{"id":17272,"date":"2022-02-01T08:34:29","date_gmt":"2022-02-01T11:34:29","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17272"},"modified":"2022-02-01T08:34:34","modified_gmt":"2022-02-01T11:34:34","slug":"carlo-maria-martini-un-gran-reformador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17272","title":{"rendered":"Carlo Maria Martini, un gran reformador"},"content":{"rendered":"<p>El misterio constituye la identidad de la poes\u00eda. Y tal vez en ese punto la poes\u00eda y la fe se conectan y se revelan. No hay fe sin misterio ni misterio sin poes\u00eda. Contra los lugares comunes y las manipulaciones habituales, el misterio no es oscuridad, por el contrario, es luz, iluminaci\u00f3n. La certeza de estas intuiciones las confirm\u00e9 leyendo al cardenal Carlo Maria Martini. Una frase tal vez sintetice esta relaci\u00f3n: \u201cLa iglesia no satisface expectativas, celebra misterios\u201d. Impecable. Otra: \u201cCada uno guarda dentro de s\u00ed a un creyente y a un no creyente que se interrogan rec\u00edprocamente\u201d. Lo sospechaba, pero era necesario expresarlo en palabras. Martini lo hizo. Por su parte, el te\u00f3logo Vito Mancuso dijo de Martini: \u201cNunca en \u00e9l el dogma se impuso a la vida real. Nunca la letra mat\u00f3 al esp\u00edritu. Martini fue el ejemplo m\u00e1s limpio de catolicismo liberal y no dogm\u00e1tico\u201d.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando falleci\u00f3, el 31 de agosto de 2012, miles y miles de creyentes lo despidieron en Mil\u00e1n, la ciudad donde fue obispo durante veinte a\u00f1os, la di\u00f3cesis cat\u00f3lica m\u00e1s importante de Europa. Mujeres y ni\u00f1os, j\u00f3venes y ancianos, pobres y ricos, salieron a la calle para darle el \u00faltimo adi\u00f3s al obispo que amaban. El papa Benedicto XVI ponder\u00f3 sus servicios desinteresados a la Iglesia con la que comprometi\u00f3 su vida. Quienes en otros tiempos lo acusaron de hereje, demagogo y anti Papa, esta vez guardaron silencio, porque los hechos eran mucho m\u00e1s fuertes que las maledicencias, las injurias y el fanatismo. Las autoridades de otras religiones, ponderaron las virtudes de un obispo siempre abierto al di\u00e1logo, a la pr\u00e1ctica sincera del ecumenismo y a la grandeza de la duda.<\/p>\n<p>Los hombres sencillos lo amaban y sus adversarios, incluso los m\u00e1s enconados, lo respetaban. Los no creyentes sab\u00edan que estaban ante un hombre iluminado por la fe, pero dispuesto a entender las dudas y a dialogar. El coraje que tuvo para conversar con Umberto Eco, no es diferente de su osad\u00eda para decirse admirador de Gandhi, Lutero y el Dalai Lama. O su lucidez para dialogar y debatir con los marxistas, sin concesiones pero con respeto. Jam\u00e1s consinti\u00f3 el terrorismo. Fue un cr\u00edtico duro e implacable de las Brigadas Rojas, pero cuando \u00e9stas depusieron las armas, lo hicieron en su curia.<\/p>\n<p>Se dijo que cuando muri\u00f3 Juan Pablo II, su sucesor ser\u00eda Carlo Maria Martini. No me consta que fuera cierto, pero est\u00e1 claro que una inmensa mayor\u00eda de cat\u00f3licos alent\u00f3 esa esperanza. No sucedi\u00f3. El elegido fue Joseph Ratzinger y lo fue, entre otras cosas, porque Martini, desde su inmensa autoridad moral, lo aval\u00f3. Quienes ignoran el universo interno de la Iglesia cat\u00f3lica, un universo complejo, contradictorio, sinuoso, aferrado a tradiciones y rituales, nunca podr\u00e1 entender por qu\u00e9 el cardenal progresista respald\u00f3 al cardenal conservador. Sin embargo, as\u00ed fueron las cosas. Y as\u00ed fueron, porque los movimientos internos de la Iglesia poseen una l\u00f3gica propia que escapa a las visiones que suponen que la \u00fanica contradicci\u00f3n v\u00e1lida es la que se expresa a trav\u00e9s de progresistas y conservadores.