{"id":3691,"date":"1997-10-24T12:08:34","date_gmt":"1997-10-24T12:08:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/sin_categoria\/del-dolor-en-la-era-tecnica\/"},"modified":"1997-10-24T12:08:34","modified_gmt":"1997-10-24T12:08:34","slug":"del-dolor-en-la-era-tecnica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=3691","title":{"rendered":"Del dolor en la era t\u00e9cnica"},"content":{"rendered":"<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 0cm\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt\">De <\/span><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">entre los fen\u00f3menos en que se expresa el Acontecimiento del Fin del Milenio (tan tediosamente anticipado de mil formas que su sola menci\u00f3n ya cansa) hay uno tan clamoroso como parad\u00f3jico, ya que lo en \u00e9l \u00abmanifiesto\u00bb es la constataci\u00f3n de una <i>falta<\/i>, de una <i>ausencia<\/i>, a saber: el escamoteo del <i>dolor<\/i>, del sufrimiento y, en definitiva, de la muerte. Hablar de ello es ahora tenido por muestra de mal gusto, como antes lo fuera mencionar \u00abintimidades\u00bb relacionadas con las otrora llamadas \u00abpartes pudendas\u00bb (verg\u00fcenza ante el placer, y ante el desecho). Ciertamente, los llamados \u00abmedios de comunicaci\u00f3n\u00bb est\u00e1n repletos de noticias en las que se entronizan injustos arrebatos y cat\u00e1strofes. Pero esa proliferaci\u00f3n de sucesos luctuosos parece tener una inquietante caracter\u00edstica com\u00fan: a pesar de la propensi\u00f3n -exasperada hasta el l\u00edmite- a propalar lo criminal, injusto o, simplemente, escandaloso; m\u00e1s a\u00fan, a pesar del v\u00e9rtigo de la entrega al exceso por el gusto del exceso -como para paliar la desolada visi\u00f3n de una vida demediada-, de todo ello parece haber as\u00e9pticamente desaparecido cualquier alusi\u00f3n, por m\u00ednima que fuere, al rasgo subjetivo y humano por excelencia, a saber: el dolor <i>sentido<\/i> por la v\u00edctima, y el dolor <i>compartido<\/i> por quien relata el suceso. En la \u00abmaquinaria\u00bb global en que se inscriben los <i>\u00abmass media\u00bb<\/i> -en donde los elementos\/excrementos\/secreciones que han de ser elaborados est\u00e1n casi exclusivamente constituidos por todo eso que antes se llamaba el \u00abmal\u00bb-, la mirada del cronista o reportero es <i>medusea<\/i> (esto es: ya no es una mirada humana, sino tan petrificadora como la de la \u00abinstant\u00e1nea\u00bb que fija mentidamente algo que, seg\u00fan se afirma, \u00absucede\u00bb). Y los ojos del lector (o mejor: del \u00abmir\u00f3n\u00bb; literalmente del \u00abtelevidente\u00bb, de quien mira a distancia sin comprometerse) pasean estragados por entre tanto exceso y desecho, sin alcanzar siquiera las m\u00e1s de las veces ese estadio de fugaz excitaci\u00f3n que San Agust\u00edn definiera como <i>occulorum<\/i> <i>concupiscentia<\/i>: la delectaci\u00f3n visual ante lo monstruoso y lo vil (sea \u00abreal\u00bb o \u00abfingido\u00bb, que aqu\u00ed la diferencia est\u00e1 ya difuminada; baste pensar en la <i>hiperrealidad<\/i> de los denominados<i> \u00abreality-shows\u00bb<\/i>). \u00bfEs acaso casual que en esta era de las t\u00e9cnicas de la comunicaci\u00f3n se hable al respecto de \u00abemisor\u00bb y de \u00abreceptor\u00bb, de \u00abcentros\u00bb y de \u00abterminales\u00bb? En la red medi\u00e1tica universal, la sola menci\u00f3n del dolor (sentido, inferido o compartido) resulta inoportuna. Y su aparici\u00f3n de verdad, sin tapujos y a las claras, podr\u00eda causar indeseables cortocircuitos en el sistema. De manera que, si se tratase de examinar las \u00aboportunidades <i>de<\/i> la era t\u00e9cnica\u00bb, nada m\u00e1s impertinente que estas consideraciones. Pero muy otro es el caso cuando nos acercamos a las \u00aboportunidades <i>en<\/i> la era t\u00e9cnica\u00bb, cuando -sin enso\u00f1aciones utopistas ni nost\u00e1lgica reacci\u00f3n- miramos a los ojos a la m\u00e1quina y avizoramos lo que ella oculta como su m\u00e1s honda verg\u00fcenza.