{"id":3810,"date":"2009-08-06T17:13:52","date_gmt":"2009-08-06T20:13:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=3810"},"modified":"2009-08-06T17:13:52","modified_gmt":"2009-08-06T20:13:52","slug":"libro-a-la-escucha-del-cuerpo-puentes-entre-la-salud-y-las-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=3810","title":{"rendered":"Libro: A la escucha del cuerpo. Puentes entre la salud y las palabras"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/bordelois.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-3811\" title=\"bordelois\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/bordelois-120x120.jpg\" alt=\"bordelois\" width=\"120\" height=\"120\" \/><\/a>(por Ivonne Bordelois. Del Zorzal, Buenos Aires, 2009). Desde su nacimiento, Occidente sacraliz\u00f3 la visi\u00f3n. Distanci\u00e1ndose de ese legado fielmente recogido por nuestra cultura que suele valerse del cuerpo como de una mercanc\u00eda o como de un fetiche, pero invariablemente abordado desde la mirada, Ivonne Bordelois nos desaf\u00eda a una tarea mucho m\u00e1s sutil. <!--more-->En \u201cA la escucha del cuerpo\u201d nos interpela a atender un llamado que resuena, las m\u00e1s de las veces, en un vac\u00edo de sentido invadido por sonidos que le son ajenos y que ensordecen lo que el cuerpo expresa.<br \/>\nEse privilegio conferido a la mirada se condens\u00f3 en una pr\u00e1ctica m\u00e9dica \uf02dla autopsia\uf02d que inspiraba desconfianza cuando a\u00fan la ciencia era m\u00e1s magia que saber. Literalmente, el t\u00e9rmino alude a la visi\u00f3n con los propios ojos. Cuando la autora se interroga, \u201c\u00bfde qui\u00e9n son propios los ojos?\u201d, se responde: \u201cSon los ojos del m\u00e9dico, a quien se le da por fin el privilegio de asistir a un espect\u00e1culo donde \u00e9l (\u2026) opera, act\u00faa y analiza sobre una materia inerte y obediente\u201d, revel\u00e1ndonos los costos del progreso de un saber m\u00e9dico que debi\u00f3 incorporar la vejaci\u00f3n del cuerpo ex\u00e1nime para as\u00ed transformar su arte intuitivo en una ciencia del funcionamiento org\u00e1nico. \u201cCon mis propios ojos, dice en su nombre la autopsia, como el criminal confeso dir\u00eda: \u201ccon mis propias manos\u201d\u201d. Mientras la sucesi\u00f3n de las generaciones es la ley impiadosa que exige un tendal de piezas sacrificiales, as\u00ed la medicina, para progresar, requiri\u00f3 de esas ofrendas mortales cedidas a la inspecci\u00f3n ocular.<br \/>\nLa m\u00e1xima de Jules Romain que la autora recoge, \u201cToda persona sana es un enfermo que ignora que lo es\u201d, parece ser el lema que gu\u00eda a una medicina al servicio de la mercadotecnia que, \u201cal amparo de las leyes del marketing, inventa e inaugura enfermedades (\u2026) hasta que, \u201cprovidencialmente, se encuentran los remedios que solucionan las supuestas afrentas de la naturaleza\u201d, tras poner en movimiento a poderosos laboratorios y a un ej\u00e9rcito de profesionales sanitarios. Bordelois menciona algunas \u201cpseudopatolog\u00edas\u201d, tan curiosas que uno sospecha que lo colorido de sus nombres es directamente proporcional a su necesidad de justificar su existencia misma: la narcolepsia (repentinos ataques de sue\u00f1o); el s\u00edndrome de Sissi (pacientes depresivos que adoptan un comportamiento activo y positivo); el s\u00edndrome del tigre enjaulado (afecta a padres excesivamente fatigados por sus hijos); la depresi\u00f3n del Para\u00edso (incapacidad patol\u00f3gica de gozar del ocio).<br \/>\nEn su b\u00fasqueda, Bordelois nos revela que cuando una enfermedad temible irrumpe \u2013de m\u00e1s est\u00e1 decirlo, sin el auxilio de la mercadotecnia\u2013, el enfermo busca inmunizarse a trav\u00e9s de la palabra, poni\u00e9ndole un nombre a su mal como condici\u00f3n primera para circunscribirlo, enfrentarlo y superarlo. Devenido as\u00ed el lenguaje un instrumento de cura, se dice que \u201cse sufre\u201d de una enfermedad, pero tambi\u00e9n que \u201cse tiene\u201d una enfermedad, como cuando se escucha decir \u201ctengo faringitis\u201d o \u201ctengo dolor de muelas\u201d. Si la enfermedad se sufriera solamente, como se sufre de mal de amores, el enfermo ser\u00eda el sujeto pasivo a merced del mal. Pero si el mal \u201cse tiene\u201d, si se lo posee en calidad de propietario, por as\u00ed decir, entonces esta ampliaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica puede ser el primer paso para terminar por apropiarnos de ese mal y de all\u00ed en m\u00e1s, por qu\u00e9 no en dominarlo.<br \/>\nSi es cierto que las constelaciones de figuras ret\u00f3ricas no alcanzan para describir los sentimientos m\u00e1s excelsos de la condici\u00f3n humana, como la amistad y el amor, mucho m\u00e1s cierto lo es de la enfermedad y la muerte, donde otras tantas figuras ret\u00f3ricas alcanzan apenas a enmascarar, mediante eufemismos, lo m\u00e1s atroz. Ante lo no dicho, las p\u00e1ginas m\u00e1s conmovedoras de A la escucha del cuerpo nos alientan a rescatar, del silencio, una d\u00edada esencial: el curador que escucha al doliente que se sabe escuchado, tendiendo \u2013desde su subt\u00edtulo mismo\u2013 <em>\u00a0Puentes entre la salud y las palabras<\/em>. Creyendo en los poderes terap\u00e9uticos del lenguaje que restaura, sana, cura. Y presintiendo que, cuando el crep\u00fasculo se aproxima y la despedida es inminente,\u00a0 todav\u00eda es posible, en un renovado acto de fe, apelar a la palabra como mensajera de alivio y consuelo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(por Ivonne Bordelois. Del Zorzal, Buenos Aires, 2009). Desde su nacimiento, Occidente sacraliz\u00f3 la visi\u00f3n. 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