{"id":17333,"date":"2022-02-01T02:16:00","date_gmt":"2022-02-01T05:16:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17333"},"modified":"2022-02-01T15:05:14","modified_gmt":"2022-02-01T18:05:14","slug":"mis-plantas-maestras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17333","title":{"rendered":"Mis plantas maestras"},"content":{"rendered":"<p>La primera vez que escuch\u00e9 hablar de plantas maestras fue en una de las oscuras aulas de la abad\u00eda de Belgrano, sobre la calle Gorostiaga. Ten\u00eda 22 a\u00f1os, acababa de volver de mochilear por Bolivia y Per\u00fa y me hab\u00eda anotado en un curso sobre pueblos originarios, con el imaginario encendido de ruinas incas, la luminosidad del tahuantinsuyo y la fugaz monumentalidad de ese imperio creado en menos de 200 a\u00f1os. El profesor del curso era Carlos Mart\u00ednez Sarasola, escritor y antrop\u00f3logo que llevaba 20 a\u00f1os con ind\u00edgenas de la Argentina.<\/p>\n<p>Fue en una de las \u00faltimas clases cuando Carlos empez\u00f3 a hablar sobre plantas maestras. Cont\u00f3 que para muchos de los pueblos de la antig\u00fcedad, \u00e9stas serv\u00edan como puentes a los dioses, como gu\u00eda para sus gobernantes hacia el camino de lo correcto.<\/p>\n<p>\u2013 Est\u00e1 hablando de drogas como la Ayahuasca, \u00bfno? \u2013 pregunt\u00e9, queriendo mostrar que sab\u00eda algo del tema. Carlos se fren\u00f3 en seco. Sus ojos parecieron indignarse y luego se pusieron tristes. Recuerdo que me respondi\u00f3:<\/p>\n<p>-Estas no son drogas. Las drogas se usan para escapar de uno. Los ind\u00edgenas usan y usaron estas plantas para encontrarse con ellos mismos, con la divinidad adentro suyo, con todas sus luces y sus sombras. Son plantas para comulgar con dios.<\/p>\n<p>La segunda vez que escuch\u00e9 hablar de plantas maestras fue en mi cuarto en un departamento de Libertador y Callao, mientras le\u00eda sobre c\u00f3mo curar la depresi\u00f3n. Ten\u00eda 26 a\u00f1os y llevaba casi dos sumido en ella. Los antidepresivos entumec\u00edan la tristeza junto a cualquier otra emoci\u00f3n, lo suficiente como para ser funcional y poder trabajar, mientras una psicolog\u00eda conductual y un psiquiatra de Recoleta daban lo mejor que su paradigma pod\u00eda ofrecer, pero aun as\u00ed la mayor\u00eda de los d\u00edas no ten\u00eda ganas de despertar (que no es lo mismo que querer morir, pero est\u00e1 bastante cerca). Cuando uno no tiene nada por perder, est\u00e1 dispuesto a probar cualquier cosa, as\u00ed que hice uso de mi mayor talento: investigar en internet.<\/p>\n<p>Aprend\u00ed sobre la flora bacteriana y c\u00f3mo influencia nuestro \u00e1nimo, sobre el agua fr\u00eda y la producci\u00f3n de hormonas, sobre estar al sol y dormir bien. Recuerdo la primera vez que escuch\u00e9 a Roland Griffiths, director Psiquiatr\u00eda y Neurociencia en Johns Hopkins, describir su \u00faltimo estudio: una sola dosis de hongos de psilocibina hab\u00eda logrado eliminar los s\u00edntomas de depresi\u00f3n en el 80% de los pacientes estudiados, por al menos dos a\u00f1os. Eso representa un \u00edndice de \u00e9xito cuatro veces mayor al de los tratamientos con los antidepresivos m\u00e1s efectivos. El estudio no hab\u00eda encontrado ning\u00fan efecto colateral significativo, algo inexistente en la medicina psiqui\u00e1trica occidental, que genera un desbalance importante hormonal y de neurotransmisores.&nbsp;<\/p>\n<p>Antes de leer ese estudio, lo \u00fanico que sab\u00eda de los hongos de psilocibina u \u201chongos m\u00e1gicos\u201d era que hab\u00eda personas que viajaban a \u00c1msterdam para \u201cmalflashear\u201d con ellos en alguna plaza. Griffiths explic\u00f3 en un video el concepto de <em>set <\/em>y <em>setting<\/em>: c\u00f3mo en una experiencia psicod\u00e9lica la intenci\u00f3n del individuo y el ambiente que lo rodea se vuelven parte intr\u00ednseca del proceso. Hab\u00eda un protocolo estricto y meticuloso sobre c\u00f3mo consumir estos hongos, semanas de preparaci\u00f3n y meses de trabajo posterior a la experiencia para que \u00e9sta surtiera su efecto terap\u00e9utico.