{"id":4637,"date":"2010-05-04T16:57:16","date_gmt":"2010-05-04T19:57:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/nota-tapa\/miguel-delibes-un-paisaje-con-hombres\/"},"modified":"2010-05-04T16:57:16","modified_gmt":"2010-05-04T19:57:16","slug":"miguel-delibes-un-paisaje-con-hombres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=4637","title":{"rendered":"Miguel Delibes: un paisaje con hombres"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">El 12 de marzo muri\u00f3 Miguel Delibes. Despu\u00e9s de una producci\u00f3n intensa \u2013\u201cun hijo <\/span><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">y un libro por a\u00f1o\u201d, declar\u00f3 en uno de sus momentos m\u00e1s f\u00e9rtiles\u2013, la enfermedad <\/span><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">lo fue aislando. Hac\u00eda m\u00e1s de diez a\u00f1os que no publicaba; no obstante, su obra se <\/span><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">mantuvo vigente y se lo considera \u201cel \u00faltimo gran referente de las letras castellanas <\/span><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">del siglo XX\u201d.<!--more--><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\"><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2010\/05\/delibes-11.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-4636\" title=\"delibes-11\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2010\/05\/delibes-11-120x120.jpg\" alt=\"delibes-11\" width=\"120\" height=\"120\" \/><\/a>Una evocaci\u00f3n de Miguel Delibes corre el riesgo de convertirse en un cat\u00e1logo desmesurado si se atiende a su \u201cprol\u00edfica carrera\u201d, con m\u00e1s de medio centenar de obras y m\u00faltiples premios de importancia, desde el Nadal que recibi\u00f3 su primera novela hasta el Pr\u00edncipe de Asturias y el Cervantes. Podr\u00edan sumarse, adem\u00e1s, la reiterada menci\u00f3n como candidato al Nobel de Literatura y su condici\u00f3n de miembro de la Real Academia Espa\u00f1ola desde 1975: quiz\u00e1s esa lista extensa podr\u00eda generar una imagen distorsionada del escritor. Sin negar la importancia de las distinciones como reconocimiento a una trayectoria destacada, extendida a lo largo de medio siglo, rescatar lo nuclear en Delibes es recordar que nos acerc\u00f3, con una pasi\u00f3n ce\u00f1ida por su parquedad, una reflexi\u00f3n sobre lo humano que excede el marco concreto de Castilla donde se desarrolla la mayor parte de su obra. Algunas de las preguntas que se hac\u00eda al presentar la versi\u00f3n teatral de <em>Las guerras de nuestros <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>antepasados<\/em>, extensa reflexi\u00f3n sobre la violencia y la libertad humana, dan cuenta de los problemas alrededor de los que desarrolla su escritura: \u201c\u00bfEs libre el hombre? \u00bfHasta d\u00f3nde llega su responsabilidad? \u00bfEst\u00e1 el progreso moral a la altura del progreso t\u00e9cnico? \u00bfEs el sexo el amor? \u00bfPuede el hombre llegar a ser solidario?\u201d <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><strong style=\"mso-bidi-font-weight: normal;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><strong style=\"mso-bidi-font-weight: normal;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">Las lentas horas de la muerte<\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00bfQu\u00e9 significa la muerte para el hombre? Si bien la pregunta no est\u00e1 formulada entre las anteriores, es otro interrogante que se plantea con insistencia a lo largo de la obra de Delibes. Desde \u00f3pticas diversas, de modos diferentes, tres novelas encaran especialmente del problema. <em>Se\u00f1ora de rojo sobre fondo gris <\/em>(1991) tiene un referente real: la muerte de su mujer, \u00c1ngeles, ocurrida en 1971, que afect\u00f3 profundamente al escritor. Como ella, la protagonista, Ana, es madre de siete hijos y esposa de un artista; tambi\u00e9n son coincidentes los datos referidos a la edad y causa de la muerte. El extenso mon\u00f3logo del marido \u2013una evocaci\u00f3n en franco tono de eleg\u00eda\u2013 tiene una <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>destinataria: otra Ana, la hija reci\u00e9n salida de la c\u00e1rcel donde estuvo por razones pol\u00edticas. Es ella, cuya voz no lo interrumpe en ning\u00fan momento, la que oye en silencio el relato de su padre que construye, a trav\u00e9s de los recuerdos, la imagen de esa mujer \u201cque con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir\u201d. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">Otra mujer es la protagonista de la novela formalmente m\u00e1s arriesgada de Delibes, <em>Cinco horas con Mario <\/em>(1966). A lo largo de veintisiete cap\u00edtulos Carmen, la viuda, es la que decide ajustar cuentas con el muerto en el mon\u00f3logo interior torrencial que da cuenta de los reproches que le hace en esas horas, las \u00faltimas que pasa sola, vel\u00e1ndolo, despu\u00e9s de su muerte repentina. Cada uno de los cap\u00edtulos est\u00e1 encabezado por una cita de la Biblia, su \u00fanica compa\u00f1\u00eda en esa noche y que le servir\u00e1 como punto de arranque para analizar distintos aspectos de su vida matrimonial. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">Como en un espejo que invirtiera el reservorio de elogios que el marido le dedica a Ana, la \u201cse\u00f1ora de rojo\u201d, Carmen saca a relucir cada uno de los defectos que le achaca a su marido. Encorsetada no solamente por el saco ajustado que se ha puesto de apuro para el luto, sino por las r\u00edgidas <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>convenciones de la clase media espa\u00f1ola de la \u00e9poca franquista, sus reclamos al muerto van esbozando ante los ojos del lector una figura cada vez m\u00e1s grata: un hombre apartado de los <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>prejuicios, comprometido con los menos favorecidos, con una mente abierta a intereses muy distantes de la figuraci\u00f3n con la que sue\u00f1a Carmen. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><strong style=\"mso-bidi-font-weight: normal;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><strong style=\"mso-bidi-font-weight: normal;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">En la antesala<\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00bfCu\u00e1nto puede vivir un hombre? \u201cEl viejo Eloy sab\u00eda que el hombre es un animal de corta vida por larga que sea la que se le conceda\u201d. Y a \u00e9l, junto con la jubilaci\u00f3n a la que accede despu\u00e9s de cincuenta y tres a\u00f1os ininterrumpidos como funcionario municipal, se le hace firme la certeza de que no le queda mucho por delante: quiz\u00e1s \u201cle restaban por vivir 1220 d\u00edas\u2026 Muy poca cosa en el mejor de los casos\u201d. Sobre esta certeza giran las reflexiones del personaje de La hoja roja (1959). Tiene en claro que, como en los libritos de papel para envolver tabaco, en los que la marca de color indica que est\u00e1n por terminarse, falta poco para que llegue su hora. El tiempo que empieza a correr para Eloy desde el d\u00eda de la jubilaci\u00f3n, que es \u201cla antesala de la muerte\u201d, es el punto de partida para que Delibes escriba una de sus novelas m\u00e1s hermosas, una reflexi\u00f3n recurrente acerca de la vejez, la memoria y la cercan\u00eda de la muerte. Eloy viene marcado desde su nacimiento. Lleg\u00f3 a la vida \u201ccomo un fruto tard\u00edo\u201d y \u201cprecisamente vino a nacer el mismo d\u00eda que enterraron a su padre\u201d. Ahora, no es mucho lo que le queda, como repite cada vez que pasa frente al cementerio: \u201cTengo m\u00e1s conocidos ah\u00ed que\u201d afuera. \u201cEsto nos pasa siempre a los viejos\u201d. De sus afectos, su mujer \u2013pocas veces recordada, \u201csiempre en guardia\u201d\u2013 ha muerto; uno de sus hijos, Goyito, el menor, se fue \u201csin guardar antesala\u201d. El otro, Le\u00f3n, por el que hizo enormes sacrificios para que tuviera una carrera, y del que est\u00e1 sumamente orgulloso, vive en Madrid y casi no tiene contacto con \u00e9l. Desde que est\u00e1 jubilado, \u201ccon el tiempo