{"id":3256,"date":"2005-10-11T12:08:34","date_gmt":"2005-10-11T12:08:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/sin_categoria\/tocqueville-en-su-bicentenario\/"},"modified":"2005-10-11T12:08:34","modified_gmt":"2005-10-11T12:08:34","slug":"tocqueville-en-su-bicentenario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=3256","title":{"rendered":"Tocqueville en su bicentenario"},"content":{"rendered":"<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">Desde su contempor\u00e1neo Royer-Collard en adelante ha sido frecuente considerarlo como una suerte de Montesquieu redivivo. Tampoco resultan aventuradas las comparaciones con Arist\u00f3teles y Maquiavelo en punto a su capacidad anal\u00edtica y sus envidiables dotes de observador. Es que Tocqueville (1805-1859) fue a la par un soci\u00f3logo y un fil\u00f3sofo de la pol\u00edtica. Dif\u00edcil arte, en verdad, el de reunir ambas miradas que, por lo general, se excluyen o subestiman mutuamente. En Tocqueville, en cambio, conviven sin recelos y se proyectan juntas sobre el camino poco transitado de lo razonable y lo prudente. Este rasgo contribuye a explicar el car\u00e1cter conciliador de su pensamiento como tambi\u00e9n el estilo mesurado y a ratos melanc\u00f3lico de su prosa. Tocqueville, aun cuando corrigiera con obsesi\u00f3n sus originales, escrib\u00eda genialmente bien pero su escritura es muelle: nos cautiva y, al mismo tiempo, nos invita al reposo.<?xml:namespace prefix = o ns = \"urn:schemas-microsoft-com:office:office\" \/><o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">Toda su biograf\u00eda intelectual y pol\u00edtica parece recorrida por una preocupaci\u00f3n medular: el advenimiento de la sociedad democr\u00e1tica. La palabra que, desde la antigua Grecia, hab\u00eda servido para identificar a un r\u00e9gimen de gobierno, en Tocqueville designa ante todo a un tipo de sociedad que se define por oposici\u00f3n a la sociedad aristocr\u00e1tica, fundada no en la igualdad sino en los privilegios y diferencias hereditarios. Recordemos brevemente algunas de sus reflexiones al respecto.<span style=\"mso-spacerun: yes\">&nbsp; <\/span><o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">Al t\u00e9rmino del segundo volumen de <i>La Democracia en Am\u00e9rica<\/i>, Tocqueville sostiene lo siguiente: \u0093\u0085 la Providencia no ha creado el g\u00e9nero humano ni enteramente independiente, ni completamente esclavo. Ha trazado, es verdad, alrededor de cada hombre, un c\u00edrculo fatal de donde no puede salir; pero, en sus vastos l\u00edmites, el hombre es poderoso y libre. Lo mismo ocurre con los pueblos\u0094. Y a continuaci\u00f3n: \u0093Las naciones de nuestros d\u00edas, no podr\u00edan hacer que en su seno las condiciones no sean iguales; pero depende de ellas que la igualdad las conduzca a la servidumbre o a la libertad, a las luces o a la barbarie, a la prosperidad o a la miseria.\u0094<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">En efecto, la concepci\u00f3n probabilista \u0096en la expresi\u00f3n de Aron y de Stanley Hoffmann\u0096 que Tocqueville ten\u00eda de la historia le hac\u00eda verla dominada por una tendencia profunda y progresiva hacia la igualdad de condiciones que se ven\u00eda anunciando desde hac\u00eda setecientos a\u00f1os hasta convertirse en un hecho irreversible. Una tendencia acelerada en el caso franc\u00e9s por la Revoluci\u00f3n pero que, en los Estados Unidos (marco de su obra cumbre cuyo tema es, en el fondo, la democracia) hab\u00eda marchado a un ritmo evolutivo. Ahora bien, una cosa es pensar la historia en t\u00e9rminos de tendencias de largo plazo, que condicionan la autonom\u00eda de las decisiones, y otra distinta pensar que los acontecimientos est\u00e1n regidos por leyes de cumplimiento necesario cuya comprensi\u00f3n nos permitir\u00eda predecir el curso forzoso de la humanidad. En este sentido, ser\u00eda err\u00f3neo sostener que Tocqueville es un autor determinista, postura a la que en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n se opuso expl\u00edcitamente. Por ejemplo, en una p\u00e1gina luminosa donde, al contrastar la manera de hacer historia en los tiempos aristocr\u00e1ticos y los democr\u00e1ticos (en el primer caso, una historia que destaca las peque\u00f1as causas y las acciones individuales; en el segundo, una historia centrada en los hechos generales y los fen\u00f3menos colectivos), cuestiona la doctrina de quienes, dudando del libre albedr\u00edo, \u0093niegan a algunos ciudadanos el poder de obrar sobre el destino del pueblo [\u0085] quitan a los pueblos mismos la facultad de modificar su propia suerte, y la someten, ya sea a una providencia inflexible, ya a una ciega fatalidad\u0094.