<\/p>\n<p>\u201cLlamativamente \u2013dec\u00eda Griffith en una de las muchas entrevistas que vi\u2013, pareciera ser que un requisito excluyente para que haya efecto terap\u00e9utico, es que la sesi\u00f3n genere una experiencia m\u00edstica en los pacientes. Con el <em>set<\/em> y <em>setting<\/em> apropiados, pareciera ocurrir la mayor\u00eda de las veces\u201d. En YouTube encontr\u00e9 testimonios de los pacientes, tanto ateos como religiosos, hablando de la presencia divina que hab\u00edan experimentado y c\u00f3mo esto hab\u00eda modificado radicalmente su percepci\u00f3n sobre la vida. Hablaban de este cambio en su cosmovisi\u00f3n dos a\u00f1os despu\u00e9s de haber tomado los hongos. \u201cMe atrevo a hipotetizar \u2013conclu\u00eda Griffiths frente a miembros de una asociaci\u00f3n psiqui\u00e1trica norteamericana\u2013 que gran parte de lo que cura es la obtenci\u00f3n de una dimensi\u00f3n espiritual\u201d.<\/p>\n<p>Fue entonces que record\u00e9 a Carlos bajo los arcos del aula de la abad\u00eda, hablando de las plantas maestras. Segu\u00ed investigando y descubr\u00ed que muchos pueblos ind\u00edgenas de M\u00e9xico hab\u00edan usado hongos de psilocibina durante milenios como uno de sus sacramentos principales. Pocos d\u00edas despu\u00e9s, hab\u00eda logrado conseguir hongos que un amigo cultivaba para tomar en fiestas de m\u00fasica electr\u00f3nica.<\/p>\n<p>El problema era que el asunto me aterraba. Las \u00fanicas drogas que hab\u00eda probado eran el az\u00facar, el alcohol y la marihuana, y la idea de un psicod\u00e9lico me espantaba. No pod\u00eda concebir la posibilidad de perder el control de mi mente, explorar las profundidades de mi inconsciente y adentrarme en un reino que asociaba, por todo lo que me hab\u00edan dicho los medios y las pel\u00edculas, con la locura y lo traum\u00e1tico, pero como dije, ya no ten\u00eda mucho por perder. As\u00ed que pas\u00e9 tres meses con esos hongos en mi estante, prepar\u00e1ndome. Le\u00ed libros sobre terapia con psicod\u00e9licos y vi horas y horas de videos del equipo de John Hopkins explicando los procedimientos, las dosis, la forma de integrar la experiencia, c\u00f3mo crear un ambiente ceremonial que me protegiera durante el descenso al inconsciente.&nbsp;<\/p>\n<p>Tom\u00e9 mi primera dosis un s\u00e1bado a las once de la ma\u00f1ana, en ayunas. Hab\u00eda limpiado y ordenado mi cuarto todo lo posible. Ten\u00eda mantas para meditar en el piso, dos litros de agua, frutas cortadas y la cama lista para meterme dentro en el momento m\u00e1s intenso de la experiencia. Las luces estaban apagadas y las persianas cerradas, seg\u00fan las recomendaciones para evitar distracciones sensoriales. La experiencia deb\u00eda ser interna. Mi parlante reproduc\u00eda una lista armada por el propio Griffith para la terapia, mezcla de m\u00fasica cl\u00e1sica y sonidos de la naturaleza. Mastiqu\u00e9 los dos gramos de hongos como subiendo una monta\u00f1a rusa y prend\u00ed un sahumerio.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil describir lo que pas\u00f3, y nunca alcanzan las palabras, pero lo intentar\u00e9. Despu\u00e9s de unos minutos de fen\u00f3menos sensoriales, el cuerpo volvi\u00e9ndose m\u00e1s ligero y luego pesado, y la m\u00fasica acariciando mi piel, los pensamientos comenzaron a distorsionarse, como en los momentos antes de quedarme dormido, en que la consciencia se desdibuja. Una nota musical se volv\u00eda una imagen que llevaba a un recuerdo y mis sentidos y pensamientos comenzaban a entretejerse de manera indistinguible, conformando una experiencia \u00fanica y desconocida, una manera nueva de pensar, un trance vivencial que lentamente adquir\u00eda una narrativa, un sentido.