{"id":17237,"date":"2022-01-31T15:57:36","date_gmt":"2022-01-31T18:57:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17237"},"modified":"2022-01-31T15:57:43","modified_gmt":"2022-01-31T18:57:43","slug":"la-iglesia-y-el-arte-dialogo-y-conflicto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17237","title":{"rendered":"La Iglesia y el arte, di\u00e1logo y conflicto"},"content":{"rendered":"<p>Nos ha parecido oportuno rescatar una nota del diario <em>La Naci\u00f3n<\/em>, que ya tiene m\u00e1s de veinticinco a\u00f1os, redactada por Bartolom\u00e9 de Vedia, que dialoga con algunas opiniones del sacerdote Jos\u00e9 Luis Duhourq, que fue una persona versada en artes y hombre de consulta para muchos artistas de Buenos Aires.<\/p>\n<p>Sobre todo es interesante ver c\u00f3mo, a partir de un hecho puntual, conflictivo y pol\u00e9mico, ambos logran elevarse a un marco de comprensi\u00f3n m\u00e1s amplio, en el que no s\u00f3lo ese hecho sino otros semejantes deber\u00edan ser tratados si se quiere estar a la altura intelectual, \u00e9tica y est\u00e9tica que se requiere para producir una palabra responsable y fundamentada, con conocimiento acerca de este tipo de cuestiones.<\/p>\n<p>Han sido innumerables las veces que alg\u00fan intento est\u00e9tico ha despertado en la jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica la decisi\u00f3n de pronunciarse al respecto. Y, de ambos lados, se ha dejado la impresi\u00f3n, en buena medida falsa, de que existe una enemistad entre la Iglesia y el arte o los artistas.<\/p>\n<p>Hay un problema obvio de comunicaci\u00f3n. Pero, antes, se trata a veces de un problema de verdadera sensibilidad y conocimiento est\u00e9ticos.<\/p>\n<p>Por parte de algunos artistas, hay muchas veces una ignorancia respecto de las figuras que utilizan para labrar su obra. Si no hay mala fe (y en los verdaderos artistas no suele haberla) es estimulante el uso de algunas im\u00e1genes, sobre todo religiosas, por su enorme potencial expresivo. Y es muy bueno que los artistas recurran a ellas. Pero se ha de tener en cuenta el significado singular de las im\u00e1genes que se utilizan o producen, sean o no religiosas. M\u00e1s all\u00e1 del uso de las figuras en cualquier obra que se realice, esto es algo que queda especialmente claro cuando se trata de representar alguna obra (musical, teatral\u2026) importante o de alg\u00fan gran artista. Muchas veces, en la adaptaci\u00f3n o actualizaci\u00f3n, se ve de modo n\u00edtido que los artistas no han confiado en la obra o en su compositor, y han preferido rectificarlos echando mano de lugares comunes o ideol\u00f3gicos con los que se sustituye o deval\u00faa la obra. La obra y su compositor les han quedado grandes. Esta mediocridad est\u00e9tica no es infrecuente. Pone, adem\u00e1s, en cuesti\u00f3n la condici\u00f3n de artista de quien ha malogrado un hecho est\u00e9tico de importancia, manifestando as\u00ed la ausencia de verdadero oficio art\u00edstico.<\/p>\n<p>Con la Iglesia pasa algo parecido: muchas veces no se distingue una verdadera obra de arte de un producto devaluado. Esto suele ocurrir porque la jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica no acude a los hombres de Iglesia que podr\u00edan hablar con autoridad acerca de la cuesti\u00f3n. Y aqu\u00ed se produce el malentendido o problema de comunicaci\u00f3n: la Iglesia parece hablar contra los artistas, cuando no se trata especialmente de ellos, y acude a las instituciones de gobierno, que muchas veces carecen tambi\u00e9n de la capacidad para hacer una evaluaci\u00f3n est\u00e9tica satisfactoria y reconocer a los verdaderos artistas. De este modo, reiteradamente, la Iglesia aparece como una minor\u00eda cultural que habla su lenguaje en medio de otras minor\u00edas culturales que hablan el suyo, aunque diga que lo hace en nombre de un pueblo que siente y cree lo mismo que ella. Todas las minor\u00edas hablan siempre en nombre de un pueblo que siente y cree lo