{"id":17316,"date":"2022-02-01T11:24:00","date_gmt":"2022-02-01T14:24:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17316"},"modified":"2022-02-01T11:24:05","modified_gmt":"2022-02-01T14:24:05","slug":"el-feminismo-cristiano-de-chesterton","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17316","title":{"rendered":"El feminismo cristiano de Chesterton"},"content":{"rendered":"<p>Tratar de lo femenino en Chesterton es hacerlo b\u00e1sicamente sobre un elemento familiar. La familia es para \u00e9l algo de naturaleza elemental, al igual que el fuego, el jam\u00f3n o la cerveza; cosas, ciertamente, para nada prosaicas o convencionales, sino todo lo contrario: ligadas esencialmente a la aventura, lo salvaje, e incluso lo fant\u00e1stico. Efectivamente, lo elemental \u2013que encuentra en el hogar su paradigma\u2013 tiene que ver, seg\u00fan \u00e9l, con el arte. Y el arte es imitaci\u00f3n de la vida; y, por lo mismo, algo indisociable de los sue\u00f1os. Este es, pues, el asunto en el que quiero adentrarme (no desprovisto, confieso, de cierto temor). La esencia de la mujer \u2013en tanto cuesti\u00f3n chestertoniana\u2013 se desvela en una meditaci\u00f3n de los sue\u00f1os. Es cuesti\u00f3n de onirolog\u00eda o, mejor, de oniromancia.<\/p>\n<p>Hay algunos poemas en los que el periodista londinense canta la dulzura y la magia de la femineidad, pero para ser transportados a su verdadero significado, conviene leer previamente a Kafka o Edgar Allan Poe. Hay uno a mi juicio particularmente apropiado para observar la mirada chestertoniana sobre la mujer, y trata de Santa Mar\u00eda, Virgen y Madre. Pero ella no es all\u00ed la dulce doncella de Nazaret, sino la reina de las siete espadas y la hechicera blanca. O, mejor dicho \u2013nos advierte Chesterton\u2013, s\u00f3lo se har\u00eda capaz de descubrir a una dulce nodriza que dispense calor de hogar, aquel que pudiera sorprenderla estrujando la cabeza de un drag\u00f3n.<\/p>\n<p>El poema trata del poder de la mujer; o m\u00e1s bien, de los encantos de su poder. Salvo que, en lo que hace a embrujos femeninos, hay hechizos blancos y los hay tambi\u00e9n nigromantes.<\/p>\n<\/p>\n<p><em>The White Witch<\/em> G.K. Chesterton <em>La hechicera blanca<\/em><\/p>\n<p>The dark Diana of the groves                                  La oscura Diana de los bosques,<\/p>\n<p>Whose name is Hecate in hell                                 cuyo nombre es H\u00e9cate en el averno,<\/p>\n<p>Heaves up her awful horns to heaven                    alza sus terribles cuernos hacia el cielo,<\/p>\n<p>White with the light I know too well.                      blanca por la luz que demasiado bien conozco.<\/p>\n<p>The moon that broods upon her brows                 La luna que se cierne sobre su frente<\/p>\n<p>Mirrors the monstrous hollow lands                      espejea los monstruosos terrenos vac\u00edos<\/p>\n<p>In leprous silver; at the term                                  en plata leprosa; en los lindes<\/p>\n<p>Of triple twisted roads she stands.                        de encrucijadas de tres caminos, ella enhiesta se\u00a0mantiene.<\/p>\n<\/p>\n<p>El poema empieza con la impresi\u00f3n que le causa aquel poder femenino carente de luz, calor y color. Diana, la romana, y H\u00e9cate, la griega, son dos diosas lun\u00e1ticas, se podr\u00eda decir hijas de la luna. Chesterton sab\u00eda bien de qu\u00e9 hablaba, habiendo padecido en su adolescencia de ciertas experiencias cercanas a poderes oscuros y demon\u00edacos de los que la luna era siempre emblema y motor. De ello da cuenta en su <em>Autobiography<\/em> (1936), donde trata de sus tentativas juveniles de \u201cc\u00f3mo ser un lun\u00e1tico\u201d (t\u00edtulo del cap. 4). Y en el volumen p\u00f3stumo que preparara Maisie Ward, <em>The Coloured Lands<\/em> (1938), con algunas de las composiciones m\u00e1s tempranas que se conservan de Chesterton, el protagonismo de la luna y su eventual ascendiente sobre la mente humana es llamativo. As\u00ed en \u201cLa Pesadilla Domada\u201d (<em>The Taming of the