{"id":17499,"date":"2022-04-19T15:54:00","date_gmt":"2022-04-19T18:54:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17499"},"modified":"2022-07-19T16:08:34","modified_gmt":"2022-07-19T19:08:34","slug":"una-crisis-eclesial-inedita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17499","title":{"rendered":"Una crisis eclesial in\u00e9dita"},"content":{"rendered":"<p>El conocimiento de los abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes de la Iglesia Cat\u00f3lica ocasion\u00f3 una crisis eclesial in\u00e9dita. Los fieles oscilan entre la incredulidad y la ira, la verg\u00fcenza, la tristeza y la desilusi\u00f3n. En algunos pa\u00edses tradicionalmente cat\u00f3licos aumentaron las apostas\u00edas, la falta de confianza en los obispos, el abandono de las pr\u00e1cticas religiosas y hasta el debilitamiento de la fe. Las miradas cr\u00edticas hacia las autoridades transmiten la sensaci\u00f3n de que no hacen lo que se deber\u00eda o lo hacen insuficientemente. El Director del Centro de Protecci\u00f3n de Menores (Ceprome), presb\u00edtero Daniel Portillo, declar\u00f3 que, por sus efectos, esta situaci\u00f3n puede ser considerada un segundo cisma que afronta la Iglesia despu\u00e9s de la Reforma de Lutero.<\/p>\n<p>Ha sido la intervenci\u00f3n decidida del Papa Francisco la que, siguiendo la l\u00ednea ya iniciada por Benedicto XVI, posibilit\u00f3 que se afrontara el problema en su real dimensi\u00f3n. \u00c9l mismo lo testimonia en su discurso final durante el Encuentro con los Presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo en febrero del a\u00f1o 2019: \u201cNuestro trabajo nos ha llevado a reconocer, una vez m\u00e1s, que la gravedad de la plaga de los abusos sexuales a menores es por desgracia un fen\u00f3meno hist\u00f3ricamente difuso en todas las culturas y sociedades. S\u00f3lo de manera relativamente reciente ha sido objeto de estudios sistem\u00e1ticos, gracias a un cambio de sensibilidad de la opini\u00f3n p\u00fablica sobre un problema que antes se consideraba un tab\u00fa, es decir, que todos sab\u00edan de su existencia, pero del que nadie hablaba\u201d.<\/p>\n<p>Hablar es el primer paso para reconocer la existencia de algo y trabajar en su prevenci\u00f3n. La pandemia de COVID-19 que a\u00fan estamos transitando demostr\u00f3 que, aceptada la existencia del peligro, para su prevenci\u00f3n debemos conocerlo: la secuencia de su ADN, el modo en que se transmite y se instala en un hu\u00e9sped susceptible y c\u00f3mo se produce el contagio. &nbsp;<\/p>\n<p>La investigaci\u00f3n del ADN de los abusos revela que en su g\u00e9nesis intervienen situaciones hist\u00f3ricas, organizacionales, psicol\u00f3gicas y situacionales y no basta su atribuci\u00f3n a algunos casos psicopatol\u00f3gicos, que existen y son de p\u00fablico conocimiento. Limitarnos a culpar a los acusados alienta la teor\u00eda de que apart\u00e1ndolos del ministerio y castig\u00e1ndolos, se termina con el problema. Esa posici\u00f3n desconoce los factores contextuales sin cuya modificaci\u00f3n las instituciones clericales seguir\u00e1n siendo tierra f\u00e9rtil para la aparici\u00f3n de otras conductas abusivas.&nbsp;<\/p>\n<p>Por otra parte, deja sin explicaci\u00f3n que los ni\u00f1os, a quienes Jes\u00fas am\u00f3 especialmente, se conviertan en objeto de abuso por parte de quienes est\u00e1n a cargo de su formaci\u00f3n espiritual.