{"id":3506,"date":"1998-05-26T12:08:34","date_gmt":"1998-05-26T12:08:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/sin_categoria\/en-mi-sed-me-dieron-vinagre\/"},"modified":"1998-05-26T12:08:34","modified_gmt":"1998-05-26T12:08:34","slug":"en-mi-sed-me-dieron-vinagre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=3506","title":{"rendered":"En mi sed me dieron vinagre"},"content":{"rendered":"<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 0cm\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">Aquel tremendo recuerdo a\u00fan lo guardo, doloroso e indeleble. En la edad de la inocencia acompa\u00f1aba a mis abuelos durante una visita al santuario de Luj\u00e1n. Era verano y la hora, de siesta. Por una de las calles transversales a la bas\u00edlica los peregrinos transitaban el \u00faltimo tramo de su extenuante y piadosa caminata. Tiempo de gozos y hosannas. De repente lo impensado: se abrieron las persianas tras un balc\u00f3n bajo y un hombre en camiseta, vencido del sue\u00f1o, el rostro desencajado, profiri\u00f3 una horrible blasfemia.<?xml:namespace prefix = o ns = \"urn:schemas-microsoft-com:office:office\" \/><o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 0cm\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">No lo supe entonces, ni tampoco despu\u00e9s hasta instruirme con esta obra del jesuita uruguayo Horacio Bojorge: tan irritable sujeto pod\u00eda adscribirse a quienes pecan de acedia. \u0093La civilizaci\u00f3n de la acedia\u0094 subtitula su libro el autor, d\u00e1ndonos a entender la extensi\u00f3n de este mal en la vida moderna. \u00bfQu\u00e9 es, pues, la acedia? En principio algo de lo que no se suele hablar. Dif\u00edcilmente se encontrar\u00e1 su nombre fuera de los manuales y diccionarios de moral. Muchos son los fieles, religiosos y catequistas incluidos, que nunca o rar\u00edsima vez la oyeron nombrar, y pocos sabr\u00e1n ni podr\u00e1n explicar en qu\u00e9 consiste. El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica la nombra -acentuando la \u00ed: aced\u00eda- entre los pecados contra el amor de Dios y la define como \u0093pereza espiritual que llega a rechazar el gozo venido de Dios y a sentir horror por el bien divino\u0094 (CIC 2094). Dicho de otro modo: pereza para creer y para los actos de piedad y de las virtudes teologales.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">San Gregorio ense\u00f1a que la malicia de la acedia le viene de ser \u0093tristeza por el bien de Dios y por los bienes espirituales que est\u00e1n relacionados con el bien que es Dios\u0094. El Catecismo, empero, que no se detiene a se\u00f1alar esta relaci\u00f3n con la tristeza, tampoco la vincula con la envidia, de la que es propiamente una forma particular.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">Las Sagradas Escrituras nos ofrecen una galer\u00eda de retratos de la acedia en todas sus formas, desde la indiferencia al odio. Y nos dan tambi\u00e9n pistas para comprender su naturaleza. Pistas que podr\u00e1n orientarnos luego para reconocerla en sus formas hist\u00f3ricas y actuales, y encaminarnos hacia el mejor entendimiento de su mecanismo espiritual. En los casos cl\u00ednicos b\u00edblicos, se aprende una semiolog\u00eda de la acedia y tambi\u00e9n mucho acerca de su etiolog\u00eda, dos aspectos que el autor desarrollar\u00e1 a lo largo de su ensayo.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">Los casos escogidos tienen miga de sobra. Por ejemplo: la unci\u00f3n en Betania, cuando ante el gesto gozoso y gratuito de Mar\u00eda, la hermana de L\u00e1zaro, Judas Iscariote grazn\u00f3: \u00bfPor qu\u00e9 no se ha vendido ese perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres? (Jn 12,4-5). \u0093La objeci\u00f3n de Judas -explica Bojorge- se opone hip\u00f3crita y sof\u00edsticamente a la misericordia en nombre de la misericordia. Al disc\u00edpulo avinagrado, las muestras de amor a Jes\u00fas le dan bronca\u0094. Sin duda, el disfraz de un perfecto tartufo, muy anterior a Moli\u00e8re.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">Cuando Mikal, esposa del rey David, ciega para el sentido religioso y gozoso del danzar de su marido delante del Arca, signo visible de la presencia del Se\u00f1or en medio de su Pueblo, le endilga descubrirse ante su servidumbre como un cualquiera, s\u00f3lo muestra el desprecio de quienes miran imp\u00e1vidos desde su ventana, ajenos al fervor religioso. David, hombre de Dios, nos ense\u00f1a con su ejemplo la actitud de firmeza que ha de tener el creyente ante situaciones parecidas: ignorar a los que ignoran. Tambi\u00e9n detr\u00e1s de las burlas a personas, a sus nombres, a palabras, signos y s\u00edmbolos sagrados, est\u00e1 la acedia: tristeza e irritaci\u00f3n por los bienes que se escarnecen. Esa burla, hija de la acedia, sigue acompa\u00f1ando hoy a la Iglesia como forma de persecuci\u00f3n, aunque ya no se oiga gritar \u0093\u00a1Cuervo!\u0094, al paso de una sotana. \u0093Dichoso el hombre que no se sienta en el corrillo de los burlones\u0094, cantar\u00e1 el salmista (Sal 1,1).<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=3Libtextos style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-FAMILY: Verdana\">Te\u00f3logo por la Facultad Canisiarum (Maastricht, Holanda) y licenciado en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto B\u00edblico (Roma), el P. Bojorge nos entrega con este ensayo de teolog\u00eda espiritual y pastoral, que tiene, por eso, tambi\u00e9n mucho de teolog\u00eda de la historia y de interpretaci\u00f3n prof\u00e9tica del presente, una valiosa herramienta para enfrentar mejor los desaf\u00edos de una fe militante.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aquel tremendo recuerdo a\u00fan lo guardo, doloroso e indeleble. 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