{"id":3643,"date":"2006-02-15T12:08:34","date_gmt":"2006-02-15T12:08:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/sin_categoria\/el-amante-de-las-peliculas-mudas\/"},"modified":"2006-02-15T12:08:34","modified_gmt":"2006-02-15T12:08:34","slug":"el-amante-de-las-peliculas-mudas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=3643","title":{"rendered":"El amante de las pel\u00edculas mudas"},"content":{"rendered":"<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 0cm\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">Amado por cineastas y denostado por funcionarios. Su vida fue la par\u00e1bola del eterno rom\u00e1ntico que comprendi\u00f3 a aquellos j\u00f3venes que revolucionaban Par\u00eds, c\u00e1maras al hombro, mucho antes de que la historia les asignara el lugar (\u00bfcom\u00fan?) de la <i>Nouvelle Vague<\/i>. Esos intr\u00e9pidos (Truffaut, Godard, Chabrol, Eustache, Rivette), se encargaron de defenderlo cuando nada menos que el ministro de Cultura Andr\u00e8 Malraux lo consider\u00f3 prescindible en abril de 1968. M\u00e1s de treinta a\u00f1os atr\u00e1s (1936) junto a Georges Franju hab\u00eda fundado una cinemateca, desesperado ante la desaparici\u00f3n constante de joyas del cine mudo requeridas entonces como materia prima para peines y otros enseres. Henri Langlois (coleccionista empedernido, noct\u00e1mbulo constante, realizador ocasional, tarotista insistente y bondadoso bohemio) fue la figura reverenciada hasta el hartazgo por aquellos talentos criados bajo su protecci\u00f3n en la Cinemateca francesa. Hacia 1968 este espacio era el archivo f\u00edlmico por excelencia del mundo, con m\u00e1s de 60.000 copias de pel\u00edculas, y que Langlois exhib\u00eda constantemente a un tumultuoso p\u00fablico que acompa\u00f1aba hasta bien entrada la madrugada las funciones<i>. <\/i>\u0093Fue el creador de los multiplex\u0094<i> <\/i>se\u00f1alar\u00eda jocosamente Claude Chabrol al rememorar las proyecciones en simult\u00e1neo en una sala de planta baja, en el primer piso y sobre una s\u00e1bana en la pared de la escalera. Esto disgustaba mucho a los funcionarios que ansiaban un \u0093lugar honorable\u0094 para la historia del cine y detestaban el bamboleante perfil de ese hombre desali\u00f1ado que s\u00f3lo se encargaba de pedirles fondos, de los que rara vez rend\u00eda cuenta en enmara\u00f1ados balances. Esas diferencias con la burocracia ya se evidenciaban en la carta que, en 1948, le dirigiera como respuesta a Fran\u00e7ois Truffaut que juntaba pel\u00edculas (y esfuerzos) para fundar un cine club: \u0093Dado su amor por el cine, perm\u00edtame decirle que comete un error al lanzarse, sin ayuda, a una empresa como la que me expone usted. El litigio que separa a la Cinemateca Francesa de la Federaci\u00f3n Francesa de Cine-Clubes en lo que respecta al pr\u00e9stamo de pel\u00edculas no es una cuesti\u00f3n de personas o de pol\u00edtica, sino sencillamente una imposibilidad jur\u00eddica que obliga a la Cinemateca, a pesar de todo su inter\u00e9s en seguir siendo un organismo vivo, a contemplar, en calidad de convidada de piedra, las actividades de los cine-clubes\u0094<i>. <\/i>Frente a la oposici\u00f3n de la Federaci\u00f3n, Langlois decide prestar a Truffaut <i>Entr\u0092acte<\/i> de Rene Clair y <i>Un perro andaluz<\/i> de Luis Bu\u00f1uel. Desde entonces tendr\u00e1 un profundo respeto por Langlois el futuro realizador de <i>Los cuatrocientos golpes<\/i>. Lo defiende en 1968 en cortos institucionales pidiendo su restituci\u00f3n como director de la Cinemateca. La presi\u00f3n popular, en la que no falt\u00f3 Daniel Cohn-Bendit, lo repuso en su cargo.