&nbsp;<\/p>\n<p>Una mirada a la historia de la humanidad nos revela que los ni\u00f1os siempre han sufrido todo tipo de abusos y maltratos. S\u00f3lo fueron reconocidos como sujetos de derecho fundados en la dignidad de la persona humana en el siglo XX, a partir de la Declaraci\u00f3n Universal de los Derechos Humanos. Desde entonces numerosas instituciones se dedican a la protecci\u00f3n de la infancia. El Documentado al cual mayor n\u00famero de pa\u00edses han adherido es la Convenci\u00f3n de los Derechos del Ni\u00f1o, con 54 art\u00edculos dirigidos a proteger su derecho a vivir una vida libre de violencia, cualquiera sea su etnia, religi\u00f3n o condici\u00f3n social. La Argentina lo ratific\u00f3&nbsp;en 1990 y en 1994 le otorg\u00f3 rango constitucional tras el Pacto de Olivos. Desde entonces el Estado&nbsp;argentino&nbsp;est\u00e1 obligado a garantizar todos los derechos establecidos en la Convenci\u00f3n a todos los ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes que viven en nuestro pa\u00eds. Por su parte, UNICEF calific\u00f3 el abuso sexual infantil como maltrato y violencia infantil, consider\u00e1ndolo un delito de causa penal.<\/p>\n<p>La Iglesia cat\u00f3licasiempre ha condenado los abusos infantiles, aunque su pr\u00e1ctica fue conocida y tolerada desde los comienzos del cristianismo. Sin embargo, fue la sociedad civil a trav\u00e9s del periodismo la que en 2002, desde Boston, sac\u00f3 el tema a la luz, obligando a derribar las fronteras hasta entonces inexpugnables de los secretos eclesiales.<\/p>\n<p>A partir de entonces el papa Francisco toma la decisi\u00f3n de crear en la Universidad Gregoriana el Centro de Protecci\u00f3n de la Infancia que preside hasta la actualidad el jesuita alem\u00e1n Hans Zollner, con el mandato expreso de realizar todas las acciones necesarias para detener la existencia de abusos.&nbsp; Desde esa instituci\u00f3n, numerosos documentos han dado las normas b\u00e1sicas para que esas acciones se lleven a cabo de manera eficaz. En su carta apost\u00f3lica <em>Vos estis lux mundis<\/em>, el Papa deja plasmadas las l\u00edneas que definen con claridad un cambio de paradigma en el enfoque de la situaci\u00f3n, pasando de la defensa de la imagen de la Iglesia a la protecci\u00f3n de los ni\u00f1os, ni\u00f1as y adultos vulnerables. Pero lo que aclaran los documentos no se refleja en la realidad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p>Las normas se cumplen en forma desigual en los distintos pa\u00edses y di\u00f3cesis y su avance es suficientemente lento como para que parezca que nada cambi\u00f3. El cambio cultural clerical implica, entre otras cosas, superar la habitual indiferencia del clero ante las leyes civiles y tambi\u00e9n eclesi\u00e1sticas. Su cumplimiento efectivo exige atenci\u00f3n, tiempo, seguimiento, supervisiones y control social. En una comunidad sana los problemas se detectan y corrigen desde dentro, antes de que los marquen desde afuera. Para eso hace falta que circule informaci\u00f3n clara y precisa. Los fieles tienen derecho a conocer lo que ocurre en la Iglesia a la que pertenecen.<\/p>\n<p>Las grandes resistencias a la informaci\u00f3n se justifican en el temor de que la insistencia en la prevenci\u00f3n de abusos genere un clima de paranoia que resulte en falsas acusaciones. Para no correr riesgos se ignoran las sospechas, dejando el camino liberado para que los procesos abusivos sigan sus curso y nuevas v\u00edctimas sufran las consecuencias.<\/p>\n<p>Los centros de recepci\u00f3n de denuncias, debidamente capacitados, establecen criterios precisos para juzgar la credibilidad de las mismas, desechando los casos inconsistentes o dictados por apreciaciones subjetivas, que pueden dar lugar a condenar a un sacerdote ante la opini\u00f3n p\u00fablica por situaciones malinterpretadas o maliciosas. De all\u00ed la importancia de que las comunidades sepan con exactitud a qui\u00e9n dirigirse ante la aparici\u00f3n de sospechas y no se divulguen informaciones a nivel de habladur\u00eda que perjudiquen la vida de un sacerdote inocente. Y para eso tambi\u00e9n es fundamental que los centros de escucha difundan los modos y lugares para contactarlos a trav\u00e9s de distintos medios.