{"id":17440,"date":"2022-04-23T19:37:28","date_gmt":"2022-04-23T22:37:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17440"},"modified":"2022-04-23T19:37:34","modified_gmt":"2022-04-23T22:37:34","slug":"la-carta-a-diogneto-y-los-cristianos-como-paroikoi-extranjeros-residentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17440","title":{"rendered":"La Carta a Diogneto y los cristianos como \u00abparoikoi\u00bb (extranjeros residentes)"},"content":{"rendered":"<p>El fen\u00f3meno de la movilidad humana ha estado siempre en el centro de la preocupaci\u00f3n pastoral de la Iglesia, con intervenciones dirigidas tanto a profundizar en el an\u00e1lisis e interpretaci\u00f3n de esta cambiante realidad social, como a identificar propuestas pastorales actualizadas y adaptadas a los cambios, por un lado, con el fin de proteger ante todo los derechos humanos de los migrantes, y por otro, para promover la aceptaci\u00f3n respetuosa y aut\u00e9ntica con su patrimonio sociocultural y religioso. Esta misi\u00f3n fundamental encuentra un eco continuo en la vida y las ense\u00f1anzas del Magisterio: nadie es extra\u00f1o en la Iglesia y ella no es ajena a nadie. Como \u201csigno e instrumento de la \u00edntima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u201d<sup>1<\/sup>, es el lugar donde los migrantes deben ser reconocidos y aceptados como hermanos y hermanas, cualquiera que sea su \u00abstatus\u00bb jur\u00eddico. Por eso la Iglesia, sin hacer distinciones de etnia, cultura u origen, recibe a cada uno con alegr\u00eda, caridad y esperanza; lo hace con especial atenci\u00f3n a quienes se encuentran \u2013cualquiera que sean sus motivos\u2013 en situaciones de pobreza, marginaci\u00f3n y exclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>En las \u00faltimas d\u00e9cadas, especialmente despu\u00e9s del Concilio Vaticano II, la Iglesia se cuestiona a s\u00ed misma en profundidad a partir de la perspectiva de que descubre en la migraci\u00f3n un \u201clugar teol\u00f3gico\u201d, un \u201csigno de los tiempos\u201d, una fuente de inspiraci\u00f3n para hacer teolog\u00eda y no s\u00f3lo un objeto de asistencia o un desaf\u00edo misionero.<\/p>\n<p>Significativa, en este sentido, es la experiencia de la \u201cvocaci\u00f3n\u201d de san Pablo, narrada en los Hechos de los Ap\u00f3stoles (9, 2), donde se lee:<\/p>\n<p>&nbsp;\u201cY sucedi\u00f3 que, mientras viajaba y se dispon\u00eda a acercarse a Damasco, de repente una luz del cielo lo envolvi\u00f3 y, cayendo a tierra, oy\u00f3 una voz que le dec\u00eda: \u2018Saulo, Saulo, \u00bfpor qu\u00e9 me persigues?\u2019&#8217; \u00c9l respondi\u00f3: \u2018\u00bfQui\u00e9n eres, oh Se\u00f1or?\u2019 Y \u00e9l: \u2018\u00a1Yo soy Jes\u00fas, a quien t\u00fa persigues! Pero lev\u00e1ntate y entra en la ciudad y se te dir\u00e1 lo que debes hacer\u2019.\u201d<sup>2<\/sup><\/p>\n<p>A partir de esta experiencia, los primeros cristianos fueron llamados con el sobrenombre de \u201cseguidores del Camino\u201d (\u201chodos\u201d): el camino como lugar de encuentro entre Dios y el hombre. Los primeros cristianos, iluminados y guiados por el amor misericordioso del Padre, vivieron entre los dem\u00e1s hombres sin distinguirse de ellos, al menos exteriormente, pero testimoniaron, con su propia vida, a la esperanza y alegr\u00eda a la que todos hab\u00edan sido llamados. Un documento fundamental que permite adentrarse profundamente en esta obra est\u00e1 representado por la Carta a Diogneto: un texto an\u00f3nimo, cuyo origen se remonta probablemente a la segunda mitad del siglo II, y cuya memoria se transmite a trav\u00e9s del testimonio de los autores antiguos y medievales. El texto propone diferentes claves de lectura para describir la relaci\u00f3n de la religi\u00f3n cristiana con la sociedad y el mundo. En particular, en el cap\u00edtulo quinto, se afirma que:<\/p>\n<p>\u201cLos cristianos, en efecto, no se distinguen de los dem\u00e1s hombres ni por el territorio, ni por la lengua, ni por la forma de vestir. Cada uno habita su propia patria, pero como residentes extranjeros; en todo participan activamente como ciudadanos, y en todo asisten pasivamente como extranjeros; toda tierra ajena es su patria, y toda patria una tierra ajena [\u2026]. Pasan su vida en la tierra, pero son ciudadanos del cielo\u201d<sup>3<\/sup>.