mismo que ellas. El debate, pues, queda encerrado en un espacio de poco nivel o significaci\u00f3n. Por supuesto que cuando se ha da\u00f1ado u ofendido la imagen religiosa, la Iglesia tiene todo el derecho de decir su palabra al respecto. Pero no es lo mismo si se trata de abordar a un artista realmente interesado en las posibilidades de la figura religiosa, que no ha comprendido cabalmente su sentido, y que est\u00e1 abierto al di\u00e1logo, que confrontar con quien ha utilizado la imagen religiosa dentro de un todo producido de manera irresponsable y deficiente. Aqu\u00ed la Iglesia, adem\u00e1s, deber\u00eda se\u00f1alar que ha sido ofendida tambi\u00e9n la sensibilidad est\u00e9tica y el arte verdadero.<\/p>\n<p>Y esto porque, adem\u00e1s de la importancia que la cuesti\u00f3n tiene para todos, lo penoso del asunto es el desamparo de los artistas. La jerarqu\u00eda de la Iglesia y la jerarqu\u00eda civil no terminan de distinguir una obra de arte de un producto menor de alg\u00fan taller de creatividad, o de un manifiesto ideol\u00f3gico, o de una provocaci\u00f3n, o de cualquier otro asunto que realmente no accede a la estatura de obra de arte. Entonces el gobierno pide disculpas, los protagonistas de la obra fallida se dan por agraviados, y todo queda atrapado en un \u00e1mbito que no es el de los artistas ni tiene que ver con el verdadero mundo est\u00e9tico.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n no es f\u00e1cil y los l\u00edmites son muy borrosos en este terreno. No obstante, ser\u00eda de desear que tanto la Iglesia como las instituciones culturales de gobierno profundizaran en el admirable e imprescindible mundo del hecho est\u00e9tico, y resultaran as\u00ed capaces de desestimar a los usurpadores y de reconocer, respetar y promover a los verdaderos artistas. El instrumento insuperable, cuando se est\u00e1 en condiciones para hacerlo, es el di\u00e1logo con ellos.<\/p>\n<\/p>\n<p>El art\u00edculo de referencia es el siguiente: <\/p>\n<p>Las controversias suscitadas por el film <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n de Cristo<\/em>, realizado por el director Martin Scorsese e incluido en el Festival Internacional de Venecia, donde ser\u00e1 exhibido fuera de concurso, son en buena medida una reedici\u00f3n de las que se desataron hace tres a\u00f1os con motivo del estreno de la pel\u00edcula de Jean Luc Godard <em>Je vous salue, Marie<\/em>.<\/p>\n<p>Ambas pel\u00edculas nos sit\u00faan, curiosamente, ante directores cinematogr\u00e1ficos empe\u00f1ados en abordar temas propios de la tradici\u00f3n religiosa cristiana con un lenguaje y una sensibilidad ajemos al esp\u00edritu de esa tradici\u00f3n. No es de extra\u00f1ar, por lo tanto, que los dos films hayan provocado un en\u00e9rgico rechazo en vastos sectores de la comunidad cristiana internacional y hayan sido acusados de blasfemos o sacr\u00edlegos.<\/p>\n<p>En Nueva York se produjo una vasta movilizaci\u00f3n contra el film de Scorsese, encabezada por grupos fundamentalistas de distintos credos de origen cristiano. Los m\u00e1s exaltados se concentraron ante el cine con carteles y consignas de protesta. Como en otras oportunidades, muchos se preguntaron si la actitud de esos grupos no result\u00f3 contraproducente, en la medida en que gener\u00f3 una atm\u00f3sfera de esc\u00e1ndalo que favoreci\u00f3 los planes publicitarios de los distribuidores del film.<\/p>\n<p>En ciertas esferas de la comunidad cat\u00f3lica argentina se considera que el problema planteado por las pel\u00edculas mencionadas es s\u00f3lo la manifestaci\u00f3n circunstancial de otro problema mucho m\u00e1s amplio, como es el de la relaci\u00f3n entre la religi\u00f3n y los medios de expresi\u00f3n art\u00edstica, que en las condiciones hist\u00f3ricas actuales y a la luz de algunas de las tendencias que prevalecen en el campo del arte revista caracter\u00edsticas particularmente complejas.