{"id":4495,"date":"2010-04-06T16:34:48","date_gmt":"2010-04-06T19:34:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=4495"},"modified":"2010-04-06T16:34:48","modified_gmt":"2010-04-06T19:34:48","slug":"editorial-donde-estaba-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=4495","title":{"rendered":"Editorial: \u00bfD\u00f3nde estaba Dios?"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\">\u00a0<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">En el t\u00e9rmino de pocas semanas hemos sido testigos, a trav\u00e9s de los medios de <\/span><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">comunicaci\u00f3n, de dos cat\u00e1strofes de enormes proporciones: los terremotos de Hait\u00ed y <\/span><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">de Chile. Para los creyentes se abre el abismo de un interrogante: \u00bfc\u00f3mo conciliar los <\/span><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">desastres naturales y el amor providente de Dios?<!--more--><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">Hemos contemplado im\u00e1genes escalofriantes de la devastaci\u00f3n que los terremotos, primero de Hait\u00ed y luego de Chile, han causado en cuesti\u00f3n de segundos. Hemos recibido noticias sobre el n\u00famero ingente de muertos y sobre los da\u00f1os materiales, que son incalculables. Nos hemos angustiado ante escenas de sufrimiento extremo, de desorientaci\u00f3n y desamparo de los sobrevivientes en las zonas m\u00e1s castigadas. Apenas podemos imaginar las secuelas materiales y psicol\u00f3gicas que marcar\u00e1n, quiz\u00e1s para siempre, la vida de innumerables personas.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">Ante esto, los creyentes no podemos dejar de cuestionarnos: \u00bfC\u00f3mo conciliar lo que ha sucedido con la fe en un Dios bueno y amoroso? \u00bfC\u00f3mo seguir hablando de la Providencia cuando la realidad nos muestra de modo irrefutable que estamos a merced de una naturaleza ciega y brutal? \u00bfAcaso la esperanza de que Dios un d\u00eda \u201cenjugar\u00e1 toda l\u00e1grima\u201d, tal como promete el libro del Apocalipsis retomando al profeta Isa\u00edas, puede justificar el sufrimiento de tantos?<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">Estas preguntas no son nuevas; tampoco los intentos de dar una respuesta. El cap\u00edtulo 13 del evangelio de Lucas, lectura del tercer domingo de Cuaresma, ofrece la ocasi\u00f3n de reflexionar sobre este tema. Se trata de una conversaci\u00f3n que mantiene Jes\u00fas con algunas personas acerca de dos tragedias de la cr\u00f3nica de aquel momento: una masacre perpetrada por los romanos en el Templo y el derrumbe de una torre en Jerusal\u00e9n. <\/span><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">Frente a ellas, la gente encontr\u00f3 un modo conveniente de justificar a Dios (y de justificarse, por contraste, a s\u00ed misma): eran castigos de Dios; las v\u00edctimas hab\u00edan pagado por sus pecados. Es la misma mentalidad que, tras el estallido del SIDA, llev\u00f3 a muchos creyentes a afirmar que esa enfermedad era la condena de Dios a las pr\u00e1cticas homosexuales. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">Jes\u00fas rechaza de plano estas mistificaciones: \u201c\u00bfCreen acaso que esas personas eran m\u00e1s culpables que los dem\u00e1s? Les aseguro que no\u201d. Si se tratara de castigos, \u00bfpor qu\u00e9 motivo Dios los impondr\u00eda s\u00f3lo a algunos, y no a todos los que pueden merecerlos igualmente, o m\u00e1s a\u00fan? Quiz\u00e1s en estos d\u00edas estemos presenciando un resurgimiento de esta mentalidad primitiva, bajo una ret\u00f3rica pseudo-cient\u00edfica, en la pr\u00e9dica de algunas personas que, sin prueba alguna, sostienen que los recientes terremotos son consecuencia del calentamiento global (y por lo tanto, se entiende, ser\u00edan un castigo natural a nuestros pecados ecol\u00f3gicos). Sin embargo, s\u00f3lo una obcecaci\u00f3n desesperada podr\u00eda llevar a negar que exista el sufrimiento, y el sufrimiento inocente. Por ello, la filosof\u00eda y la teolog\u00eda han debido buscar explicaciones m\u00e1s elaboradas al \u201cproblema\u201d del mal.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">Surgen entonces las refinadas construcciones de la as\u00ed llamada <em>teodicea<\/em>, una disciplina empe\u00f1ada en demostrar la compatibilidad entre un Dios todopoderoso y bueno, y un mundo afectado por la presencia del mal. La respuesta de la teodicea podr\u00eda expresarse del siguiente modo: cuando Dios crea, crea en serio. El universo no es una fantasmagor\u00eda. Dios pone las cosas en la existencia y les da leyes estables que rigen su devenir. Es inherente, por lo tanto, a su designio creador, el respeto por el funcionamiento de dichas leyes y regularidades, absteni\u00e9ndose de intervenir a cada paso para corregir sus efectos naturales. <\/span><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00bfC\u00f3mo ser\u00eda un mundo cuyas leyes fueran permanentemente suspendidas de manera milagrosa? \u00bfSeguir\u00eda siendo un mundo <em>real<\/em>? En el fondo, el esc\u00e1ndalo ante las cat\u00e1strofes naturales, \u00bfno se origina precisamente en la renuencia a considerar el absurdo en que caer\u00edan nuestras pretensiones referidas a un hecho particular si las proyect\u00e1ramos sobre el conjunto del universo?