos conocedores que ya ven\u00edan sabiendo, desde universidades extranjeras, o que estaban aprendiendo y hoy son productores y directores de nuestro cine, atend\u00ed tambi\u00e9n a los tres \u00fanicos funcionarios p\u00fablicos que realmente conocieron el Museo en mis 30 a\u00f1os de servicio (los historiadores F\u00e9lix Luna y Mar\u00eda S\u00e1enz Quesada, a cargo de Cultura de la Ciudad, y a\u00f1os despu\u00e9s Mauricio Macri en su primera y segunda intendencia; otros s\u00f3lo se sacaron fotos en el hall de entrada) y durante a\u00f1os conduje con Pablo De Vita, en nombre del Museo, un ciclo semanal de preestrenos en el Colegio de Abogados, con entrada libre y gratuita y charla posterior entre autores y p\u00fablico, ciclo de muy buen suceso y prestigio, interrumpido s\u00f3lo por mi jubilaci\u00f3n y la pandemia.<\/p>\n<p>Dejo para el final una buena an\u00e9cdota de c\u00f3mo funcionan las cosas. Ten\u00eda una invitaci\u00f3n a concurrir al Festival de Cine de San Sebasti\u00e1n, invitaci\u00f3n que desde entonces se repetir\u00eda todos los a\u00f1os. Avi\u00f3n, alojamiento, vi\u00e1ticos y vicios, todo resuelto por el Festival, el Incaa y el diario donde trabajaba. S\u00f3lo deb\u00eda pedir unos d\u00edas de licencia. Me mira el entonces director, el recordado David Blaustein, hombre muy pr\u00e1ctico y campechano. \u201c\u00bfAs\u00ed que te invitan, desgraciado? \u00a1Con lo bien que ah\u00ed se come! Pero si te doy unos d\u00edas de licencia despu\u00e9s vas a tener menos d\u00edas para pasar vacaciones con tu familia, as\u00ed que no te doy licencia, de ning\u00fan modo. \u00a1Te vas en comisi\u00f3n! \u00a1Y me ten\u00e9s que traer para el Museo todos los libros, afiches, aut\u00f3grafos y dem\u00e1s cosas que puedas conseguir!\u201d. Mientras \u00e9l fue director, siempre pagu\u00e9 con gusto el exceso de equipaje. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<\/p>\n<p><em>Daniel Sendr\u00f3s es cr\u00edtico cinematogr\u00e1fico, periodista y profesor universitario\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El primero de octubre el Museo del Cine cumpli\u00f3 50 a\u00f1os. A lo largo de 30 de esos a\u00f1os yo fui uno de sus miembros,&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[1462,218,2952],"class_list":["post-17213","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-cultura","tag-historia","tag-museo-del-cine"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4tD","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17213","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=17213"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17213\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17215,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17213\/revisions\/17215"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=17213"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=17213"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=17213"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}