{"id":3795,"date":"2009-08-06T16:31:55","date_gmt":"2009-08-06T19:31:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=3795"},"modified":"2009-08-06T16:31:55","modified_gmt":"2009-08-06T19:31:55","slug":"una-sana-y-contagiosa-pasion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=3795","title":{"rendered":"Una sana y contagiosa pasi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/estudiantes-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-3796\" title=\"estudiantes-2\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/estudiantes-2-120x120.jpg\" alt=\"estudiantes-2\" width=\"120\" height=\"120\" \/><\/a>El primer efecto de la violencia en el f\u00fatbol fue el paulatino alejamiento de las familias y de todos aquellos que simplemente aspiraban a pasar una tarde divertida. Gente com\u00fan que al salir del estadio no quiere ir a la comisar\u00eda a denunciar un robo o la rotura del auto. Se aleja as\u00ed la expectativa \u2013\u00bfhoy ingenua?\u2013 de ir a alentar al equipo de su simpat\u00eda, afecto o pasi\u00f3n, y disfrutar tambi\u00e9n del espect\u00e1culo de las tribunas, que no necesariamente debe estar signado por la violencia.<!--more-->La cercan\u00eda entre barrabravas y partidos pol\u00edticos con la utilizaci\u00f3n de sus servicios en campa\u00f1as electorales aporta una coraza que parece blindarlas ante la acci\u00f3n de la justicia, mientras libran batallas internas por el dinero de venta de entradas, estacionamientos y otros negocios.La posibilidad de seguir los partidos a trav\u00e9s de la televisi\u00f3n acrecienta artificialmente ese negocio y deja un espacio vac\u00edo que entonces ocupan los m\u00e1s violentos. Toda vez que la sociedad civil \u201cnormal\u201d abandona los espacios p\u00fablicos ese lugar tiende a ser ocupado por gente que, con distintos matices de vio<a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/estudiantes-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-3797\" title=\"estudiantes-1\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/estudiantes-1-300x225.jpg\" alt=\"estudiantes-1\" width=\"300\" height=\"225\" \/><\/a>lencia y corrupci\u00f3n, luego es dif\u00edcil de desplazar. \u00bfAcaso no ocurre lo mismo en plazas, parques y hasta calles cuando el sol se pone?<br \/>\nGracias a varios amigos y a uno de mis hijos volv\u00ed a seguir al club de mi primera infancia. Mayor facilidad de traslado y una buena compa\u00f1\u00eda hizo que recorriera muchos kil\u00f3metros para acompa\u00f1ar a Estudiantes de la Plata. Tal experiencia permite ver como la presencia de mucha gente sana en los espacios p\u00fablicos genera barreras contra la violencia y el delito. La primera sorpresa al concurrir al estadio fue el orden en la entrada, tanto en partidos con pocos espectadores como en la final de la Copa Libertadores. Es llamativa la ausencia de los polic\u00edas con los t\u00edpicos bastones largos, tan atemorizantes, o la montada, capaz de manejar a los espectadores como a ganado. El acceso, as\u00ed planteado, es parte del disfrute del espect\u00e1culo.<br \/>\nYa dentro del estadio, todas las butacas estaban en buenas condiciones y los ba\u00f1os limpios, sin ese aroma \u201ccancha de f\u00fatbol\u201d tan penosamente caracter\u00edstico de los estadios m\u00e1s \u201cimportantes\u201d.<br \/>\nEn las tribunas el espect\u00e1culo fue magn\u00edfico y poco habitual: el aliento que siempre acompa\u00f1\u00f3 al \u201cLe\u00f3n\u201d, con similar garra a la que el equipo muestra en el campo de juego, y el maravilloso marco de familias en todas las tribunas, padres, madres, hijos y abuelos con colorido propio y espontaneidad. No hay temor en la cancha, en ning\u00fan lugar de la platea o la tribuna. Era notable ver en la puerta de salida de la popular, donde conviven padres con sus hijos sobre los hombros o de la mano, grupos de amigas y abuelos con sus nietos. Hay que acostumbrarse \u2013la primera vez no parece natural\u2013 a salir con la tranquilidad de saber que se va a encontrar el auto donde se lo dej\u00f3, en perfectas condiciones (algo que hasta perdimos incluso a la salida de la misa dominical en numerosos barrios).<br \/>\nTambi\u00e9n merece menci\u00f3n el festejo de la copa Libertadores. La primera noche moviliz\u00f3 a media ciudad pr\u00e1cticamente hasta el amanecer; al d\u00eda siguiente, una interminable caravana que demor\u00f3 siete horas en recorrer el camino desde Ezeiza hasta La Plata, con unos 50.000 hinchas esperando frente a la Municipalidad; y luego festejos y m\u00e1s festejos. Ni un solo herido, ni un detenido, sin destrozos ni asaltos, ni vidrieras rotas. Juan Sebasti\u00e1n Ver\u00f3n, hijo del jugador del hist\u00f3rico equipo de los \u201960, declar\u00f3 a la prensa que estaba contento porque el rival hab\u00eda mantenido la categor\u00eda de juego y que en realidad \u00e9l reconoc\u00eda m\u00e1s amigos en ese equipo que en el propio. M\u00e1s all\u00e1 de una broma expresada en un canto, propia del folklore futbolero, el mensaje es elocuente.<br \/>\nEs notable el cambio radical que la sola presencia de este tipo de representaci\u00f3n social puede generar en t\u00e9rminos de mejora de la seguridad en el esparcimiento. Es entonces merecido el festejo de los jugadores, luego de hacer gala de su entrega en cualquier campo de juego, y el de los simpatizantes que, al grito de \u201cEstudian\u2026 Estudian\u2026\u201d, contagiaron de sana pasi\u00f3n a gran parte del pa\u00eds.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El primer efecto de la violencia en el f\u00fatbol fue el paulatino alejamiento de las familias y de todos aquellos que simplemente aspiraban a pasar&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[17,27],"class_list":["post-3795","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sociedad","tag-educacion","tag-sonar"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-Zd","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3795","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3795"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3795\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3795"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3795"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3795"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}