{"id":3387,"date":"1998-08-09T12:08:34","date_gmt":"1998-08-09T12:08:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/sin_categoria\/el-sabor-de-la-cereza\/"},"modified":"1998-08-09T12:08:34","modified_gmt":"1998-08-09T12:08:34","slug":"el-sabor-de-la-cereza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=3387","title":{"rendered":"El sabor de la cereza"},"content":{"rendered":"<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 0cm\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">Tras el suceso del cine iran\u00ed en las paralelas del \u00faltimo festival marplatense, tras la buena repercusi\u00f3n de <i>Bajo los olivos<\/i>, emitida este verano por cable, y el ingenioso corto \u0093de los huevos fritos\u0094 en el colectivo <i>Lumi\u00e8re y compa\u00f1\u00eda<\/i>, tambi\u00e9n por cable, era de esperar, y es de celebrar, que al fin el cine de Abbas Kiarostami llegase aunque sea a una sala de cine-arte de la calle Corrientes. Ya se ver\u00e1, sin dudas, en m\u00e1s salas, y en video. Se trata de un cine que vale la pena, por varias razones, aunque a algunas personas les fastidie su estilo, o su lengua, o les resulte indiferente su galer\u00eda de figuras sencillamente vestidas, tan parecidas, por otra parte, a nuestros paisanos. <?xml:namespace prefix = o ns = \"urn:schemas-microsoft-com:office:office\" \/><o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 0cm\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">Para explicarnos mejor, vamos a contar de qu\u00e9 trata <i>El sabor de la cereza<\/i>, o de \u0093las cerezas\u0094, como se ha traducido desde su paso por el Festival de Cannes 1997, donde comparti\u00f3 la Palma de Oro con una cinta japonesa de Sohei Imamura. Un hombre viaja en su auto por las afueras de la ciudad. Est\u00e1 ansioso, nervioso, casi irritable. Por todas partes ofrece un trabajo, pero todos le reh\u00fayen, aun antes de escuchar en qu\u00e9 consiste su oferta. Un soldadito sube, apurado por volver al cuartel. Con ese muchacho, el hombre es m\u00e1s preciso (a esa altura, sin que haya pasado nada, s\u00f3lo por el rostro del hombre, por la aridez del paisaje, y por el ruido del motor, y de las ruedas sobre el pedregullo, tambi\u00e9n nosotros estamos nerviosos). <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">Lo que este hombre quiere, es que le echen tierra cuando lo vean muerto. Como se sabe, los musulmanes deben ser enterrados cuanto antes. Pero es que este hombre se piensa matar, y eso, tambi\u00e9n se sabe, es un pecado, y un delito contra s\u00ed mismo. \u00bfQui\u00e9n querr\u00eda hacerse c\u00f3mplice? \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda permitirle el suicidio, y con qu\u00e9 autoridad, o con qu\u00e9 argumentos, se lo podr\u00eda impedir? \u00c9l le pide ayuda al soldadito, que huye espantado. Luego a un seminarista, que no logra disuadirlo con razones teol\u00f3gicas. Y por fin a un viejo, que acepta el encargo sin mayores vueltas. De paso, se hace llevar hasta la puerta del Museo de Historia Natural, donde trabaja como taxidermista. \u00c9l tambi\u00e9n, alguna vez, pens\u00f3 en matarse. Y, mientras viajan, le cuenta su experiencia&#8230;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">Esa es la escena clave, y una de las m\u00e1s risue\u00f1as y hermosas que hayamos visto en los \u00faltimos tiempos. Sin embargo, la pel\u00edcula no termina ah\u00ed. Al director le cab\u00edan otras preguntas. \u00bfC\u00f3mo contar su historia, sin que pareciera moralina f\u00e1cil? \u00bfY c\u00f3mo respetar adem\u00e1s las razones y la decisi\u00f3n del otro, y presentar una realidad, sin ofender a la censura iran\u00ed? La obra tiene un final abierto, una vuelta de tuerca registrada en video, como diciendo \u0093recuerden que es s\u00f3lo una pel\u00edcula\u0094. De todos modos, la censura puso sus l\u00f3gicos reparos, que solamente levant\u00f3, aunque no del todo, ante la repercusi\u00f3n mundial en Cannes. Sencillez, humanidad, originalidad, intensidad, fueron los t\u00e9rminos que la prensa de todas partes utiliz\u00f3 en sus elogios. El propio Akira Kurosawa lo respald\u00f3, publicando palabras muy sentidas: \u0093Cuando Satyajit Ray muri\u00f3, yo estaba muy deprimido. Pero luego de ver los films de Kiarostami, agradezco a Dios por habernos dado a la persona justa para ocupar su lugar\u0094.