{"id":17267,"date":"2022-02-01T08:24:59","date_gmt":"2022-02-01T11:24:59","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17267"},"modified":"2022-02-01T08:25:03","modified_gmt":"2022-02-01T11:25:03","slug":"el-misterio-de-la-navidad-en-eva-de-charles-peguy","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17267","title":{"rendered":"El misterio de la Navidad en \u00abEva\u00bb de Charles P\u00e9guy"},"content":{"rendered":"<p><em>Eva<\/em>, un poema de trescientas p\u00e1ginas de Charles P\u00e9guy, es, seg\u00fan Hans Urs von Balthasar, una teolog\u00eda de la historia comparable a la <em>Civitas<\/em> <em>Dei<\/em> de San Agust\u00edn. Jes\u00fas desciende al infierno para buscar a Eva, la madre de su madre, su tierna y p\u00e1lida abuela, que vive en el exilio despu\u00e9s de haber perdido el para\u00edso. El arco hist\u00f3rico est\u00e1 tensado en su totalidad: el tiempo redimido, representado por Jes\u00fas, dialoga y salva a quien conoci\u00f3 el tiempo ed\u00e9nico y ahora se encuentra en el tiempo de las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>En el centro del poema est\u00e1 lo que P\u00e9guy considera el eje (<em>axe<\/em>) de la teolog\u00eda cristiana y de su obra: la interpenetraci\u00f3n indisoluble entre la gracia y la naturaleza. La met\u00e1fora es la del \u00e1rbol y las ra\u00edces:<\/p>\n<p>Porque lo sobrenatural es en s\u00ed mismo carnal<\/p>\n<p>Y el \u00e1rbol de la gracia tiene ra\u00edces en lo hondo<\/p>\n<p>Y se sumerge en el suelo y busca hasta el fondo<\/p>\n<p>Y el \u00e1rbol de la raza es en s\u00ed mismo eternal.<\/p>\n<p>Y el \u00e1rbol de la gracia y el \u00e1rbol de la naturaleza<\/p>\n<p>Han unido sus dos troncos con tanto ceremonial,<\/p>\n<p>Han confundido sus destinos de un modo tan fraternal<\/p>\n<p>Que son de la misma esencia y de la misma estatura.<\/p>\n<p>No es esto una afirmaci\u00f3n abstracta. Tal como sucede en toda la obra de P\u00e9guy, la uni\u00f3n entre los dos troncos, esa uni\u00f3n ceremonial y fraterna, ese enraizamiento de un principio y del otro, es absolutamente concreto e hist\u00f3rico. El poeta lo contempla en el misterio de la Navidad, mirando al Ni\u00f1o que yace envuelto en pa\u00f1ales, con su piel pura y rosada, y que duerme en paz junto al buey y al asno, sus dos solemnes guardianes franceses:<\/p>\n<p>Y Jes\u00fas es el fruto de un vientre maternal,<\/p>\n<p><em>Fructus ventris tui<\/em>, el ni\u00f1o de pecho<\/p>\n<p>Se durmi\u00f3 en la paja y la pelota y el canto,<\/p>\n<p>Con las dos rodillas plegadas bajo su vientre carnal.<\/p>\n<p>El que est\u00e1 all\u00ed, envuelto en un clima de serena ternura, es el salvador del mundo. La noche que cae sobre el pesebre, es la misma que caer\u00e1 sobre el G\u00f3lgota tres d\u00e9cadas despu\u00e9s (la Noche, esa hija amada del Padre que vendr\u00e1 a sepultar a su Hijo muerto, seg\u00fan el final de otro poema de P\u00e9guy, <em>El p\u00f3rtico del misterio de la segunda virtud<\/em>):<\/p>\n<p>El pliegue justo del brazo cargaba la cabeza rubia.<\/p>\n<p>Los miembros distendidos formaban como una colecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Todo era joven entonces, y el salvador del mundo<\/p>\n<p>Era un ni\u00f1o peque\u00f1o que jugaba en un umbral.<\/p>\n<p>En el hueco de este pliegue rodaba la cabeza redonda.<\/p>\n<p>(La misma que fue puesta en un pobre ata\u00fad).<\/p>\n<p>Todo se volv\u00eda pesado en esta noche profunda,<\/p>\n<p>La misma que cay\u00f3 sobre un supremo duelo.<\/p>\n<p>Lo que sigue es una larga enumeraci\u00f3n de la herencia que recibe este Ni\u00f1o que ahora juega en un umbral. Los pueblos (Roma, Israel, Grecia y Egipto) peregrinan hacia el pesebre y se arrodillan frente a Jes\u00fas, entregando sus ofrendas, tal como hicieron los pastores y los reyes aquella noche feliz de la primera Navidad. Lo que ofrecen es lo mejor que tienen, porque lo mejor que han creado y logrado a lo largo de su historia, por \u00c9l lo han hecho. Citemos, a modo de ejemplo, la ofrenda de la Grecia antigua:<\/p>\n<p>El antiguo Agamen\u00f3n hab\u00eda marchado por \u00e9l<\/p>\n<p>Desde el palacio de su padre al campo ante Aulis.