{"id":3682,"date":"1997-10-24T12:08:34","date_gmt":"1997-10-24T12:08:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/sin_categoria\/la-solidaridad-en-la-sociedad-libre\/"},"modified":"1997-10-24T12:08:34","modified_gmt":"1997-10-24T12:08:34","slug":"la-solidaridad-en-la-sociedad-libre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=3682","title":{"rendered":"La solidaridad en la sociedad libre"},"content":{"rendered":"<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 0cm\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Es muy frecuente constatar en las discusiones pol\u00edticas de nuestros d\u00edas que dos principios de organizaci\u00f3n social -la libertad y la solidaridad- son contrapuestos como si fueran alternativas excluyentes. Si se elige la libertad en el campo econ\u00f3mico, en el campo pol\u00edtico y en el campo cultural, y por ende la econom\u00eda de mercado, la democracia y el pluralismo, algunos piensan que su fruto inevitable es una sociedad dual basada en la exclusi\u00f3n social de los m\u00e1s d\u00e9biles. Los que abogan por la supremac\u00eda de la solidaridad, por su parte, parecen poner toda su confianza en el papel rector del Estado en la consecuci\u00f3n del bien com\u00fan, lo que lleva a otros a pensar que de esta manera se ahoga la creatividad y la responsabilidad generadas por el reconocimiento de la libertad. \u00bfSon compatibles la solidaridad y las instituciones sociales de la libertad?<?xml:namespace prefix = o ns = \"urn:schemas-microsoft-com:office:office\" \/><o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><b><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt; mso-bidi-font-size: 15.0pt\"><em><\/em><\/span><\/b>&nbsp;<\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><b><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt; mso-bidi-font-size: 15.0pt\"><em>Los fundamentos de la solidaridad<o:p><\/o:p><\/em><\/span><\/b><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">El primer fundamento de la solidaridad est\u00e1 magn\u00edficamente expresado en el art\u00edculo 1 de la Declaraci\u00f3n Universal de Derechos Humanos, que dice: \u00abTodos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como est\u00e1n de raz\u00f3n y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros\u00bb. Encontramos aqu\u00ed, en primer lugar, una afirmaci\u00f3n metaf\u00edsica respecto de la naturaleza del hombre. La <i>libertad <\/i>es un atributo que todo ser humano posee, no por el reconocimiento social, sino por su condici\u00f3n de miembro de la especie humana. Lo mismo cabe decir de la <i>igualdad<\/i> de dignidad y derechos. Por ser el hombre un ser moral -est\u00e1 dotado de raz\u00f3n y conciencia- y un ser social -coexiste en igualdad de dignidad y derechos con sus semejantes-, surge, en segundo t\u00e9rmino, un deber moral que podemos llamar de solidaridad: \u00abcomportarse fraternalmente los unos con los otros\u00bb.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Juan XXIII, en su enc\u00edclica <i>Pacem in terris<\/i>, ratifica este fundamento natural de la solidaridad, pero le a\u00f1ade la dimensi\u00f3n sobrenatural de la solidaridad de todos los hombres en la redenci\u00f3n de Jesucristo. \u00abEn toda convivencia humana bien ordenada y provechosa hay que establecer como fundamento el principio de que todo hombre es persona, esto es, naturaleza dotada de inteligencia y libre albedr\u00edo, y que, por tanto, el hombre tiene por s\u00ed mismo derechos y deberes, que dimanan inmediatamente y al mismo tiempo de su propia naturaleza. Estos derechos y deberes son, por ello, universales e inviolables y no pueden renunciarse por ning\u00fan concepto. Si, por otra parte, consideramos la dignidad de la persona humana a la luz de las verdades reveladas por Dios, hemos de valorar necesariamente en mayor grado aun esta dignidad, ya que los hombres han sido redimidos con la sangre de Jesucristo, hechos hijos y amigos de Dios por la gracia sobrenatural y herederos de la gloria eterna\u00bb (9-10). Los hombres son solidarios entre s\u00ed por una comunidad de origen y de destino.