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 Martini no fue Papa? Porque la coalici\u00f3n conservadora fue m\u00e1s poderosa, dicen algunos. Es probable, pero no estoy del todo seguro. Porque el mal de Parkinson ya estaba haciendo su trabajo, aseguran otros. Tal vez. No tengo una respuesta exclusiva \u2013no tengo por qu\u00e9 tenerla\u2013 a esa pregunta, pero s\u00ed me resulta interesante la opini\u00f3n de un experto en temas cat\u00f3licos, como es el te\u00f3logo espa\u00f1ol y periodista Jos\u00e9 Manuel Vidal, quien no vacila en calificar a Martini como \u201cel Deseado\u201d, es decir, el deseado para ocupar la silla de San Pedro.<\/p>\n<p>Vidal es un hombre que est\u00e1 al tanto de los laberintos de la Iglesia y sus internas. Tambi\u00e9n de sus secretos. Escribe desde la seguridad que tiene quien est\u00e1 hablando de algo que conoce hasta en los detalles. Esa autoridad es la que le permite decir que \u201csi la Iglesia cat\u00f3lica fuera una democracia, Martini ser\u00eda sin duda presidente. Si en la Iglesia cat\u00f3lica hubiera elecciones, Carlo Maria Martini ganar\u00eda de calle. Si en la Iglesia votaran los cat\u00f3licos, el purpurado jesuita hubiera sido Papa\u201d.<\/p>\n<p>Vidal no inventa nada. Carlo Maria Martini fue la gran esperanza de millones de creyentes que desean una Iglesia abierta, atenta a los nuevos tiempos, fiel a sus mejores tradiciones, pero dispuesta al cambio, a la reforma. \u00c9l mismo lo dijo en su momento: \u201cLa Iglesia cat\u00f3lica debe tener el valor de reformarse\u201d. Quien pronunciaba esas palabras no era un personaje marginal de la instituci\u00f3n. Todo lo contrario. Precisamente, la gran novedad de Martini, la gran esperanza que dejaba abierta su presencia, era que se pod\u00eda ejercer las m\u00e1s altas responsabilidades de la Iglesia, sin por ello renunciar a una mirada cr\u00edtica.<\/p>\n<p>Quienes lo conocieron, admiraron su inteligencia, su lucidez, su carisma. Era elegante, culto, distinguido. Ten\u00eda los modales y el estilo de un gran se\u00f1or. Sus ojos azules, su nariz aguile\u00f1a y su sonrisa, a veces dulce, a veces ir\u00f3nica, recordaban m\u00e1s a uno de esos cardenales aristocr\u00e1ticos del Renacimiento, que a un sacerdote jesuita progresista y renovador.<\/p>\n<p>Sin duda que fue uno de los grandes intelectuales de la Iglesia cat\u00f3lica. Sus libros, sus ponencias, as\u00ed lo ameritan. Hablaba a la perfecci\u00f3n seis idiomas contempor\u00e1neos y dominaba el griego, el lat\u00edn y el hebreo. Experto en temas b\u00edblicos, el papa Wojtyla lo design\u00f3 en su momento acad\u00e9mico de honor de la Academia Pontificia de las Ciencias. No fue ni el primero ni el \u00faltimo Papa que lo distingui\u00f3 por sus saberes. En 1969, Pablo VI lo hab\u00eda nombrado rector del Instituto B\u00edblico de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, responsabilidad a la que renunci\u00f3 para hacerse cargo del obispado de Mil\u00e1n en 1980, designaci\u00f3n hecha por Juan Pablo II, el mismo que nueve a\u00f1os m\u00e1s tarde lo designar\u00eda cardenal, un merecido reconocimiento a quien ser\u00eda valorado luego como la figura m\u00e1s brillante del colegio cardenalicio.<\/p>\n<p>Sus cordiales relaciones con Wojtyla tambi\u00e9n llamaron la atenci\u00f3n a los observadores externos. \u00bfC\u00f3mo se llevan tan bien si est\u00e1n en las ant\u00edpodas?, se preguntaban los curiosos. Tal vez porque no eran tan antag\u00f3nicos, tal vez porque hab\u00eda algo m\u00e1s importante que los un\u00eda, m\u00e1s all\u00e1 de las diferencias. Como en estos temas nadie puede decirse due\u00f1o de la verdad, motivo por el cual todas las hip\u00f3tesis, incluidos los chismes, est\u00e1n permitidas, no falt\u00f3 quienes dijeran que Wojtyla lo nombr\u00f3 obispo de Mil\u00e1n para impedir que fuera el sucesor de Pedro Arrupe en la orden jesuita. \u00bfFue as\u00ed? No lo sabemos. El talante reformista, las aperturas renovadoras, las declaraciones atrevidas, fueron una marca registrada de su magisterio. Sab\u00eda escuchar y sab\u00eda decir las palabras justas. Siempre estuvo m\u00e1s interesado en comprender que en sancionar y en permitir que en prohibir. Si quisi\u00e9ramos expresar en pocas palabras su estilo, podr\u00eda decirse que se trataba de uno de esos hombres dispuestos a entender el tiempo que viven y darle una respuesta satisfactoria a cada uno de sus desaf\u00edos, una respuesta, abierta, humanista, tolerante.