{"id":4950,"date":"2010-08-05T17:55:23","date_gmt":"2010-08-05T20:55:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=4950"},"modified":"2010-08-05T17:55:23","modified_gmt":"2010-08-05T20:55:23","slug":"el-ano-de-la-muerte-de-jose-saramago","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=4950","title":{"rendered":"El a\u00f1o de la muerte de Jos\u00e9 Saramago"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\"><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/saramago.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-4951\" title=\"saramago\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/saramago-120x120.jpg\" alt=\"saramago\" width=\"120\" height=\"120\" \/><\/a>El 18 de junio, en Lanzarote, muri\u00f3 Jos\u00e9 Saramago. Como se\u00f1al\u00f3 alguna vez, a pesar <\/span><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">de que sus or\u00edgenes no parec\u00edan los m\u00e1s favorables para convertirse en candidato al <\/span><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">premio Nobel, lo recibi\u00f3 en 1998.<!--more--><\/span><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">A pesar de que empieza a publicar en forma sistem\u00e1tica cuando ya ha cumplido sesenta a\u00f1os, Saramago deja una obra extensa \u2013resultado de un trabajo tenaz\u2013 y de caracter\u00edsticas inconfundibles. El \u201cestilo Saramago\u201d se reconoce en la prosa dilatada, con la que busca recrear el ritmo del lenguaje oral, el mismo que \u2013seg\u00fan repiti\u00f3 en varias ocasiones\u2013 fue el veh\u00edculo de los primeros relatos que escuch\u00f3 de su abuelo analfabeto.<sup>1 <\/sup>Imposible no reconocerlo en la recurrencia de los temas sobre los que persever\u00f3, conmovido por un mundo acechado por la deshumanizaci\u00f3n de la sociedad, la banalizaci\u00f3n del consumo, la arrogancia omnipresente del poder.<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">Desde que obtuvo el reconocimiento con <em>El a\u00f1o de la muerte de Ricardo Reis <\/em>(1985), un moroso relato en el que evoca a su admirado Fernando Pessoa, public\u00f3 una nutrida serie de novelas. <em>Casi un objeto <\/em>es, en cambio, su \u00fanico volumen de cuentos, a trav\u00e9s del cual se puede abrir un camino de acercamiento a la totalidad de su obra. El t\u00edtulo no repite el de ninguno de los textos incluidos; el contario, anticipa una tem\u00e1tica com\u00fan que, con variantes, los nuclea melodiosamente.<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">\u00bfQu\u00e9 resta de humano en un mundo en el que los objetos van ganando cada vez m\u00e1s importancia? La pregunta recorre los seis cuentos, organizados de manera tal que van conduciendo al lector a una respuesta. <em>Silla<\/em>, el que abre la serie, comparte con los tres siguientes la caracter\u00edstica inusual de que es un objeto, en este caso, el mueble al que alude el t\u00edtulo, el que adquiere car\u00e1cter protag\u00f3nico. Y esa silla \u2013sobre la que se reflexiona largamente: por los motivos de su elecci\u00f3n, por la madera seleccionada para construirla\u2013 est\u00e1 por caer. Por el trabajo lento de un \u201croer constante, continuo\u201d de<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">la carcoma en una de sus patas, va a partirse. Pero se da el hecho de que esta silla com\u00fan, casi invisible, como producto del acostumbramiento, a los ojos del que la usa, tan invisible como cualquiera de los objetos que lo rodean, es el asiento de un poderoso, cuyo poder se derrumba por un hecho tan m\u00ednimo y fortuito como la s\u00fabita ca\u00edda. Por esta \u201cobra pacient\u00edsima\u201d de un cole\u00f3ptero diminuto, invisible en su trabajo persistente, la pata se parte y el viejo dictador cae, una figura rid\u00edcula en su posici\u00f3n absurda. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\"><em>Embargo <\/em>nos presenta a un hombre sometido a su autom\u00f3vil que, \u201ccomo un cuerpo vivo\u201d, lo llegar\u00e1 a dominar. Las \u201cnoticias cada vez peores\u201d del \u201cest\u00fapido embargo\u201d hacen suponer que va a faltar combustible; el conductor logra llenar su tanque y, satisfecho, se propone dirigirse a la oficina, pero el auto lo lleva por distintas estaciones de servicio donde se ve obligado a cargar cantidades \u00ednfimas, despu\u00e9s de hacer interminables colas de las que no puede moverse. <\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">As\u00ed, deja de ser el conductor del auto que \u201crespond\u00eda a sus movimientos como si fuese una prolongaci\u00f3n mec\u00e1nica de su propio cuerpo\u201d y, con inquietud, con el temor \u201cde no estar bien de la cabeza\u201d<em>, <\/em>empieza a percibirlo como un organismo vivo, sospecha que se confirma cuando queda retenido por el autom\u00f3vil que \u201cle sujet\u00f3 dulcemente y lo mantuvo preso\u201d<em>. <\/em>Humillado, con hambre, mojado por su orina, dando vueltas sin sentido, el hombre suplica: \u201cdos veces intent\u00f3 convencer al autom\u00f3vil para que le dejase salir por las buenas, dos veces\u2026 explot\u00f3 en gritos, en aullidos, en l\u00e1grimas, en ciega desesperaci\u00f3n\u201d, pero no logra recuperar el dominio perdido.<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">Si en <em>Reflujo <\/em>\u2013que a la manera de una par\u00e1bola propone una reflexi\u00f3n sobre el empe\u00f1o actual de encontrar la forma de negar la muerte\u2013 la proliferaci\u00f3n de las ciudades se erige contra la construcci\u00f3n que el poder ha levantado como \u201ccementerio \u00fanico, central y obligatorio, con el indudable fin de mantener a los muertos fuera de la vista de los vivos\u201d, en <em>Cosas <\/em>la denuncia acerca de la deshumanizaci\u00f3n llega a su punto m\u00e1ximo. Desde el g\u00e9nero elegido, la ciencia ficci\u00f3n \u2013encargada, en sus mejores exponentes, de alertar sobre los riesgos de un progreso que no los tiene en cuenta\u2013, desde la primera oraci\u00f3n en la que un objeto acciona contra un sujeto, el texto muestra un mundo mecanizado, asolado por \u201cuna aut\u00e9ntica epidemia de mala calidad en la fabricaci\u00f3n que se hab\u00eda producido hac\u00eda dos meses\u201d<em>. <\/em>La situaci\u00f3n se va agravando por la desaparici\u00f3n de los objetos: el gobierno responde con comunicados en los que se primero se niega la situaci\u00f3n, para ir llegando progresivamente a la violencia. No impedir\u00e1n las declaraciones ni la fuerza, por supuesto, el avance de las cosas sobre los seres humanos. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">Sorpresivamente, el lenguaje cambia: en <em>Centauro <\/em>deja de ser el de los comunicados y \u00f3rdenes, para asumir una forma decididamente po\u00e9tica. Tambi\u00e9n es otro el espacio: fuera de las ciudades, en un lugar abierto tapizado de hierba, que permite percibir el cielo, el r\u00edo. Diferente es el personaje, alejado de los hombres atrapados por el ritmo urgente de la ciudad: el ser mitol\u00f3gico, medio hombre, medio caballo, a medias entre esa lucha del animal y el ser humano. El centauro tiene sed, y desea descansar. Ha andado mucho. \u201cEs el \u00faltimo superviviente de la gran y antigua especie de los hombres caballos. Antes, durante mucho tiempo, mientras el mundo se conserv\u00f3 tambi\u00e9n \u00e9l misterioso, pudo andar a la luz del sol\u201d<em>. <\/em>Sin embargo, despu\u00e9s \u201clleg\u00f3 el tiempo del rechazo. El mundo transformado persigui\u00f3 al centauro, le oblig\u00f3 a esconderse\u201d<em>. <\/em>Desaparecieron los otros seres fant\u00e1sticos, y \u201cacab\u00f3 por quedarse solo\u201d<em>.