<\/p>\n<p>Me invadi\u00f3 un cansancio enorme y necesit\u00e9 acostarme en la cama. En cuanto lo hice y volv\u00ed a cerrar los ojos, apareci\u00f3 la visi\u00f3n n\u00edtida de un recuerdo: tres compa\u00f1eros sosteniendo mi cara a los ocho a\u00f1os contra el piso rojo del patio de la escuela primaria. Sent\u00ed mi cachete raspando contra el asfalto caliente hasta sangrar y me inund\u00f3 todo lo que sent\u00eda ese Francisco cada vez que eso pasaba, una rabia y una impotencia inmensas. Me invadi\u00f3 la sensaci\u00f3n de que yo no val\u00eda nada y que nadie me quer\u00eda ni me querr\u00eda. Pas\u00e9 varios minutos contemplando esa escena, de cuclillas frente al recuerdo v\u00edvido que hab\u00eda olvidado por completo, hasta que escuch\u00e9 una voz en mi interior:<\/p>\n<p>-\u00bfPor qu\u00e9 record\u00e1s esto?<\/p>\n<p>Esta voz sonaba como mi voz, pero distinta, con otra superpuesta detr\u00e1s. Yo respond\u00ed, no s\u00e9 si en voz alta o para mis adentros, que hab\u00eda algo en ese patio del colegio que no pod\u00eda soltar. La voz que sonaba como mi voz y a la vez como la de una madre imposiblemente dulce, respondi\u00f3:<\/p>\n<p>-No ten\u00e9s por qu\u00e9 estar ac\u00e1. Todo esto fue hace mucho tiempo. \u00bfPor qu\u00e9 record\u00e1s esto?<\/p>\n<p>-Creo que es porque quise quererlos y no me dejaron. Vuelvo ac\u00e1 porque quiero querer a alguien&#8230; quisiera haber tenido gente a quien querer. Perd\u00f3n&#8230; no puedo soltar eso. No s\u00e9 c\u00f3mo.<\/p>\n<p>La voz sonri\u00f3 ante mi respuesta y sent\u00ed que una mano se apoyaba en una cicatriz escondida, que algo respiraba y volv\u00eda a moverse, que entraba luz en m\u00ed como miel c\u00e1lida, la sent\u00eda en la sangre, algo que abrazaba y besaba cada uno de mis rincones, una red que me sosten\u00eda incondicionalmente y que siempre hab\u00eda estado ah\u00ed, esperando que lo notara. Todo era tangible y por primera vez sent\u00ed moverse dentro de m\u00ed lo que ahora reconozco como mi esp\u00edritu, mi alma, y llor\u00e9 de felicidad en la oscuridad.<\/p>\n<p>Las siguientes dos horas fueron una procesi\u00f3n kuros\u00e1wica de recuerdos olvidados, visiones que suger\u00edan futuros alternos, seres queridos que se me aparec\u00edan para bendecirme o acompa\u00f1arme. Vi a Nica y Nancy, mis abuelos, que hab\u00edan fallecido hac\u00eda poco. Me invitaron a su mesa para preguntarme c\u00f3mo estaba y luego se\u00f1alaron una por una todas las abundancias de mi vida. La risa de Nicanor llen\u00f3 el cuarto y ol\u00ed su aliento a pan y vino. Me vi a los cuatro a\u00f1os en la casa de mi t\u00eda In\u00e9s, en Chascom\u00fas, mientras mam\u00e1 estaba en el hospital, en mis manos un juguete musical cuya canci\u00f3n yo hac\u00eda sonar una y otra vez apretando un bot\u00f3n, sin entender por qu\u00e9 no estaba en casa.<\/p>\n<p>Me vi a los 15 a\u00f1os en el cuarto a la madrugada, iluminado por la luz fr\u00eda de la computadora, escribiendo una historia sobre un cielo para los suicidas, y vi todos los momentos que me hab\u00edan llevado hasta ah\u00ed; me vi como una continuaci\u00f3n de los fantasmas de mi familia, queriendo pronunciar un consejo atrapado en el tiempo; me vi como heredero de un esp\u00edritu que ya ven\u00eda cargado de tristezas y dolores callados, de cosas por ver, nombrar, abrazar, amar, pulir y continuar puliendo.