<\/p>\n<p>En realidad, sus opiniones manifestaban el m\u00e1s estricto sentido com\u00fan, sus afirmaciones eran las que dar\u00eda en la misma situaci\u00f3n cualquier hombre o mujer guiado por la buena fe y con los pies puestos en el siglo XXI. Temas como la sexualidad, el rol de la mujer, el celibato de los sacerdotes, la readmisi\u00f3n en la Iglesia de los divorciados cat\u00f3licos, las relaciones sexuales prematrimoniales, \u00e9l los interpretaba desde la apertura y la comprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>En todo momento se preocup\u00f3 por mantener un delicado equilibrio entre sus osad\u00edas y sus responsabilidades institucionales. No estaba interesado en escandalizar, no quer\u00eda posar de revolucionario o llamar la atenci\u00f3n con sus supuestas transgresiones. Su rol fue mucho m\u00e1s noble y digno. No era un \u201cloquito\u201d; era, si se permite la palabra, un reformador consciente de los l\u00edmites de su poder y de las resistencias de las instituciones al cambio.<\/p>\n<p>Nunca alent\u00f3 el uso del preservativo, pero desde su magisterio lleg\u00f3 a decir que en ciertas circunstancias pod\u00eda ser el mal menor. Nunca hizo una defensa militante de los homosexuales, pero conversaba con ellos y los entend\u00eda. No defendi\u00f3 la uni\u00f3n matrimonial entre personas del mismo sexo, por el contrario, siempre estuvo a favor de la uni\u00f3n del hombre con la mujer, pero advirti\u00f3 que no le parec\u00eda justo discriminar otro tipo de uniones. Insisti\u00f3 hasta el cansancio a favor de una Iglesia comprometida con los pobres, fiel al Evangelio y a sus verdades m\u00e1s nobles, pero mantuvo prudente distancia de los te\u00f3logos de la liberaci\u00f3n en sus versiones m\u00e1s radicalizadas.<\/p>\n<p>Fue el gran defensor del Concilio Vaticano II. Tanto lo fue que, alarmado por el abandono de sus ense\u00f1anzas por parte de algunos de sus pares, sugiri\u00f3 que era necesario convocar a un nuevo concilio para defender las viejas verdades e instalarlas de cara al siglo XXI. Por supuesto, no le llevaron el apunte. Por lo menos hasta ahora.<\/p>\n<p>El celibato de los sacerdotes no le parec\u00eda mal, pero a condici\u00f3n de que fuera opcional. Las mujeres, por su parte, sab\u00edan que en \u00e9l ten\u00edan a un defensor valiente y decidido. En tiempos conservadores, sostuvo que ya llegar\u00eda la hora en que la mujer pudiera ejercer el sacerdocio en plenitud. El tema lo preocupaba tanto que alguna vez declar\u00f3 que \u201clos hombres de la Iglesia le tienen que pedir perd\u00f3n a las mujeres\u201d. Dicho sea de paso, a\u00fan no lo han hecho.<\/p>\n<p>Preocupado por divulgar sus certezas, escribi\u00f3 libros que fueron traducidos a todos los idiomas y le\u00eddos por millones de personas. Imposible conocer a Martini sin su amor a Jerusal\u00e9n, a la que defini\u00f3 como la ciudad m\u00e1s cargada de memoria religiosa, \u201cla ciudad donde muri\u00f3 Jes\u00fas para la salvaci\u00f3n del mundo y donde se venera su sepulcro vac\u00edo y se hace memoria de su resurrecci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>En estos d\u00edas he regresado a la lectura de sus <em>Coloquios nocturnos en Jerusal\u00e9n<\/em>. Me parecen brillantes. \u00c9l era brillante. Y como corresponde: sin ostentaci\u00f3n. Y su presencia en la Iglesia cat\u00f3lica es para todos un motivo de orgullo y esperanza. Orgullo, por las causas justas que fue capaz de defender; esperanza, porque m\u00e1s all\u00e1 de errores, injusticias y culpas, la Iglesia cat\u00f3lica sigue siendo uno de los grandes tesoros culturales y humanistas de nuestra civilizaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El misterio constituye la identidad de la poes\u00eda. Y tal vez en ese punto la poes\u00eda y la fe se conectan y se revelan. 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