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Un segundo fundamento de la solidaridad se encuentra expresado en un viejo principio de la Doctrina Social de la Iglesia cat\u00f3lica, que dice: \u00abDios destin\u00f3 la tierra con todo lo que ella contiene al uso de todos los hombres y pueblos, de manera que los bienes creados deben equitativamente llegar a cada uno, bajo la gu\u00eda de la justicia, y la asistencia de la caridad. Cualesquiera sean las formas de la propiedad, acomodadas a las leg\u00edtimas instituciones de los pueblos, seg\u00fan diferentes y cambiantes circunstancias, siempre se debe atender a esta destinaci\u00f3n universal de los bienes. Por lo cual, el hombre, al usar de esos bienes, no debe considerar las cosas exteriores que leg\u00edtimamente posee como solamente suyas, sino tambi\u00e9n como comunes, en el sentido de que no aprovechen exclusivamente a \u00e9l, sino que puedan adem\u00e1s aprovechar a otros\u00bb (<i>G.S<\/i>., 69). Este fundamento atiende a la relaci\u00f3n del hombre con la naturaleza. Afirmar que los bienes de la creaci\u00f3n est\u00e1n destinados a todos los hombres, de todas las generaciones, es una manera de proclamar la interdependencia de todo el g\u00e9nero humano, y deducir de este hecho el deber moral de distribuir equitativa y solidariamente lo que est\u00e1 destinado a todos pero controlado en forma muy desigual por pocos.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">De estos dos grandes fundamentos se desprenden algunas consecuencias particularmente importantes en el campo de la solidaridad. Presuponiendo que la \u00abeconom\u00eda libre\u00bb, como la denomina Juan Pablo II en <i>C.A<\/i>. 42, se desenvuelve en el marco de un r\u00e9gimen pol\u00edtico democr\u00e1tico, regido por el principio mayoritario en la elecci\u00f3n de los representantes y en la toma de decisiones, la exigencia moral de solidaridad dirige nuestra atenci\u00f3n a la condici\u00f3n de las minor\u00edas. En efecto, no es aceptable que los sistemas pol\u00edticos o econ\u00f3micos est\u00e9n al servicio s\u00f3lo de la mayor\u00eda de los ciudadanos. La mayor\u00eda sirve como criterio para la adjudicaci\u00f3n de los cargos, pero no para asignar los beneficios de la acci\u00f3n colectiva, como lo pretende una concepci\u00f3n utilitarista que procura alcanzar el mayor bienestar para el mayor n\u00famero, desentendi\u00e9ndose de la suerte de las minor\u00edas. El principio de solidaridad evita que se soslayen los derechos y las necesidades b\u00e1sicas de las minor\u00edas, porque el bien com\u00fan comprende el respeto a los derechos de <i>todos<\/i> los miembros de la comunidad.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Sabemos que la proclamaci\u00f3n de la igualdad de dignidad y de derechos no significa que en la realidad exista una verdadera igualdad de oportunidades. Como inevitablemente ocurre en cualquier competencia, algunos ganan y otros pierden, y es m\u00e1s que probable que los fuertes ganen y los d\u00e9biles pierdan. En efecto, \u00abes evidente que no todos los hombres son iguales en lo que toca a la capacidad f\u00edsica y a las cualidades intelectuales y morales\u00bb (<i>G.S. <\/i>29). Ser\u00eda ut\u00f3pico pensar construir una sociedad donde no hubiera ganadores y perdedores, fuertes y d\u00e9biles. El deber de solidaridad no apunta a lograr este objetivo, sino a considerar \u00abfraternalmente\u00bb la situaci\u00f3n de los d\u00e9biles y perdedores a fin de que no se vean privados de la satisfacci\u00f3n de sus necesidades b\u00e1sicas, y queden excluidos de este modo de los beneficios que trae aparejado el acceso al mercado. Duele constatar que tienen mejor cubiertas sus necesidades b\u00e1sicas los vacunos en establos, los perros de departamento y los caballos de carrera, que los chicos de la calle.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><b><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt; mso-bidi-font-size: 15.0pt\"><em><\/em><\/span><\/b>&nbsp;<\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><b><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt; mso-bidi-font-size: 15.0pt\"><em>La solidaridad cristiana<o:p><\/o:p><\/em><\/span><\/b><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Cuando un cristiano habla acerca de la solidaridad, no puede soslayar el hecho de que pertenece a una comunidad -la Iglesia- que es al mismo tiempo misterio y organizaci\u00f3n, visible e invisible, particular y universal. Si \u00abla Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la uni\u00f3n \u00edntima con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (<i>L.G.