<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\"><span style=\"font-size: 10.5pt; font-family: Baskerville; mso-bidi-font-family: Baskerville;\">No obstante toda la solidez metaf\u00edsica, esta respuesta no satisface. Ante el sufrimiento de un solo ni\u00f1o, los argumentos racionales se derrumban como un castillo de naipes, tal como observ\u00f3 alguna vez Jean\u2013Paul Sartre. \u00bfDebemos resignarnos entonces al absurdo, a que el mal constituya un enigma sin salida, capaz de privar a nuestra existencia de toda certeza y de todo sentido? De ning\u00fan modo: el mal, y en particular el sufrimiento del inocente, no son un enigma impenetrable por definici\u00f3n. Por el contrario, constituyen un <\/span><em><span style=\"font-size: 10.5pt; font-family: Baskerville-Italic; mso-bidi-font-family: Baskerville-Italic;\">misterio <\/span><\/em><span style=\"font-size: 10.5pt; font-family: Baskerville; mso-bidi-font-family: Baskerville;\">que puede y debe ser iluminado (aunque no \u201cresuelto\u201d) por <\/span><span style=\"font-size: 10.5pt; font-family: Baskerville; mso-bidi-font-family: Baskerville;\">la fe.<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: 10.5pt; font-family: Baskerville; mso-bidi-font-family: Baskerville;\">Jes\u00fas no ha revelado el <\/span><em><span style=\"font-size: 10.5pt; font-family: Baskerville-Italic; mso-bidi-font-family: Baskerville-Italic;\">por qu\u00e9 <\/span><\/em><span style=\"font-size: 10.5pt; font-family: Baskerville; mso-bidi-font-family: Baskerville;\">del mal, sino que ha hecho algo m\u00e1s: <\/span><em><span style=\"font-size: 10.5pt; font-family: Baskerville-Italic; mso-bidi-font-family: Baskerville-Italic;\">lo ha cargado sobre s\u00ed en la cruz por amor a nosotros<\/span><\/em><span style=\"font-size: 10.5pt; font-family: Baskerville; mso-bidi-font-family: Baskerville;\">. Jes\u00fas, para los cristianos el inocente por excelencia, ha tomado sobre sus hombros todo el dolor de la humanidad, y de ese modo se ha hecho solidario hasta el extremo con el sufrimiento de cada hombre. Ha asumido incluso la pregunta, o m\u00e1s bien, el grito que el hombre lanza desde la oscuridad de su propia angustia en direcci\u00f3n al cielo: \u00bfPor qu\u00e9? Jes\u00fas llev\u00f3 aquel \u201cporqu\u00e9\u201d a la cruz. Hasta en ese no saber, en ese quedar envuelto en el silencio de Dios, se hizo hermano nuestro. Pero no como quien se resigna pasivamente al mal sufrido, sino como un m\u00edstico, es decir, manteniendo una indestructible confianza en la victoria de Dios, a quien corresponden la primera y la \u00faltima palabra en el drama de la historia. Y esa palabra definitiva la pronunci\u00f3 Dios, resucit\u00e1ndolo de entre los muertos.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: 10.5pt; font-family: Baskerville; mso-bidi-font-family: Baskerville;\">De este modo, Jes\u00fas revel\u00f3 un Dios que no permanece impasible ante el sufrimiento humano, un Dios que com-padece y con-sufre con nosotros. El te\u00f3logo Juan L. Ruiz de la Pe\u00f1a evoca en este sentido el testimonio de un superviviente de Auschwitz: \u201cLas SS colgaron a dos hombres jud\u00edos y a un joven delante de todos los internados en el campo. Los hombres murieron r\u00e1pidamente, la agon\u00eda del joven dur\u00f3 media hora. Alguien detr\u00e1s de m\u00ed preguntaba: \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Dios?\u201d. Y en m\u00ed mismo escuch\u00e9 la respuesta: \u201cAqu\u00ed\u2026 Est\u00e1 ah\u00ed, colgado de la horca\u201d.<\/span><span style=\"font-size: 6pt; font-family: Baskerville; mso-bidi-font-family: Baskerville;\">1<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\">\u00a0<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\">\u00a0<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\"><em>1. Wiesel, E., Night, citado por J. Moltmann, <\/em>El Dios crucificado<em>, Salamanca 1975, 393; tambi\u00e9n en J.B. Metz, \u201cTeolog\u00eda cristiana despu\u00e9s de Auschwitz\u201d, en <\/em>Concilium <em>195 (1984), 215. La reflexi\u00f3n precedente est\u00e1 inspirada en J.L. Ruiz de la Pe\u00f1a, <\/em>Teolog\u00eda de la Creaci\u00f3n<em>, Santander, Sal Terrae, 1986, 168-172.<\/em><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: 10.5pt; font-family: Baskerville; mso-bidi-font-family: Baskerville;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 En el t\u00e9rmino de pocas semanas hemos sido testigos, a trav\u00e9s de los medios de comunicaci\u00f3n, de dos cat\u00e1strofes de enormes proporciones: los terremotos&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[7],"tags":[61,14],"class_list":["post-4495","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-editoriales","tag-chile","tag-iglesia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-1av","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4495","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4495"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4495\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4495"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4495"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4495"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}