<?xml:namespace prefix = o ns = \"urn:schemas-microsoft-com:office:office\" \/><o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">\u00c9ste, y muchos otros documentos y testimonios pudieron conocerse en el desmesurado (tal como el personaje que retrata) e inteligente documental de Jacques Richard <i>Le fantome d\u0092Henri Langlois<\/i><b> <\/b>que la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Mart\u00edn program\u00f3 con audacia dada su duraci\u00f3n, nada menos que tres horas y media, luego de la fallida proyecci\u00f3n dentro del \u00faltimo Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. En aquella ocasi\u00f3n, simplemente y humoradas aparte, la copia no lleg\u00f3 a tiempo.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">El documental es un minucioso trabajo que reconstruye hasta los \u00faltimos recovecos de la historia de aquel voluminoso y querido personaje. Su pasi\u00f3n, su desorden, sus amigos y enemigos, sus amores oficiales (y otros sugeridos) y, desde luego, las pel\u00edculas que tantas veces proyect\u00f3 se unen bajo el gui\u00f3n certero de Richard al desfile, en grabaciones propias y otras de archivo, de personajes que van desde el experimentado fot\u00f3grafo Henri Alekan (a quien tambi\u00e9n \u0093la Lugones\u0094 le dedic\u00f3 un espacio propio con la proyecci\u00f3n de <i>Henri Alekan, la memoria o historias de cine<\/i>); a directores como Claude Berri, Claude Chabrol, Jean Rouch, Werner Schroeter, Eric Rohmer, Philippe Garrel (premio al mejor director por <i>Les amants reguliers <\/i>en Venecia 2005); a te\u00f3ricos como Serge Toubiana, Lotte Eisner y colegas como Freddy Buache. Incluyendo en los reportajes al mism\u00edsimo zar de la Motion Picture, Jack Valenti, al que tambi\u00e9n le brillan los ojos de emoci\u00f3n recordando a Langlois confirmando, contra algunos pron\u00f3sticos, sus sentimientos aunque defienda despiadadamente la maquinaria de Hollywood. Cuando Langlois recibi\u00f3 un Oscar honorario, en 1974, viaj\u00f3 a Hollywood con el presidente de Gaumont. \u0093\u00bfVolvemos juntos?\u0094, pregunt\u00f3 el empresario, \u0093Localic\u00e9 una copia por la cual voy vender el boleto, no tengo dinero,<span style=\"mso-spacerun: yes\">&nbsp; <\/span>as\u00ed que tendr\u00e1n que repatriarme\u0094, contesto Henri. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">Tambi\u00e9n vemos a Claude Chabrol pregunt\u00e1ndose si har\u00eda el amor con, la no menos voluminosa y otrora bella, Mary Meerson y qu\u00e9 espect\u00e1culo ser\u00eda \u00e9se; otros recuerdan cuando junto a Simone Signoret paseaban un cochecito de beb\u00e9, lleno de pel\u00edculas prohibidas por los nazis a las que buscaban refugio por las calles de una Par\u00eds sitiada. O como Henri negociaba con otros alemanes, en plena guerra, el intercambio de negativos que terminar\u00edan salvando los de <i>El \u00c1ngel Azul<\/i> de Josef von Sternberg. Una perla es la grabaci\u00f3n del acto en el cual se le concede la Legi\u00f3n de Honor por parte del Gobierno de Francia a Hitchcock. El realizador pidi\u00f3 que se la entregara Langlois y la acci\u00f3n muestra c\u00f3mo el coleccionista saca y coloca la distinci\u00f3n repetidamente, imperturbables y serios los dos, para los fot\u00f3grafos o cuando lee con profundo desd\u00e9n el discurso oficial<i>. <\/i>\u0093Siempre le ped\u00eda algo a Hitchcock; y una vez, en una caja vino esto\u0094<i> <\/i>comenta en otro fragmento (era la famosa calavera de <i>Psicosis<\/i>) para de inmediato agregar: <i>\u0093Lo tengo a la vista porque me hace acordar a una secretaria que tenia\u0094.