{"id":17698,"date":"2023-10-20T10:07:00","date_gmt":"2023-10-20T13:07:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17698"},"modified":"2023-10-22T10:14:59","modified_gmt":"2023-10-22T13:14:59","slug":"la-justicia-social-de-nuevo-en-el-banquillo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=17698","title":{"rendered":"La justicia social: de nuevo en el banquillo"},"content":{"rendered":"<p>El sorprendente resultado de las elecciones primarias ha permitido al candidato m\u00e1s favorecido, el ultraliberal Javier Milei, no s\u00f3lo instalar en la discusi\u00f3n p\u00fablica planteos radicales en el \u00e1mbito de la pol\u00edtica monetaria y fiscal (como la dolarizaci\u00f3n, la eliminaci\u00f3n del Banco Central o el recorte dr\u00e1stico del aparato del Estado) sino tambi\u00e9n cuestionar, en nombre de la libertad, la visi\u00f3n prevaleciente en nuestra cultura pol\u00edtica sobre el rol del Estado, el mercado y el lugar del individuo en la sociedad.&nbsp;<\/p>\n<p>En este contexto, era de esperar que, tarde o temprano, el celo iconoclasta del l\u00edder de <em>La Libertad Avanza<\/em> y de sus seguidores se descargara sobre uno de los conceptos centrales de la ense\u00f1anza social de la Iglesia y de los sectores nacionales y populares: la justicia social. Tanto sus detractores como sus promotores parten generalmente de una interpretaci\u00f3n de este t\u00e9rmino tan difundida como err\u00f3nea, unos para denostarla y otros para exaltarla: la de entender la justicia social como redistribuci\u00f3n econ\u00f3mica compulsiva operada desde el Estado para corregir los resultados del mercado.\u00a0<\/p>\n<p>Quienes est\u00e1n a favor de esta idea la presentan a menudo como una exigencia de la solidaridad, de modo que quienes no la comparten son acusados de ego\u00edsmo e insensibilidad. Quienes se oponen lo hacen en nombre de la ciencia econ\u00f3mica, calificando como irracional la pretensi\u00f3n de imponer objetivos solidarios al mercado, cuyo funcionamiento por definici\u00f3n es espont\u00e1neo, es decir, no responde a planificaci\u00f3n alguna. Nuevamente \u2212ahora en el nivel de la argumentaci\u00f3n\u2212, encontramos una premisa compartida: la moralidad y la racionalidad econ\u00f3mica, la buena intenci\u00f3n y la eficiencia, son vistas por ambos bandos como una disyuntiva ineludible, como exigencias contrapuestas entre las cuales hay que optar. No sorprende que las consignas en favor o en contra de la justicia social terminen por convertirse en meros gritos de guerra entre los bandos en pugna mientras que la aut\u00e9ntica profundidad de este concepto permanece ignorada por unos y otros.<\/p>\n<p>La \u00fanica manera de superar semejante <em>impasse<\/em> es rescatar el sentido original de esta expresi\u00f3n, que surge en el seno de la teolog\u00eda social cat\u00f3lica a mediados del siglo XIX. Los autores liberales suelen iniciar su cr\u00edtica cuestionando la expresi\u00f3n misma de \u201cjusticia social\u201d, por considerarla una redundancia, ya que la justicia es social por definici\u00f3n. Pero, interpretado en su contexto hist\u00f3rico, el adjetivo \u201csocial\u201d quer\u00eda poner de manifiesto que la justicia en sentido pleno es m\u00e1s que las relaciones entre individuos: es una visi\u00f3n del conjunto del orden social. Dicho orden deb\u00eda hacer posible que todos los miembros de la sociedad contribuyeran al bien com\u00fan y participaran de sus beneficios. Para ello era necesario que tanto la justicia de los intercambios (conmutativa) como la referida a la distribuci\u00f3n de bienes y cargas (distributiva) estuvieran encuadradas en un dise\u00f1o institucional que garantizara la igualdad efectiva ante la ley, lo cual supone la eliminaci\u00f3n de todos los privilegios, es decir, de las diferencias injustificadas, a fin de garantizar la libertad para todos, y no s\u00f3lo para algunos. Es una iron\u00eda de la historia que muchos liberales que combat\u00edan los privilegios del Estado absolutista se hayan convertido en encarnizados cr\u00edticos de la justicia social. Quiz\u00e1s ello explique que nuestro pa\u00eds, hasta ahora, s\u00f3lo haya conocido el liberalismo en su versi\u00f3n m\u00e1s selectiva y prebendaria.<\/p>\n<p>Por su parte, amplios sectores de la Iglesia cat\u00f3lica junto con expresiones pol\u00edticas \u201cpopulares\u201d enarbolan la consigna de la justicia social entendida como la actividad del Estado consistente en re-distribuir \u201cjustamente\u201d la riqueza que el mercado, librado a su propio dinamismo, distribuye en modo tan desigual. Es cierto, en este sentido, que la expresi\u00f3n \u201cjusticia social\u201d, introducida en el magisterio cat\u00f3lico por P\u00edo XI en 1931 tiene un acento fuertemente distributivo. Pero, seg\u00fan el pensamiento de este pont\u00edfice, la distribuci\u00f3n justa no estaba, en primer lugar, a cargo del Estado sino de los ciudadanos: ante todo consist\u00eda en pagar retribuciones justas que permitieran a los trabajadores acceder a la propiedad privada y lograr as\u00ed una base material suficiente para gozar tanto de un adecuado nivel de bienestar como de un \u00e1mbito de libertad y de autonom\u00eda frente al Estado. Y tambi\u00e9n alud\u00eda al deber de los trabajadores de no exigir salarios desproporcionados con relaci\u00f3n a la situaci\u00f3n econ\u00f3mica del pa\u00eds, de la empresa y de las otras actividades econ\u00f3micas.