{"id":17400,"date":"2022-03-13T14:49:00","date_gmt":"2022-03-13T17:49:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17400"},"modified":"2022-04-13T14:51:28","modified_gmt":"2022-04-13T17:51:28","slug":"el-triunfo-de-gabriel-boric-en-chile-la-fuerza-de-la-razon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17400","title":{"rendered":"El triunfo de Gabriel Boric en Chile: \u00bfla fuerza de la raz\u00f3n?"},"content":{"rendered":"<p>El candidato de Apruebo Dignidad, Gabriel Boric, triunf\u00f3 amplia e inesperada (por lo holgada) en la segunda vuelta de la elecciones presidenciales en Chile. Su victoria lo consagra como el Presidente m\u00e1s joven en la historia del pa\u00eds y representando a un frente de izquierda heredero de las revueltas estudiantiles del 2011 y del estallido social de octubre de 2019.<\/p>\n<p>No obstante, su triunfo no logra borrar al menos dos datos insoslayables: en primer lugar, la extrema polarizaci\u00f3n que se fue delineando inicialmente durante la conformaci\u00f3n de los frentes y partidos y luego con los resultados de las primarias entre una coalici\u00f3n de izquierda con una agenda con propuestas refundacionales y una derecha resistente y abroquelada en torno de una figura proveniente del pinochetismo. Es cierto que para la segunda vuelta ambas fuerzas hab\u00edan moderado sus respectivos discursos y programas buscando a los electores del centro pol\u00edtico, pero la relaci\u00f3n con sus bases y partidos de origen ser\u00e1 todo un desaf\u00edo, principalmente para el Presidente electo, pero tambi\u00e9n para el futuro de Jos\u00e9 Antonio Kast desde la oposici\u00f3n. En ambos casos se trata de partidos nuevos y peque\u00f1os con escasa presencia en el Congreso, donde tendr\u00e1n que generar coaliciones firmes para mantener una posici\u00f3n de liderazgo en su sector pol\u00edtico.<\/p>\n<p>En segundo lugar, si bien se trat\u00f3 de las elecciones presidenciales con mayor participaci\u00f3n electoral desde que se instaur\u00f3 el voto voluntario en 2012 (55,6%), no deja de llamar la atenci\u00f3n que en un contexto polarizado y que se ha definido como la elecci\u00f3n m\u00e1s trascendental en lo que va del siglo en el pa\u00eds, haya votado un poco m\u00e1s de la mitad del padr\u00f3n electoral (ese n\u00famero es incluso menor a la personas en edad de votar ya que en Chile primero hay que inscribirse para ello). A esto se agregan otras brechas cuando se observa cualitativamente la composici\u00f3n del voto: Boric gan\u00f3 en forma abrumadora entre los j\u00f3venes y las mujeres as\u00ed como en las grandes ciudades (sobre todo en la Regi\u00f3n Metropolitana y Valpara\u00edso). En cambio, el de Kast es un voto masculino, principalmente rural y de peque\u00f1as ciudades, que prevalece en el sur del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Estas dos paradojas nos conducen a los dos principales desaf\u00edos que debe enfrentar el Presidente. No me voy a referir a desaf\u00edos concretos de gobierno y ligados a la coyuntura sino m\u00e1s bien a tendencias estructurales que atraviesan la sociedad chilena y su sistema pol\u00edtico en la \u00faltima d\u00e9cada.