<\/i> En 1972, el sue\u00f1o cin\u00e9filo de Langlois materializ\u00f3 un Museo del Cine que, con piezas \u00fanicas e incre\u00edbles, estuvo abierto hasta 1997. El incendio en un sector del Palais de Chaillot que lo albergaba fue la excusa perfecta, seg\u00fan denuncia el documental, para cerrarlo definitivamente. Los rumores acerca de la construcci\u00f3n de un \u0093parque tem\u00e1tico\u0094 m\u00e1s cerca del entretenimiento que de la cultura cinematogr\u00e1fica en la afueras de Par\u00eds, todav\u00eda causan revuelo en el ambiente cultural franc\u00e9s. Las mismas causas del cimbronazo cin\u00e9filo del \u009268 se escuchan permanentemente como un eco y una temible sombra: \u00bfDebe ser un fin la rentabilidad econ\u00f3mica en la cultura? <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">Otra pel\u00edcula habla de Henri Langlois y su derrotero. Tambi\u00e9n integr\u00f3 el ciclo \u0093El cine franc\u00e9s visto por dentro\u0094,<b> <\/b>que se present\u00f3 con el sugestivo subt\u00edtulo<b>: <\/b>\u0093Godard, Truffaut, Rohmer, Daney y otros\u0094<b>.<\/b> Junto a esos otros (Jacques Demy, Agn\u00e9s Vard\u00e1, Wim Wenders, Jean Cocteau, Jacques Rivette, Alain Resnais\u0085) estaba Edgardo Cozarinsky con su emotivo homenaje al <i>Citizen Langlois<\/i>. Aqu\u00ed no importan los recuerdos si no est\u00e1n consustanciados con los sue\u00f1os y con preguntas que se convierten en hip\u00f3tesis en manos del autor. \u0093\u00bfD\u00f3nde encontrar una respuesta? \u00bfEn los lugares de la infancia?\u0094. La principal diferencia entre el Langlois de Edgardo Cozarinsky y el de Jacques Richard es que el primero se permite el silencio como un elemento m\u00e1s de la constituci\u00f3n y car\u00e1cter del signo, que deviene en interrogante en otras tantas ocasiones. \u0093En los a\u00f1os \u009250 y \u009260 en torno de la cinemateca surgi\u00f3 lo que se llam\u00f3 \u0091cinefilia\u0092, una cultura que tambi\u00e9n era un culto y que marc\u00f3 a sus fieles de por vida\u0094, se\u00f1ala Cozarinsky.<span style=\"mso-spacerun: yes\">&nbsp; <\/span>Existe otro fantasma en <i>Citizen<\/i>\u0085 el de Jean Vigo, que obsesionar\u00e1 a Langlois como el cineasta ideal que \u00e9l no se atrevi\u00f3 a ser. El segundo material es la traslaci\u00f3n, lo m\u00e1s completa posible, de tres estructuras fundamentales de su perfil: la cinemateca como espacio de resguardo y creaci\u00f3n, los sucesos de abril de 1968 como bisagra y el despu\u00e9s, con la inevitable desprotecci\u00f3n oficial y el final. Mirada que se une al principio del cine y a una de las reflexiones mejor acu\u00f1adas por el archivista que se sugiere en ambos trabajos: \u0093Algo ha desaparecido en el cine de hoy: no se ven los ojos de las personas. Est\u00e1n muertos. En cambio en el cine mudo son los ojos los que hablan, no est\u00e1n muertos\u0094.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=textosecciones style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 9.0pt\">Hizo suya la frase de Ren\u00e9 Char:<i> <\/i>\u0093Si el hombre no cerrara a veces soberanamente los ojos terminar\u00eda por no ver ya lo que merece verse\u0094. Muri\u00f3 en los brazos de Mary Meerson, el 13 de junio de 1977 en Par\u00eds (hab\u00eda nacido el 13 de noviembre de 1914 en Turqu\u00eda). Como homenaje, y testimonio, Mary puso todos los telegramas recibidos durante los funerales de personajes prestigiosos como Kurosawa y Visconti, en los viejos zapatos del genial Langlois y se los envi\u00f3 al Presidente de la Rep\u00fablica. As\u00ed, aquellos que lo hab\u00edan acusado durante tantos a\u00f1os de manejar discrecionalmente las subvenciones p\u00fablicas, pudieron comprobar los agujeros de las suelas. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Amado por cineastas y denostado por funcionarios. 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