{"id":3414,"date":"2005-12-15T12:08:34","date_gmt":"2005-12-15T12:08:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/sin_categoria\/el-espejo-que-tiembla\/"},"modified":"2005-12-15T12:08:34","modified_gmt":"2005-12-15T12:08:34","slug":"el-espejo-que-tiembla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=3414","title":{"rendered":"El espejo que tiembla"},"content":{"rendered":"<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">Se suele reprochar a Abelardo Castillo los largos per\u00edodos que pasa sin publicar. <i>Las maquinarias de la noche<\/i>, su anterior serie de cuentos es de 1992. La alegr\u00eda por la aparici\u00f3n de este nuevo volumen no se debe solamente al hecho del reencuentro con el autor despu\u00e9s de un lapso tan prolongado, sino a la certeza de que, m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s de su inicio como cuentista en 1961 con <i>Las otras puertas<\/i>,<b> <\/b>siguen intactos el rigor y la riqueza entra\u00f1ables de su producci\u00f3n, que retoma la mejor tradici\u00f3n de otros argentinos: Arlt, Borges, Quiroga, Cort\u00e1zar.<?xml:namespace prefix = o ns = \"urn:schemas-microsoft-com:office:office\" \/><o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><i><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">El espejo que tiembla<\/span><\/i><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\"> lleva la misma hermosa dedicatoria que el resto de los vol\u00famenes de <i>Los mundos reales<\/i> (t\u00edtulo que comparten todos sus libros de cuentos, a partir de la colecci\u00f3n publicada en 1972) en la que el autor declara que todos sus cuentos, \u0093los ya escritos y los que a\u00fan quedan por escribir pertenecen a un solo libro incesante\u0094, idea que reitera de distintos modos, pero sobre todo en la pr\u00e1ctica de una escritura que da cuenta de la \u00edntima vinculaci\u00f3n que se establece entre toda su obra. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">En el centro del libro, compuesto por once cuentos, \u0093Ondina\u0094 se convierte tambi\u00e9n en un texto central para abordarlo. En una de las tantas entrevistas en las que se pide a los escritores que seleccionen su cuento favorito, Castillo mencion\u00f3 \u0093La sirenita\u0094, de Andersen. Ella es uno de los personajes del cuento, la que est\u00e1 \u0093all\u00e1 en el mar\u0094, pero hay otra, \u0093la de ac\u00e1\u0094: ambas conviven en su diversidad con el narrador. Ya se\u00f1al\u00f3 el autor esta posibilidad de cruce en el Posfacio a <i>Las panteras y el templo<\/i>:<b> <\/b>\u0093Hace a\u00f1os vengo sintiendo que, realistas o fant\u00e1sticos, mis cuentos pertenecen a un solo libro. Y la literatura, a un solo y entrecruzado universo, el real, hecho de muchos mundos\u0094.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">Este espacio inestable es el que recorren los cuentos: el primero, \u0093La cosa\u0094, nos pone en contacto con <i>lo otro<\/i>, que acompa\u00f1a y vigila al narrador, y se va convirtiendo en algo acechante y siniestro \u0093como si derivara poco a poco hacia otra cosa, m\u00e1s amenazadora\u0094. En \u0093La que espera\u0094, \u00faltimo relato del volumen, se cruza lo francamente inexplicable, aun dentro de lo que podr\u00eda catalogarse como mundo real: un hombre desaparece durante tres a\u00f1os, despu\u00e9s de un accidente; su hermana lo espera cambiando las s\u00e1banas de su cama y tendiendo su mesa rigurosamente, apuesta a lo imposible que se cortar\u00e1 de golpe cuando el hombre reaparezca en el pueblo. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">A este ambiente de irrealidad, en el que el lector no sabe con certeza de qu\u00e9 lado del espejo se encuentra, contribuye en gran medida el clima nocturno que predomina en los cuentos. La oscuridad hace que todo se confunda en ese espacio sin referencias: como en \u0093Cita en cualquier lugar\u0094, las sombras pueden borrar los bordes entre los \u0093mundos reales\u0094 y los so\u00f1ados.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">Si en toda la producci\u00f3n de Castillo se marca una definida voluntad de elegir a sus precursores, esta voluntad se hace expl\u00edcita en <i>El espejo que tiembla.<\/i><b> <\/b>M\u00e1s all\u00e1 de la menci\u00f3n concreta a Poe en \u0093Fordham, 1994\u0094 (t\u00edtulo y texto que, adem\u00e1s, no pueden dejar de remitir a Borges), est\u00e1 Horacio Quiroga en \u0093Pava\u0094, que evoca, en espejo, a \u0093La gallina degollada\u0094; en el encuentro de dos tiempos que vive Villari en \u0093La casa de la calle Victoria\u0094 est\u00e1n los pasajes de Cort\u00e1zar, para mencionar solamente algunas de las muchas alusiones que se van encontrando en la lectura. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">Castillo nos invita en este libro a revisitar a sus autores m\u00e1s preciados. En \u0093Ser escritor\u0094, una serie de reflexiones acerca de la escritura, anota: \u0093Un hombre que escribe grandes cuentos es fatalmente un gran escritor: Poe, Ch\u00e9jov, Borges, Cheever, Akutagawa, Cort\u00e1zar\u0094. A esta lista, sin duda, debe sumarse Castillo; su nuevo libro vuelve a confirmarlo.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se suele reprochar a Abelardo Castillo los largos per\u00edodos que pasa sin publicar. 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