<\/p>\n<p>La condici\u00f3n de los cristianos que se describe en este pasaje es la de \u201cparoikoi\u201d: extranjeros residentes. Los cristianos, en efecto, viven en su patria, pero como extra\u00f1os; son al mismo tiempo ciudadanos de los estados terrenales y ciudadanos del \u201ccielo\u201d. Aunque dispersos por el mundo, no forman una federaci\u00f3n de grupos distintos, sino un solo cuerpo, cuya cabeza es Cristo, presente y eficaz en cada uno de los miembros del cuerpo. Se trata de una doble ciudadan\u00eda que permite, al mismo tiempo, arraigarse profundamente en la tierra con la mirada fija en el Padre. Es decir, viven en el mundo con la conciencia de ser hu\u00e9spedes, cuya misi\u00f3n consiste en responder adecuada y con justicia a este don.<\/p>\n<p>Seg\u00fan P. Phan, la teolog\u00eda de la migraci\u00f3n, tal como la propone la Carta a Diogneto, \u201cse centra en la teolog\u00eda de la vida del migrante como imitaci\u00f3n de Cristo\u201d<sup>4<\/sup>. La acogida del extranjero se configura as\u00ed no s\u00f3lo como una necesidad moral, sino tambi\u00e9n como una virtud teologal: al acoger al extranjero, se acoge a Cristo, principio y cumbre de la fraternidad.<\/p>\n<p>Los Padres de la Iglesia subrayaron particularmente la necesidad de la pr\u00e1ctica de esta virtud. Cipriano, invocando el discurso escatol\u00f3gico (Mateo 25) \u2013en el que Jes\u00fas se identifica con los hambrientos, los sedientos, los forasteros, los desnudos, los enfermos y los presos\u2013 exhorta a los cristianos no s\u00f3lo a ejercer la caridad hacia ellos, sino a esforzarse m\u00e1s y m\u00e1s para identificarse con el propio Cristo presente en ellos. En la Carta 62 escribe que \u201cCristo debe ser contemplado en nuestros hermanos encarcelados\u201d<sup>5<\/sup>.<\/p>\n<p>En el tratado <em>Contra la avaricia<\/em>, Salvien de Marseille se pregunta:<\/p>\n<p>\u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la gente que dice que Cristo no sabe qu\u00e9 hacer con los dones que le ofrecemos, cuando \u00e9l mismo dice tener hambre, sed, fr\u00edo? \u00bfNo est\u00e1 necesitado el que acusa males de esta clase? Dir\u00eda m\u00e1s: Cristo no s\u00f3lo est\u00e1 en la miseria como los dem\u00e1s, sino que entre todos est\u00e1 en las condiciones m\u00e1s desfavorecidas\u201d.<sup>6<\/sup><\/p>\n<p>Comentando el Evangelio de Mateo, Juan Cris\u00f3stomo tambi\u00e9n insiste en la necesidad de identificarse con Cristo presente de manera especial en los pobres. En la homil\u00eda 50, n\u00fameros 3 y 4, Juan desarrolla el tema de la Eucarist\u00eda y la atenci\u00f3n a los pobres. Y escribe:<\/p>\n<p>\u201c\u00bfQuieres honrar el cuerpo de Cristo? No descuides su desnudez; no lo honr\u00e9is aqu\u00ed con t\u00fanicas de seda, no lo descuid\u00e9is fuera mientras est\u00e1 agotado por el fr\u00edo y la desnudez [\u2026]. As\u00ed tambi\u00e9n lo honran con este honor que \u00e9l mismo ha prescrito, prodigando riquezas a los pobres. Dios no necesita vasos de oro, sino almas de oro\u201d.<sup>7<\/sup><\/p>\n<p>El v\u00ednculo entre la Eucarist\u00eda y el cuidado de los pobres, bien destacado por Juan Cris\u00f3stomo, encuentra una importante figura hermen\u00e9utica en la noci\u00f3n de fragilidad. Incluso Isidoro de Sevilla, en sus famosas <em>Etimolog\u00edas<\/em>, subraya la riqueza del t\u00e9rmino fragilidad, indicado por su sustantivo <em>fragilis<\/em>: \u201c<em>Fragilis dictus eo quod facile frangi potest<\/em>\u00ab. Fr\u00e1gil, es decir, \u201cas\u00ed llamado porque se puede romper f\u00e1cilmente\u201d.