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">Por consiguiente, si Tocqueville no abriga la menor duda de que, a pesar de todos los obst\u00e1culos que se le interponen en su derrotero, la pasi\u00f3n por la igualdad (que \u0093penetra por todas partes en el coraz\u00f3n humano\u0094) acabar\u00e1 desplazando a la sociedad aristocr\u00e1tica, no oculta su desconcierto con respecto al cariz que tomar\u00e1 en el ma\u00f1ana la sociedad democr\u00e1tica. Por una parte, el elemento dado, la democracia, impuesto por el devenir hist\u00f3rico o aun la misma voluntad de Dios (no discutir\u00e9 aqu\u00ed si el \u0093terror religioso\u0094 que lo embargaba al respecto era algo m\u00e1s que un recurso ret\u00f3rico). Por la otra, el \u00e1mbito en el que costumbres e instituciones deber\u00e1n actuar de consuno para que esa misma sociedad democr\u00e1tica sea, a la vez, libre. \u0093\u00bfA d\u00f3nde vamos?\u0094, se pregunta Tocqueville con relaci\u00f3n al destino de la libertad. El interrogante resulta insoslayable y se dir\u00eda que est\u00e1 en el reverso de su preocupaci\u00f3n por el avance de la igualdad. Para decirlo con categor\u00edas hobbesianas, que el mismo Tocqueville utiliza con frecuencia, si la sociedad democr\u00e1tica representa el elemento \u0093natural\u0094 de su argumentaci\u00f3n, la libertad representa al \u0093arte\u0094, a la capacidad de los pueblos para fundar un orden pol\u00edtico en el que mujeres y hombres sean no solamente iguales en derechos sino libres.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">Pero Tocqueville no pod\u00eda despejar esta inc\u00f3gnita (\u00bfpodemos acaso hacerlo nosotros en nuestro convulsionado presente?) que lo acompa\u00f1ar\u00e1 toda su vida. La igualdad en tanto tendencia ofrece hacia el futuro m\u00e1s de una alternativa: la libertad o la servidumbre. En otros t\u00e9rminos, Tocqueville cre\u00eda que de un mismo estado social pueden extraerse consecuencias pol\u00edticas diametralmente opuestas, sin que por ello quede aqu\u00e9l afectado en sus rasgos definitorios. De ah\u00ed que confesara estar muy lejos de creer que en Norteam\u00e9rica hubiesen encontrado \u0093<i>la \u00fanica forma de gobierno que puede darse la democracia<\/i>\u0094 (la cursiva me pertenece). Dos rostros posibles, entonces, para un nuevo mundo que, si garantiza la ausencia de privilegios de nacimiento o de distinciones permanentes, presupuesto esencial de la sociedad aristocr\u00e1tica, deja librada a la labor prudente de los hombres la posibilidad de que la primera de aquellas opciones sea la que verdaderamente prospere. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">De lo contrario, el despotismo volver\u00eda por sus fueros. En Tocqueville el concepto debe asimilarse, por lo pronto, a la tiran\u00eda de la mayor\u00eda que no acepta la convivencia pac\u00edfica con las minor\u00edas y a la que no alcanza con oponer salvaguardas institucionales mientras no se sustenten en pr\u00e1cticas y convicciones arraigadas. Si Tocqueville no considera probable que en Norteam\u00e9rica se imponga esta tiran\u00eda en el plano pol\u00edtico, s\u00ed la ve en cambio abrirse paso en el campo del pensamiento donde la opini\u00f3n p\u00fablica ejerce un poder\u00edo no violento pero uniformador, \u0093que deja el cuerpo y va derecho al alma\u0094, poniendo al descubierto lo que llamar\u00e1, con una expresi\u00f3n afortunada, \u0093una nueva fisonom\u00eda de la esclavitud\u0094.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">Tiran\u00eda mayoritaria, homogeneidad de opiniones\u0085 \u00bfBajo qu\u00e9 otro aspecto pod\u00eda revelarse el despotismo a los ojos de las sociedades modernas? La respuesta a esta pregunta se encuentra en uno de los cap\u00edtulos m\u00e1s c\u00e9lebres de <i>La democracia en Am\u00e9rica <\/i>donde Tocqueville describe a una multitud atomizada e indiferente por encima de la cual se yergue un gobierno de apariencia bienhechora y hasta paternal que, sin embargo, en su af\u00e1n incontinente, termina negando las libertades y anulando el sentido de la responsabilidad individual. Es cierto que no previ\u00f3 el surgimiento del totalitarismo como la manifestaci\u00f3n m\u00e1s acabada de la tiran\u00eda moderna. No obstante, le cabe a Tocqueville el m\u00e9rito de haber retratado con m\u00e1s de un siglo de anticipaci\u00f3n los contornos del Estado intervencionista. S\u00famese a esto el riesgo que significaba el <i>individualismo<\/i>, entendido como sin\u00f3nimo de apat\u00eda c\u00edvica o, seg\u00fan se la denomina ahora, desafecci\u00f3n p\u00fablica, el aburguesamiento generalizado de la poblaci\u00f3n, el ciego af\u00e1n por el bienestar material, la centralizaci\u00f3n administrativa (excelente \u0093para impedir, no para hacer\u0094), la creciente polarizaci\u00f3n social (hecho grav\u00edsimo que para Tocqueville deb\u00eda acaparar la atenci\u00f3n del legislador)\u0085 He ah\u00ed otras de las varias amenazas que se cern\u00edan sobre el horizonte de las sociedades modernas.