<\/p>\n<p>Vi cosas tristes y dif\u00edciles pero tambi\u00e9n enormes triunfos y recuerdos hermosos, y en todo momento me acompa\u00f1\u00f3 esa voz, esa presencia que interced\u00eda, preguntaba, sosten\u00eda di\u00e1logos enteros conmigo y conectaba todas las visiones en un telar coherente, invit\u00e1ndome a rendirme ante la posibilidad de un pasado mejor, porque tal cosa era imposible. Cuando me levant\u00e9 de la cama, abr\u00ed las persianas. El sol se estaba poniendo y las plantas de mi patio respiraban en sus canteros como cada tarde, pero en ese momento sent\u00ed un hilo en el pecho que me conectaba a ellas, y lo hermoso en ellas era hermoso tambi\u00e9n en m\u00ed. Era la primera vez que pod\u00eda apreciarme en mucho tiempo.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente sal\u00ed a trotar, despu\u00e9s de meses sin hacer ejercicio. Me encontr\u00e9 cantando mientras cocinaba, ri\u00e9ndome en la ducha, teniendo ganas de volver a salir con amigxs. Al mes de haber tomado los hongos, hab\u00eda recuperado tres de los cinco kilos que perd\u00ed durante mi depresi\u00f3n. A los dos meses vi por \u00faltima vez a mi psiquiatra, que me diagnostic\u00f3 como \u201clibre de s\u00edntomas\u201d y me dijo que pod\u00eda dejar de tomar antidepresivos, cosa que yo ya hab\u00eda dejado de hacer antes de probar los hongos (una de las contraindicaciones de los antidepresivos es que generan una co-dependencia enorme y a veces fatal).<\/p>\n<p>Yo era un ateo militante antes de esta experiencia. Pero tal como los pacientes de John Hopkins y muchos de los testimonios que escuch\u00e9 en Youtube, hab\u00eda vivido algo que no pod\u00eda explicar y que reconfigur\u00f3 mi paradigma de vida. Me llev\u00e9 algunas certezas que no me abandonaron con el paso de los d\u00edas sino que se profundizaron con la pr\u00e1ctica diaria, con la meditaci\u00f3n y el rezo propio que fui cultivando: que yo ten\u00eda un alma inmortal, que hab\u00eda una fuerza creadora exhalando a cada ser vivo hacia la existencia, que este aliento era lo mismo que el amor y que yo ven\u00eda de un lugar distante al que volver\u00eda cuando muriera.<\/p>\n<p>Hoy, tres a\u00f1os despu\u00e9s, me enorgullezco de trabajar para Chacruna, una de las organizaciones l\u00edderes a nivel mundial en el estudio y divulgaci\u00f3n cient\u00edfica del impacto de las plantas maestras ind\u00edgenas en la salud f\u00edsica y mental de la poblaci\u00f3n. Este trabajo es otro paso en mi formaci\u00f3n a la cosmovisi\u00f3n ind\u00edgena de Abya Yala (el nombre original que ten\u00edan estos pueblos para Am\u00e9rica, antes de la conquista). He tenido el privilegio de participar de muchas ceremonias con distintos maestros y medicinas como la Ayahuasca y el San Pedro (llamado as\u00ed por los espa\u00f1oles porque, al probarlo, sintieron que estaban en las puertas del reino de dios).&nbsp;<\/p>\n<p>Ceremonia tras ceremonia, fui entendiendo que cada una de estas plantas tiene una inteligencia y voz propias, con cosas \u00fanicas por mostrarme y ense\u00f1arme; cada voz un fragmento de la gran voz, todas trabajando al un\u00edsono, sosteniendo un mismo relato, invit\u00e1ndonos a recordar, por sobre todas las cosas, de d\u00f3nde venimos y a d\u00f3nde vamos.<\/p>\n<p>Muchos pueblos ind\u00edgenas custodiaron estas plantas durante siglos de conquista, cuidando sus semillas, el aliento del rezo de toda su historia, las t\u00e9cnicas complejas de sus ceremonias. Las custodiaron como los jaguares guardaron la primer palabra de dios, seg\u00fan un cuento de Borges, comulgando ocultos en cuevas, escondidos en el monte, crucificados por intentar perdurar la memoria de su dios, porque cre\u00edan que la humanidad necesitaba de estas plantas para no alejarse de lo divino ni de la manera correcta de estar en el mundo. Ahondar en esta historia de persecuci\u00f3n y genocidio profundiz\u00f3 el desencanto y la rabia que sent\u00eda por la Iglesia cat\u00f3lica, que a\u00fan no reconoce ni se disculpa por el da\u00f1o irreversible que le hizo a la humanidad al intentar erradicar estos sacramentos y tradiciones que, ahora estamos entendiendo, podr\u00edan haber salvado vidas y cambiado la inclinaci\u00f3n de sociedades enteras que se vuelcan hacia la guerra y el odio.