<sup>8<\/sup> El sustantivo fr\u00e1gil, por tanto, cobra significado cuando indica algo que se puede romper, \u201ccomo se dice de algo valioso\u201d.<sup>9<\/sup> Atribuida a la condici\u00f3n humana, especialmente en su parte m\u00e1s sufriente y vulnerable, la fragilidad llama la atenci\u00f3n sobre algo que puede romperse y, por lo tanto, algo que debe ser especialmente protegido y cuidado. Fr\u00e1gil designa algo que se puede perder, quebrar: \u201cno indica un negativo, habla de un positivo que hay que salvaguardar porque se puede perder\u201d<sup>10<\/sup>; fr\u00e1gil, subraya Carla Canullo, \u201cse dice de lo que se puede romper y no de lo que est\u00e1 \u2018privado de\u2019, falto\u201d<sup>11<\/sup>. En la econom\u00eda de nuestro discurso, este pasaje es de capital importancia. El cuidado de los pobres, y por lo tanto la acogida y la hospitalidad, no se ejerce s\u00f3lo porque sean personas que manifiestan una necesidad particular, sino sobre todo porque expresan, en su fragilidad, lo m\u00e1s precioso del hombre, cuya dignidad consiste en ser una criatura contingente que, en la medida en que se puede romper, es preciosa.<\/p>\n<\/p>\n<p><em>Marco Strona es Doctor en Teolog\u00eda y en Filosof\u00eda y catedr\u00e1tico. Director de Caritas de Fabriano-Matelica.<\/em><\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p>1.<em>Lumen gentium<\/em>. Constituci\u00f3n Dogm\u00e1tica sobre la Iglesia, Ciudad del Vaticano 1964, n\u00b0 1: en AAS 57 (1965), vol. LVII, n\u00b0 1, p\u00e1gs. 5- 112. A partir de ahora <em>LG<\/em>.<\/p>\n<p>2. Hechos 9: 1-7.<\/p>\n<p>&nbsp;3. A. Diogneto, editado por E. NORELLI, Paoline, Mil\u00e1n 2015, pp. 89-90. http:\/\/www.vatican.va\/spirit\/documents\/spirit_20010522_diogneto_it.html<\/p>\n<p>4. P. PHAN, \u201cMigraciones en la era patr\u00edstica: historia y teolog\u00eda\u201d, en G. CAMPESE-D. GROODY (ed.), <em>Misi\u00f3n con los migrantes, misi\u00f3n de la Iglesia<\/em>, Urbaniana University Press, Roma 2007, p. 67.<\/p>\n<p>5. CIPRIANO, Carta 62, en L.G., SANCHIDRIAN (ed.), <em>Cartas<\/em>, Ed. Gredos, Madrid 1998, p. 289.<\/p>\n<p>6. SALVIANO DI MARSEILLE, \u201cLos diversos rostros de la pobreza\u201d, en Id., <em>Contra la avaricia<\/em>, <em>Citta Nuova<\/em>, Roma 1977, p. 133.<\/p>\n<p>7. GIOVANNI CRISOSTOMO, <em>Homil\u00edas sobre el Evangelio de Mateo<\/em>, vol. II, <em>Citta Nuova<\/em>, Roma 2003, pp. 358-359.<\/p>\n<p>8. ISIDORO DI SIVIGLIA, <em>Etymologies or origins<\/em>, editado por A. VALASTRO CANALE, Utet, Tur\u00edn 2004, I, X, 101, p.819.<\/p>\n<p>9. C. CANULLO, Fragilidad y vulnerabilidad humanas, en L. SANDON\u00c0 (ed.), <em>La estructura de los lazos. Formas y lugares de la relaci\u00f3n<\/em>, \u00abAnthropologica\u00bb. Anuario de Estudios Filos\u00f3ficos 2010, ed. La Escuela, Brescia 2010, p.49.<\/p>\n<p>10. IV, p\u00e1g. 50.<\/p>\n<p>&nbsp;11. IB\u00cdDEM.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El fen\u00f3meno de la movilidad humana ha estado siempre en el centro de la preocupaci\u00f3n pastoral de la Iglesia, con intervenciones dirigidas tanto a profundizar&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[3056,3052,355,14,171],"class_list":["post-17440","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","tag-diogneto","tag-extranjeros","tag-filosofia","tag-iglesia","tag-teologia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4xi","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17440","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=17440"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17440\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17442,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17440\/revisions\/17442"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=17440"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=17440"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=17440"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}