<\/p>\n<p>Por un lado, lo que recurriendo a Spinoza (o m\u00e1s bien desde la lectura de Toni Negri) podr\u00edamos denominar como una tensi\u00f3n entre poder constituyente (la potencia de la soberan\u00eda popular) y poder constituido (la fuerza de la institucionalidad estatal). M\u00e1s all\u00e1 de su moderaci\u00f3n de \u00faltimo momento, Boric fue un actor clave en el movimiento de impugnaci\u00f3n de la clase pol\u00edtica tradicional que puso en jaque a la derecha de Sebasti\u00e1n Pi\u00f1era e incluso a la misma ex-Concertaci\u00f3n, y que luego se plasm\u00f3 en el plebiscito para conformar una convenci\u00f3n constitucional. La agenda refundacional de este movimiento choca de frente con una institucionalidad fuerte, de larga duraci\u00f3n y bastante eficaz, por cierto, que encarna una afici\u00f3n at\u00e1vica de la cultura pol\u00edtica chilena por el orden. Una institucionalidad que se traduce en seguridad jur\u00eddica, continuidad del neoliberalismo y previsibilidad para los actores econ\u00f3micos, pero tambi\u00e9n que muestra los dientes con facilidad atropellando derechos fundamentales con llamativa frecuencia.<\/p>\n<p>Por otro lado, se viene registrando una tensi\u00f3n entre la democracia en tanto r\u00e9gimen pol\u00edtico y una democratizaci\u00f3n como igualaci\u00f3n social y acceso a mecanismos de toma de decisi\u00f3n y a bienes p\u00fablicos. Si bien se mantiene el funcionamiento democr\u00e1tico y las fuerzas principales en pugna adhieren a sus reglas de juego, la desafecci\u00f3n pol\u00edtica que evidencia esa participaci\u00f3n reducida del electorado da cuenta de que la <em>polarizaci\u00f3n principal en el Chile contempor\u00e1neo no parece ser entre izquierda y derecha sino m\u00e1s bien a partir de un clivaje horizontal entre \u00e9lites y ciudadan\u00eda\/pueblo<\/em>. A diferencia de nuestra \u201cgrieta\u201d que se yergue en un clivaje vertical entre mundos socioculturales y tradiciones ideol\u00f3gicas, desde hace a\u00f1os que varios diagn\u00f3sticos de la sociolog\u00eda pol\u00edtica chilena dan cuenta de un creciente malestar respecto de las instituciones y de los liderazgos existentes, e incluso hablan de la \u201cgran ruptura\u201d. Precisamente la agenda de la Convenci\u00f3n Constitucional pasa por dar mayor espacio a esa democratizaci\u00f3n social, pero siguiendo una l\u00f3gica basada en la afirmaci\u00f3n y reivindicaci\u00f3n de identidades fuertes, poco permeables al interjuego con la diferencia y las posiciones neutrales. Por lo tanto, el principal desaf\u00edo que se le presenta a un nuevo liderazgo pol\u00edtico es que ese proceso avance superando la resistencia de las jerarqu\u00edas sociales consolidadas sin atropellar a las minor\u00edas, teniendo como base acuerdos amplios que no pongan en peligro el funcionamiento democr\u00e1tico.<\/p>\n<p>De este modo, buena parte del talento pol\u00edtico de un l\u00edder joven como Boric y de las fuerzas con escasa experiencia de gesti\u00f3n que lo acompa\u00f1an tendr\u00e1 que abocarse en hallar un balance entre mantener la m\u00edstica reformista y ampliar sus apoyos; en administrar los tiempos de implementaci\u00f3n sin malograr las expectativas; en la moderaci\u00f3n en la convocatoria sin claudicar en la imaginaci\u00f3n y en la radicalidad de los contenidos. Al fin de cuentas, se trata de ensayar un modo de superar la oposici\u00f3n presente en el lema \u201cpor la raz\u00f3n o la fuerza\u201d, como reza el escudo de Chile, promoviendo el \u201cpor la fuerza de la raz\u00f3n\u201d, que implica tanto la racionalidad de los procedimientos como la certeza en las propias convicciones, y que fue una de las propuestas de campa\u00f1a del propio Gabriel Boric.<\/p>\n<p><em>Alejandro Pelfini es Doctor en Sociolog\u00eda, Universit\u00e4t Freiburg, Alemania. Director de Posgrados en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad del Salvador. Investigador Asociado del Programa de Estudios Globales de FLACSO-Argentina<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El candidato de Apruebo Dignidad, Gabriel Boric, triunf\u00f3 amplia e inesperada (por lo holgada) en la segunda vuelta de la elecciones presidenciales en Chile. 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