<?xml:namespace prefix = o ns = \"urn:schemas-microsoft-com:office:office\" \/><o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 0cm\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">S\u00f3lo que hablar del dolor, \u00bfno es ya ocultarlo, tratarlo como una \u00abcosa\u00bb ajena, que nada tuviera que ver con la propia vida? Tal ser\u00eda en efecto el caso si sostuvi\u00e9ramos que el lenguaje es algo as\u00ed como la atribuci\u00f3n de un predicado general y abstracto a un sujeto cualquiera, indiferente: como si hablar fuera aparentar que uno no se compromete con lo dicho, sino que se limita a reflejar un estado de cosas ah\u00ed existente, mostrenco y susceptible de ser comunicado. Como si fuera, en definitiva, un cortar amarras con el mundo para acceder a una regi\u00f3n m\u00e1s alta: la regi\u00f3n de la <i>theor\u00eda<\/i> o visi\u00f3n de lo que acaece. Es posible que haya por ah\u00ed todav\u00eda un <i>x <\/i>tal al que le acontezca ser \u00abprofesor de l\u00f3gica\u00bb y que sostenga la existencia de un tercer mundo (el ling\u00fc\u00edstico, tras el f\u00edsico y el mental) en el cual poder decir \u00ablo que de verdad es\u00bb, negando de este modo tanto la individualidad de su propio \u00abyo\u00bb como la de los dem\u00e1s (y de paso, negando a todas las cosas en su encarnadura viva). Pero la experiencia directa del habla (siempre compartida, aun <i>in pectore<\/i>) es muy otra. En el habla se le dice primaria y tendencialmente al otro \u00abc\u00f3mo le va a uno\u00bb, cu\u00e1l es su situaci\u00f3n concreta en el mundo, aqu\u00ed y ahora. La complejidad de la carga expresiva que el lenguaje supone no nos separa de nuestro fondo primario animal, sino que lo potencia: queramos o no, a trav\u00e9s de nuestras acciones salen a relucir las \u00abfuerzas elementales\u00bb que nos constituyen. Y ello con tanta mayor potencia y aun virulencia cuanto mayores sean los esfuerzos que hacemos para ocultarnos a nosotros mismos esa inquietante latencia. Ahora bien, el habla (no desde luego el llamado \u00ablenguaje-m\u00e1quina\u00bb, propio del l\u00f3gico o del ciberneuta) es la <i>acci\u00f3n suprema<\/i>, ya que en ella viene a relucir no s\u00f3lo el <i>sentido<\/i> de todas las acciones (vale decir, su entramado o interconexi\u00f3n) sino tambi\u00e9n la huella o impronta de lo que a esas acciones les falt\u00f3 para encarnarse <i>en puridad<\/i>, de propio: son faltas que transparecen as\u00ed de soslayo en el lenguaje mismo como lo <i>indecible<\/i>. En una palabra, lo indecible s\u00f3lo se muestra en el decir mismo, como una carencia o mu\u00f1\u00f3n que colorea al lenguaje de carga emotiva. Si esto es as\u00ed, preciso ser\u00e1 entonces confesar que hablar del dolor y <i>dolerse del habla<\/i> son una y la misma cosa, la cual engloba y da sentido -en lugar de anular- al mero dolor \u00absentido\u00bb, primario y aun primitivo.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Ahora bien, \u00bfpor qu\u00e9 realzar el dolor y no la alegr\u00eda, o el amor? \u00bfAcaso se deber\u00e1 a que \u00abpor desgracia\u00bb hay en este mundo -ya se sabe: \u00abvalle de l\u00e1grimas\u00bb- m\u00e1s de lo uno que de lo otro, como si se tratara de mercanc\u00edas listas para ser consumidas? \u00bfO resultar\u00e1 m\u00e1s \u00abrealista\u00bb pensar de este modo, ahora que nos aprestamos a despedir -casi con alivio- al m\u00e1s horrendo y sanguinario de los siglos? Preguntas m\u00e1s raqu\u00edticas que ociosas. No se trata de establecer parangones cuantitativos ni de elevar a esencia el \u00abmal del siglo\u00bb, sino de meditar en este aserto: <i>El hombre es el animal que sabe sentir el dolor propio, y provocar y compartir el dolor ajeno<\/i>. Definici\u00f3n \u00abescandalosa\u00bb, quiz\u00e1. \u00bfPor qu\u00e9 no acogernos a la acrisolada del <i>animal rationale<\/i> (o mejor: a la griega, del \u00abanimal que tiene <i>l\u00f3gos<\/i>, y es tenido por \u00e9l) o a la concepci\u00f3n cristiana del hombre como \u00abhijo de Dios y heredero de su gloria\u00bb? \u00bfPor qu\u00e9 no aceptar, con Kant, que el hombre \u00abde veras\u00bb es un ser moral y, por ende, interna e incondicionadamente <i>libre<\/i>? S\u00f3lo que es bien posible que esas altisonantes concepciones no sean sino momentos parciales -a las veces, disimulados tras una ret\u00f3rica consoladora- de la definici\u00f3n por m\u00ed propuesta. Pues el hombre no deja de ser animal por su raz\u00f3n, sino al contrario: conoce y expresa su animalidad a trav\u00e9s de esa misma raz\u00f3n. Por eso sabe lo que \u00e9l en el fondo es, y lo que los animales y las cosas son sin ellos saberlo, pues que no <i>se<\/i> duelen ni hablan <i>entre ellos<\/i>. Y, si afirmamos con el cristianismo que el hombre es \u00abhijo de Dios\u00bb, no debiera entonces olvidarse que el verdadero <i>Hijo<\/i>, en quien el Padre ha puesto todas sus complacencias, sufri\u00f3 muerte infamante de cruz y que s\u00f3lo a trav\u00e9s de ese dolor supremo supo al fin \u00c9l mismo qui\u00e9n era realmente, y pudo decir por ende que todo <i>estaba consumado<\/i>. Por \u00faltimo, la idea kantiana del hombre como \u00abser moral\u00bb implica la constante humillaci\u00f3n del ego\u00edsmo (a trav\u00e9s del sentimiento de respeto hacia la ley), y por consiguiente el m\u00e1s alto dolor, m\u00e1s all\u00e1 del mero desorden f\u00edsico: el de la abnegaci\u00f3n y mortificaci\u00f3n de los deseos particulares en nombre de la Humanidad en general.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Ya vamos entreviendo as\u00ed por qu\u00e9 el dolor es la <i>marca<\/i> distintiva del hombre, y no la felicidad. La felicidad re\u00fane. El dolor desgarra. En aqu\u00e9lla (es decir, en los raros momentos en que se da) se identifican el deseo y su objeto. Decimos de alguien que est\u00e1 \u00abembargado\u00bb de felicidad porque en ese instante \u00abyo\u00bb y \u00abmundo\u00bb se fusionan. Queda una satisfacci\u00f3n tan plena como inconsciente, de la cual nos arranca por fortuna el momento sucesivo. De lo contrario, no habr\u00eda sino <i>muerte<\/i> por <i>fusi\u00f3n<\/i>. En la ausencia de dolor, el mundo se deshace. San Agust\u00edn dec\u00eda al respecto, contra los estoicos, que el dolor no es <i>mortis argumentum<\/i>, \u00abprueba de la muerte\u00bb, sino m\u00e1s bien <i>vitae indicium<\/i>, \u00abindicio de vida\u00bb. Y ten\u00eda raz\u00f3n&#8230; hasta cierto punto. Porque ese indicio de vida es a su vez <i>aviso de mortalidad<\/i>. Preciso es mantener estos dos extremos conjuntados. El ser viviente que se sabe tal es aqu\u00e9l que se siente separado, desgarrado de la vida <i>gen\u00e9rica<\/i>, roto en su interior. Un interior que s\u00f3lo a trav\u00e9s del dolor transparece en cuanto lo otro de la vida. Por eso dec\u00eda Hegel, con expresi\u00f3n fuerte, que: \u00abEl dolor es el privilegio (<i>Vorrang<\/i>) del ser viviente\u00bb. Naturalmente que los dem\u00e1s animales sienten y padecen: pero no saben que \u00e9se es <i>su<\/i> dolor, y por ende no lo dicen: el lenguaje es consecuencia primera de la interiorizaci\u00f3n del dolor. S\u00f3lo el hombre sabe que sus d\u00edas est\u00e1n contados&#8230; porque \u00e9l mismo los va contando, celebrando as\u00ed un origen que es a la vez constataci\u00f3n precaria de supervivencia. La violencia del nacimiento fuerza al neonato a lanzar un grito desgarrador, inarticulado: es el grito de separaci\u00f3n de la \u00abmadre\u00bb (tambi\u00e9n, pues, de la <i>\u00abterra genitrix\u00bb<\/i>), el sentirse arrojado al mundo como formando parte de \u00e9l y siendo a la vez distinto de \u00e9l. El dolor, no la felicidad ni la alegr\u00eda es el verdadero <i>principio de individuaci\u00f3n<\/i>. M\u00e1s adelante, lo que me lleva a sentir primariamente mi \u00abyo\u00bb, siempre escindido de su lugar de origen, est\u00e1 constituido por la resistencia que me opone el mundo y la negaci\u00f3n de aquello que me hace falta para seguir existiendo. El habla compartida lleva a conciencia esa falta, y de consuno mi propia individualidad. Qu\u00e9 tipo de hombre se sea depender\u00e1, seg\u00fan esto, de la actitud ante el dolor.