<\/p>\n<p>Los soles del retorno s\u00f3lo por \u00e9l hab\u00edan brillado<\/p>\n<p>Desde las orillas de Troya al templo de Eleusis.<\/p>\n<p>Los sue\u00f1os de Plat\u00f3n hab\u00eda marchado por \u00e9l<\/p>\n<p>Desde el calabozo de S\u00f3crates a las c\u00e1rceles de Sicilia.<\/p>\n<p>Los soles ideales por \u00e9l hab\u00edan brillado<\/p>\n<p>Y s\u00f3lo por \u00e9l hab\u00eda cantado el gigantesco Esquilo.<\/p>\n<p>En medio de esta procesi\u00f3n, una pregunta hiere a los lectores:<\/p>\n<p>Y los pobres corderos hubiesen dado su lana<\/p>\n<p>Antes de que nosotros hubi\u00e9ramos dado nuestra t\u00fanica.<\/p>\n<p>Y estos dos grandes soldados entregaban verdaderamente su pena.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 hemos puesto nosotros a los pies del unig\u00e9nito?<\/p>\n<p>Los soldados que entregan su pena son el buey y el asno que custodian el llanto y el sue\u00f1o del Ni\u00f1o Dios. En ellos, la creaci\u00f3n entera ofrece su pena, sus dolores de parto. Pero la pregunta es qu\u00e9 hemos puesto nosotros, qu\u00e9 hemos ofrecido. Nosotros, miembros de un pueblo, de una Iglesia, y de una cultura. Y como aquel que ha sido encontrado incapaz de responder satisfactoriamente en un examen, es probable que bajemos la mirada un tanto avergonzados por la pobreza de la ofrenda que llevamos en nuestras manos. Sin embargo, la confesi\u00f3n de la indignidad coincide con la petici\u00f3n de la gracia:<\/p>\n<p>D\u00edgnate buscarnos para este \u00faltimo catastro<\/p>\n<p>Y para el pago de estas cuentas de miseria,<\/p>\n<p>D\u00edgnate buscarnos en este com\u00fan desastre<\/p>\n<p>Bienes que no sean nuestros castillos y nuestras riquezas.<\/p>\n<p>D\u00edgnate procurarnos lo que no tenemos.<\/p>\n<p>D\u00edgnate revelarnos, rey de los bienes perecederos,<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del \u00faltimo d\u00eda y del \u00faltimo tr\u00e1nsito,<\/p>\n<p>La puerta y la escalinata de los bienes infranqueables.<\/p>\n<p>Nosotros, los que poco o nada hemos puesto a los pies del unig\u00e9nito, nos atrevemos a pedirle al Ni\u00f1o que yace so\u00f1ando, que nos haga dignos, que nos regale lo que no tenemos.<\/p>\n<p>Eva es conducida hacia la estampa navide\u00f1a. En la escena que ahora contempla, puede ver no s\u00f3lo la armon\u00eda del Ed\u00e9n perdido, sino la alegr\u00eda serena del Dios cuyo nombre es, seg\u00fan P\u00e9guy, la pura y pur\u00edsima Ternura de un Ni\u00f1o reci\u00e9n nacido.<\/p>\n<p><em>Ignacio Mar\u00eda D\u00edaz es Licenciado en Teolog\u00eda Sistem\u00e1tica y miembro de Communio Argentina<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eva, un poema de trescientas p\u00e1ginas de Charles P\u00e9guy, es, seg\u00fan Hans Urs von Balthasar, una teolog\u00eda de la historia comparable a la Civitas Dei&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[1630,14,116,2736],"class_list":["post-17267","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","tag-eva","tag-iglesia","tag-navidad","tag-peguy"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4uv","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17267","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=17267"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17267\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17268,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17267\/revisions\/17268"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=17267"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=17267"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=17267"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}