{"id":3233,"date":"2005-09-11T12:08:34","date_gmt":"2005-09-11T12:08:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/sin_categoria\/cruzar-el-umbral-de-la-reciprocidad\/"},"modified":"2005-09-11T12:08:34","modified_gmt":"2005-09-11T12:08:34","slug":"cruzar-el-umbral-de-la-reciprocidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=3233","title":{"rendered":"Cruzar el umbral de la reciprocidad"},"content":{"rendered":"<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">En la nueva comunidad que Jes\u00fas convoc\u00f3 en torno a s\u00ed, la figura femenina asumi\u00f3 desde sus comienzos un papel in\u00e9dito y relevante. En la posterior historia de la Iglesia puede leerse el repetido intento por interpretar creativamente la nueva concepci\u00f3n de la mujer que se desprende del evangelio, si bien acontece bajo el pesado condicionamiento social y cultural arraigado en el androcentrismo. La historia que va desde la \u00e9poca posterior a los Ap\u00f3stoles hasta el siglo XIX muestra tres constantes: el ministerio sacerdotal conferido solamente a los hombres; una visi\u00f3n cultural que, a pesar de la presencia activa del fermento evang\u00e9lico, sigue siendo sustancialmente androc\u00e9ntrica y patriarcal; y el testimonio influyente y renovado del carisma femenino en m\u00faltiples formas.<?xml:namespace prefix = o ns = \"urn:schemas-microsoft-com:office:office\" \/><o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">Estos tres elementos, evidentemente, tienen diferente peso teol\u00f3gico y ser\u00e1n interpretados y evaluados de manera distinta a partir del momento en que, ya en la modernidad, la cuesti\u00f3n femenina se ubique en un nuevo marco sociocultural. El primero, si bien se apoya en razones antropol\u00f3gicas condicionadas, permanece inmutable por su referencia \u0096considerada normativa\u0096 a la ense\u00f1anza y a la praxis de Cristo mismo. Y, en consecuencia, a toda la tradici\u00f3n eclesial, que s\u00f3lo en la segunda mitad del siglo XX ser\u00e1 puesta en duda en el \u00e1mbito confesional de la Reforma protestante y de la Comuni\u00f3n anglicana. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">El segundo elemento en cuesti\u00f3n muestra, por su parte, la lenta y a veces incierta y hasta contradictoria lectura del evangelio con respecto a la mujer en la historia cultural y social de la humanidad. En efecto, si por una parte est\u00e1 fuera de discusi\u00f3n que en la cultura occidental de inspiraci\u00f3n cristiana la mujer haya conquistado progresivamente espacios nuevos de autonom\u00eda y creatividad (libertad de elegir entre el matrimonio y la virginidad, libertad de elegir al esposo, prohibici\u00f3n de la poligamia y del repudio, derecho a la instrucci\u00f3n), por otra hay que reconocer que estas conquistas se encuadran en el contexto de una sustancial subordinaci\u00f3n al hombre. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">Mucho m\u00e1s relevante puede considerarse el tercer elemento en la historia del cristianismo. De maneras diversas, pero sin grandes interrupciones y con creciente eficacia, el carisma femenino se expresa en el \u00e1mbito del testimonio de la fe (hasta el martirio: In\u00e9s, \u00c1gata, Perpetua, Felicitas, Cecilia&#8230; para recordar s\u00f3lo los primeros siglos), de la entrega a Dios en la virginidad, de la profec\u00eda y de la experiencia y doctrina m\u00edsticas (Escol\u00e1stica, Clara de As\u00eds, Juliana de Norwich, Br\u00edgida de Suecia, Juana de Arco, Catalina de Siena, Mar\u00eda Magdalena de Pazzi, Teresa de \u00c1vila, Margarita Mar\u00eda Alacoque, Teresa de Lisieux, Edith Stein, Madeleine Delbr\u00eal), de la actividad caritativa y social (Angela Merici, Mary Ward, Elizabeth Ann Seton, Pauline Jaricot, Laura Montoya, Teresa de Calcuta). Sin embargo, esta extraordinaria y fecunda influencia de la sensibilidad, de la espiritualidad y de la praxis femeninas a lo largo de los siglos, pocas veces ha encontrado apropiado reconocimiento en la Iglesia y en la sociedad. Especialmente