{"id":3376,"date":"1998-08-19T12:08:34","date_gmt":"1998-08-19T12:08:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/sin_categoria\/razon-callada\/"},"modified":"1998-08-19T12:08:34","modified_gmt":"1998-08-19T12:08:34","slug":"razon-callada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=3376","title":{"rendered":"Raz\u00f3n callada"},"content":{"rendered":"<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 0cm\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">Ana Benda, nacida en Buenos Aires, es doctora en Letras y especialista en Literatura Espa\u00f1ola del Barroco. Pero sus inquietudes intelectuales la han llevado a cultivar tambi\u00e9n otros intereses: ha publicado estudios sobre la obra de Federico Peltzer y ha realizado trabajos sobre el sentido y la semi\u00f3tica del discurso pol\u00edtico del presidente checo V\u00e1clav Havel. <i>Raz\u00f3n callada<\/i> es su primer libro de poes\u00eda.<?xml:namespace prefix = o ns = \"urn:schemas-microsoft-com:office:office\" \/><o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 0cm\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">Los poemas de Ana Benda son breves, concisos, muy cuidados, y consiguen construir una l\u00edrica a la vez intensa y sobria, que revela un oficio preocupado por trabajar, desde pocas y escogidas im\u00e1genes, una forma humana, carnal, apta para decir lo inasible del esp\u00edritu: \u0093Tu silencio me encontr\u00f3 \/ para decirse\u0094.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">El libro tiene dos partes que se reclaman la una a la otra. La primera, \u0093El arraigo que no cesa\u0094 (frase que oficia de verso en un poema de la segunda parte), est\u00e1 encabezada por una cita de Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez: \u0093Como no me ves, no soy visto de nadie\u0094. La segunda, m\u00e1s extensa, titulada \u0093Tiempo de mirada\u0094, empieza con un texto de Salinas: \u0093Y de tanto mirarte, nos salvemos\u0094. Ambas citas son una toma de posici\u00f3n po\u00e9tica. Hay una mirada que sostiene a las otras; hay un lugar desde el cual es posible ver realmente, y si \u0093no me ves\u0094, si ese lugar se retrae, sobreviene el destierro: \u0093no soy visto de nadie\u0094, porque carezco de luz que me haga visible; tambi\u00e9n los otros quedan en sombras. Pero es justamente por esto que, aunque ser visto tiene precedencia, hay que hacer el esfuerzo por llegar a ver juntos esa mirada primigenia: \u0093Y de tanto mirarte, nos salvemos\u0094. Y ya que la b\u00fasqueda de aquellos ojos se hace muchas veces en el silencio del desierto y en la orfandad de la intemperie, la mirada que busca la salvaci\u00f3n se torna comunitaria: \u0093<i>nos<\/i> salvemos\u0094.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">Es interesante que el primer poema de cada una de las dos partes del libro comience con la afirmaci\u00f3n de la mirada: \u0093S\u00e9 como nadie tu nombre, \/ a qui\u00e9n miras cuando cantas&#8230;\u0094, dice Ana Benda en el poema con el que inaugura el libro. Y anota en la primera poes\u00eda de la segunda parte: \u0093Tu mirada me inventa \/ sobre la arena de la orilla&#8230;\u0094.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">La mirada a la que la poeta hace referencia es, en primer lugar, f\u00edsica, la mirada de los ojos, que es acompa\u00f1ada por todos los sentidos: \u0093Te fund\u00e9 con la boca y las manos, \/ con los ojos, \/ la palabra, \/ y las flores rojas que me engalanaron\u0094. Todo pensamiento o arrebato del esp\u00edritu comienza con los sentidos que alertar\u00e1n al coraz\u00f3n. Paul Claudel hab\u00eda dicho en <i>La Ciudad<\/i>: \u0093Necesitas otra ciencia para entender lo que digo. Y para adquirirla, olvidando razonamientos profanos, te basta abrir los ojos a lo que