<\/i> 1), el desaf\u00edo que debe asumir, si quiere que sus ense\u00f1anzas sean cre\u00edbles, es demostrar en su vida interna que es posible vivir solidariamente, y c\u00f3mo hacerlo. Es pasar de la exhortaci\u00f3n a la ejemplaridad, siguiendo la l\u00f3gica tan bien expresada por Pablo VI: \u00ab\u00bfCre\u00e9is verdaderamente en lo que anunci\u00e1is? \u00bfViv\u00eds lo que cre\u00e9is? &#8230; Hoy m\u00e1s que nunca el testimonio de vida se ha convertido en una condici\u00f3n esencial con vistas a una eficacia real de la predicaci\u00f3n. &#8230; \u00bfDa [la Iglesia] testimonio de la propia solidaridad hacia los hombres y al mismo tiempo del Dios Absoluto?\u00bb (<i>E.N.<\/i> 76).<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Para Juan Pablo II la solidaridad no es \u00abun sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas\u00bb. Al contrario, es una virtud que consiste en \u00abla <i>determinaci\u00f3n firme y perseverante<\/i> de empe\u00f1arse por el <i>bien com\u00fan<\/i>; es decir por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos\u00bb (<i>S.R.S.<\/i> 38).<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Bajo este aspecto las exigencias de la solidaridad coinciden con las de la justicia. Pero \u00aba la luz de la fe, la solidaridad tiende a superarse a s\u00ed misma, al revestirse de las dimensiones <i>espec\u00edficamente cristianas<\/i> de gratuidad total, perd\u00f3n y reconciliaci\u00f3n. Entonces el pr\u00f3jimo no es solamente un ser humano con sus derechos e igualdad fundamental con todos, sino que se convierte en la <i>imagen viva<\/i> de Dios Padre, rescatada por la sangre de Jesucristo y puesta bajo la acci\u00f3n permanente del Esp\u00edritu Santo\u00bb. Esta visi\u00f3n \u00abconferir\u00e1 a nuestra mirada sobre el mundo un <i>nuevo criterio<\/i> para interpretarlo &#8230; un nuevo <i>modelo de unidad<\/i> del g\u00e9nero humano &#8230; que los cristianos expresamos con la palabra \u00abcomuni\u00f3n\u00bb\u00bb (<i>S.R.S<\/i>. 40).<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Para poder proyectar esta mirada a la sociedad civil debemos vivir nuestra pertenencia a la Iglesia como una experiencia de comuni\u00f3n: comuni\u00f3n en el misterio y en la organizaci\u00f3n, en lo visible como en lo invisible, en lo particular como en lo universal. Una eclesiolog\u00eda de comuni\u00f3n tiene una l\u00f3gica interna que pone el acento en la corresponsabilidad de todos los bautizados en el cumplimiento de la misi\u00f3n, \u00abpara que todos seamos verdaderamente responsables de todos\u00bb (<i>S.R.S. <\/i>38). Las estructuras de gobierno pastoral, el sostenimiento econ\u00f3mico de la evangelizaci\u00f3n, la distribuci\u00f3n de las personas que entregan su vida al servicio de sus hermanos, deber\u00edan tener en cuenta este principio de solidaridad, para que en la misma Iglesia no se diera, como se da, lo que se denuncia que ocurre en la sociedad civil: \u00abresulta escandaloso el hecho de las excesivas desigualdades econ\u00f3micas y sociales que se dan entre los miembros o los pueblos de una misma familia humana\u00bb (<i>G.S. <\/i>29). Reempl\u00e1cese miembros por parroquias, pueblos por di\u00f3cesis y familia humana por Iglesia, y tendremos una buena descripci\u00f3n de la realidad.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Pienso que para ejercer la virtud de solidaridad en la Iglesia ser\u00eda importante revisar a fondo tanto el derecho que rige la organizaci\u00f3n en di\u00f3cesis y parroquias, como la pr\u00e1ctica de la solidaridad intradiocesana e interdiocesana. En una era en que el mundo se encamina a una unidad cada vez mayor, donde las soberan\u00edas absolutas de los Estados nacionales ceden su lugar a acuerdos regionales de integraci\u00f3n, preludio de uniones m\u00e1s vastas, la comuni\u00f3n de bienes y personas en la Iglesia deber\u00eda sufrir una transformaci\u00f3n radical basada no s\u00f3lo en la nota espec\u00edficamente cristiana de la gratuidad total, sino tambi\u00e9n en la de la justicia. En otras palabras, que as\u00ed como en la sociedad civil existen mecanismos de solidaridad coactiva (por eso se los llama \u00abimpuestos\u00bb) y de libre solidaridad, como las asociaciones de todo tipo, en la Iglesia deber\u00edan pensarse instrumentos jur\u00eddicos impuestos de comuni\u00f3n de bienes que reflejaran adecuadamente la capacidad contributiva de los fieles, as\u00ed como nuevas formas voluntarias de solidaridad que no limiten el poder de decisi\u00f3n de las comunidades pobres. En efecto, a veces da la impresi\u00f3n que el acceso a los organismos eclesiales de ayuda por programa se asemeja a los tr\u00e1mites para acceder a un cr\u00e9dito de organismos nacionales o internacionales. Poner en obra la virtud de solidaridad en la Iglesia es pensar a fondo la justicia distributiva en su seno. Que sepamos, esta tarea no ha comenzado a\u00fan.