&nbsp;<\/p>\n<p>Sin embargo, algunas sociedades (la Argentina entre ellas) han evolucionado invocando la justicia social en la direcci\u00f3n de un creciente estatismo, a cuya sombra proliferan corporaciones amparadas por una selva de reglamentaciones opacas, reg\u00edmenes de excepci\u00f3n, pol\u00edticas err\u00e1ticas de promoci\u00f3n de diferentes actividades econ\u00f3micas, barreras burocr\u00e1ticas contra la competencia, etc. Nuevamente, es una iron\u00eda que aquellos que se autodefinen como defensores de la igualdad nunca invoquen la justicia social para denunciar tantos intereses corporativos que impiden el desarrollo econ\u00f3mico del pa\u00eds y excluyen a los m\u00e1s pobres de la posibilidad de integrarse a la econom\u00eda formal y gozar de sus beneficios. De este modo, el \u201cprogresismo conservador\u201d, lejos de ser un ox\u00edmoron, se presenta como una triste y sorprendente realidad. No parecen recordar el art\u00edculo 75 inciso 19, donde se establece que corresponde al Congreso \u201cproveer lo conducente al desarrollo humano, al progreso econ\u00f3mico con justicia social, a la productividad de la econom\u00eda nacional, a la generaci\u00f3n de empleo, a la formaci\u00f3n profesional de los trabajadores, a la defensa del valor de la moneda, a la investigaci\u00f3n y al desarrollo cient\u00edfico y tecnol\u00f3gico, su difusi\u00f3n y aprovechamiento\u201d.<\/p>\n<p>Es posible que el recurso irreflexivo a la expresi\u00f3n \u201cjusticia social\u201d, sea para invocarla o para vituperarla, la haya contaminado de un modo irrecuperable. De hecho, hace d\u00e9cadas que su uso ha mermado fuertemente en el magisterio cat\u00f3lico. Si el t\u00e9rmino \u201cjusticia social\u201d reflejaba en sus or\u00edgenes la preocupaci\u00f3n por las tensiones entre trabajo y capital en el seno de la sociedad industrial, Juan Pablo II ha preferido el t\u00e9rmino \u201csolidaridad\u201d, mejor adaptado a la creciente interdependencia de las sociedades contempor\u00e1neas. Benedicto XVI, por su parte, invocaba la \u201ccaridad social\u201d para se\u00f1alar el elemento de gratuidad que permite cubrir el vac\u00edo entre la l\u00f3gica burocr\u00e1tica del Estado y la l\u00f3gica econ\u00f3mica del mercado. Francisco, finalmente, prefiere hablar de \u201cfraternidad\u201d, entendiendo que s\u00f3lo el reconocimiento de la dignidad del otro como hermano puede vencer la tendencia de las naciones y sectores sociales a cerrarse ante la necesidad ajena.&nbsp;<\/p>\n<p>Pero detr\u00e1s de todos estos cambios sem\u00e1nticos subyace la misma idea: la pobreza y la inequidad que amenazan con fragmentar nuestras sociedades no pueden ser superadas por la sola libertad econ\u00f3mica ni, en el otro extremo, por la redistribuci\u00f3n de riqueza desde el Estado que impide el normal funcionamiento del mercado, \u00fanico sistema econ\u00f3mico demostradamente capaz de producir riqueza. La justicia social no es el proyecto de ingenier\u00eda social que unos desean imponer \u201cdesde arriba\u201d a toda costa y otros comprensiblemente temen. Es un orden institucional democr\u00e1ticamente establecido que hace posible a cada persona y asociaci\u00f3n perseguir sus propios fines y, a la vez, contribuir libremente al bien com\u00fan. La justicia social es, al mismo tiempo, una virtud ciudadana y el orden que la hace posible.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, la idea de justicia social adecuadamente entendida muestra c\u00f3mo la moralidad y la racionalidad pueden ser opciones concurrentes y no alternativas excluyentes. A los liberales, este concepto podr\u00eda ayudarlos a comprender mejor la importancia del contexto \u00e9tico que requiere el mercado para funcionar de un modo humano y eficiente. A los sectores m\u00e1s preocupados por la \u201ccuesti\u00f3n social\u201d podr\u00eda recordarles que la buena intenci\u00f3n no basta, sin confrontar sus propuestas con los aportes de la ciencia econ\u00f3mica, para evitar que su accionar sea contraproducente. De esta manera, la justicia social (cualquiera sea el t\u00e9rmino elegido para evocarla) puede convertirse en el marco de referencia de un verdadero di\u00e1logo, en el cual el com\u00fan reconocimiento de la dignidad humana pueda traducirse en un consenso sobre la necesidad de detectar y suprimir la multitud de privilegios e inequidades que distorsionan en todos sus aspectos nuestra vida social, garantizando una igualdad efectiva de oportunidades para todos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El sorprendente resultado de las elecciones primarias ha permitido al candidato m\u00e1s favorecido, el ultraliberal Javier Milei, no s\u00f3lo instalar en la discusi\u00f3n p\u00fablica planteos&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[7,6],"tags":[3120,1123,2601,14,1994,187,3119],"class_list":["post-17698","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-editoriales","category-nota-tapa","tag-caridad-social","tag-editorial","tag-fraternidad","tag-iglesia","tag-justicia-social","tag-libertad","tag-milei"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4Bs","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17698","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=17698"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17698\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17700,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17698\/revisions\/17700"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=17698"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=17698"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=17698"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}