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">El dolor, pues, no es solamente algo intransferiblemente propio. <i>El dolor apropia<\/i>, recorta y delimita. No es tan solo un sentimiento entre otros, aunque fuere el m\u00e1s alto. Es el <i>protosentimiento<\/i> originario, del cual dependen los dem\u00e1s&#8230; y la mism\u00edsima raz\u00f3n (la cual es la universalizaci\u00f3n del extra\u00f1o y parad\u00f3jico \u00absentimiento\u00bb humano, demasiado humano de pertenencia a un grupo, a saber: el grupo de animales que <i>se saben distintos<\/i> de todo lo dem\u00e1s, incluyendo en esa violenta distinci\u00f3n a los miembros de su propia especie). Ahora bien, el dolor puede ser sentido en propiedad, s\u00ed; mas tambi\u00e9n puede ser inferido, provocado en el otro, en una gradaci\u00f3n que va de la violencia desenfrenada de la bestia que duerme en nuestro fondo a la \u00abt\u00e9cnica\u00bb refinada y exquisita de la tortura, pasando por toda la panoplia de instrumentos de mutilaci\u00f3n y muerte. La historia de la llamada \u00abcivilizaci\u00f3n occidental\u00bb conoce muy bien la estrech\u00edsima vinculaci\u00f3n entre el desarrollo de las t\u00e9cnicas de dominio de la naturaleza y las de la medicina y la tortura, con su dominio del cuerpo humano, parcelado y troceado como si de algo puramente \u00abnatural\u00bb se tratase. Esto es, como si fuera -y esto me parece decisivo- un trozo de carne <i>que ni siente ni padece<\/i>. Ernst J\u00fcnger defini\u00f3 una vez cruel y exactamente al hombre como el \u00fanico \u00abanimal capaz de dar muerte\u00bb. Y en efecto, se puede dar muerte al otro -y hasta darse la muerte uno a s\u00ed mismo-, pero <i>no es posible dar dolor<\/i>. La respuesta del dolor es escandalosa porque no est\u00e1 enteramente en nuestra mano conseguirla, porque viene <i>del otro<\/i> <i>lado<\/i>, surgiendo de unas entra\u00f1as que, por serlo, se niegan a ser exploradas, obscenamente medidas como si de un objeto se tratase. De ah\u00ed el azoramiento del criminal ante el dolor ajeno. Lo insoportable es que el otro <i>habla<\/i> como tal, como <i>alter ego<\/i>, a trav\u00e9s de su dolor. La obstinaci\u00f3n del dolor refuta al punto y convierte en irrisoria la pretensi\u00f3n del agresor, consistente en la exaltaci\u00f3n de su potencia como <i>raz\u00f3n de ser<\/i>, como existencia \u00fanica frente a la cual todo el resto queda subordinado, a disposici\u00f3n de esa voluntad de dominio supuestamente omn\u00edmoda. De ah\u00ed el \u00e9xito -planetariamente extendido- de las armas de destrucci\u00f3n masiva a distancia y a la vez -se trata de uno y el mismo fen\u00f3meno- de su conversi\u00f3n <i>simulacral<\/i> en video-juegos en los que el jugador dispone de varias \u00abmuertes\u00bb y puede ir descuartizando adversarios, en la seguridad de no ser \u00abcontestado\u00bb por un <i>yo<\/i> ajeno. Es la irresponsabilidad del que no desea obtener respuesta. La muerte pues, de consuno, del <i>habla<\/i> -compartida y, por ende, dolorida- y su sustituci\u00f3n \u00abl\u00f3gica\u00bb por un <i>lenguaje-m\u00e1quina<\/i>. En el riesgo asumido de la destrucci\u00f3n total (recu\u00e9rdese el peligro nuclear, del cual tambi\u00e9n est\u00e1 \u00abmal visto\u00bb hablar hoy, tras el fin de la guerra fr\u00eda) est\u00e1 latente el deseo de dominar al adversario (ahora, la Humanidad entera en su m\u00e1s