<\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\"><\/span>&nbsp;<\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\"><\/span><b><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt; mso-bidi-font-size: 15.0pt\"><em>Solidaridad y subsidiariedad<o:p><\/o:p><\/em><\/span><\/b><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">El principio que inspira a la econom\u00eda libre es el del derecho de iniciativa econ\u00f3mica, por el cual se afirma que la econom\u00eda debe ser obra, ante todo, de la iniciativa privada de los individuos, ya act\u00faen \u00e9stos por s\u00ed solos, ya se asocien entre s\u00ed de m\u00faltiples maneras para procurar sus intereses comunes.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Pienso que el concepto de <i>subsidiariedad<\/i>, enunciado hace ya m\u00e1s de medio siglo en la Doctrina Social de la Iglesia y retomado hoy con fuerza en los procesos de integraci\u00f3n, es el indicado para resolver la contraposici\u00f3n aparente entre libertad y solidaridad, entre la acci\u00f3n de los particulares y la acci\u00f3n del Estado. Dec\u00eda Juan XXIII en 1961: \u00abEsta acci\u00f3n del Estado que fomenta, estimula, ordena, suple y completa, est\u00e1 fundamentada en el principio de la funci\u00f3n subsidiaria,&#8230; as\u00ed como no es l\u00edcito quitar a los individuos y traspasar a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e iniciativa, as\u00ed tampoco es justo, porque da\u00f1a y perturba gravemente el recto orden social, quitar a las comunidades menores e inferiores lo que ellas pueden realizar y ofrecer por s\u00ed mismas, y atribuirlo a una comunidad mayor y m\u00e1s elevada, ya que toda acci\u00f3n de la sociedad, en virtud de su propia naturaleza, debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero nunca destruirlos ni absorberlos\u00bb (<i>M.M.<\/i>, 53).<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Seg\u00fan esta enunciaci\u00f3n, el principio de subsidiariedad tiene dos dimensiones. Por un lado debe <i>dejar hacer<\/i>: una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, priv\u00e1ndolo de sus competencias. Si aplicamos este criterio a las relaciones entre el Estado y lo privado, el Estado no debe hacer lo que la iniciativa privada est\u00e1 capacitada para llevar adelante. Dentro de las estructuras p\u00fablicas, significa que el Estado nacional no debe hacer lo que puede estar a cargo de las provincias, y que los gobiernos provinciales no deben realizar lo que est\u00e1 al alcance de los municipios. Y en la esfera de lo privado, acercar el poder de decisi\u00f3n lo m\u00e1s posible al ser humano de carne y hueso. La segunda dimensi\u00f3n consiste en prestar ayuda &#8211;<i>subsidiar<\/i>&#8211; a personas e instituciones para que cumplan adecuadamente su misi\u00f3n, sin expropiarles su poder de decisi\u00f3n.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Asistimos en las modernas econom\u00edas libres a un doble fen\u00f3meno. Por un lado, pareciera que, sobre todo en Europa, el llamado \u00abEstado asistencial\u00bb ha entrado en crisis, no s\u00f3lo por los costos prohibitivos que sus prestaciones entra\u00f1an, sino porque se han hecho pasibles a la cr\u00edtica que Juan Pablo II, entre otros, les dirige: \u00abAl intervenir directamente y quitar responsabilidades a la sociedad, el Estado asistencial provoca la p\u00e9rdida de energ\u00edas humanas y el aumento exagerado de los aparatos p\u00fablicos, dominados por l\u00f3gicas burocr\u00e1ticas m\u00e1s que por la preocupaci\u00f3n de servir a los usuarios, con enorme crecimiento de los gastos. Efectivamente, parece que conoce mejor las necesidades y logra satisfacerlas de modo m\u00e1s adecuado quien est\u00e1 pr\u00f3ximo a ellas o quien est\u00e1 cerca del necesitado\u00bb (<i>C.A.<\/i> 49). El segundo fen\u00f3meno, sobre todo perceptible en Estados Unidos, es el crecimiento del denominado \u00absector social\u00bb, que abarca todas las actividades que los ciudadanos libremente asociados realizan en \u00e1reas no lucrativas, la mayor\u00eda de las cuales est\u00e1n estrechamente ligadas a acciones de solidaridad social.