que le sobraba por todos lados\u201d, cada ma\u00f1ana espera in\u00fatilmente la llegada de una carta con sus noticias. As\u00ed que en su departamento est\u00e1n solo \u00e9l y la Desi, una \u201cmuchacha cerril\u201d, su empleada dom\u00e9stica, que le guarda un afecto diferente del que siente por otras personas: es \u201cun impulso difusamente protector\u201d. El viejo tambi\u00e9n se encarga de ella; cuando se entera de que no sabe leer ni escribir se ocupa de ense\u00f1arle con mucho esfuerzo, porque ella \u201cera roma y de lento discurso\u201d. Cada vez m\u00e1s ajustados por las imposiciones de la jubilaci\u00f3n magra, cada vez m\u00e1s <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>cercanos en sus soledades, comparten el espacio de la cocina y sus vidas m\u00ednimas. Con Isa\u00edas, al que conoci\u00f3 en el primario, son los sobrevivientes del cuarteto que formaban en la juventud con otros dos amigos. Entre Eloy e Isa\u00edas se va a dirimir la cuesti\u00f3n que planteaba uno de los integrantes del grupo, tiempo atr\u00e1s: \u201c\u00bfQui\u00e9n de los cuatro sobrevivir\u00e1 a los dem\u00e1s?\u201d Los dos viejos, como vienen haciendo desde muchos a\u00f1os antes, salen todas las tardes a caminar, a pasos cortos, el mismo <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>recorrido mientras desgranan las mismas conversaciones repetidas. Isa\u00edas est\u00e1 solamente preocupado por algunas cuestiones m\u00ednimas: llegar a los cien a\u00f1os, \u201cel sol, las muchachas, su vientre perezoso\u201d. M\u00e1s all\u00e1 de estas nimiedades y de que, \u201ca estas alturas, uno y otro caminaban despacito, como con desgana, y la conversaci\u00f3n flu\u00eda asimismo despacito, como con desgana\u201d, en Isa\u00edas se resumen todos los recuerdos que, aunque distantes en el tiempo, siguen presentes con fuerza en \u00e9l: \u201cmadame Catroux y su colegio de p\u00e1rvulos,\u2026y Poldo Pombo y sus biciclos,\u2026y estaban la Antonia y su primer calor&#8230; y andando el tiempo\u2026 incluso\u2026 Goyito, su hijo menor, que se march\u00f3 a los 22 sin hacer antesala, y toda una vida\u201d. Pero a Isa\u00edas le llega el turno antes que a \u00e9l. Una profunda aflicci\u00f3n invade a Eloy, que se agudiza al dejar a su amigo en el cementerio donde ve que las l\u00e1pidas mencionan solamente los datos fr\u00edos de una frase y unas fechas. Las registra minuciosamente, para concluir que de ninguna manera expresan los detalles que guarda la memoria, en la que se encierran todos aquellos datos peque\u00f1os que constituyen lo central de cada persona. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">La muerte de Isa\u00edas, el fracaso estruendoso de la visita a su hijo a Madrid agudizan la soledad de Eloy. Queda, entonces, para el poco tiempo que falta, garantizar la compa\u00f1\u00eda de la Desi, con la que mantener el calor que el hombre necesita, el que consigui\u00f3 una vez que invent\u00f3 el fuego. \u201c\u2026 Y una vez inventado todo iba bien, y los hombres se reun\u00edan en torno y apareci\u00f3 una intimidad que proven\u00eda de las llamas e iba a las llamas despu\u00e9s porque aquello era un doble calor, un extra\u00f1o calor de ida y vuelta\u201d. La tersura de la novela esconde, en su aparente sencillez, un tramado perfecto. Con una prosa que tiene la misma lentitud del tiempo \u00faltimo, sus repeticiones, sus vueltas en c\u00edrculo, sus preocupaciones m\u00ednimas, Delibes trama un texto con la permanencia de los cl\u00e1sicos. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;\">El viejo Eloy, uno de los personajes inolvidables que nos lega, nos interpela con la pregunta que <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>formul\u00f3 el escritor en su discurso al asumir como miembro de la Real Academia: \u201c\u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 de un paisaje sin hombres que en \u00e9l habiten de continuo y que son l<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 12 de marzo muri\u00f3 Miguel Delibes. 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