<\/p>\n<p>El debate franco y abierto trae ox\u00edgeno a estructuras que estaban anquilosadas en una postura cerrada y defensiva. La colaboraci\u00f3n de los laicos es de exigencia ineludible porque de una crisis no se sale sin la ayuda de otros.<\/p>\n<p>Mientras la sociedad civil pone el \u00e9nfasis en la violencia y el maltrato como contexto generador de agresiones hacia los ni\u00f1os, la Iglesia define el abuso sexual infantil como un abuso de poder en lenguaje sexual, y lo engloba en una triada junto al abuso de autoridad y el abuso de conciencia, dirigiendo sus acciones preventivas a los factores que neutralicen la perversi\u00f3n del poder. La propuesta de una organizaci\u00f3n m\u00e1s sinodal de las estructuras clericales apunta a ese objetivo. &nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p>Aunque las tres categor\u00edas est\u00e1n constitutivamente enlazadas y funcionalmente retroalimentadas, parece conveniente distinguir las caracter\u00edsticas de cada una de ellas y preguntarse si todo abuso de autoridad o de intromisi\u00f3n en las conductas de los fieles termina inexorablemente en abuso sexual y, adem\u00e1s, de menores.<\/p>\n<p>El poder y el sexo son dos fuerzas que movilizan el movimiento de la vida pero es de sana reflexi\u00f3n distinguirlas en su inextricable vinculaci\u00f3n. Confundirlas al analizarlas reforzar\u00eda la confusi\u00f3n que act\u00faa en el abusador sexual. El tema de la sexualidad y su participaci\u00f3n en los abusos infantiles parece seguir relegado a algunas consideraciones generales y minimizado detr\u00e1s de las correctas consideraciones sobre el poder. Esta postura&nbsp;&nbsp; limita el an\u00e1lisis m\u00e1s profundo sobre las condiciones en que hoy se produce el desarrollo psicosexual de los seminaristas, y las condiciones en que se exige el celibato obligatorio.<\/p>\n<p>&nbsp;Si bien el celibato no es la causa de los abusos sexuales, cuando se acepta por obligaci\u00f3n predispone a estados an\u00edmicos que contribuyen al desbalance de la conducta cuando las oportunidades lo posibilitan. Por otra parte, atrae a personalidades con dificultades para afrontar una vida sexual adulta, como lo demuestra el hecho de que los abusos sean habitualmente con adolescentes j\u00f3venes. Dif\u00edcilmente quienes se consagran a partir de un amor emocionalmente maduro a Dios y a la humanidad lleguen a abusar sexualmente de un menor.<\/p>\n<p>Los laicos estamos llamados a salir del esc\u00e1ndalo a la responsabilidad y trabajar desde el lugar de cada uno para desenmascarar las paradojas de una cultura que acusa mientras fomenta lo mismo que condena. Dice defender a los ni\u00f1os mientras que, desde las disposiciones de algunas empresas, con la contribuci\u00f3n de la publicidad y los medios, se erotiza cada vez m\u00e1s a la infancia. Por otra parte, la pornograf\u00eda habita en los celulares de los padres de familia y el abandono de la formaci\u00f3n de los adolescentes se disfraza de permisividad indolente. La impunidad es la norma ante conductas infractoras. El buen trato ha sido reemplazado por la interacci\u00f3n violenta generalizada, expresada en el lenguaje y en los gestos. Esta sociedad no ayuda a los ni\u00f1os a defenderse de los abusos porque los abusa naturalizadamente.<\/p>\n<p>La decisi\u00f3n de la Iglesia necesita de la comuni\u00f3n entre todos para proteger a los ni\u00f1os, puestos por Jes\u00fas como la vara para medir la posibilidad de entrar en el Reino.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El conocimiento de los abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes de la Iglesia Cat\u00f3lica ocasion\u00f3 una crisis eclesial in\u00e9dita. 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