en lo que hace a marcar pautas o a ejercer el gobierno en la vida eclesial, exceptuando los episodios de diaconado femenino en el Oriente cristiano de los primeros siglos (que no comportaba ministerio de la palabra y sacramental, ni jurisdicci\u00f3n), o la adquisici\u00f3n progresiva de autonom\u00eda en la reglamentaci\u00f3n y el gobierno de las \u00f3rdenes y congregaciones femeninas, y el de las abadesas medievales que tuvieron jurisdicci\u00f3n sobre el clero en virtud del derecho de patronato feudal (Conversano, Las Huelgas, Quedlinburg y Fontevrault, donde la abadesa gobernaba tambi\u00e9n el monasterio masculino anexo).<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">Todo lo cual no quita que \u0096como se\u00f1alara Juan Pablo II\u0096 \u0093as\u00ed como es verdad que la Iglesia en su jerarqu\u00eda est\u00e1 conducida por los sucesores de los Ap\u00f3stoles, y por lo tanto hombres, es a\u00fan m\u00e1s verdadero que en el aspecto carism\u00e1tico las mujeres la gu\u00edan tanto como los hombres y quiz\u00e1s a\u00fan m\u00e1s\u0094 (<i>Insegnamenti di Giovanni Paolo II<\/i>, III, 1, Ciudad del Vaticano, 1980). Por otra parte, mujeres cristianas fieles al evangelio y a la Iglesia han denunciado con vigor el antifeminismo de ciertas expresiones culturales y sociales en el pensamiento y en la conducta de los cristianos. Baste recordar el grito de Teresa de Jes\u00fas a favor de las mujeres de la Iglesia del siglo XVI: \u0093Se\u00f1or, (&#8230;) cuando estabas en esta tierra, lejos de mostrar desprecio por las mujeres, trataste de favorecerlas con mucha benevolencia. Encontraste en ellas un amor mayor y una fe m\u00e1s viva que en los hombres (&#8230;). \u00bfEs posible, Se\u00f1or, que no escuches s\u00faplicas tan justas? No puedo creerlo, Se\u00f1or, dada tu bondad y tu justicia. T\u00fa eres juez justo, no como los jueces de este mundo que, siendo todos hijos de Ad\u00e1n y luego hombres, no hay virtud en la mujer que ellos no miren con sospecha. Pero llegar\u00e1 el d\u00eda, Rey m\u00edo, que todos se conozcan\u0094 (<i>Camino de perfecci\u00f3n<\/i>, I, c.4, 1). Y el arrebato de la joven Teresa de Lisieux contra las exclusiones a las mujeres que advirti\u00f3 en su peregrinaje a Roma: \u0093\u00a1Pobres mujeres! \u00a1Qu\u00e9 despreciadas son! Sin embargo, son m\u00e1s numerosas que los hombres las mujeres que aman a Dios, y durante la Pasi\u00f3n de nuestro Se\u00f1or ellas tuvieron m\u00e1s valor que los Ap\u00f3stoles, pues desafiaron los insultos de los soldados y se atrevieron a enjugar el rostro adorado de Jes\u00fas!\u0094 (<i>Manuscritos auto-biogr\u00e1ficos, A<\/i>. N\u00ba 184). <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">Se puede afirmar con fundamento que la promoci\u00f3n de la dignidad de la mujer y, de alguna manera, el mismo estallido de la \u0093cuesti\u00f3n femenina\u0094 en la modernidad se ubican en el \u00e1rea sociocultural de un Occidente de tradici\u00f3n cristiana, ya que exist\u00edan de manera activa y vital las ra\u00edces de la revelaci\u00f3n b\u00edblico-cristiana, no obstante lentitudes, desv\u00edos y contradicciones. Aliment\u00e1ndose de esas ra\u00edces, la civilizaci\u00f3n occidental pudo cumplir, tambi\u00e9n en este campo y acaso luchando contra las resistencias del mundo eclesi\u00e1stico, notables pasos adelante que luego se fueron extendiendo en todo el mundo.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">Puede uno preguntarse si es posible identificar un hilo conductor que, de manera m\u00e1s o menos expl\u00edcita, conjugue y proponga hoy, en perspectiva cristiana, las instancias y el complejo camino de la cuesti\u00f3n femenina. Quiz\u00e1s deba ser considerado en la relaci\u00f3n entre lo \u0093teol\u00f3gico\u0094 y lo \u0093antropol\u00f3gico\u0094. Lo antropol\u00f3gico, en efecto, no s\u00f3lo necesita de una determinaci\u00f3n hist\u00f3rica y situacional, sino que muestra su estructura concreta en la relaci\u00f3n de reciprocidad entre lo masculino y lo femenino como paradigma originario de toda relaci\u00f3n interpersonal y como gram\u00e1tica de la relaci\u00f3n misma que, en Cristo, Dios instaura con la humanidad a trav\u00e9s del Esp\u00edritu. Lo demuestran precisamente las figuras que comienzan y concluyen la gran narraci\u00f3n de la Revelaci\u00f3n: desde la creaci\u00f3n de lo humano \u0093a imagen y semejanza de Dios\u0094 hasta la boda escatol\u00f3gica del Cordero.