<\/p>\n<p><strong>\u201cLa belleza viene de Dios\u201d<\/strong><\/p>\n<p>El padre Jos\u00e9 Luis Duhourq, de larga y fecunda actuaci\u00f3n en los medios culturales y en la docencia universitaria, opina que cualquier aproximaci\u00f3n al tema de la relaci\u00f3n entre lo art\u00edstico y religioso debe partir del reconocimiento de que la belleza, por principio, est\u00e1 enraizada en el orden de Dios y tiene, por lo tanto, un sentido cristiano.<\/p>\n<p>Sentado ese principio, es necesario tomar conciencia \u2013afirma el mencionado presb\u00edtero\u2013 de que la <em>realizaci\u00f3n<\/em> de la belleza, o sea su concreci\u00f3n en el espacio y en el tiempo, est\u00e1 condicionada por las circunstancias hist\u00f3ricas. Hay, pues, dos concepciones b\u00e1sicas. La primera nos indica que la belleza existe <em>desde Dios<\/em>. La segunda nos ense\u00f1a que, al realizarse, al corporizarse en una obra concreta, la belleza est\u00e1 sujeta a vaivenes de la apreciaci\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Esas dos concepciones corresponden a dos pasos sucesivos del ministerio b\u00edblico. Dios, seg\u00fan la Biblia, \u201cvio que todo era bueno\u201d. Esa expresi\u00f3n encierra un juicio est\u00e9tico, puesto que supone el reconocimiento de que la bondad y la belleza est\u00e1n unidas, van juntas, como en el ideal griego. Pero sobre ese fondo general irrumpe luego la historia. Es el segundo momento b\u00edblico: el de la tentaci\u00f3n. El diablo le muestra al hombre la belleza al margen de Dios. Y nace el pecado.<\/p>\n<p>La belleza, a partir de ese momento, pasa a ser ambigua, equ\u00edvoca. El mundo ya no vive en el mundo viendo \u201cque todo era bueno\u201d. Y adopta el sentido hist\u00f3rico, que lo lleva a pensar que las cosas son relativas. La historia \u2013ya se sabe\u2013 est\u00e1 marcada por las tensiones entre el bien y el mal. Todo cristiano piensa que hay una verdad absoluta. Pero sabe, para su desdicha, que la <em>realizaci\u00f3n<\/em> concreta de esa verdad es relativa. La historicidad, la relatividad en el juicio, las variaciones culturales, son una realidad que la Iglesia no podr\u00eda desconocer.<\/p>\n<p><strong>Pablo VI y los artistas<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfY el problema del arte?&nbsp; El cristianismo nunca fue ajeno ni indiferente ante el arte, se\u00f1ala el padre Duhourq. Por el contrario, fue un importante factor de arte a lo largo de la historia. Sin embargo, cuando se llega al siglo XX, se produce un cierto <em>divorcio<\/em> entre arte y religi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 momento toma conciencia la Iglesia de que perdido la relaci\u00f3n vital con el arte y la belleza? Hay, seg\u00fan Duhourq, una fecha precisa: 1964. Es el a\u00f1o en que Paulo VI, en una alocuci\u00f3n a los artistas, reconoce esa problem\u00e1tica y pide perd\u00f3n, en nombre de la Iglesia, por ese <em>divorcio<\/em>.<\/p>\n<p>En 1964 estaba en pleno desarrollo el Concilio Vaticano II. La Iglesia estaba revisando su di\u00e1logo con el mundo. Paulo VI formula la conciencia de una Iglesia sobre la necesidad de rehacer su di\u00e1logo con el mundo del arte.&nbsp;<\/p>\n<p>Para ello es necesario comprender que el arte, hist\u00f3ricamente, ha cambiado sus canales de realizaci\u00f3n, se ha complejizado. Ya no tienen vigencia las definiciones cl\u00e1sicas, v\u00e1lidas para la pintura, la escultura o la m\u00fasica tradicionales. En el concierto de las voces art\u00edsticas del siglo XX ha llegado, acompa\u00f1ado de nuevas voces: las de la t\u00e9cnica. Y ha nacido un arte nuevo emparentado con el de los canales cl\u00e1sicos, pero enraizado en un contexto diferente.