<\/em><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">El centauro sabe que no puede exponerse a la vista de los hombres. Ha sido violentamente rechazado por ellos. Se ha salvado de su ataque, pero tiene que aprovechar la oscuridad para seguir su camino hacia el mar. Escucha, en la noche, el murmullo del agua<em>; <\/em>ve el r\u00edo, ve a la mujer desnuda que sale de \u00e9l, ba\u00f1ada en la luz de la luna. \u201cY fue el hombre quien mir\u00f3, quien vio a la mujer aproximarse a la ropa\u201d<em>. <\/em>El di\u00e1logo entre los dos es escueto, pero les permite entenderse. La mujer deja su miedo y le pide que la cubra, y es s\u00f3lo la sombra del caballo la que lo hace. \u201cNada m\u00e1s\u201d. Perseguido por los hombres, el centauro no tiene m\u00e1s futuro que la muerte: ha terminado el tiempo sagrado. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">El \u00faltimo cuento, <em>Desquite<\/em>, tambi\u00e9n tiene su espacio en un lugar rural, a orillas de un r\u00edo; relata nuevamente el encuentro entre un hombre y una mujer, en este caso, dos adolescentes que se miran desde las orillas opuestas del agua. Es un d\u00eda c\u00e1lido: \u201cel sol calcinaba los terrones de los barbechos y los olivares cenicientos. Met\u00e1lica, dur\u00edsima, una cigarra ro\u00eda el silencio. En la distancia, la atm\u00f3sfera temblaba\u201d. El muchacho vuelve hacia la casa para enfrentarse con la escena brutal de la castraci\u00f3n de un cerdo, que parece impulsarlo de regreso al r\u00edo. En la orilla opuesta aparece nuevamente la muchacha; en un acto ritual, ambos se desvisten y se revelan al otro. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">El relato, breve, casi sin an\u00e9cdota, cierra el volumen. Es un texto sin palabras, centrado en la mirada entre un hombre y una mujer. Una situaci\u00f3n elemental que se convertir\u00e1 en elemento de salvaci\u00f3n: siempre, en Saramago, es la mujer la que conduce hacia un estatuto m\u00e1s profundamente humano.<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">Siguiendo este rumbo se pueden leer algunas de las m\u00e1s hermosas novelas de Saramago: <em>Todos los nombres<\/em>, una reescritura del mito de Orfeo en medio del laberinto kafkiano de una instituci\u00f3n burocr\u00e1tica; <em>Ensayo sobre la ceguera, <\/em>en la que \u2013como en <em>La peste <\/em>de Camus\u2013 una epidemia es la excusa para bucear en la condici\u00f3n humana<sup>2<\/sup>; <em>Historia del cerco de Lisboa<\/em>, que se interroga acerca de las posibles versiones de la historia. Posible camino de acercamiento a un autor central para ayudarnos a pensar nuestro tiempo, del que manifest\u00f3: \u201cEn nuestra \u00e9poca el nombre tiene cada vez menos importancia. Lo \u00fanico que cuenta es el n\u00famero de la tarjeta de cr\u00e9dito. Cada vez somos m\u00e1s el n\u00famero y menos el nombre. Durante siglos, el hombre ha ido constituyendo la identidad. \u2026En el momento en que la identidad est\u00e1 siendo eliminada y desaparece el sujeto, el nombre pierde importancia\u201d.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">1. La menci\u00f3n a su humilde origen familiar aparece en el discurso de recepci\u00f3n del premio Nobel y e desarrolla en el precioso libro autobiogr\u00e1fico <span style=\"mso-bidi-font-style: italic;\">Las peque\u00f1as memorias <\/span>en el que relata la historia de sus primeros a\u00f1os. <\/span><\/span><\/em><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">2. En Criterio n. 2343, noviembre de 2008, me refer\u00ed espec\u00edficamente a esta novela.<\/span><\/span><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 18 de junio, en Lanzarote, muri\u00f3 Jos\u00e9 Saramago. 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