cruda y desnuda animalidad) <i>olvidando<\/i> el dolor ocasionado, o sustituy\u00e9ndolo a lo sumo por \u00abraciones\u00bb de violencia sadomasoquista medi\u00e1ticamente transmitidas y aun capaces de permitir la interacci\u00f3n con la m\u00e1quina: un juego de composici\u00f3n y descomposici\u00f3n (desmembramiento y an\u00e1lisis son t\u00e9rminos originariamente sin\u00f3nimos) del que desaparece toda mirada, toda convulsi\u00f3n <i>acusatoria<\/i>. M\u00e1s all\u00e1 del lenguaje t\u00e9cnico que gu\u00eda la mano del verdugo (o del jugador), el cuerpo torturado remite, en la violaci\u00f3n de su dignidad, a lo que falta: al <i>habla<\/i> que duele y que <i>se<\/i> duele. En ella y s\u00f3lo en ella, el dolor <i>mancomuna<\/i>, re\u00fane las diferencias justamente por serlo. <i>El dolor compartido es manifestaci\u00f3n de la alteridad irreductible<\/i>: cortocircuito de la t\u00e9cnica. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">No es dable preguntarse por lo que sea el dolor \u00abpuro\u00bb: ello equivaldr\u00eda a pedir que se dijera lo indecible. Lo que solamente se siente no puede ser dicho. Pero s\u00ed se puede hablar <i>de <\/i>lo que se siente, o sea: estar conscientemente a la altura del dolor del otro, concederle sus derechos. Alguien \u00abanegado\u00bb por el dolor tampoco puede hablar, y acaba por sumirse en la inconsciencia. Parad\u00f3jicamente, el desgarro es en este caso tan grande que el individuo no lo puede soportar, y vuelve as\u00ed a reunirse con su propio fondo. El dolor m\u00e1ximo y la felicidad suprema son as\u00ed, en \u00faltima instancia, id\u00e9nticos: manifestaciones de la <i>muerte<\/i>. Por contra, la vida consciente, plenamente humana, es aqu\u00e9lla en la que a la vez se anuncia y se posterga la muerte: una \u00abmuerte desplazada\u00bb, como dec\u00eda Schopenhauer (y la analog\u00eda aducida por \u00e9ste es certera: de la misma manera -dice-, andar es un constante aplazamiento de una segura y \u00faltima ca\u00edda). Y la vida m\u00e1s alta ser\u00e1 aqu\u00e9lla que recoge como en un c\u00e1liz el dolor de los otros, y m\u00e1s: la muerte de los otros. Vivir es llevar a cuestas, como una dura y ennoblecedora cruz, el sufrimiento ajeno <i>hecho propio<\/i>, apropiado en el dolor compartido. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Ahora bien, <i>el habla es m\u00e1s alta que la vida<\/i>. Aun la \u00abvida del esp\u00edritu\u00bb, como Hegel sab\u00eda, es irrenunciablemente animal (esto es: se halla fundida y confundida con el resto de la naturaleza, como si de un oleaje se tratase). El habla, en cambio, nacida de la separaci\u00f3n violenta de lo natural, nacida pues del dolor, devuelve su espasmo mas transido de generalidad, elevado a comunidad de dolientes. El habla, dolor de segundo grado, a la segunda potencia, no s\u00f3lo \u00abacompa\u00f1a <i>en<\/i> el sentimiento\u00bb sino que \u00abacompa\u00f1a <i>el <\/i>sentimiento\u00bb. El habla otorga consuelo y lenitivo, estableciendo por as\u00ed decir el primer <i>placer<\/i> puramente humano, desligado del animal y tendiente a lo divino (o sea, a lo separado de la naturaleza y que otorga a \u00e9sta peso, medida y origen). Es el extra\u00f1o placer de la <i>compa\u00f1\u00eda<\/i> en la aflicci\u00f3n, hablando, recogiendo lo que los dem\u00e1s dicen de su propio dolor, o del que ellos con otros compartieron. La alegr\u00eda, la pura alegr\u00eda va surgiendo as\u00ed lentamente del hontanar de la tristeza. Seg\u00fan esto, habr\u00eda entonces tres modos de ser hombre: comportarse ante el dolor, hablar a otros de mi dolor, hablar en fin de lo que los dem\u00e1s hombres dicen respecto del dolor, sentido o compartido. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">La m\u00e1scara que hoy encubre esos modos -m\u00e1s terrible si cabe que la del verdugo o el torturador- es la del <i>t\u00e9cnico <\/i>desapasionado, del hombre que reniega de su propia animalidad (y, por ende, imposibilita <i>a radice<\/i> toda conexi\u00f3n con la divinidad) para refugiarse en una suerte de voz <i>en off<\/i>, de mano\/mando a distancia y de ojo telem\u00e1ticamente \u00absolar\u00bb que, ejercit\u00e1ndose plat\u00f3nicamente en la preparaci\u00f3n para la muerte a trav\u00e9s de la escritura hipertextual y de la contemplaci\u00f3n de la vibr\u00e1til pantalla se ahorra -o hace como que se ahorra- el sentimiento del propio dolor, con lo que sale a escena (tal es el sentido etimol\u00f3gico de la <i>obscenidad<\/i>) como un aparato <i>suspendido<\/i> y desencarnado, m\u00e1s all\u00e1 del bien y del mal. \u00bfHar\u00e1 quiz\u00e1 tal \u00absimulacro\u00bb de hombre como Descartes, que dec\u00eda de s\u00ed: <i>larvatus prodeo<\/i>, \u00abavanzo enmascarado\u00bb? \u00bfO bien la m\u00e1scara, a fuerza de ser llevada, ha acabado por fundirse \u00edntimamente con su portador? A menos que comencemos a sospechar que tanta asepsia no es sino una desesperada maniobra de distracci\u00f3n para ocultar un pavoroso \u00abmiedo al miedo\u00bb: esa presentida hipocondr\u00eda que afectar\u00eda a los individuos mejores y m\u00e1s fuertes (es decir: m\u00e1s capaces de sentir y compartir el dolor). Miedo al miedo&#8230; no de morir, sino de sentir compasi\u00f3n por los mortales (tal era, por dem\u00e1s, la \u00faltima tentaci\u00f3n de Zaratustra, la m\u00e1s dif\u00edcil de vencer). <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Esa actitud es la de la <i>salamandra <\/i>-por seguir el s\u00edmil de <i>La ciudad de Dios<\/i> agustiniana-, que <i>in ignibus vivit<\/i>, que vive en el fuego y la destrucci\u00f3n, pasando al parecer inc\u00f3lume por entre las miserias y los desastres de nuestro tiempo, participando en ellos sin pasi\u00f3n o, a lo sumo, con una \u00abn\u00e1usea desinteresada\u00bb, como dec\u00eda Ernst J\u00fcnger de s\u00ed mismo. Pero tan astuta salamandra deja ver en su fondo, a pesar de los proteicos cambios mim\u00e9ticos de piel, la figura que J\u00fcnger propusiera como dominante en la era de la t\u00e9cnica: el Trabajador. Una <i>Gestalt<\/i> hoy extendida planetariamente pero, como en la era simulacral no pod\u00eda ser menos, afectada de una deformaci\u00f3n grotesca, irrisoria, como de <i>pl\u00e1stico<\/i> barato (y englobando dentro de s\u00ed, como marionetas, a las figuras del H\u00e9roe y el Burgu\u00e9s, sus antecesoras). Es una figura esquizoide, que oscila polarmente entre una carnalidad tachada, renegada y reconquistada s\u00f3lo virtualmente (y a veces, viralmente) y una m\u00e1quina que s\u00f3lo puede alimentarse ya de los excesos y desechos de su propio lenguaje: del ruido procedente de una carne mancillada. Conocemos sus rasgos porque, en buena medida, son los nuestros: ecologismo extremo y amor por las tortugas junto con carrera armament\u00edstica o venta de maquinaria b\u00e9lica a pa\u00edses sumidos en el estado de naturaleza (a\u00f1adiendo a la explotaci\u00f3n y fomento del dolor y destrucci\u00f3n de los hombres el cinismo de hablar de \u00abv\u00edas de desarrollo\u00bb); paisajes industriales en plena actividad (recu\u00e9rdese la Osaka de <i>Black Rain<\/i>, de Ridley Scott) junto a una naturaleza desertizada y yerma; sentimiento apocal\u00edptico en medio de la abundancia de bienes de consumo cada vez m\u00e1s sosos; mezcla incontrolada -y a merced de los <i>media<\/i>&#8211; de barbarie y humanidad; par\u00e1lisis de toda creatividad en un mundo dirigido por mediocres que oscilan entre el <i>dilettantismo <\/i>o el barniz prestado por asesores de imagen; conservaci\u00f3n indiscriminada de lo pasado o de lo geogr\u00e1ficamente ex\u00f3tico s\u00f3lo por serlo: fomento del turismo de masas; ocultaci\u00f3n de la miseria en ciudades que erigen hospitales, tanatorios o prisiones \u00abconfortables\u00bb