<\/p>\n<p><strong>La Iglesia y el arte nuevo<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo es la relaci\u00f3n de la Iglesia con ese arte nuevo? Al principio, reticente y distante. M\u00e1s tarde, inclinada hacia una progresiva aceptaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Resurge el problema del que se hablaba al comienzo: una cosa son los principios y otra la aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica de esos principios. La Iglesia tiene conciencia de que aquel di\u00e1logo interrumpido con el arte debe ser retomado. Pero al bajarse al plano de las cosas concretas, el di\u00e1logo \u2013que parec\u00eda f\u00e1cil\u2013 se hace problem\u00e1tico.<\/p>\n<p>De ah\u00ed la dificultad que se plantea cada vez que la Iglesia entra en el lenguaje del mundo y el mundo entra en el lenguaje de la Iglesia, resume el padre Duhourq. Un cineasta decide abordar, desde el mundo, temas y cuestiones que ata\u00f1en a la Iglesia, pero lo hace con un lenguaje que la Iglesia siente totalmente ajeno. M\u00e1s a\u00fan: agresivo, disonante.<\/p>\n<p>\u201cNo importa tanto la blasfemia. Es el lenguaje lo que importa\u201d, expresa Duhourq. Cuando un hombre de cine aborta temas religiosos sin un conocimiento serio de las ense\u00f1anzas tradicionales de la Iglesia, o sin una m\u00ednima consideraci\u00f3n hacia ellas, es l\u00f3gico que desde el campo cat\u00f3lico se suponga que hay mala voluntad de su parte. Pero a lo mejor no hay mala voluntad, sino una sincera necesidad de recomponer el di\u00e1logo arte-religi\u00f3n, aunque por una v\u00eda imperfecta. Se hiere a la Iglesia porque se usa un lenguaje ajeno a su tradici\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Afirmar el di\u00e1logo<\/strong><\/p>\n<p>Lo que no parece aceptable \u2013observa el padre Duhourq\u2013 es que se utilice la figura de Cristo para formular un concepto anticristiano de lo que el hombre debe ser. Es lo que aparentemente ha hecho Scorsese: usa a Jes\u00fas para <em>santificar<\/em> su punto de vista, su idea de que no es concebible la castidad en el hombre. Algo similar hab\u00eda hecho antes Godard con el tema de la virginidad.<\/p>\n<p>Pero tampoco es aceptable que quienes est\u00e1n en el campo cat\u00f3lico se encierren en un tradicionalismo estrecho, que los desvincula del lenguaje de la \u00e9poca. La tradici\u00f3n (como lo demuestra el caso Lefebvre) es un arma de doble filo.&nbsp; No se puede juzgar la realidad <em>s\u00f3lo<\/em> a la luz de los conceptos tradicionales, sin tener en cuenta la sensibilidad cultural actual.<\/p>\n<p>El problema \u2013concluye el padre Duhourq\u2013 desemboca, inevitablemente, en el gran tema de la evangelizaci\u00f3n de la cultura. La Iglesia y el arte son dos interlocutores que deben sentarse a dialogar. Para ello, es necesario que aprendan a usar el mismo lenguaje. No s\u00f3lo los artistas deben hacer el esfuerzo; tambi\u00e9n deber\u00e1 hacerlo la Iglesia, cuya tarea evangelizadora consiste, justamente, en transmitir los principios inmutables de su doctrina sin desconocer los rasgos culturales, espec\u00edficos, del destinatario de su mensaje.<\/p>\n<p>Bartolom\u00e9 De Vedia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nos ha parecido oportuno rescatar una nota del diario La Naci\u00f3n, que ya tiene m\u00e1s de veinticinco a\u00f1os, redactada por Bartolom\u00e9 de Vedia, que dialoga&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[700,2460,202,1756,1462,101,2967],"class_list":["post-17237","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-arte","tag-artistas","tag-bartolome-de-vedia","tag-belleza","tag-cultura","tag-dialogo","tag-duhourq"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4u1","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17237","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=17237"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17237\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17238,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17237\/revisions\/17238"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=17237"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=17237"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=17237"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}