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">Satyajit Ray, se recuerda, es el hind\u00fa que en los \u009250 hizo <i>Aparajito<\/i>, <i>Pater<\/i> <i>Panchali<\/i>, y <i>El mundo de Apu<\/i>, tres historias neorrealistas de gran ternura, de mucha y profunda sencillez, con gran respeto a los personajes y a sus situaciones, y de una emoci\u00f3n siempre contenida. Hizo muchas otras pel\u00edculas, a veces m\u00e1s convencionales, pero siempre atentas a los sentimientos, y al pudor con que deben mostrarse los sentimientos. Tanto \u00e9l como Kiarostami son comparados con Vittorio De Sica, el de <i>Ladrones de bicicletas<\/i> y <i>Umberto D<\/i>, en esas virtudes y en el empleo de actores no-profesionales, sean simples vocacionales o gente de la calle. El protagonista de <i>El sabor de la cereza<\/i>, por ejemplo, es arquitecto, y el viejo es un empleado de museo. \u0093Yo no los dirijo, los observo. Ellos mismos tienen que encontrar su personaje y apropiarse de los di\u00e1logos\u0094, dice el realizador.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">Kiarostami tambi\u00e9n es comparado con Eric Rohmer, por sus historias morales, y hasta con Jacques Tati, el humorista de <i>Mi t\u00edo<\/i>. Esto \u00faltimo s\u00f3lo se le puede ocurrir a los franceses, pero tiene su explicaci\u00f3n. Como Tati, Kiarostami sabe usar los planos generales, no para mostrar simplemente el paisaje, sino para revelar momentos claves desde lejos, sin entrometernos en la vida de la gente, manteni\u00e9ndonos a una necesaria, discreta y afectuosa distancia. Recu\u00e9rdese, por ejemplo, el sorprendente final de <i>Bajo los olivos<\/i>, donde est\u00e1 todo dicho, y hasta participamos de la alegr\u00eda del protagonista, sin necesidad de asomarnos al momento en que la chica de sus sue\u00f1os le da el s\u00ed (o acaso fue un \u0093puede ser\u0094, nunca lo sabremos&#8230;).<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">Pero en otras cosas Kiarostami dif\u00edcilmente resulte comparable. Por ejemplo, en su llamativo e impactante manejo de la voz fuera de campo, o voz en <i>off<\/i>. El corto incluido en <i>Lumi\u00e8re y compa\u00f1\u00eda<\/i> es, simplemente, la vista cenital, en plano fijo, de una sart\u00e9n. Alguien echa aceite, y fr\u00ede dos huevos. Suena el tel\u00e9fono. Por el contestador se oye la voz de una mujer angustiada, acaso un viejo amor, quiz\u00e1 un romance que se ha roto unilateralmente, qui\u00e9n sabe. \u0093\u00bfEst\u00e1s ah\u00ed? Necesito hablarte. Por favor, estar\u00e9 esperando tu contestaci\u00f3n toda la tarde\u0094, etc. Mientras, s\u00f3lo se ven los dos huevos fri\u00e9ndose. Fin de la llamada. Se retira la sart\u00e9n del fuego, se apaga la hornalla. En menos de un minuto, con los m\u00ednimos elementos, defini\u00f3 dos personajes, un conflicto, y nos cont\u00f3 una historia, a la que adem\u00e1s podemos enriquecer con nuestra propia imaginaci\u00f3n. \u00bfQui\u00e9n estar\u00eda cocinando? \u00bfLa persona que deb\u00eda recibir el llamado, o quiz\u00e1 alguien que ya est\u00e1 reemplazando a la que llama? \u00bfO tal vez las cosas sean de otro modo?<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 11.0pt\">Kiarostami llama la atenci\u00f3n acerca de qui\u00e9n habla, y a qui\u00e9n. Y es notable tambi\u00e9n en sus viajes. Todas sus pel\u00edculas se desarrollan en tr\u00e1nsito, siempre alguien va conduciendo un veh\u00edculo, hacia alg\u00fan lado, y levanta pasajeros que son gente com\u00fan, de las afueras, pero no tan com\u00fan a poco que se habla con ellas, y se descubre su mundo interior. No son simples <i>road-movies<\/i> con figuras pintorescas. Los pasajeros de <i>El sabor de la cereza<\/i>, el mismo Kiarostami lo confirma, son diferentes facetas del mismo protagonista. \u0093El primer personaje simboliza su juventud. El segundo, su apego a la religi\u00f3n y la influencia que \u00e9sta a\u00fan ejerce sobre \u00e9l\u0094 (y es inteligente que haya puesto un seminarista todav\u00eda indeciso e inexperto, que alienta m\u00e1s preguntas, en vez de dar confortables respuestas). \u0093La \u00faltima persona es aquella que est\u00e1 m\u00e1s ligada a la vida. El hombre debe tomar conciencia de los peque\u00f1os placeres de lo cotidiano y la importancia que tienen en nuestras vidas, ellas hacen que estemos vivos\u0094. Y agrega, sobre el trayecto metaf\u00f3rico del personaje: \u0093Un movimiento tiene un significado si va de un punto a otro. Girar en redondo, volver al punto de partida, \u00e9sa es la muerte\u0094. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tras el suceso del cine iran\u00ed en las paralelas del \u00faltimo festival marplatense, tras la buena repercusi\u00f3n de Bajo los olivos, emitida este verano por&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-3387","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-SD","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3387","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3387"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3387\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3387"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3387"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3387"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}