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">\u00bfQu\u00e9 recetas propon\u00eda para aventar a estos fantasmas? Principalmente podemos mencionar las siguientes: 1) una adecuada distribuci\u00f3n del poder, en un sentido tanto horizontal y vertical, con fuerte acento en la vida municipal vista como escuela de participaci\u00f3n y canal adecuado para hacerla efectiva; 2) v\u00ednculos asociativos que limiten la ingerencia del gobierno en el \u00e1mbito de la sociedad civil; 3) creencias religiosas que, al crear una disciplina interior en los ciudadanos, contribuyan a \u0093moralizar la democracia\u0094; 4) una Justicia independiente que act\u00fae como celoso guardi\u00e1n de la Constituci\u00f3n; 5) libertad de prensa, definida como un dogma correlativo de la soberan\u00eda del pueblo; 6) <i>inter\u00e9s bien entendido<\/i>, f\u00f3rmula que alude a un ego\u00edsmo inteligente, suced\u00e1neo de la virtud ciudadana, que lleva al habitante a sacrificar al conjunto parte de su tiempo y comodidad, y, 7) para confirmar su imagen de Montesquieu del siglo XIX, un sistema de costumbres afines que, seg\u00fan Tocqueville, constitu\u00eda \u0093la raz\u00f3n especial\u0094 o \u0093causa predominante\u0094 que diferenciaba a los Estados Unidos de las ex colonias de Am\u00e9rica del Sur. \u0093Las costumbres de un pueblo esclavo son parte de su servidumbre; las de un pueblo libre son parte de su libertad\u0094, hab\u00eda escrito el autor de <i>Del esp\u00edritu de las leyes<\/i>. De ah\u00ed que, puesto a jerarquizar las causas que explicaban el mantenimiento del gobierno democr\u00e1tico norteamericano, Tocqueville antepusiera las costumbres a las leyes y a la posici\u00f3n geogr\u00e1fica, encuadre sociol\u00f3gico que condicionaba de entrada la posibilidad de esparcir, sobre otros suelos, la simiente de la democracia pluralista.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">En todo caso, a falta de un estado moral e intelectual que sirviera de abono a las instituciones libres, Tocqueville pensaba que hab\u00eda que invertir el proceso y apostar a una legislaci\u00f3n y una educaci\u00f3n adecuadas a fin de proporcionar a los ciudadanos \u0093ideas y sentimientos que primeramente les preparen para la libertad y en seguida les permitan su uso\u0094, multiplicando a la par las \u0093la ocasiones de obrar juntos y de hacerlos sentir diariamente que dependen los unos de los otros\u0094. Una apuesta ciertamente m\u00e1s dif\u00edcil pero que, al reconocer la influencia rec\u00edproca que existe entre el sistema social y el pol\u00edtico o aun el margen de creatividad que compete a este \u00faltimo, permitir\u00eda que, introducidas \u0093prudentemente\u0094 en la sociedad, mezcl\u00e1ndolas \u0093poco a poco\u0094 con las costumbres y fundi\u00e9ndolas \u0093gradualmente\u0094 con las opiniones del pueblo, las instituciones democr\u00e1ticas pudiesen subsistir fuera de Norteam\u00e9rica. La advertencia hecha en la Introducci\u00f3n a <i>La Democracia en Am\u00e9rica <\/i>est\u00e1 enteramente ligada a este designio: \u0093Instruir a la democracia, reanimar si se puede sus creencias, purificar sus costumbres, reglamentar sus movimientos, sustituir poco a poco con la ciencia de los negocios p\u00fablicos su inexperiencia y por el conocimiento de sus verdaderos intereses a los ciegos instintos; adaptar su gobierno a los tiempos y lugares; modificarlo seg\u00fan las circunstancias y los hombres: tal es el primero de los deberes impuestos en nuestros d\u00edas a aquellos que dirigen la sociedad.\u0094<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=Cdetexto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana\">Qued\u00e9monos con esta lecci\u00f3n imperecedera que, al tiempo que sintetiza en alguna medida la propuesta te\u00f3rica de Tocqueville, supone para nuestro presente y nuestra posteridad (vaya esto dicho con especial referencia a la Argentina) un verdadero ideario c\u00edvico.<span style=\"mso-spacerun: yes\">&nbsp; <\/span><o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde su contempor\u00e1neo Royer-Collard en adelante ha sido frecuente considerarlo como una suerte de Montesquieu redivivo. 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