Nightmare<\/em>), relato de 1892 aproximadamente (per\u00edodo escolar), hay un ternero (<em>calf<\/em>) que es literalmente hijo de la luna (<em>mooncalf<\/em>, t\u00e9rmino en desuso que en realidad significa \u2018mentecato\u2019, \u2018idiota\u2019): su progenitora vaca hab\u00eda muerto \u201cbajo los efectos de una tonada popular\u201d, y \u201cahora, en su gloria, brillaba en el cielo\u201d. Y al igual que a Diana o H\u00e9cate, a ese ternero se lo encontraba en los confines de la Creaci\u00f3n (<em>the borderland of Creation<\/em>), en \u201cp\u00e1ramos est\u00e9riles (<em>barren<\/em>), que reflejaban el ancho y p\u00e1lido rostro de la luna\u201d, cantando con un \u201cdesolado y travestido (<em>queer<\/em>) canto de adoraci\u00f3n\u201d a su \u201cm\u00edstica madre\u201d (<em>mystical mother<\/em>). El poder del astro leproso es as\u00ed de \u201cproverbialmente absurdo\u201d: el ternero hallaba gozo en un lamento sin fin, cant\u00e1ndole a su maternal astro mientras este no cesaba de alumbrarlo g\u00e9lidamente con aterradora blancura (<em>he was quite content, gazing plaintively up to the moon<\/em>).<\/p>\n<p>Sin embargo, lo que Diana es capaz de brindar en sue\u00f1os, o H\u00e9cate en pesadillas, no representa primariamente la naturaleza humana ca\u00edda. Nadie se vuelve lun\u00e1tico por el simple hecho de so\u00f1ar. El peligro reside en so\u00f1ar solamente y no tener la intenci\u00f3n de despertar. Puede que la vida se sustente en sue\u00f1os, e incluso en pesadillas, pero a fin de cuentas el destino de los sue\u00f1os es la vida real: \u201cel pa\u00eds de la realidad\u201d, \u201cel pa\u00eds de la luz solar\u201d.<\/p>\n<p>Dreams are no sin, or only sin                                  Los sue\u00f1os no son pecado, o pecado solamente<\/p>\n<p>For them that waking dream they dream;                para quienes sue\u00f1an enso\u00f1aciones;<\/p>\n<p>But I have learned what wiser knights                      s\u00f3lo que he descubierto qu\u00e9 caballeros m\u00e1s sabios<\/p>\n<p>Follow the Grail and not the Gleam.                         siguen el Grial y no el Resplandor.<\/p>\n<p>I found One hidden in every home,                          Encontr\u00e9 Una oculta en cada hogar,<\/p>\n<p>A voice that sings about the house,                          una voz que canta por la casa,<\/p>\n<p>A nurse that scares the nightmares off,                    una nodriza que espanta las pesadillas,<\/p>\n<p>A mother nearer than a spouse,                                una madre m\u00e1s cercana que una esposa,<\/p>\n<p>Whose picture once I saw; and there                        cuyo retrato vi hace tiempo; y all\u00ed,<\/p>\n<p>Wild as of old and weird and sweet,                         salvaje de antigua que es, extra\u00f1a y dulce,<\/p>\n<p>In sevenfold splendour blazed the moon                 en s\u00e9ptuple esplendor brillaba la luna,<\/p>\n<p>Not on her brow: beneath her feet.                          no sobre su frente: a sus pies.<\/p>\n<p>Sin duda, Chesterton confiesa la aversi\u00f3n que le despierta el culto a H\u00e9cate, pero no condena la imaginaci\u00f3n o enso\u00f1aci\u00f3n en torno a ella en particular, o al mito pagano en general. En este sentido, \u00e9l parece deslindar el mito pagano de la religi\u00f3n pagana. Con todo, hay una forma distinta de emplear la imaginaci\u00f3n. Una forma que lleva a la persecuci\u00f3n del Grial, a no confundir con el Resplandor. Aqu\u00ed Chesterton apunta su cr\u00edtica directamente al conservador progresista Tennyson (para algunas cosas lo uno, para otras lo otro). En el poema autobiogr\u00e1fico \u201cMerlin and the Gleam\u201d (Merl\u00edn y el Resplandor), escrito tres a\u00f1os antes de su muerte (1889), identific\u00e1ndose con el mago, Tennyson celebraba su persecuci\u00f3n del Resplandor: \u201c<em>Yo<\/em> soy Merl\u00edn \/ y estoy muriendo \/ <em>Yo<\/em> soy Merl\u00edn \/ Quien sigue el Resplandor\u201d. Para el poeta victoriano, \u2018Resplandor\u2019 significaba \u201cla imaginaci\u00f3n po\u00e9tica m\u00e1s