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">La aplicaci\u00f3n del principio de subsidiariedad al campo de la solidaridad, y no s\u00f3lo al de la econom\u00eda, es el que permitir\u00e1 ir desarmando progresivamente el Estado asistencial y desarrollando el sector social. Es plenamente sabido que el Estado, en todos sus niveles, es altamente ineficiente en el uso de sus recursos humanos y pecuniarios, que la corrupci\u00f3n est\u00e1 enquistada en todo lo comprendido como \u00abgasto social\u0094, y que todo peso acordado como subsidio al sector social tiene un rendimiento dos o tres veces superior al alcanzado cuando es administrado directamente por el poder pol\u00edtico. Por eso una pol\u00edtica esclarecida deber\u00eda promover la desgravaci\u00f3n impositiva de los fondos destinados a las instituciones que tienen como misi\u00f3n organizar de modo eficaz la \u00abfraternidad de los unos con los otros\u00bb, recurriendo en gran escala al trabajo voluntario. Si el Estado disminuye el monto y la calidad del gasto social, y al mismo tiempo no promueve la transferencia de fondos del sector lucrativo privado al sector social desgravando las donaciones de dinero, de trabajo y de bienes, dejar\u00e1 a los pobres y d\u00e9biles con grandes dificultades de acceder al mercado de trabajo por falta de alimentaci\u00f3n, de salud, de educaci\u00f3n, de vivienda. Estudiar las condiciones que posibilitaron el desarrollo de las asociaciones y fundaciones sin fines de lucro en los Estados Unidos, como as\u00ed tambi\u00e9n recientes legislaciones sobre el tema como la promulgada en Italia, puede ser el primer paso para crear condiciones similares en nuestro pa\u00eds, y fomentar el desarrollo de un sector social llamado a tomar la posta de un Estado asistencial en quiebra econ\u00f3mica y moral.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p><span style=\"FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\"><font size=2>Uno de los desaf\u00edos que debemos enfrentar creativamente es la necesidad de institucionalizar la solidaridad. Para hacerlo es indispensable tener una filosof\u00eda social, porque si no se tiene en claro que el hombre es el sujeto de la vida social, que \u00e9l es el primer responsable de subvenir a sus necesidades, y que nadie puede hacerlo sin contar con la cooperaci\u00f3n de sus semejantes, es probable que el discurso en torno de la solidaridad se torne manipulativo de las personas y no busque su aut\u00e9ntica promoci\u00f3n. La cuesti\u00f3n de la solidaridad es ante todo una cuesti\u00f3n de justicia, y s\u00f3lo supletoriamente de caridad. Hay que poner al alcance de <i>todos<\/i> -incluso de los m\u00e1s d\u00e9biles como los ni\u00f1os, los ancianos, los enfermos f\u00edsicos y mentales- los medios necesarios para su completo desarrollo humano en libertad. El impulso solidario puede nacer de un buen sentimiento ante un hecho excepcional, pero debe alimentarse de una voluntad firme y constante de darle a cada uno lo suyo. Entre el sentimentalismo ocasionalista, y el paternalismo clientelista al que son tan afectos los pol\u00edticos, es necesario que los dirigentes de la sociedad que eligi\u00f3 a la econom\u00eda libre como medio para organizar el trabajo y el intercambio, asuman que su responsabilidad no termina en la actividad que tiene como meta el bien com\u00fan. En el \u00faltimo medio siglo se deleg\u00f3 esta tarea en los gobernantes. Ha llegado el momento de que la dirigencia social se re\u00fana, movilice y ponga en com\u00fan sus recursos, y construya un espacio social en el que la solidaridad y la libertad se potencien mutuamente.<\/font><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es muy frecuente constatar en las discusiones pol\u00edticas de nuestros d\u00edas que dos principios de organizaci\u00f3n social -la libertad y la solidaridad- son contrapuestos como&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-3682","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-Xo","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3682","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3682"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3682\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3682"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3682"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3682"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}