{"id":4029,"date":"2009-10-06T16:57:25","date_gmt":"2009-10-06T19:57:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=4029"},"modified":"2009-10-06T16:57:25","modified_gmt":"2009-10-06T19:57:25","slug":"mayo-buenos-aires-se-arma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=4029","title":{"rendered":"Mayo: Buenos Aires se arma"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\"><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/mayo-web.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-4030\" title=\"mayo-web\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/mayo-web-120x120.jpg\" alt=\"mayo-web\" width=\"120\" height=\"120\" \/><\/a>Seguimos chapaleando el barro de mayo. O mejor dicho, el de los a\u00f1os que corrieron entre las invasiones inglesas y mayo de 1810. Hoy traemos unas p\u00e1ginas de Ignacio N\u00fa\u00f1ez referidas a nuevos actores que salen a escena luego de la primera invasi\u00f3n \u2013y a ra\u00edz de ella\u2013 y que ser\u00e1n decisivos en los acontecimientos de 1809 y 1810: las formaciones milicianas. <!--more--><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/mayo-web1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-4031\" title=\"mayo-web1\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/mayo-web1-300x223.jpg\" alt=\"mayo-web1\" width=\"300\" height=\"223\" \/><\/a>Tuvimos ocasi\u00f3n en entregas anteriores de leer fragmentos del diario de un soldado escasamente alfabetizado del cuerpo de Patricios y de ver a varios de los cuerpos enfrent\u00e1ndose en la plaza durante la intentona del 1 de enero de 1809. Ignacio N\u00fa\u00f1ez naci\u00f3 en Buenos Aires en 1792; en octubre de 1806, con 14 a\u00f1os, se incorpor\u00f3 como cadete al tercer escuadr\u00f3n de H\u00fasares bajo las \u00f3rdenes de su t\u00edo, Pedro Ram\u00f3n N\u00fa\u00f1ez. Como muchos otros, iniciaba con ese paso una larga experiencia pol\u00edtica: luego de la revoluci\u00f3n N\u00fa\u00f1ez militar\u00e1 en diversas facciones y asociaciones p\u00fablicas y secretas, ocupar\u00e1 cargos de importancia, se destacar\u00e1 por sus intervenciones en la prensa peri\u00f3dica y terminar\u00e1 recluido en su casa, en tiempos de Rosas, hasta su muerte en 1846. Testigo de los hechos, vale la pena escuchar lo que tiene para contarnos acerca de esa Buenos Aires que de la noche a la ma\u00f1ana se vio precisada a militarizarse y sobre esos cuerpos de milicianos que protagonizar\u00edan los acontecimientos que desembocaron en la revoluci\u00f3n. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: center;\" align=\"center\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">***<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u201cLa capital se convirti\u00f3 de improviso en un campamento militar: se hizo un llamamiento general a todas las clases de la sociedad, y no qued\u00f3<span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0 <\/span>una que no correspondiese con una gran concurrencia en\u00e9rgica y desinteresada. El artesano abandon\u00f3 su taller, ha dicho un contempor\u00e1neo, el comerciante su tienda, el abogado su estudio, el estudiante su clase, para instruirse en el manejo del fusil o del ca\u00f1\u00f3n y aprender a marchar al comp\u00e1s de un p\u00edfano o de un tambor. Corresponden originariamente al general Liniers las bases sobre las cuales se organiz\u00f3 este ej\u00e9rcito de ciudadanos, esto es, la de distinguir los cuerpos por provincias y uniformes, dejando sin embargo la m\u00e1s completa libertad para el alistamiento; y la de establecer un orden en la disciplina que pudiese m\u00e1s bien sostenerse por el entusiasmo, que por las reglas severas de las ordenanzas militares.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">[\u2026]<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">Los comandantes de los cuerpos veteranos, eran espa\u00f1oles: lo eran los de los cuerpos voluntarios, vizca\u00ednos, monta\u00f1eses, gallegos, andaluces, mi\u00f1ones y artilleros. Eran americanos, los de la Legi\u00f3n Patricia compuesta de hijos de Buenos Aires, los de los cuerpos de arribe\u00f1os, hijos de las provincias interiores; los de los indios, negros y pardos; y los de seis escuadrones de caballer\u00eda, siendo espa\u00f1ol \u00fanicamente el que mandaba los Carabineros de Carlos IV.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">[\u2026]<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">El armamento era sumamente escaso. La invasi\u00f3n de los ingleses hab\u00eda encontrado a este pa\u00eds sin otro armamento que el de los restos de la expedici\u00f3n que vino de Espa\u00f1a el a\u00f1o 1776 para hostilizar los establecimientos portugueses. Aun la mayor parte de estos restos se hab\u00eda inutilizado en los desordenados movimientos del Virrey; y el bloqueo del r\u00edo imped\u00eda toda introducci\u00f3n. Se tocaron puros recursos extremos. Se cre\u00f3 un cuerpo de maestranza que trabajaba d\u00eda y noche, estimulado con grados militares y con salarios crecidos. Se pidi\u00f3 p\u00f3lvora a la Capitan\u00eda General de Chile y al Virreinato del Per\u00fa, cuando adem\u00e1s de estar situados estos pueblos a tanta distancia, dificultaba el env\u00edo de este auxilio la estaci\u00f3n que a\u00fan imped\u00eda el paso de la cordillera: la tropa trep\u00f3 y baj\u00f3 los Andes a pie con los cajones de p\u00f3lvora en los hombros. El plomo se proporcion\u00f3 por el vecindario, arrancando y entregando ca\u00f1os de las azoteas, que entonces eran en mucho n\u00famero porque las aguas llovedizas se derramaban en las calles; y todos los \u00fatiles de plomo y esta\u00f1o del servicio dom\u00e9stico de las familias. A pesar de todos estos esfuerzos, el armamento y las municiones siempre escasearon: bajaron a la capital cuerpos de milicias de San Luis, Paraguay y Tucum\u00e1n, y fue preciso entretener los primeros en la construcci\u00f3n de bater\u00edas y trincheras y en el cuidado de caballos, y agregar los \u00faltimos al cuerpo de Arribe\u00f1os para que los unos y los otros hiciesen el servicio, como lo hac\u00edan, con armas que no eran suyas, o con pedazos de bayonetas amarradas en ca\u00f1as de tacuara. Todo el ej\u00e9rcito se uniform\u00f3, la mayor parte por s\u00ed mismo; el color general era azul, con excepci\u00f3n del tercer escuadr\u00f3n de H\u00fasares que se uniform\u00f3 de color verde, y el de Migueletes de color encarnado; la diferencia consist\u00eda en las vueltas y en los vivos, y tambi\u00e9n en los centros. Pero los uniformes, especialmente el cuerpo de oficiales, eran engalonados y de un costo desmedido. El ej\u00e9rcito todo desplegaba el mismo entusiasmo por pelear que por lucir, y puede sin exageraci\u00f3n asegurarse que en quince d\u00edas de disciplina, se presentaba en los alardes de parada en un aspecto a la vez imponente y seductor.\u201d<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\"><\/span><\/span><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seguimos chapaleando el barro de mayo. O mejor dicho, el de los a\u00f1os que corrieron entre las invasiones inglesas y mayo de 1810. 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