elevada\u201d, la inspiraci\u00f3n de la imaginaci\u00f3n literaria, esencialmente intermitente como cierta seducci\u00f3n femenina: as\u00ed como Merl\u00edn persigue con insistencia a la caprichosa Dama del Lago, Nimue, que aparece y desaparece, Tennyson siente haber perseguido durante toda su vida el Resplandor, de similar naturaleza variable. A Chesterton todo esto le resulta, cuando menos, una insinuaci\u00f3n de retroceso m\u00e1s que de progreso: una forma de ir, no tras la luz, sino tras espejismos. Pues no es s\u00f3lo que el Resplandor sea un objetivo simplemente humano, clausurado a la influencia de la realidad divina, sino que es un objetivo difuso, en constante movimiento, que no puede guiar realmente a nadie. No es casual la aprensi\u00f3n expresa de Tennyson a emprender <em>the Quest of the<\/em> <em>Sangraal<\/em>: como le parec\u00eda que con las realidades sagradas no se pod\u00eda <em>jugar<\/em>, sino tan s\u00f3lo <em>creer <\/em>en ellas, y como ya no se cre\u00eda sino en ilusiones, entonces no hab\u00eda otra que dedicarse a jugar con estas \u00faltimas.<\/p>\n<p>El Resplandor cautiva con facilidad, pero al perseguirlo se desvanece. El Santo Grial, en cambio, se oculta, por la insoportable solidez e intensidad de su luz. Mas hay una forma de hacerse con \u00e9l: entrar de nuevo al hogar, y dejarse consolar por el encanto de un semblante que, no por sernos familiar, deja jam\u00e1s de resultarnos tambi\u00e9n salvaje o excitante, por antiguo que es, extra\u00f1o y a la vez dulce (<em>wild as of old and weird and sweet<\/em>). No, claro, esto lo dec\u00eda Chesterton en relaci\u00f3n a la luna; pero al final es como que \u00e9l operara una simbiosis entre lo lunar de H\u00e9cate y lo virginal de Mar\u00eda. La luna ha sido cristianizada. Mar\u00eda no es menos que la luna, la cual, de hecho, est\u00e1 a los pies de esa su nueva se\u00f1ora.&nbsp;<\/p>\n<p>El \u00faltimo tiempo trajo a las sufragistas, con el emblema de su Nueva H\u00e9cate; no ya la divisa de una altiva diosa ante quienes las brujas rinden honores, sino el pend\u00f3n feminista de Miss Pankhurst, \u201cpostrada y penitente\u201d ante las solemnes trivialidades masculinas \u2013los partidos pol\u00edticos, el deporte y la juerga\u2013, \u201cimplorando humildemente que las mujeres sean admitidas en esa arena tanto m\u00e1s exterior y perif\u00e9rica\u201d que la del recogido hogar. Es aqu\u00ed donde, a ojos de Chesterton, el feminismo neopagano sufre de colosal enga\u00f1o: el hogar no es \u00e1mbito de paz y tranquilidad y los clubes lugar de excitantes aventuras. Es exactamente al rev\u00e9s. El salvajismo, la guerra, la creatividad art\u00edstica y el romanticismo se juegan en el primero m\u00e1s que en los \u00faltimos: el hermano fuego y la hermana agua no s\u00f3lo son elementos; son tambi\u00e9n esp\u00edritus, y de tanto en tanto se rebelan.<\/p>\n<p>Al comienzo sostuve que en la visi\u00f3n de Chesterton lo elemental se un\u00eda a lo fant\u00e1stico. Ahora es preciso a\u00f1adir que en lo elemental se esconde lo sagrado: lo femenino es un misterio a perseguir, y en \u00e9l anida \u201cla idea de sensatez, ese hogar intelectual al cual la mente debe retornar despu\u00e9s de cada excursi\u00f3n por el terreno de la extravagancia\u201d (<em>What\u2019s Wrong With the World<\/em>, 1910). Para descubrirlo habr\u00e1 que volver a nacer mentalmente y hacerse como ni\u00f1os: bajarse de la moto, subirse de nuevo a un caballo, salir a ver qu\u00e9 hay y regresar. Pues \u201cla mente que se abre camino hacia lugares salvajes es la del poeta, pero la que no sabe regresar es la del man\u00edaco\u201d. <em>Immer nach Hause<\/em>, apostilla Novalis. <em>Homesick at home<\/em>, salda el ingl\u00e9s.<\/p>\n<p><em>Santiago Arg\u00fcello es fil\u00f3sofo, docente e investigador en el INCIHUSA CCT-CONICET Mendoza<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tratar de lo femenino en Chesterton es hacerlo b\u00e1sicamente sobre un elemento familiar. 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