&nbsp;<\/p>\n<p>Reafirmo lo que me dijo Carlos hace tantos a\u00f1os, estas plantas no son drogas. Cada ceremonia, cada rezo hecho en su presencia, me acerca al amor que es el cuerpo de dios, a recordar que yo soy parte de ese cuerpo y que cada vez que miro a los ojos a otra persona, ah\u00ed dentro tambi\u00e9n est\u00e1 dios. Estas plantas me permiten ver, en un contexto ceremonial apropiado, la nota musical detr\u00e1s del tejido que nos hilvana. He tomado Ayahuasca y siempre fue la misma sensaci\u00f3n: entrar a un lugar lejano que es mi verdadera casa. Es imposible de describir, pero lo intentamos igual.<\/p>\n<p>Se siente como entrar a un reino donde todo es familiar, donde unas manos se entrelazan con tus dedos, la sensaci\u00f3n de que una familia invisible te sostiene siempre y reci\u00e9n ahora pod\u00e9s verla, notarla, hablarles y ellos est\u00e1n tan felices de que los veas y te dicen, apurados, todo lo que pueden decirte; que te aman, que sos preciosx y valiosx, que tu vida tiene un sentido y que sos parte de un todo pero, a la vez, una experiencia \u00fanica; que esta dualidad es un regalo, que cada vida es un regalo irrepetible.<\/p>\n<p>Los estudios de John Hopkins no pueden decirlo en estos t\u00e9rminos, aunque sospecho que su equipo lo cree: estas plantas curan porque nos recuerdan que somos hijos de dios, que tenemos algo divino adentro, que nuestro n\u00facleo es noble, que no estamos perdidos ni corruptos y que el amor es lo mayor a lo que podemos dedicar nuestras vidas. Yo creo que dios es uno y creo que su principal mandamiento es que logremos amarnos entre todxs lxs humanx, porque nada hay m\u00e1s terrible para un padre que ver a sus hijxs matarse.&nbsp;<\/p>\n<p>Dije una vez en una reuni\u00f3n de Criterio que yo no quer\u00eda que nadie me contara c\u00f3mo es dios. En las ceremonias, estoy aprendiendo a rezar con el coraz\u00f3n en la mano, cerrando los ojos y dej\u00e1ndome caer hacia atr\u00e1s, rindi\u00e9ndome en el regazo de dios, donde me susurra certezas de las que luego recuerdo apenas fragmentos, un mandamiento impronunciable cuyo sabor retengo cuando termina la ceremonia, y me gu\u00eda en los meses que siguen, para que cada uno de mis pasos y mis acciones haga sonre\u00edr a dios en los ojos de quienes me rodean.<\/p>\n<p><em>Francisco Rivarola es comunicador y miembro de Chacruna Institute of Psychedelic Plant Medicines<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La primera vez que escuch\u00e9 hablar de plantas maestras fue en una de las oscuras aulas de la abad\u00eda de Belgrano, sobre la calle Gorostiaga&#8230;.<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[1403],"tags":[3025,3026,3027,3024,158],"class_list":["post-17333","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-testimonios","tag-ayahuasca","tag-cosmovision","tag-culturas-originarias","tag-plantas-maestras","tag-testimonio"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4vz","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17333","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=17333"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17333\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17334,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17333\/revisions\/17334"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=17333"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=17333"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=17333"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}