{"id":3417,"date":"2005-12-15T12:08:34","date_gmt":"2005-12-15T12:08:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/sin_categoria\/la-colera-de-la-inteligencia\/"},"modified":"2005-12-15T12:08:34","modified_gmt":"2005-12-15T12:08:34","slug":"la-colera-de-la-inteligencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=3417","title":{"rendered":"La c\u00f3lera de la inteligencia"},"content":{"rendered":"<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">Carlos P\u00e1ez de la Torre, miembro de n\u00famero de la Academia Nacional de la Historia, tiene en su producci\u00f3n una treintena de libros y cientos de notas, muchas de ellas publicadas en <i>La Gaceta<\/i>, sobre personalidades y acontecimientos de su provincia natal, Tucum\u00e1n, que se proyectan a la regi\u00f3n y, m\u00e1s all\u00e1, a la historia de la Argentina. Quien dice Tucum\u00e1n evoca espont\u00e1neamente la Batalla librada por Belgrano el 24 de septiembre de 1812, la Declaraci\u00f3n de la Independencia en 1816, la cabeza de Marco M. Avellaneda clavada en una pica y rescatada por una valerosa dama, a dos de nuestros m\u00e1s grandes presidentes, Avellaneda y Roca, a figuras de la relevancia pol\u00edtica de don Pepe Posse, el amigo de Sarmiento, el vicepresidente Marcos Paz, Uladislao Fr\u00edas, Salustiano Zaval\u00eda y Delf\u00edn Gallo, o de la talla intelectual de Alberto Roug\u00e9s, Ernesto Padilla, Juan B. Ter\u00e1n, el sabio Miguel Lillo, y en el desarrollo de la industria azucarera, empezando con Jos\u00e9 Eusebio Colombres y, adentrados en el siglo XIX y principios del XX, los Nougu\u00e9s, Hileret y, nuevamente, Roug\u00e9s. La lista, sabemos, es harto incompleta. En P\u00e1ez de la Torre, cronista ameno, historiador riguroso, nunca falta la calidez de quien frecuenta el pasado como una dimensi\u00f3n de las propias y m\u00e1s entra\u00f1ables ra\u00edces. Dedic\u00f3 biograf\u00edas a la gran escultora Lola Mora, al \u0093canciller de las flores\u0094, Gabriel Iturri, un tucumano que recalando en Par\u00eds, lleg\u00f3 a ser secretario, y algo m\u00e1s, del proustiano conde de Montesquiou-Fezenzac, y, m\u00e1s recientemente, a Nicol\u00e1s Avellaneda. <?xml:namespace prefix = o ns = \"urn:schemas-microsoft-com:office:office\" \/><o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">Y es natural que la figura de Groussac rondase al autor, que confiesa que \u00e9ste ha sido \u0093un libro de largo tr\u00e1mite\u0094. El punto de contacto del franc\u00e9s, nacido en Toulouse en 1848 en las postrimer\u00edas del reinado de Luis Felipe, con el mundo que P\u00e1ez de la Torre conoce de manera inigualable, est\u00e1 en ese primer encuentro entre el joven ministro de Educaci\u00f3n de Sarmiento, hijo del m\u00e1rtir de Met\u00e1n, y el veintea\u00f1ero franc\u00e9s, que apenas desembarcado se hab\u00eda ganado la vida como ovejero en San Antonio de Areco. Jos\u00e9 Manuel Estrada fue quien los reuni\u00f3 y as\u00ed se decidi\u00f3 el rumbo futuro de Groussac: Avellaneda le ofreci\u00f3 dos c\u00e1tedras en el Colegio Nacional de Tucum\u00e1n, hacia donde parti\u00f3 en 1871. Aunque un apremiante encuentro rom\u00e1ntico en la Recoleta lo hizo levantar apurado de la reuni\u00f3n, Groussac qued\u00f3 por siempre agradecido a Avellaneda a quien dedic\u00f3 un antol\u00f3gico y admirable retrato, f\u00edsico y psicol\u00f3gico en <i>Los que pasaban<\/i>. Groussac se afinc\u00f3 unos a\u00f1os en Tucum\u00e1n pero qued\u00f3 ligado a ella para siempre, por la labor docente, intelectual y pol\u00edtica, por los amigos que se gan\u00f3, e incluso por lo que recordar\u00eda en su ancianidad de \u0093amores antiguos\u0094, como dice la zarzuela, con el sabor de la nostalgia. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">El biografiado dedic\u00f3 muchas p\u00e1ginas a su propia historia, vali\u00e9ndose en ocasiones del g\u00e9nero novel\u00edstico (<i>Fruto vedado<\/i> por ejemplo, que lo tiene de protagonista apenas disimulado). El bi\u00f3grafo, con singular pericia, ha sabido entrelazar la larga existencia de Groussac a partir de su propio testimonio, lo ha confrontado con los de sus contempor\u00e1neos, ellos mismos a menudo plasmados en textos ora entusiastas, ora despiadados, que les dedicara este franc\u00e9s de brillante inteligencia y de car\u00e1cter col\u00e9rico, como acertadamente resume el t\u00edtulo de la obra. Groussac am\u00f3 apasionadamente la Argentina, en la que eligi\u00f3 quedarse para que fuera patria de sus numerosos hijos. Pero la am\u00f3 con impaciencia, con dosis de intolerancia frente a los defectos y mezquindades de sus contempor\u00e1neos, reproches de los que \u00e9l mismo no estuvo exento. Anud\u00f3 grandes amistades, Goyena, Roque S\u00e1enz Pe\u00f1a, Carlos Pellegrini, y sufri\u00f3 el desgarro de muertes prematuras, que dejaban un vac\u00edo en el pa\u00eds mismo. Fue un hombre de cultura universal, renacentista, domin\u00f3 el castellano con igual fluidez que el franc\u00e9s de origen, y hasta escribi\u00f3 en ingl\u00e9s. Viaj\u00f3 mucho, aunque para ello dejara m\u00e1s de una vez a su esposa en v\u00edsperas de parto. Hasta el final de sus d\u00edas se sinti\u00f3 unido a su Francia natal, aunque Toulouse (de donde sali\u00f3 por un conflicto familiar que queda en la oscuridad), progresivamente se le fuera haciendo m\u00e1s extra\u00f1a. Como quien peregrina, fue a visitar a V\u00edctor Hugo, quien ya ca\u00eda en la senilidad. No pudo entablar un di\u00e1logo con el autor de <i>Hernani<\/i>, hab\u00eda llegado demasiado tarde. Pero s\u00ed lo hizo con Alphonse Daudet, \u00c9mile Zola y \u0093el tigre\u0094 Clemenceau. A Rodin intent\u00f3 convencerlo de modificar su estatua del Sarmiento que hoy admiramos en Palermo. No tuvo \u00e9xito, y al desvelarse el bronce, se escucharon manifestaciones de rechazo a una obra en la que no se reconoc\u00eda a la persona evocada. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">Director de la Biblioteca Nacional, Groussac hizo del solar de la calle M\u00e9jico un poderoso foco de irradiaci\u00f3n de las letras, la filosof\u00eda y hasta la m\u00fasica (los \u0093conciertos de la Biblioteca\u0094 ten\u00edan a su frente a su pariente pol\u00edtico, el compositor Alberto Williams, alumno de C\u00e9sar Franck y pionero de la m\u00fasica argentina). Contribuy\u00f3 desde ese cargo a la cultura argentina desde dos publicaciones peri\u00f3dicas que recogieron lo m\u00e1s granado del pensamiento de su tiempo y del suyo propio. Como historiador, leg\u00f3 obras sobre los fundadores de Buenos Aires, sobre Liniers, su compatriota de tr\u00e1gico fin; y algo que hoy d\u00eda sigue teniendo vigencia, <i>Les iles Malouines<\/i>, reivindicaci\u00f3n de la soberan\u00eda argentina sobre ellas en base a cuidada documentaci\u00f3n. En sus \u00faltimos a\u00f1os qued\u00f3 ciego, al igual que su predecesor, Jos\u00e9 M\u00e1rmol, y que Borges, el m\u00e1s ilustre de sus sucesores. Antes de morir, el 27 de julio de 1929, cedi\u00f3 en su f\u00e9rreo agnosticismo, y recibi\u00f3 los sacramentos. Su hija Cornelia, el b\u00e1culo de su vejez, hab\u00eda logrado horadar su resistencia. Quiz\u00e1s record\u00f3 entonces sus confesiones de ni\u00f1o con el P. Lacordaire, quiz\u00e1s fue la apuesta pascaliana, quiz\u00e1s la imagen de San Vicente de Paul, estrechando en sus brazos un ni\u00f1ito hu\u00e9rfano como expresi\u00f3n de la m\u00e1s alta caridad, o la palabra oportuna y respetuosa de Enrique Ruiz Gui\u00f1az\u00fa. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">Groussac se pregunt\u00f3 alguna vez, y esta biograf\u00eda nos lleva a formular el mismo interrogante, si de haber regresado a Francia en su juventud hubiera logrado una celebridad de que gozaron escritores contempor\u00e1neos en Europa. La pregunta es de aquellas que se llevan a la tumba, porque no tiene respuesta. Hoy, Groussac es un virtual desconocido, como puede comprobarse con s\u00f3lo preguntar a los estudiantes universitarios. No s\u00e9 si, como en mis tiempos de la secundaria, se sigue leyendo su retrato de Avellaneda, con aquello de \u0093la barba asiria luego felizmente recortada\u0094. Pero quiz\u00e1s este olvido no sea mayor a la de tantos que un siglo atr\u00e1s estaban en Francia, de una u otra manera, <i>sous la Coupole<\/i> y cuyos nombres tampoco dicen mucho a las nuevas generaciones. <i>Tempora fugit\u0085<\/i> <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">El historiador tucumano logra que los personajes y situaciones de esta vida multifac\u00e9tica adquieran nueva dimensi\u00f3n a partir de un doble soplo creador, el de Groussac y el suyo. Uno y otro est\u00e1n, puede decirse, en di\u00e1logo, en sinton\u00eda intelectual y afectiva, sin por ello ser complaciente con los defectos, el egocentrismo en primer lugar, de su biografiado. P\u00e1ez de la Torre nos permite conocer y recuperar una figura excepcional de nuestra cultura y a trav\u00e9s suyo, de una Argentina llena de promesas y de no pocas realizaciones. Al respecto, merece se\u00f1alarse que <span style=\"FONT-VARIANT: small-caps\">Criterio<\/span> public\u00f3 un trabajo de Fernando Madero titulado: \u00abGroussac y su visi\u00f3n del&nbsp;centenario en el ochenta\u00bb (22.3.1984, n\u00ba 1919). \u00bfCu\u00e1l no ser\u00eda la impaciencia de Groussac si fuera nuestro contempor\u00e1neo en las proximidades del Bicentenario? <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">En esta \u0093vida de Paul Groussac\u0094, cada cap\u00edtulo est\u00e1 seguido de notas que acreditan el minucioso trabajo del autor. Hay buenas ilustraciones pero se echan de menos los \u00edndices bibliogr\u00e1fico y onom\u00e1stico, <i>peccata minuta<\/i> de una edici\u00f3n en tantos otros sentidos impecable. Desde la cubierta, la caricatura que le dedic\u00f3 <i>El Mosquito<\/i> muestra a Groussac como el gallo simb\u00f3lico de Francia, con una mirada que dice mucho de \u0093la c\u00f3lera de la inteligencia\u0094. Con ella mira al lector en irresistible invitaci\u00f3n a la lectura de esta biograf\u00eda y, como el mejor fruto, de la obra que dej\u00f3 a su pa\u00eds de adopci\u00f3n. <\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carlos P\u00e1ez de la Torre, miembro de n\u00famero de la Academia Nacional de la Historia, tiene en su producci\u00f3n una treintena de libros y cientos&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-3417","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-T7","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3417","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3417"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3417\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3417"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3417"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3417"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}