{"id":3332,"date":"1998-10-09T12:08:34","date_gmt":"1998-10-09T12:08:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/sin_categoria\/el-tio-vania\/"},"modified":"1998-10-09T12:08:34","modified_gmt":"1998-10-09T12:08:34","slug":"el-tio-vania","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=3332","title":{"rendered":"El t\u00edo Vania"},"content":{"rendered":"<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 0cm\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">Tras un fracasado estreno en 1896, el rotundo \u00e9xito alcanzado por <i>La gaviota<\/i> seg\u00fan la puesta en escena de Stanislavsky en el Teatro de Arte de Mosc\u00fa, lleva a Chejov a escribir, especialmente para dicho Teatro, otras tres obras extensas que consolidar\u00e1n su fama como dramaturgo. La primera de ellas, <i>El t\u00edo Vania<\/i>, se estrena en 1900, a\u00f1o en que el autor es elegido miembro de honor de la Academia de Ciencias de Mosc\u00fa.<?xml:namespace prefix = o ns = \"urn:schemas-microsoft-com:office:office\" \/><o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 0cm\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">Considerada por la cr\u00edtica como el texto que m\u00e1s plena y despojadamente expresa las preocupaciones esenciales del autor, quiz\u00e1s sea la que encierra la visi\u00f3n m\u00e1s sombr\u00eda, no s\u00f3lo de la Rusia de fines del siglo diecinueve sino tambi\u00e9n de la condici\u00f3n humana y su posibilidad de acceder en vida a una existencia plena.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">Todos los sectores sociales representados o aludidos en la obra \u0096los terratenientes, los intelectuales y los mujiks\u0096 son igualmente fustigados ya sea por su inercia, por su falta de comprensi\u00f3n o por su ignorancia. El fracaso de una vida in\u00fatil, falsa o cobarde, admitido o no, signa por igual a todos los personajes, inclusive a aquellos aparentemente exitosos o admirados como el viejo profesor y su bella esposa. La percepci\u00f3n de un futuro feliz pero lejano y ajeno, para el cual siente que est\u00e1 oscuramente \u0093desbrozando el camino\u0094, mitiga en el m\u00e9dico Astrov, aunque no el desprecio por una vida mediocre y sucia, s\u00ed el dolor y la desesperaci\u00f3n que, en cambio, dominan al t\u00edo Vania y lo impulsan \u0096como no sucede con ning\u00fan otro personaje chejoviano\u0096 a un frustrado suicidio. En cuanto a Sonia, es su fe, que le permite esperar acceder con la muerte a una vida definitivamente plena, la que explica su sufrida resignaci\u00f3n y su heroica resistencia a una desdicha irreversible.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">La irrupci\u00f3n de Serebriakov y su esposa funciona como catalizador del m\u00ednimo conflicto dram\u00e1tico, en la medida en que desencauza la angustia vital por los sue\u00f1os fracasados, contenida en la atm\u00f3sfera asfixiante de la hacienda familiar, para convertirla en el tema constante de reflexi\u00f3n de los personajes. Falta en el texto ese toque humor\u00edstico, ya sea en situaciones o personajes, que suele caracterizar al teatro chejoviano en consonancia con su deseo de quebrar los l\u00edmites entre la comicidad y la angustia. Apenas si se registran tonos burlescos en algunas intervenciones zumbonas de t\u00edo Vania, que adopta la pose de buf\u00f3n como una forma m\u00e1s de enmascarar su sufrimiento.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">Ra\u00fal Serrano, responsable de la puesta en escena, s\u00f3lo realiz\u00f3 algunos recortes menores en el texto. En su marcaci\u00f3n del personaje de Vania, a cargo de Ricardo D\u00edaz Mourelle, hizo primar la veta farsesca con lo cual pierde complejidad su interpretaci\u00f3n. Ra\u00fal Rizzo encarna con matizada expresividad al m\u00e9dico Astrov, l\u00facido observador de cuantos lo rodean y el \u00fanico personaje cuyo compromiso con la vida \u0096expresado a trav\u00e9s de los \u00e1rboles que defiende\u0096 lo distancia, de esa vida \u0093aburrida, tonta y sucia\u0094 que detesta. Destacable tambi\u00e9n resulta el trabajo de Alejandra Rubio en el rol de Sonia y correcto el de Patricia Echegoyen como Elena. Juan Carlos Galv\u00e1n, en cambio, compone al profesor con un fraseo artificioso que desentona con la est\u00e9tica realista de la obra. El dise\u00f1o escenogr\u00e1fico de Silvana de la Torre procura combinar, en un escenario reducido y con una ambientaci\u00f3n profusa, dos espacios bastante dis\u00edmiles: el sal\u00f3n y el dormitorio-despacho de Vania. El resultado es poco convincente.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tras un fracasado estreno en 1896, el rotundo \u00e9xito alcanzado por La gaviota seg\u00fan la puesta en escena de Stanislavsky en el Teatro de Arte&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-3332","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-RK","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3332","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3332"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3332\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3332"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3332"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3332"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}