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">Ahora bien, podr\u00eda pensarse que precisamente en la irrupci\u00f3n de esta conciencia antropol\u00f3gica, que a su vez se ilumina y se realiza en el acontecimiento cristol\u00f3gico, ganan relieve algunos elementos propios del camino teol\u00f3gico del siglo XX: la reivindicaci\u00f3n de una lectura femenina de la revelaci\u00f3n y de la praxis de fe, el delinearse del perfil mariano y carism\u00e1tico de la Iglesia, el testimonio de vida y pensamiento en la experiencia cristiana a trav\u00e9s de figuras significativas en el \u00e1mbito cultural y religioso: Teresa de Lisieux \u0096sumada como doctora de la Iglesia en el alba del tercer milenio, junto con Catalina de Siena y Teresa de \u00c1vila\u0096, Edith Stein, Simone Weil, Teresa de Calcuta, Chiara Lubich, entre muchas otras. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">Cristo, presente en la historia de hoy a trav\u00e9s del Esp\u00edritu, debe ser descubierto y vivido en otros t\u00e9rminos: como fuente y forma de comuni\u00f3n y de igualdad entre el hombre y la mujer. No se anulan las diferencias, pero se ponen en relaci\u00f3n como principio de rec\u00edproco enriquecimiento. En una Iglesia que corre el riesgo de presentar todav\u00eda un rostro de acentuada identidad jer\u00e1rquica, clerical y masculina, resulta esencial que encuentre espacio y visibilidad la dimensi\u00f3n prof\u00e9tica, laica y femenina. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">La conciencia cristiana parecer\u00eda estar hoy ante el a\u00fan no cruzado umbral de la reciprocidad. \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1n el lenguaje, el pensamiento, el arte, la econom\u00eda, la ciudad, las ciencias, la justicia, la paz, el desarrollo, la tecnolog\u00eda&#8230; una vez cruzado ese umbral? Y, en la Iglesia, \u00bfc\u00f3mo ser\u00e1n la comuni\u00f3n, la misi\u00f3n, el di\u00e1logo y las formas de la caridad? Acaso algo se pueda intuir imaginando el primado del ser sobre el hacer, del confiar m\u00e1s en la alianza con Dios que en el proyecto humano, de la vida sobre la idea, del servicio sobre las muchas formas evidentes y ocultas del poder, de la misericordia sobre el juicio, de la paciente espera sobre la perentoria imposici\u00f3n, de la mirada universal sobre la asfixia del detalle.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">La comunidad eclesial est\u00e1, entonces, llamada a estudiar y a promover todos los caminos y los medios que ayuden concretamente a que la mujer ocupe el lugar que le compete. Para ello es necesario, entre otras cosas, asumir una responsabilidad cada vez mayor en los ministerios eclesiales, seg\u00fan los designios divinos, seg\u00fan los carismas, y no tanto siguiendo esquemas ideol\u00f3gicos y culturales que pueden considerar a la mujer de manera inaut\u00e9ntica o reductiva. Urge al mismo tiempo abrirse a la posibilidad de que la mujer determine creativamente la cultura eclesial y vuelva a plasmar el lenguaje teol\u00f3gico y lit\u00fargico.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">Ese horizonte exige un trabajo com\u00fan y paritario de hombres y mujeres, capaz de superar modelos culturales unilaterales. En \u00faltima instancia, ser\u00e1 la vida misma, creativa y libre, de comuni\u00f3n en la alteridad, la que tendr\u00e1 la \u00faltima palabra.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la nueva comunidad que Jes\u00fas convoc\u00f3 en torno a s\u00ed, la figura femenina asumi\u00f3 desde sus comienzos un papel in\u00e9dito y relevante. 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