frente a ca\u00f3ticos hacinamientos suburbanos de desocupados, coloreados y marginados varios; <i>doble standard<\/i> de moralidad, que lleva a la abolici\u00f3n de la pena de muerte mientras se permite que en la noche se alce el reino del asesinato sin raz\u00f3n. En fin, en un mundo en el que las guerras entre naciones dejan paulatinamente de tener sentido (porque deja de tenerlo la idea misma del \u00abEstado-Naci\u00f3n\u00bb soberano) comienza la noche profana de la guerra civil planetaria, mientras el \u00fanico valor aceptado por todos es la conservaci\u00f3n y refinamiento de un cuerpo cada vez m\u00e1s artificial y prot\u00e9sico: la evitaci\u00f3n del dolor, y la peraltaci\u00f3n de una figura tan uniformemente repartida como carente de distinci\u00f3n: <i>body-building, fitness<\/i>. El desierto ya no crece, porque lo ha invadido todo. \u00bfS\u00f3lo nos quedan las islas en las que la tijera de las Parcas parece no poder recortar ni troquelar lo \u00abpol\u00edticamente correcto\u00bb: los oasis de la embriaguez, el sue\u00f1o y la vida arriesgada, al filo de la muerte? En ellos -dir\u00eda J\u00fcnger- se reconoce, celebra y controla la vuelta de las fuerzas elementales, mientras que en el desierto nihilista sin valores se dispersan ilimitada y desenfrenadamente esas fuerzas, dentro de las cuales \u00abtodos sue\u00f1an lo que son, sin que ninguno lo entienda\u00bb. Una frase terrible de J\u00fcnger resume -\u00a1ya desde 1934!- el actual estado de cosas: <i>Die Technik ist unsere Uniform.<\/i> \u00abLa t\u00e9cnica es nuestro uniforme\u00bb.<span style=\"mso-spacerun: yes\">&nbsp;&nbsp; <\/span><o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\"><span style=\"mso-spacerun: yes\">&nbsp;<\/span><o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">\u00bfS\u00f3lo nos queda, de verdad, eso? \u00bfEl v\u00e9rtigo de la consumaci\u00f3n del Apocalipsis en nuestro propio cuerpo a trav\u00e9s de la droga, la aventura o la delincuencia: <i>para\u00edsos artificiales<\/i> generados por aquello mismo de lo que se quiere escapar? \u00bfO bien la integraci\u00f3n -acomodada o resignada- al <i>status quo<\/i>? \u00bfSigue siendo la \u00fanica alternativa \u00e9sta de ser apocal\u00edptico o integrado, como ya viera Umberto Eco hace unos a\u00f1os? Pero ya se esboz\u00f3 antes (con tanta brevedad como ambiciosa audacia, en estos tiempos supuestamente \u00abpostmetaf\u00edsicos\u00bb), no tanto otra posibilidad de ser hombre, sino la definici\u00f3n misma de hombre (la \u00fanica por lo dem\u00e1s, a mi ver, en la que coinciden pensamiento occidental y sabidur\u00eda oriental): el <i>animal que habla a los dem\u00e1s de su dolor<\/i> (del suyo propio, y del de ellos). Y es ahora, en la expansi\u00f3n ecum\u00e9nica de la t\u00e9cnica, cuando es posible tomar nota de una m\u00faltiple y alta tarea. Quiz\u00e1 la m\u00e1s alta, m\u00e1s all\u00e1 de la actitud -entre benem\u00e9rita y biempensante- de la denuncia de toda injusticia, de las ayudas al desarrollo, del fomento de investigaciones m\u00e9dicas y la difusi\u00f3n de f\u00e1rmacos, del consuelo religioso, en fin. Por cierto, ser\u00eda a\u00f1adir escarnio al cinismo el pretender que instituciones y personas abnegadas, entregadas a veces por entero al otro y al alivio de sus sufrimientos, sin m\u00e1s premio que el contagio de una fe o la consecuci\u00f3n de una sonrisa solidaria, son tontos \u00fatiles -si es que no c\u00f3mplices- de esa villan\u00eda generalizada que, entre otros nombres, recibe el de \u00abcapitalismo neoliberal de las sociedades avanzadas\u00bb (\u00bfhacia d\u00f3nde, Dios, avanzar\u00e1n?). Nada tengo que decir a los hombres de buena voluntad respecto de su deber (tampoco un Kant se atrevi\u00f3 a ello), porque ya lo est\u00e1n haciendo con creces, y porque toda receta totalitaria (vanguardista o reaccionaria) se ha revelado catastr\u00f3fica. Y