existe\u0094. Y Pessoa, en el segundo canto de <i>El cuidador de reba\u00f1os<\/i>: \u0093El mundo no se hizo para que pensemos en \u00e9l \/ (pensar es estar enfermo de los ojos) \/ sino para que lo miremos y estemos de acuerdo con \u00e9l\u0094. No se trata de renunciar al pensamiento, sino de entrar en la dif\u00edcil s\u00edntesis de inteligencia y cordialidad a la que llamamos sensibilidad. Para la poeta Ana Benda, esta es la \u0093raz\u00f3n callada\u0094, \u0093estar de acuerdo\u0094: \u0093Lo s\u00e9. Vivo de tu raz\u00f3n callada. \/ Dios no le pide al abeto \/ vuelo ni canto\u0094. Los sentidos f\u00edsicos pueden educar a los sentidos espirituales hasta permitirle al poeta la libertad de prescindir de los primeros porque esa libertad se le ha hecho memoria y esperanza, sensibilidad permanente: \u0093Tu mirada me inventa \/ sobre la arena de la orilla, \/ y en ella respiro, \/ la camino. \/ Me alarga el talle \/ en vertical de vuelo, \/ me roza y quiebra la cintura, \/ y cuando deja de mirarme, \/ m\u00e1s me crea\u0094. Hay un vac\u00edo que se hace, por el amor, posibilidad de apertura a la plenitud: \u0093\u00bfQu\u00e9 herida me cur\u00f3 tu boca \/ si la vida a\u00fan es c\u00e1ntaro?\u0094<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">Este proceso que va y que viene desde los sentidos f\u00edsicos hasta los espirituales, y que habla de un amor humano en el que tercia otro Amor, inscribe a la poes\u00eda de Ana Benda en lo que en un sentido amplio podr\u00edamos llamar \u0093poes\u00eda m\u00edstica\u0094; y esto desde un enfoque cristiano: \u0093Te he fundado \/ y no me perteneces&#8230; \/ Mi propia carne \/ ya no me pertenece: \/ te he fundado\u0094. Y tambi\u00e9n: \u0093El amor, una certeza dolida \/ y coronada de espinas\u0094.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">Y esta dimensi\u00f3n m\u00edstica aparece de manera femenina, en una poes\u00eda sobriamente er\u00f3tica, desde donde se alza una sabidur\u00eda de lo entra\u00f1able: \u0093La mujer se alza desde mi entra\u00f1a.\u0094 \u0093y las flores rojas que me engalanaron.\u0094 \u0093Acaricio tu soledad primera \/ y la entibio \/ entre mi pechos.\u0094 \u0093Aprendiendo mi nombre \/ en el eco de tu pecho \/ y olvid\u00e1ndolo en tu silencio.\u0094 Siempre hay una doble lectura en estos poemas que expresan, a la vez, la necesidad del amante y la de Dios: \u0093Soy tan s\u00f3lo \/ lo que acertar\u00e9 a decir ma\u00f1ana, \/ un pu\u00f1ado de nombres \/ que elijo, a tu lado, \/ para la memoria \/ de la \u00faltima palabra.\u0094 No en vano en el poema titulado \u0093Romance de la gratuidad\u0094 (el \u00fanico de todo el libro escrito en octos\u00edlabos) la poeta cita expresamente la decimotercera parte de las <i>Canciones<\/i> de san Juan de la Cruz: \u0093y sienta que voy de vuelo \/ por mar de gracia inhabitada.\u0094<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">\u0093Orilla\u0094, \u0093playa\u0094, \u0093umbral\u0094; se afirman los l\u00edmites en los que se tensa el anhelo. Tambi\u00e9n el amplio deambular de la b\u00fasqueda: \u0093mar\u0094, \u0093desierto\u0094, \u0093intemperie\u0094. Pero \u0093ra\u00edz\u0094, \u0093puerto\u0094 y \u0093ancla\u0094 son voces en las que Benda se instala tambi\u00e9n para elevar su canto y su deseo de plegaria que ofrece palabras a la celebraci\u00f3n: \u0093No s\u00e9 si eres m\u00e1s que el puerto \/ donde toda mi sed \/ echa el ancla.\u0094 \u0093Bendigo tu mirada, \/ el manto en el que recogiste mi voz, \/ la duna blanda de tu silencio. \/ Postrada y suplicante en la playa, \/ canto.\u0094<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Benda, nacida en Buenos Aires, es doctora en Letras y especialista en Literatura Espa\u00f1ola del Barroco. 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