ello, no s\u00f3lo hist\u00f3ricamente, si es cierto que el dolor diferencia y distingue y que por ende todo cierre, toda suma total es un infame ardid del vencedor. <i>No hay soluci\u00f3n global<\/i> ni, <i>pace<\/i> Heidegger, va a venir de nuevo un Dios a \u00absalvarnos\u00bb (\u00a1qu\u00e9 presunci\u00f3n, por lo dem\u00e1s!: nada menos que un Dios, encargado de encarrilar a los hombres -o sea, a llevarlos por donde uno de ellos, o un grupo m\u00e1s \u00abclarividente\u00bb, decide que hay que ir-, al igual que antes -con Newton y Clarke- se dedicara a reparar \u00f3rbitas celestes).<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">Pero quiz\u00e1 esa falta de soluciones, de relatos omnicomprensivos -con su \u00ablucha final\u00bb y su nuevo Cielo y su nueva Tierra-, quiz\u00e1 esa ausencia constituya un alivio, una descarga de tanto mensaje apocal\u00edptico de salvaci\u00f3n, una ocasi\u00f3n para aprender a convivir y hasta a malvivir con nuestro dolor y aun a portar sufridos el de los dem\u00e1s, estableciendo mensajes entrecortados, verdaderos cortocircuitos de esa comunicaci\u00f3n universal que es, en palabras inolvidables de Paul Celan: \u00abhabla portadora de muerte\u00bb; quiz\u00e1 la flor que crece en la era t\u00e9cnica es la flor de la humildad, que huye de las grandes promesas y sabe callar, p\u00fadica, sobre Dios; que deja los milagros para los anuncios de crecepelos y los avances de las \u00abaltas tecnolog\u00edas\u00bb; que se limita a posar una mano solidaria sobre la frente febril o a cerrar unos ojos para siempre cansados; que sabe que mantenerse en vida ocasionar\u00e1 necesariamente dolor a los dem\u00e1s, que todos nosotros somos injustos unas veces como un potro y otras como un zorro, y que es necesario hacerse perdonar por ello; que es preciso pedir perd\u00f3n al moribundo por la incre\u00edble presunci\u00f3n de seguir viviendo a pesar de todo, convirtiendo a cambio en habla emocionada -rezumando recuerdos memoriosos, transmitida en anchurosos c\u00edrculos- la experiencia del propio dolor sentido, del ajeno dolor compartido y sobre todo de la propia renuncia -tambi\u00e9n ella, acerbamente dolorosa- a toda provocaci\u00f3n consciente y consentida de dolor en el otro. Todo ello, en vista de la muerte y sin hacernos otra ilusi\u00f3n que \u00e9sta: que merece la pena seguir siendo hombre y no <i>cyborg<\/i>, ser mortal en busca del Dios y no aut\u00f3mata indoloro, solidario en el dolor y no consumidor de ruindades. La mancha de la sangre derramada no es biodegradable si se recoge en el coraz\u00f3n y se abre en la palabra que denuncia y acaricia.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=1y2Texto style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"COLOR: windowtext; FONT-FAMILY: Verdana; LETTER-SPACING: 0pt\">&nbsp;<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=MsoNormal style=\"MARGIN: 0cm 0cm 0pt\"><i><span style=\"FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Verdana; mso-bidi-font-size: 12.0pt\">Algo as\u00ed habr\u00eda querido decirte entonces, cuando el tiempo no se hab\u00eda dormido a\u00fan en tu regazo&#8230;<o:p><\/o:p><\/span><\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De entre los fen\u00f3menos en que se expresa el Acontecimiento del Fin del Milenio (tan tediosamente anticipado de mil formas que su sola menci\u00f3n ya&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-3691","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-Xx","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3691","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3691"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3691\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3691"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3691"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3691"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}